Ella
es de las afortunadas que puede respirar a pleno pulmón el aire de la madrugada
cuando sale de su hogar rumbo a su área de trabajo en la ciudad monumento
nacional.
Antes
da toques a su rostro, maquilla un poco sus mejillas, labios, se viste con el
uniforme que identifica a su labor y sale a la calle con las ansias bien
arriba, para cumplir con sus obligaciones laborales.
Ya
son diez años dejando cada madrugada, cada tarde, su esfuerzo en la Plaza de la
Revolución o en el Paseo General García haciendo su trabajo con la seguridad de
hacerlo bien.
Día
a día piensa en la manera más eficaz para lograr la máxima calidad en su labor
y lo hace feliz, sabedora de que realiza bien lo que le corresponde como
trabajadora de servicios comunales.
Es
ahí donde brillan sus manos sosteniendo la escoba que libra de impurezas a la
ciudad que tanto ama y a la que dedica
muchas horas en cada entrega en cualquiera de los dos turnos que asume.
Ella,
Cruz Méndez, residente en el reparto Ojeda de Bayamo, tiene la facultad de
servir a la ciudadanía, consciente de la importancia de la tarea cotidiana que
efectúa con mucho ánimo, con disposición plena.
Comparte
su tiempo libre con la nieta, cuya madre esta de misión en la República
Bolivariana de Venezuela, con la misma entereza que ella blande su instrumento
de trabajo.
Como
Cruz hay muchas otras mujeres que defienden la limpieza de la ciudad con la
vehemencia con que se destacan en sus hogares, haciendo más grata la vida de la
familia.
A
Cruz podemos verla en sus funciones de guardiana de la belleza, unas veces en
el Paseo, otras en la Plaza de la Revolución, pero siempre dejando una huella
agradable en ella misma y en la ciudadanía.
Ella
es una de las mujeres que desde la altura del trabajo que efectúa, pone el alto
el prestigio de las que como ella, cumplen ese rito hermoso de hacer lo que le
corresponde con eficacia, con calidad.
Sin
proponérselo, Cruz crece cada madrugada, escuchando ese concierto de las aves
canoras que habitan en la Plaza de la Revolución bayamesa, al tiempo que va
dejando bien limpia su área de trabajo.
Y en
la tarde, cuando el crepúsculo comienza a apoderarse con sus sombras del
entorno, Cruz regresa contenta a su hogar del reparto Ojeda, con la convicción
de haber cumplido con su deber