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martes, 29 de diciembre de 2009

EL DÍA DE DÍAS PARA CUBA

Juventud Rebelde



Este diario quiso saber qué significa para los jóvenes cubanos de hoy aquel Primero de Enero de hace 50 años, y descubrió que el tema, además de tocar fibras sensibles, palpita en las esencias que nos definen como nación

¿Qué significa para ti el Primero de Enero? Esta fue la interrogante que el periódico JR lanzó a más de un centenar de jóvenes, dispuesto a calibrar cómo ha quedado atrapado en ellos este entrañable día del calendario.

Para contemplar el «rostro» de esa fecha en el imaginario juvenil, el diálogo se extendió a la mayoría de las provincias del país. Y descubrimos que el tema atraviesa espacios íntimos del universo familiar y palpita en las esencias que nos definen como nación.

Voces diversas coincidieron en que Primero de Enero es ruptura, desenlace, victoria, sueño, esperanza… Revolución. Porque un Primero de Enero Cuba desplegó sus alas hacia un horizonte diferente, y coincidió esa suerte con el primer día del almanaque, cuando se dibujan tantos anhelos, se repasa el pasado y se festeja la dicha de estar vivos, confesaron algunos, mientras otros añadieron a la estampa las ansias personales, que desde ese primer día concentran en el nuevo año.

Ana Luisa Alvarado Ferrer, costurera del Taller de Confecciones Fénix, de Santa Clara, viaja como en un filme al revés, hacia el origen del suceso. A esta joven le emociona la apoteosis que se palpa en las imágenes del triunfo definitivo.

Hace referencia al mar de pueblo desbordado de alegría que inundó plazas y calles. «Ese primer día, además de marcar el inicio de más de medio siglo de vida del proceso revolucionario, abrió puertas a múltiples oportunidades que dignificaron el futuro de Cuba», enfatiza.

Por esta misma razón, a su coterránea Yisel Pentón Cancio, la fecha le ha quedado colgada del corazón. «Sin un Primero de Enero seguramente mis padres no hubieran podido ser lo que son, y por consiguiente no hubiese sido posible que hoy aprenda a tocar flauta».

Otro de sus contemporáneos, el campesino villaclareño Jorge Ernesto Rodríguez Jiménez, hombre de sombrero y manos endurecidas por el empeño, casi genético, de domar la tierra, se abstrae por unos minutos del firmamento cotidiano para traernos al presente la historia de sus ancestros más allegados, antes del Primero de Enero de 1959.

«¡Qué tiempos aquellos! Todavía mis padres y mis tíos miran atrás y les cuesta trabajo verse hoy con tantas cosas, aún cuando viven en un medio humilde, en comparación con las posibilidades y los adelantos que existen en estos tiempos.

«Imagínate que mis abuelos paternos tuvieron 12 hijos, a los que criaron en un estrecho bajareque de yagua y piso de tierra, a expensas de lo que salía de un pequeño conuco que apenas daba para comer».

Cuenta Jorge Ernesto que entre los primeros en nacer estuvieron su papá y uno de sus tíos, quienes no tuvieron más juguetes en su infancia que una guataca para desbrozar surcos de maleza, y algún que otro caballo de madera, moldeado luego de traer pesadas cargas de palo para avivar el fogón de leña.

«Mis tías iban a lavar con un palo al río, que quedaba a más de una legua de la cobija. Los partos de la mayoría de ellas fueron asistidos en su propia casa por una comadrona, pero si a esa hora se presentaba algún inconveniente, era muy difícil que lograra salvarse la criatura, y corría peligro hasta la vida de ellas mismas.

«Por aquellos contornos jamás fue un médico, ni un maestro. Para asistir a una consulta, por la que se pagaba bien caro, o para aprender algo, había que ir bastante lejos. Solo mis tíos más jóvenes pudieron aprender a contar, a leer y a escribir bien en letra de molde».

Si un pintor intentara apresar en trazos el recuerdo que del abuelo evoca el joven campesino Ramón García, tal vez reflejaría las largas sombras de esta historia santiaguera, que quizá se repitió en otros hogares de la Isla.

Al evocar la fecha regresa a la alegría que vivió el anciano hace casi 51 años, cuando cambió su condición de maderero en las montañas, donde tuvo que enterrar, con sus propias manos, a tres de sus hijos, por no tener dinero ni un medio de transporte que le permitiera prestarle auxilio.

Por eso, aunque asume el primer día del año como una jornada de comienzos y celebraciones, admite que siempre reserva un momentito para pensar en aquel doloroso ayer que desapareció para siempre del panorama insular.

Esa manera de pensar lo une a la traductora, también natal de la Ciudad Heroína, Leyden Figueroa, quien dice siempre asociar la fecha a las palabras libertad, comienzo y superación.

La era parió un corazón

Ante la interrogante traspasaron puertas, en un viaje de regreso a su infancia, las muchachas Dayana Valladares Pérez y Geisy de la Caridad Loaces Ortega, estudiante de primer año de Derecho de la Universidad Hermanos Saíz e instructora de arte en el IPVCE Federico Engels de Pinar del Río, respectivamente.

De ese infinito mundo de sortilegios trajeron el poema Marcha triunfal del Ejército Rebelde, del Indio Naborí. Repite en ráfaga Dayana alguno de sus versos:

«…Jóvenes barbudos, rebeldes diamantes

con trajes olivo bajan de las lomas,

y por su dulzura los héroes triunfantes

parecen armadas y bravas palomas.

Vienen vencedores del hambre, la bala y el frío

por el ojo alerta del campesinado

y el amparo abierto de cada bohío».

Salpicada por la nostalgia de sus años de pionera, Dayana habla de sus abuelos, negros y pobres, que pudieron ver a su hija graduarse de Economía en la Universidad de La Habana, cuando los tiempos cambiaron y el oscuro color de la piel dejó de ser una maldición.

«La Revolución remontó masivamente siglos de ignorancia», añade Eva Reyes Chacón, maestra de una escuela primaria en la Isla de La Juventud, quien ve la jornada como el umbral de una etapa amorosa, retadora, humana e intensa.

Kenia Díaz Peña, oftalmóloga del hospital Clínico Quirúrgico Lucía Íñiguez Landín, de Holguín, comparte el criterio de que la trascendencia que llegaría a alcanzar esta fecha con el paso de los años, no pudo ser calculada en su momento ni por los mismos barbudos. «Es como la estela que han dejado estas cinco décadas, en que el pueblo creyó en lo imposible.

«Para mí —admite— simboliza el inicio de una nueva era en nuestro continente; el pequeño granito de arena para el comienzo de la unidad latinoamericana que soñaron Bolívar y Martí».

En esta cuerda reflexiona la matancera Liset Delgado Rodríguez, técnica del Departamento de Inventario en el museo provincial Palacio de Junco. «La clarinada del Primero de Enero representó un paso de avance para las nuevas generaciones y en especial para los pueblos de América, porque demostró que sí era posible ser soberanos e independientes».

Como un boleto hacia la vida cataloga este día el médico Abdiel Curvelo, de 27 años de edad, inspirado en el hecho de que un joven negro como él no hubiese llegado a hacer la cirugía que acababa de realizar.

El Primero de Enero es borrón y cuenta nueva, alumbramiento, justicia, futuro… Son definiciones que se suman al amplio espectro de miradas. Mariela Cabrera, miembro del Buró de la UJC en el municipio de Las Tunas, igualmente ajusta el caleidoscopio: «Ese día significa para mí el momento sublime de la arrancada. A esa fecha memorable, que marca como ninguna otra la historia contemporánea de Cuba, le debo toda mi formación y por eso cada momento de mi vida tiene que ver con ella, porque bajo su influjo aprendí a luchar por sus conquistas».

Según los encuestados, este es un día que se ha colado por los poros de nuestra cubanía, hasta tocar las más sensibles fibras del alma. Fue la jornada que cristalizó las ideas de Varela, Martí, Maceo, Gómez, Mella, José Antonio, Frank… y las de tantos otros monumentales nombres que nutrieron la historia patria.

Flores de enero

Las impresiones de Elizabet Rojas Rodríguez, especialista en Economía de la empresa Copextel en Holguín, se afincan en la porfía por el futuro que sostiene este pueblo frente al imperio.

Es como un mazazo; es el año que desploma la cuenta regresiva que desde ese día se empecinaron en ponernos, enfatiza en sus palabras la joven, quien suma a sus argumentos: «Por eso no solo celebramos el triunfo, sino la obra continuada».

Gladys Ruiz Marrero, profesora de Matemáticas y directora de la secundaria José Martí, en Ciego de Ávila, confiesa que en su familia no hay posibilidad de no ser revolucionario. «Antes de ese Primero de Enero mi madre era una maestra negra que perdió un embarazo porque tenía que montarse a caballo a las cuatro de la mañana para ir al centro de Gaspar a impartir clases. No importaba si estabas embarazada o el peligro que corriera tu vida y la del bebé. De lo contrario, no se podía comer.

«Pero más reciente: ¿cómo explicar la operación gratis que se le hizo a mi hermana en el corazón? ¿Y los lentes para mi sobrino, que cuestan 400 dólares y a él se los entregaron gratis en la Escuela Especial? En estas cosas está la trascendencia de este día. ¿Parece sencillo, verdad?; pero no lo es».

También Cristina Benítez Levina, estudiante de 22 años de edad y que llegó a la Isla con ocho meses de nacida proveniente de Ucrania, quiso meditar sobre el tema: «Desde que llegué aquí he recibido atención médica especializada totalmente gratuita, sin la cual no hubiese podido caminar, y hasta estudio en el nivel superior».

Por su parte Yoandy Bonachea Luis, cenaguero de 25 años de edad, se emociona al abordar el asunto: «Es la génesis de muchos procesos sociales que beneficiaron a mis padres, que antes de esa fecha no eran reconocidos y sí muy explotados».

Residente en el poblado de Pálpite y actual promotor de relaciones públicas internacionales en el Conjunto Artístico Comunitario Korimakao, Bonachea enfatiza que fue el comienzo de un gran proceso, un gran regalo para toda Cuba y en especial para esta zona que había naufragado en el olvido.

«Sin esa fecha —apunta el granmense Juan Carlos León— no hubiéramos tenido ni independencia, ni soberanía… Ni siquiera habláramos de pelota o de cultura como hoy lo hacemos». En esa misma línea Eliécer Yero dijo que para él representa tener la bandera más limpia y poder hablar de patria.

Galería de imágenes

Maravilla la galería de imágenes, con todos sus matices. Javier Rodríguez, estudiante de Medicina de Ciudad de La Habana, dejó escapar un suspiro, y concentró en su respuesta las ansias personales: «El Primero de Enero significa, en primer lugar, el comienzo del último año de mi carrera y el cambio de mi vida de estudiante a profesional».

Algo semejante experimentó la joven abogada Maray Gómez, quien después de acariciarse el vientre, nos reveló que este año tiene entre sus propósitos ser madre. A unos kilómetros (mar por medio) de Maray, Alberto Jeréz, trabajador del Coppelia en el Municipio Especial, quiere también vivir la maravillosa experiencia de la paternidad.

Daniel Acosta, graduado de Informática, sostiene que ese día, en una especie de soliloquio, examinamos nuestra forma de ser, o reflexionamos sobre nuestro trabajo. Mientras para el camagüeyano Alexander Machado Callejas, trabajador del sector de Comercio, ese es el día para adornar con banderas la ciudad, y la gente estrenar ropa nueva».

El Primero de Enero semeja un paisaje variopinto. Cada quien le imprime su color. Es una fecha —dicho entre cubanos— de algarabía y de gozo, incluso en la que se hace lo que durante todo el año no te atreves a hacer, o es el día en que justificas todo, o en el que —en su primer minuto— se lanza con toda la fuerza un buen cubo de agua hacia la calle, para que se lleve todo lo malo.

Se suma una nota curiosa: «Del primero al 12 de ese mes de enero, los seguidores de las cabañuelas tratan de predecir lo que les sucederá el resto del año», añade Martha González, peluquera por cuenta propia, para quien ese primer número del calendario «indica el comienzo de un año en que seré un poquito más vieja».

Jóvenes abordados, como los camagüeyanos Wilfredo Hernández Morán y Kleider Blanco Enrich, repararon en que en esa jornada se «aclaman las buenas energías que te deberán acompañar durante el futuro», y fueron más allá cuando lo definieron como «el día de días».

Los besos, los mimos, el abrazo y la añoranza por los ausentes, salpicaron las palabras de quienes invitamos a reflexionar sobre el hilo espiritual que los conecta con el Primero de Enero.

En pocas palabras las jóvenes Yaima Hernández y Yaxime Ramírez, de Camagüey, describieron cómo lo asumen: «Escogemos la ocasión para visitar a la familia, o nos “unimos” todos alrededor del puerco asado y del caldero lleno de congrí».

En el abanico de criterios estuvo el de Fidel Ernesto García Rivas, estudiante de Sociología, también del centro del país, quien consideró que el Primero de Enero es un día bien diferente a los demás, «porque forma parte del futuro, porque te invita a comenzar lo nuevo con ambiciones y desafíos, y a la vez es el día más corto, porque se te va como un suspiro».

Los eneros del mañana

Otros pensamientos rompieron los límites del presente, cuando los jóvenes meditaron sobre los eneros que abrirán los años del mañana. Entonces pensamos, como tantas otras veces, en que la historia no nos perdonaría traicionar la impronta de esa fecha.

Así nos llegó la confesión del chofer Ernesto Vargas, de Santiago de Cuba. «Este día insigne me recuerda el compromiso que tengo de trabajar con todas mis fuerzas por el bienestar de mis hijos, mi familia y mi país. Solo así podremos seguir celebrando y brindando por la prosperidad que ansiamos para esta tierra».

Su coterránea Aimeé Nuviola, estudiante de una sede universitaria, cree que toca sobre todo a las nuevas generaciones luchar porque esa tradición perdure.

Marcada también por la experiencia de la Revolución, Miriam Hernández alza su voz desde la Isla de la Juventud. Esta trabajadora social quiere que su hijo crezca con la misma tranquilidad y seguridad que ella ha disfrutado. «Pero eso —aclara— hay que mantenerlo con sacrificio».

La doctora holguinera Kenia Díaz, motivada igualmente por la interrogante de este diario, expresa que siempre como cubanos debemos de tener a mano otras preguntas: «¿Por qué fue necesario un Primero de Enero? ¿Por qué tantos hombres dieron sus vidas para llegar a ese día? ¿Cuáles cambios trajo para nuestras vidas? ¿Qué sucedería si borramos este festejo del almanaque?».

Esta última pregunta encontró resortes en la reflexión de Eylen Cutiño Labrada, estudiante universitaria de Granma, quien considera que los jóvenes debemos seguir mirándonos en el espejo del Primero de Enero, para con bríos renovados impulsar la Revolución hacia el futuro.

«A algunos —argumenta— les falta interiorizar que si perdemos lo logrado se irán abajo muchas cosas que hoy se dan por hechas; por eso es necesario ver la fecha con la aspiración de trabajar más y de ser inconformes con todo lo mal hecho».

Desde el polo turístico de Varadero, Reinier Abel Tundidor Menéndez, técnico de nivel medio en Contabilidad, admite que el próximo Primero de Enero significa para él multiplicar la batalla, y así los 50 seguirán creciendo.

Quienes hablaron para estas páginas hicieron particular énfasis en que inspirados en la redentora efeméride debemos proseguir el combate, que pasa sobre todo, como diría la cienfueguera Milagros Irene Hidalgo, «por la capacidad creativa del Estado y del pueblo de Cuba para enfrentar los percances, como siempre lo ha hecho, sobre la base de la iniciativa, el valor y el esfuerzo».

En términos semejantes, con la pimienta popular por añadidura, Yoanki Sánchez, cochero de 25 años en la Perla del Sur, estima que «para que vengan más Primeros, no podemos dormirnos en los laureles, porque nada cae del cielo».

Autores de las entrevistas:

Nelson García Santos

Julio Martínez Molina

Zenia Regalado

Juan Morales Agüero

Yailin Orta Rivera

Yahily Hernández Porto

Osviel Castro Medel

Roberto Díaz Martorell

Odalis Riquenes Cutiño

Ana María Domínguez Cruz

Hugo García

Yoelvis L. Moreno Fernández

Héctor Carballo Hechavarría

Luis Raúl Vázquez Muñoz

EL MURO DE LAS 800 MILLAS

EL MURO DE LAS 800 MILLAS. EXISTE EN MÉXICO UNA DICTADURA COMUNISTA?

MERCENARIOS DEL SIGLO 21

Por Manuel E. Yepe


Desde que surgieron las primeras guerras organizadas entre los primitivos grupos humanos hasta los actuales ejércitos permanentes, los contendientes han suplementado sus fuerzas militares con mercenarios.

Originalmente, los mercenarios eran soldados profesionales que vendían sus servicios para combatir por cualquier Estado o nación sin que mediara en ello algún sentimiento patriótico o convicción política. Hoy, la forma más repudiada de mercenarismo, sancionada por las leyes de cualquier país, es la de servir a un gobierno extranjero contra la patria propia, a cambio de un pago u otra forma de retribución material.

La captación de mercenarios dentro de las filas enemigas para fines de espionaje, subversión y desestabilización del adversario ha sido siempre característica de los enfrentamientos asimétricos en el plano de los recursos económicos de las partes en pugna.

Aunque la utilización de mercenarios por parte de las grandes potencias europeas tiene larga historia, es Estados Unidos el país que más ha sistematizado la práctica hasta hacerla cotidiana. La cifra de mercenarios que emplea Washington en el planeta es prácticamente incalculable. Sus fuerzas militares se apoyan, crecientemente, en el uso de extranjeros de países pobres del tercer mundo, reclutados mediante oferta de facilidades migratorias para ingresar y trabajar en la opulenta nación norteamericana si se logra sobrevivir la guerra de agresión que se esté librando, aunque no sea la guerra el único fin del reclutamiento.

En América Latina, Estados Unidos se vale ampliamente del mercenarismo para procurar sus fines hegemónicos, circunstancia que ha llegado a ser aceptada como algo lógico y hasta permisible, por el elevado nivel de corrupción que la superpotencia ha logrado introducir en la política de los países del área imponiendo los patrones de una “democracia representativa” a su imagen y semejanza.

En sus relaciones con Cuba, al triunfo de la revolución en la isla, Estados Unidos pudo reclutar cientos de mercenarios entre los prófugos de la justicia que, durante la sanguinaria tiranía de Batista, habían tenido vínculos con Washington o sus agencias y empresas transnacionales radicadas en la semi colonia.

Algún tiempo después, le fue fácil captar a muchos servidores entre los afectados por las medidas revolucionarias de recuperación de valores malversados, de reforma agraria, de reforma urbana y otras para la justicia social que entonces se promulgaban.

En tales canteras principales fueron reclutados los mercenarios invasores derrotados en la Bahia de Cochinos en abril de 1961.

Después, por muchos años, Washington ha mantenido la práctica de reclutar mercenarios en Cuba para ejecutar acciones terroristas, sabotajes y propaganda contrarrevolucionaria por conducto de sus agencias de inteligencia y subversión, como complemento de las que ejecutan con fuerzas propias y mercenarios reclutados en territorio estadounidense o en terceros países.

Cuando, finalizada la guerra fría, todos suponían que se atenuaría el enfrentamiento entre ambos costas del Estrecho de la Florida porque había cesado el pretexto para “sancionar a Cuba por su alianza con la URSS”, Estados Unidos decidió, por el contrario, infensificar su ofensiva apostando a que la isla no podría resistir en las condiciones de un aislamiento que, en lo adelante, sería absoluto.

La superpotencia se proclamó nada menos que juez vigilante del respeto por los derechos humanos en la isla, un tema en el que Cuba es paradigma a nivel mundial y Norteamérica sistemático transgresor.

La Casa Blanca dejó de disimular su apoyo a los grupos terroristas cubanos de Miami y comenzó a manejar abiertamente el tema de los dineros públicos que, con aprobación congresional, dedica a promover una “transición a la democracia en Cuba”.

Aunque la mayor parte del dinero siguió yendo a parar a manos de corruptos dirigentes de organizaciones contrarrevolucionarias de Miami que se enriquecieron prometiendo año tras año la pronta derrota de la revolución, algún dinero llegaba a sus mercenarios en Cuba por conducto de supuestas organizaciones no gubernamentales (fachadas de la CIA), o directamente, por medio de la Oficina de Intereses que atiende los cuestiones oficiales de EEUU en La Habana.

Parte de ellos desempeñan sus funciones clandestinamente, pero otros lo hacen representando públicamente (hacia el exterior) papeles de dirigentes políticos, periodistas, activistas humanitarios, bibliotecarios y otros perfiles, en función de ruidosas campañas de difamación contra su patria. Estos últimos generalmente avergüenzan a sus familiares y vecinos que conocen de su actitud mercenaria.

(En 2003, el gobierno cubano entregó a la justicia a casi un centenar de estos mercenarios cuya culpabilidad, en la mayoría de los casos, pudo ser evidenciada ante los tribunales. La severa sanción impuesta por los tribunales cubanos nutrió la campaña difamatoria contra la isla tan intensamente que, a más de un lustro, quedan quienes siguen creyendo el cuento de “los 75 disidentes encarcelados por Castro injustamente”, y algunos medios lo recuerdan cual si hubiera sido en verdad una ilegalidad la condena judicial).


Cuando la CIA ha estimado conveniente magnificar el expediente a algún mercenario, le publica libros, le fabrica premios y le divulga falsos méritos en los medios que controla en todo el mundo, para convertirlos en sobresalientes personalidades que no son realmente. De tal manera, Washington se ha adjudicado el mérito de haber alistado contra su patria a virtuosos artistas, escritores, científicos, periodistas, poetas y hasta a una bloguera que en verdad son solo notables por su inescrupulosidad, codicia y desmedida ambición de lucro.

Tomado de Barrigaverde

lunes, 28 de diciembre de 2009

MÚSICOS CUBANOS EN MIAMI

Autor: Ernesto González


Kaosenlared

Siempre me ha resultado un misterio las razones que tenemos los «latinos» (término oscuro, en vano aglutinante), para escoger, en medio de una cultura tan compleja y vibrante, lo peor de ella, y conjugarlo de la peor forma posible con lo peor que traemos de nuestros países de origen.

Cristina nos recuerda, al final de sus programas más deleznables, que somos los televidentes quienes pedimos semejantes ostentaciones de mal gusto y chabacanería. La voz de Don Francisco vibra de ternura, rodeado de sus invitados lacrimosos, con historias de infidelidades y desamores que no sé por qué han de interesarle a nadie. Las telenovelas, a excepción de algunas brasileñas, repiten descaradamente fórmulas y personajes de cartón que provocan diarreas de aburrimiento. Y muchos programas de opinión se hartan de encomiar el ejercicio de la libertad de expresión a la vez que denigran, no presentan pruebas de lo que aseguran y se desbordan de tópicos y ataques personales cuando la respuesta no cae en el marco consensuado.

Las entrevistas por televisión al dúo Buena Fe y a David Calzado, director de La Charanga Habanera, aunque son un paso de avance indiscutible, no dejan de tener sus pinceladas patéticas. El de “A mano limpia”, que dadas sus obsesiones con Cuba parece vivir en otro planeta donde las mujeres sólo se dedican a manualidades artísticas y todos los niños nacen con IQ de científicos, le informa en tono condescendiente al estoico cantante de Buena Fe «que vamos a comerciales, porque en la televisión de aquí hay comerciales». Luego reafirma nuestra libertad de decir lo que nos da la gana (aunque eso no cambie los problemas de la gente simple que han perdido sus ahorros de toda una vida, por ejemplo, y no se pueda atravesar la raya de lo políticamente correcto). Entonces explica, condimentado con gran condescendencia, claro, como podemos entrar y salir de Estados Unidos sin tarjeta blanca (omitiendo lo que nos cuesta, al común de los mortales, ganarnos el dinero para garantizar esas salidas).

María Elvira por su parte, entre otros dislates, le echa en cara a David Calzado su faceta capitalista (exactamente lo mismo que ella dice desear para Cuba), y repite lo compasivos, benignos y tolerantes que nos hemos vuelto en el exilio, así de pronto. Su autocomplaciente patetismo le alcanza como para repetir varias veces: Y eso que te habían dicho que no vinieras a mi programa.

En el programa de Carlos Otero la gozadera cubana se impuso sobre el patetismo, con la música de La Charanga Habanera. Pero durante la entrevista a Buena Fe, por momentos la audiencia parecía reírse más a la orden dada por el coordinador del programa, que por los dudosos chistes de los personajes que supuestamente animan el diálogo con los artistas.

Lo más irritante, pienso, es asumir que los cubanos de la isla, por carecer en su mayoría de dispositivos tecnológicos, son una especie sobreviviente de cromagnones con sólo dos neuronas a su disposición: una para comer y otra para el sexo. ¿Y no seremos nosotros los desinformados? ¿No será que de tanto enviarnos fotos con nuestros perros, a través de Facebook y otras redes, mostrándonos los unos a los otros la buena vida que llevamos, de fiesta en fiesta y de viagra en cialis, estamos alcanzando un punto crítico de ignorancia que no nos permite ver la realidad como es? ¿No nos habrán pescado con esas redes? ¿No será la autocomplacencia una suerte de venda por la que se paga muy caro al final de la jornada?

En febrero de 1979 estuve entre los que pudo conseguir entrada para ver a Billy Joel en el Carlos Marx de La Habana. En aquellos años de tantas restricciones, los jóvenes estábamos al tanto de lo último que se cocinaba en música en los Estados Unidos, a través de la televisión que entraba ocasionalmente y sobre todo por las bandas am y fm de la radio. Hasta una emisora de Kansas escuchábamos por onda corta. Además, veíamos cine independiente americano y europeo, y nos pasábamos libros y revistas que no se publicaban en Cuba.

De una cultura musical, literaria, cinematográfica y artística tan rica bien podríamos haber aprendido más. ¿Por qué nos empeñamos en igualar la carencia de tecnología a la carencia de neuronas? ¿Por qué asumimos como un hecho incuestionable que en la Isla están ansiosos por disfrutar de esta libertad de expresión cromagnonesca, nutrida por lacrimosidades de mal gusto y broncas solariegas engalanadas con perfumes franceses y ropas de marca?

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Ernesto González, escritor cubano residente en Chicago, publica artículos en revistas locales y electrónicas, ha enseñado español en la East-West University y en la escuela Cultural Exchange. Fue asesor de la prueba nacional de español de Riverside Publishing. Sus novelas “Habana Soterrada”, “Memorias de una Bodega Habanera”, “Descargue cuando Acabe”, “Mariquita”, “Todas las ausencias” y ‘Bajo las Olas”, y su libro de misceláneas “Los riesgos del neófito”, están disponibles en amazon.com (EEUU) y lulu.com (Europa y Latinoamérica)

UN SER ALUCINADO, TRANSMISOR DE ASOMBRO Y SABIDURÍA



Por Silvio Rodríguez Domínguez


Lo primero que me nace decir de Teresita es que es una muy importante compositora. Tanto que, en el devenir de la canción cubana, ella viene a ser como un ave singular, pudiera decirse que única. Por otra parte, en el panorama de la canción para niños de Latinoamérica, Teresita completa un triángulo de Grandes Maestros, cuyos otros vértices son el mexicano Francisco Gabilondo Soler y la argentina María Elena Walsh. Nada poco para un artista de la canción.

En los años en que yo empezaba, sonaba por la radio una canción de Teresita que me gustaba mucho. Era una melodía fresca y abierta, con un aroma campesino que aprendí a tocar en la guitarra. Tiempo después la conocí a ella y empecé a visitarla en El coctel. Una noche le escuché cantar “Cuando el sol” y descubrí que mi amiga era la autora de lo que me gustaba tanto. Supongo que algo de aquel espíritu tiene que estar en lo que hice después. Pero hay otras cosas, no solo canciones, que contagian e influyen. Teresita siempre fue una trovadora con la que se podía hablar de poesía, de arte, de animales, de naturaleza, de humanidad. Y nunca ha dejado de ser una especie de ser alucinado, transmisor igualmente de asombro que de sabiduría. Conocerla temprano me reafirmó en la poesía como sostén fundamental de la canción.

“Maestra que canta”. Hasta en eso ella nos deja sin palabras porque ha sido capaz de autodefinirse mejor de como lo haría cualquier otro.

domingo, 27 de diciembre de 2009

UN CENTRO DE MENORES DE ESPAÑA POR DENTRO

Javier Ricou

La Vanguardia

La Generalitat defiende el protocolo de los centros terapéuticos para menores con patologías graves. Atar a adolescentes a sillas es aceptado por Infancia y la Fiscalía en casos violentos. La Generalitat tiene tutelados a 7.400 menores, casi el doble que hace cinco años.

Maria empezó a consumir drogas a los doce años y a los catorce era ya adicta a la heroína. Y para conseguir la droga, no dudó en robar o vender su cuerpo cuando aún era una niña. Laura tiene 14 años y hace dos que perdió a su madre, muerta por una sobredosis. Su vida dio un vuelco - drogas, relaciones sexuales sin control, malos tratos, delincuencia...-hasta que la Generalitat asumió su tutela y la sacó del infierno. Historias como las de estas dos adolescentes (los nombres son supuestos) se repiten en los centros de menores tutelados por la Administración. Ahí se trabaja al límite para reconducir esas vidas arruinadas en edad muy precoz. Una labor que ahora ha sido de nuevo cuestionada en un informe de Amnistía Internacional (AI), con acusaciones de abusos, violaciones, torturas y terapias irregulares.

Font Fregona, en Torrelles de Foix (Alt Penedès), es uno de los centros señalados por AI en esa denuncia de violaciones de los derechos humanos en menores. Esa comunidad socioterapéutica, que tiene reservadas cuarenta de sus setenta plazas para menores tutelados por la Generalitat, abrió ayer sus puertas a La Vanguardia,sin poner trabas al contacto con esos adolescentes necesitados de atención especial por trastornos de conducta, alteraciones mentales o patologías derivadas del consumo de drogas.

El día a día de Font Fregona -en Catalunya sólo hay otros dos centros de estas características preparados para atender a menores tutelados- nada tiene que ver con la vida de los centros de acogida. Y esas diferencias, indica Xavier Soley, responsable de la dirección general de Atenció a la Infància (Dgaia), "no se han tenido en cuenta en el informe de Amnistía Internacional". Soley lamenta que en ese documento -cuyo contenido niega, hasta el punto de estudiar posibles acciones legales contra la ONG- "se haya mezclado todo".

La Generalitat tiene bajo su tutela a alrededor de 7.400 menores de edad -casi el doble de los que había hace cinco años- y de esos, alrededor de 2.500 están internados en centros. El trabajo de los más de 3.000 educadores dedicados a la atención de menores -la mayoría desamparados por sus familias- nada tiene que ver con el tratamiento que la Dgaia precisa para los casos más complicados en el centenar de plazas reservadas en centros socio-terapéuticos, como el de Font Fregona.

Y es sólo al referirse a este tipo de instalaciones cuando se admite sin reparos el uso de medidas de contención ante conductas violentas. "Eso incluye atar a los menores a sillas adaptadas para ese cometido con el fin de evitar daños a terceras personas o autolesiones", reconoce Fina Moreno, fundadora de este centro de la comarca barcelonesa del Alt Penedès. Cuando se adopta esa medida siempre tiene que haber -tal como marca el protocolo del que son conocedores tanto la Generalitat como la Fiscalía de Menores- varias personas junto al menor.

Toda medida de contención, se asegura desde este centro y se corrobora desde la Administración catalana, debe de ser autorizada, queda anotada y es comunicada. Está prohibido aplicar este método como corrección educativa y tras una contención siempre se realiza un examen médico para garantizar que el menor no ha sufrido lesiones.

Xavier Soley y Fina Moreno coinciden al afirmar que en los últimos años se ha detectado un incremento de ingresos de menores aquejados por graves patologías mentales. Son los que llegan a los centros terapéuticos y el 99% de esos adolescentes tienen problemas con las drogas. Son tratamientos en los que se precisa suministrar fármacos, lo que tampoco nadie niega. El régimen que impera en centros como el de Font Fregona es duro.

La disciplina se considera una clave del éxito y, como dice Maria, "aquí o bien haces las cosas por las buenas o las acabas haciendo de todas maneras". Esta adolescente no esconde que al principio se sorprendió por algunos "castigos" como el de obligar a un menor a comer en plato de plástico -en vez del de cerámica- y de reducirle la ración de comida por mal comportamiento. "Esta medida sólo pretende que esa conducta incorrecta sea visible por el resto", afirma Martí Riera, fundador del centro. "Y al final lo acabas entendiendo", corrobora Maria, que se muestra agradecida por el nuevo rumbo de su vida.

7.400 tutelados sólo en Catalunya

Actualmente, hay en Catalunya alrededor de 7.400 menores de edad bajo tutela de la dirección general de Atenció a la Infància i l´Adolescència de la Generalitat. De ellos, únicamente unos 2.500 están en centros residenciales, mientras que el resto permanecen con sus padres, con familias extensas o en régimen de acogida.

Los centros de acogida para los niños que acaban de entrar en la tutela de la Generalitat y los centros terapéuticos a los que pueden derivarse una parte de esos menores suelen concentrar los problemas de saturación y supuestos excesos que Amnistía Internacional ha denunciado, como antes hicieron también el Defensor del Pueblo y el Síndic de Greuges.

15 Huidos

El informe de la ONG Amnistía Internacional asegura que el centro de acogida Els Castanyers tiene dos celdas de castigo y que sólo el año pasado se escaparon quince menores.

Fuente: http://www.lavanguardia.es/ciudadanos/noticias/20091217/53846696358/un-centro-de-menores-por-dentro-generalitat-amnistia-internacional-alt-penedes-maria-ai-la-vanguardi.html

LA NAVIDAD DEL INDOCUMENTADO HISPANOAMERICANO

Manuel Meulén

Rebelión

Algunos con suerte han cenado con amigos o familiares, otros con lo que les han dado en alguna iglesia o ONG. Unos dormirán en una habitación, otros en un albergue junto a borrachos y mendigos, otros ni siquiera eso.

Algunos llevan años viviendo en España, otros menos, algunos dormirán en un calabozo especial para indocumentados.

Algunos lograron su tarjeta de trabajo, otros la perdieron por falta de trabajo, a otros se la niegan por haber sido detectados por la policía y entregados por el abogado del Estado.

Muchos resisten porque no se quieren ir con los bolsillos vacíos. Han dejado sus casas, a su gente, han gastado sus ahorros, y ya no pueden obtener el arraigo, aunque lleven mas de 3 años y tengan una oferta de trabajo. Pues se les ha decretado "orden de expulsión" sólo por no tener papeles.

Muchos son latinoamericanos, y de esos muchos son mestizos, descendientes directos de españoles. Y provienen de países que acogieron a miles de españoles que escaparon de su guerra fratricida no hace tantos años.

Son de pueblos que han dado todo a la España, sus riquezas, su fuerza de trabajo, su generosidad sin límites.

Aquéllos que hoy son perseguidos como delincuentes, acechados en el metro, en la calle, en los locutorios, en sus barrios, a la salida del colegio de sus niños. Encerrados en un CIE, y deportados.

A otros inmigrantes, de razas más blancas se les da un trato preferencial, y se van quedando, pues son "comunitarios", y mientras a la hispanidad americana, se le margina y denigra. Olvidan los españoles que son su descendencia en el otro lado del mundo, que son los que le dieron una gloria a España jamás nunca vista, olvidan que levantaron con sus manos construcciones que en solo 15 años y llevaron a España a ser una potencia económica de las 10 primeras del mundo.

Olvidan que han traido la música, el baile, el fútbol, sus sabores, sus deleites. Olvidan que hablan su propia lengua.

Olvidan que son hispanos también.

España quiere ser Europa, y para eso debe amputarse, castrarse, mutilarse.

Muchos panchitos, sudacas, extranjis, esta noche pasan frío, soledad y hambre en la España actual. Y no por no tener ganas ni fuerza para trabajar. Muchos son denigrados en sus trabajos por no tener el documento de la dignidad.

Así paga España y olvida lo que le ha dado más sentido a su existencia: América.

Muchos no han tenido una nochebuena, y el invierno traerá muchas noches realmente malas.

Esta navidad el latinoamericano indocumentado, no tiene mucho que celebrar.

Indoamericanos por la Regularización Ahora (I.R.A)