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sábado, 12 de abril de 2008

CÁNDIDO FABRÉ

Afortunado del canto, desgranando canciones va el trovador sobre el filo de la caña, paseándose por la guardarraya, sintiendo como propio el silbato de la locomotora que desde niño lo acompaña.

Aquellos caminos angostos no impidieron que ensanchara sus virtudes y los verdes campos y el canto del sinsonte, le construyeron las imágenes que desde entonces sus esencias creadoras expresan.

Improvisador de la esperanza, cosechero del amor, hacedor de virtudes, amigo de la madrugada y del amanecer, aguardando siempre por el sol para calentar sus musas, esas que dibujan en el pentagrama sus ideas más hermosas.

Mago de la palabra, taladra el verbo para hacerlo mas real, como real es la hermosura del manantial de donde brota el agua que calmará después los ardores de sus cuerdas vocales, incapaces de impedir la salida de su sonido convertido en metáforas coloreadas con su sabia manera de comunicarse.

Así, de plaza en plaza, avanza burlándose del cansancio como el juglar que jamás abandona a su guitarra, y tiñe con su voz, a veces ruda, a veces tierna, pero siempre sincera, a los que acuden a sus citas añorando sus inspiraciones para nutrir sus almas.

La palma real que lo acompaña, como símbolo de cubanía, baila al compás de su ritmo, y arrastra, como en un frenesí, a toda la floresta, que al mismo tiempo hace viajar en sus ramas a todas las aves canoras de la campiña.

Su canto es como un ciclón, su canto es como una brisa, su canto canta a la mañana, al amor y a la esperanza, así canta Cándido Fabré, el Sonero, que con su canto se engrandece y se proyecta hacia la Humanidad.

viernes, 11 de abril de 2008

ROSITA

Rosita es una niña de apenas cuatro años, aún no asiste formalmente a la escuela, pero se prepara para ese momento recibiendo los beneficios del programa Educa a Tu Hijo, una etapa previa al inicio de sus actividades preescolares.

Yo no conocía a Rosita. Ella me encontró a mí en un viaje de retorno a la ciudad de Bayamo, capital de la provincia de Granma.

Se encontraban ella y su mamá en Veguitas, comunidad del municipio Yara, cercana a Bayamo, haciendo lo que en el mundo se denomina auto-stop y en Cuba, botella.

Desde que subió al auto, se le desencadenaron las emociones a Rosita, contrariamente a lo que alguien puede pensar, la niña de origen campesino, comenzó a reír, y a cantar una composición del cancionero infantil, ´´Barquito de Papel´´.

La mamá, que trataba de calmar a la niña, me dijo que todos los días, a las cuatro de la tarde, asistía a una especia de academia que existe en Yara, donde el maestro Hugo, descubre las habilidades y el talento de los pequeños para la música.

Un día, cuenta la madre, en una celebración realizada en la escuela de su entorno, Rosita se destacó memorizando canciones e interpretándolas para el auditorio, y allí nació la posibilidad de estimular en ella el amor por la música.

Desde entonces, cada tarde, la mamá se traslada varios kilómetros para llegar a Veguitas, donde la espera el maestro, que le está enseñando los rudimentos para que encuentre, si la tiene, la vocación por esa manifestación del arte.

El viaje junto a Rosita no duró mucho tiempo, pero fue el suficiente para apreciar en la niña el interés, desde esa temprana edad para el canto y el piano, instrumento del que ya arranca los sonidos primarios.

Cuando se detuvo el auto, la niña, Rosita, divisó a su padre, en la casa que ocupan de manera provisional y en medio de los platanales, y le surgió una hermosa sonrisa y los ojos se le agrandaron con la alegría que experimentaba.

Quizás tengamos pronto a una concertista, o a una cantante, eso es lo que deseo yo sinceramente, porque Rosita, con su aliento, con su deseo de ser una artista, dejó en aquel auto los destellos de esperanza de una niña campesina de la zona de Los Cayos, Veguitas, municipio de Yara.

Autor: David Rodriguez

sábado, 5 de abril de 2008

MERCEDES COSSIO

Cuando una mujer se propone alcanzar los altos valores que su talento le proporciona, estamos en presencia de un ejemplo a seguir.

Cuando una mujer se propone embellecer la obra de un pueblo en Revolución estamos en presencia del protagonismo femenino más auténtico, delicado y humano.

Y si esa mujer, además de esas virtudes del sentimiento, tiene la formación para desempeñarse como evangelio en el campo de la educación, estamos en presencia de una madre que, desde el aula, mantiene vivo los preceptos martianos.

Y si esa mujer, camagüeyana de nacimiento y bayamesa por derecho propio mantiene vigente la obra del Padre de la Patria, entonces su alto valor humano se multiplica y alcanza el justo nivel del respeto.

Hablar de ella constituye una honra que la honra a ella, desde aquellos tiempos de su magisterio en la primaria superior número dos, frente a la actual funeraria de Bayamo, cuyos alumnos la siguen venerando como el primer día.

Su andar por estas tierras, del llano o la montaña, caminando, en mulo o a caballo, le granjeó el amor de quienes la conocieron, y más aún de aquellos que comenzaron a ver la luz de la enseñanza desde sus pupilas insomnes.

Dicen que es poetisa, y no lo dudo, pues un maestro desde la más humilde aula, crea todos los días los más hermosos versos, armando las estrofas sublimes que impiden morir a la esperanza.

Sus hermosos ojos guardan miles de imágenes, ella misma es un cofre abierto colmado de la riqueza más importante: bondad, cubanía, solidaridad, amor.

Quizás estas palabras no basten para proyectar su imagen, las palabras no siempre pueden dibujar la grandeza y el espíritu de esa mujer, cuyo nombre es María Mercedes Cossío Montejo.

Autor: David Rodríguez.

ANDERSON

Noel, ese nombre convertido en fenómeno atmosférico, dio la posibilidad, en noviembre pasado, de mostrar, una vez más, el humanismo de nuestro sistema social, que tiene como precepto importante y hermoso, garantizar la vida de los seres humanos.

La tormenta descargaba su furia y en medio de la campiña serrana, un niño de solo cinco años, comenzó a sentirse mal con presencia de fiebre y dolores en el vientre.

La familia pensó que aquello era pasajero, pero el dolor y la fiebre se acentuaron, como también se acentuó la precipitación de las lluvias, que provocaron el desbordamiento de ríos y arroyos en las montañas.

Anderson es el nombre de ese niño serrano, que asustado, veía como lo atendían en la zona de Los Horneros, del municipio de Guisa, pero sus males no desaparecían, por el contrario, la familia comenzó a preocuparse seriamente.

Ya en aquel agreste sitio, no había más posibilidades de atención médica, se había hecho todo lo posible para devolverle la salud al pequeño.

Por suerte, Anderson es un niño cubano, que goza de todos los derechos en una sociedad, donde el ser humano es lo primero, y por ello la atención médica que necesitaba rebasaba los límites del lomerío donde nació y ha crecido.

No hubo que ver a un político de la zona para que hiciera la gestión de trasladarlo a un centro médico de mayores posibilidades, nadie, además, le pidió cédula alguna a la familia para asegurarle la vida al pequeño.

Bastó ser cubano y en medio de los aguaceros de Noel, rompiendo las cortinas de la lluvia, apareció, a, pocos metros de su casa, una nave aérea, con los colores de las Fuerzas Armadas Revolucionarias.

Del pájaro de hierro, bajaron médicos, enfermeros, medicinas y por encima de todo eso, descendió el amor que necesitaba el niño, que aún asustado, no entendía la razón para tanto ajetreo.

Y Anderson voló por los cielos, con el calor de sus padres, quienes agradecían el gesto, humano y revolucionario que tomó cuerpo ante la enfermedad del pequeño.

Esa es nuestra patria, en la que cualquier ciudadano, sea de la ciudad o del campo, tiene el derecho que se ejerció ante la situación de salud de Anderson.

Cuántos niños serranos habrán fallecido en esas montañas de la Sierra Maestra antes de mil 959, cuando los seres humanos en esta tierra hermosa, valían si tenían riquezas y grandes propiedades?

Anderson vive. Le tocó en suerte haber nacido bajo el sol cubano de la libertad. Le tocó en fin, vivir en la patria de Fidel.

Autor: David Rodríguez

viernes, 4 de abril de 2008

BOLA DE NIEVE

Uno de los cantantes cubanos de más renombre internacional, a lo largo de su exitosa carrera artística es Ignacio Villa, Bola de Nieve.

Su peculiar manera de cantar, casi susurrando las palabras, quedó grabada en la memoria de los que pudimos apreciar su arte.

Bola de Nieve recorrió el mundo entero, llevando en su voz la cultura cubana, en sus cantos los lamentos, la alegría, la añoranza y la esperanza de los nacidos en esta Isla, donde la música brota como el agua de los manantiales.

No quedó parte alguna de Cuba que no recibiera la presencia de aquel negro fabuloso, quien hizo del piano su más hermosa herramienta de trabajo, labor que desempeñaba como un elemento recreativo personal, de ahí la autenticidad de su obra.

Su sonrisa no les faltó a los cubanos, sus presentaciones en los más encumbrados teatros del mundo, no le limitaron sus conciertos en los sitios más humildes de Cuba.

Aquí en Bayamo se presentó en más de una ocasión en la Biblioteca Pública MIL 868, colmando las expectativas de los asistentes, interpretando magistralmente piezas como La Flor de la Canela y Vete de Mí, una de las canciones cantadas con un desgarramiento tal, que siempre emocionó los espectadores.

Bola de Nieve es tan cubano como las palmas reales, tan cubano como el ron, tan cubano como la Enseña Nacional, tan cubano como el Pico Turquino.

PROVIDENCIA

Providencia, comunidad ubicada en la precordillera de la Sierra Maestra y a unos ochenta kilómetros de la ciudad de Bayamo, es hoy mucho más que ayer, no solo comparando a ese pedazo del municipio de Bartolomé Masó con la etapa de antes de mil 959, sino con el propio proceso revolucionario y por muchísimas razones mas.

La tranquilidad ciudadana allí es pródiga, la gente que reside en ese sitio de la montaña granmense, sabe lo que tiene y lo que ha avanzado, por eso defiende las conquistas alcanzadas y se proyecta hacia el futuro con seguridad y esperanza.

En Providencia hay una especie de contrapunteo entre la belleza de la naturaleza y la belleza de su gente, en el que al final el premio queda en un empate hermoso, pues si es atrayente el entorno con sus características topográficas, más atrayente resulta ese ser humano que suma acciones al medio ambiente.

Vista hermosa la que ofrece ese río que entrega no solo la necesaria agua para la vida, sino la posibilidad de irrigar los fértiles campos de cultivo del que se alimentan los pobladores de Providencia, que se empeñan además en el incremento de los mismos para beneficio de la sociedad en general.

Llegar a ese punto de la montaña y encontrarse con su gente en el circulo social, donde se realizan diversas actividades de recreación sana, es oxigenarse, es alimentarse, es, sencillamente, sumar salud.

En Providencia la alegría salta a la vista originada en los niños que caminan hacia las escuelas, en los ancianos que se sienten seguros, atendidos y estimados, en las mujeres que ocupan su puesto en beneficio de todos, y en los hombres que no escatiman esfuerzos para lograr los propósitos en diversas tareas.

Volver a Providencia es encontrar luces que iluminan el camino, volver a ese sitio reconforta el alma y sanea el espíritu, refuerza las convicciones y aumenta el sentido de pertenencia que nos permite amar mas el terruño, y lo que se ama, se defiende, lo que se ama se apuntala, no solo con las armas, también se defiende elevando la produccion en todos los sentidos.


Allí está Providencia, en aquel recodo de la carretera que conduce a la Comandancia de La Plata, como un bastión irreductible, donde el sol sale y se pone repartiendo su luz sin pedir nada a cambio.

Autor< David Rodriguez ---------

UN MAESTRO PARA TODOS LOS TIEMPOS

Hay voces en la radio que son amigas, imprescindibles, necesarias, estimulantes y cotidianas.

Hay voces que nos hacen la vida más agradable, voces insustituibles, que nos hacen crecer el corazón con el alma de sus palabras.

Este medio de comunicación resulta vía eficaz para el entretenimiento, la cultura, la música, la información y cuando detrás de estas manifestaciones se encuentra la voz mas autorizada, entonces la radio se convierte en un aula, donde el maestro es el locutor.

De uno de estos personajes de la locución hablamos. Sus palabras a veces se convierten en un susurro tan delicado como el vuelo del zun-zun y otras, se dejan escuchar atronadoramente, al parecer salidas de uno de esos huracanes caribeños que en este mes comienzan a amenazar.

Hombre de singular preparación, se erige como un patriarca de nuestro bello idioma, señalando, para bien, las fallas que se suelen escuchar en las voces de otros colegas, bien recibidas a veces, a veces no asumidas, para mal, por aquellos que creen conocer todas las reglas de la pronunciación.

Con su verbo ha enamorado a no pocas desde aquella juventud inolvidable hasta estos días, en los que se deja envolver por el cariño de las compañeras de este medio que conocen de su proverbial caballerosidad y gentileza, siempre bien amado por la mujer de su vida, la madre de sus hijos y fiel guardiana de sus afectos.

La audiencia de Radio Bayamo lo conoce por sus descripciones hermosas acerca de la obra de José Marti, por sus atrayentes programas sobre la música más autóctona de los negros norteamericanos y de sus apasionantes comentarios de béisbol y boxeo.

Una virtud extraordinaria lo distingue: el apego al trabajo, la profesionalidad sin limites y el afán de ayudar a quien necesite de sus conocimientos, sabiendo que así perdurará en el sentimiento de los semejantes como una extensión de su rica trayectoria.

Estas son palabras para el amigo, el maestro, el locutor, el escritor que desde hace tantos años nos acompaña y que cada mañana nos abraza con su saludo y esas ganas enormes de seguir laborando a pesar de los años transcurridos y que no han sido obstáculo alguno para sus enseñanzas.

Con sus felices 86 años Víctor Montero Mendoza constituye un ejemplo para las actuales generaciones de la radio cubana.

Autor>David Rodríguez