Autor: Angel Lago Vieito
El siglo XIX fue un período definitorio para el imperio español de Ultramar. Tras la pérdida de sus posesiones coloniales en América, a causa de las guerras independentistas culminadas en la tercera década de la centuria, la metrópoli intentó retener a Cuba, y con ese fin aumentó el número de sus tropas en la Isla; decretó el régimen de las facultades omnímodas para el gobierno colonial, y además, en el ámbito eclesiástico, comenzó la sustitución del clero criollo por el peninsular.
Bayamo era uno de los pueblos cubanos que contaba con mayor número de templos, y en su caso específico se dio la circunstancia peculiar de que todos los clérigos, desde siglos atrás, eran siempre bayameses y miembros de las familias más distinguidas.
Se destacó el Padre Baptista como patriota y partidario de la independencia de Cuba, y muestra evidente de ello es su actuación desde antes del estallido de la guerra liberadora en 1868. Al respecto señalaba Maceo Verdecia:
Entre los varios hijos de Bayamo que habían abrazado la carrera eclesiástica, se encontraba el Padre Baptista, Vicario de la Arquidiócesis y uno de los más famosos oradores sagrados de la provincia. El espíritu abierto a las ideas reformistas que empezaban a vislumbrarse en aquella época; su generosidad para con los necesitados y la amabilidad de su carácter, hicieron que fuera el verdadero director espiritual de las familias bayamesas. A estas cualidades unía otra el Padre Baptista: su patriotismo. En esto era intransigente.
Al abundar sobre la posición patriótica del padre Baptista, el historiador bayamés precisaba: “Fue el verdadero precursor de los acontecimientos que debían surgir en el año 1868; es más: fue el padre de esos acontecimientos. La generación que debía animarlos, fue obra de sus manos. El hizo aquel espíritu; lo hizo y le dio vida,”
Un suceso acaecido en el mes de Abril del año 1864, puso de manifiesto el carácter íntegro del padre Baptista. Durante la procesión del Santo Entierro en la Semana Santa, reafirmó su derecho a organizar la procesión, y lo impuso ante las pretensiones del mariscal de campo don Luis de Monteblanch, quien de regreso con sus tropas de la frustrada empresa de Santo Domingo, se encontraba en la ciudad.
Otros episodios similares dan la medida de la osada y firme actitud patriótica del padre Baptista, entre ellos el hecho de haber permitido la primera interpretación instrumental de la marcha compuesta por Perucho Figueredo, a modo de Marsellesa, del movimiento conspirativo surgido en la ciudad, y que luego se convertiría en el Himno Nacional de Cuba.
El referido suceso tuvo lugar el 11 de Junio de 1868, apenas unos meses antes de la insurrección, después del Te Deum y también durante la procesión de la fiesta del Corpus Christi, en la Iglesia Parroquial Mayor y ante la presencia de las autoridades coloniales de la ciudad, entre ellos en propio teniente gobernador Julián Udaeta.
Pero sin dudas, el acontecimiento más trascendental de la vida patriótica del presbítero, fue la bendición de la bandera insurrecta de Carlos Manuel de Céspedes, efectuada también, en el mismo histórico escenario de la hoy Catedral bayamesa, el 8 de noviembre de 1868, días después de la toma de la ciudad por las fuerzas independentistas. En esa acción fue secundado por los sacerdotes Juan Luis Soleilac y Emiliano Izaguirre, perteneciente el último a la parroquia de Barranaca.
Cuando las tropas colonialistas recuperaron esta ciudad reducida en parte a cenizas el padre Baptista fue considerado infidente. Debido a su avanzada edad –tenía entonces 90 años- no fue castigado ni desterrado, sino que fue trasladado a Santiago de Cuba, donde murió de consunción, el 14 de febrero de 1876.
El longevo sacerdote criollo –vivió hasta los 98 años- a despecho de posiciones oficiales y del Patronato Regio ejercido sobre la Iglesia Católica, asumió valiente y dignamente su papel como hijo fiel de la tierra cubana.
Sirvan estas líneas –no es otro su propósito- como un tirón al manto del olvido, y de antecedente para un futuro y necesario trabajo, que indague y localice nuevas fuentes, y pueda ofrecer una imagen más acabada del religioso y patriota bayamés.
Queda entonces ese reto a los investigadores o interesados en general. Mientras, este es nuestro réquiem y a la vez nuestro aleluya.
Fuente: A propósito de Bayamo. Ediciones Simiente. Obispado Bayamo- Manzanillo (1999) p. 27 y 28.
Editado desde la ciudad de Bayamo, Cuba, por el periodista David Rodríguez Rodríguez.
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miércoles, 10 de febrero de 2016
lunes, 1 de febrero de 2016
DESVENTURAS BAYAMESAS
En el constante andar por las calles bayamesas pueden observarse hechos que en la mayoría de los casos son sustentados por las buenas conductas de los ciudadanos, pero siempre encontramos elementos negativos.
Esos ejemplos que no se quisieran experimentar suceden todos los días en nuestra comunidad y si bien hay autoridades responsabilizadas para la evitación de los mismos, es la propia ciudadanía la que puede erradicarlos.
Sera la policía, como guardiana del orden público, la única institución que debe luchar para que la armonía se manifieste en las calles, en los hogares, en la comunidad?
Si deseamos la convivencia en el barrio, los primeros que deben contribuir en ese empeño somos los ciudadanos, algunos de los cuales no tienen el comportamiento que se inculca en una sociedad como la nuestra.
Porque razón un vecino de un barrio cualquiera se esmera en que los demás, que descansan, ven la televisión o están enfermos, escuchen la música de su preferencia con decibeles tan acentuados que hacen daño?
No es un pecado oír la música que le gusta a alguien, lo descabellado radica en desear imponer al niño, al anciano, a la mujer, al vecino, esa preferencia, vulnerando la tranquilidad de sus semejantes.
Otro problema está centrado en la obsesión de algunos jóvenes de convertir cualquier espacio libre del barrio en un campo de futbol, obligando a los vecinos a vivir con puertas y ventanas cerradas.
Por lo general estos hechos ocurren no frente a la casa de residencia de esos jóvenes, sino en la puerta del vecino, mientras los padres de los infractores están tranquilamente en sus hogares.
Y ahí está una de las causas que originan estas indisciplinas sociales pues la familia tiene la obligación de velar por los hijos, donde están? que hacen en la calle? Con quienes se reúnen?
En cualquiera de nuestros barrios bayameses algunos que regresan después de una noche de fiesta, irrespetan a sus semejantes con escándalos, gritos y actitudes irrespetuosas.
Y qué decir de aquellos que mandan a la bodega a sus hijos menores a tratar de comprar cigarros y ron?
No vivimos en una sociedad perfecta, eso está totalmente comprobado, pero podría ser mejor si cada cual, desde la altura de la responsabilidad que tiene, contribuye a sanear nuestra ciudad de tales actitudes.
Esos ejemplos que no se quisieran experimentar suceden todos los días en nuestra comunidad y si bien hay autoridades responsabilizadas para la evitación de los mismos, es la propia ciudadanía la que puede erradicarlos.
Sera la policía, como guardiana del orden público, la única institución que debe luchar para que la armonía se manifieste en las calles, en los hogares, en la comunidad?

Si deseamos la convivencia en el barrio, los primeros que deben contribuir en ese empeño somos los ciudadanos, algunos de los cuales no tienen el comportamiento que se inculca en una sociedad como la nuestra.
Porque razón un vecino de un barrio cualquiera se esmera en que los demás, que descansan, ven la televisión o están enfermos, escuchen la música de su preferencia con decibeles tan acentuados que hacen daño?
No es un pecado oír la música que le gusta a alguien, lo descabellado radica en desear imponer al niño, al anciano, a la mujer, al vecino, esa preferencia, vulnerando la tranquilidad de sus semejantes.
Otro problema está centrado en la obsesión de algunos jóvenes de convertir cualquier espacio libre del barrio en un campo de futbol, obligando a los vecinos a vivir con puertas y ventanas cerradas.
Por lo general estos hechos ocurren no frente a la casa de residencia de esos jóvenes, sino en la puerta del vecino, mientras los padres de los infractores están tranquilamente en sus hogares.
Y ahí está una de las causas que originan estas indisciplinas sociales pues la familia tiene la obligación de velar por los hijos, donde están? que hacen en la calle? Con quienes se reúnen?
En cualquiera de nuestros barrios bayameses algunos que regresan después de una noche de fiesta, irrespetan a sus semejantes con escándalos, gritos y actitudes irrespetuosas.
Y qué decir de aquellos que mandan a la bodega a sus hijos menores a tratar de comprar cigarros y ron?
No vivimos en una sociedad perfecta, eso está totalmente comprobado, pero podría ser mejor si cada cual, desde la altura de la responsabilidad que tiene, contribuye a sanear nuestra ciudad de tales actitudes.
domingo, 31 de enero de 2016
MI BAYAMO
Caminar por las calles bayamesas siempre es un placer. De día, noche o madrugada siempre se siente la satisfacción de saber que se hace en una ciudad de tanta historia acumulada.
El Centro Histórico Urbano tiene sus encantos con sus plazas de la Revolución y del Himno, con la Catedral y la Casa Natal del Padre de la Patria, pero hay otros sitios que son símbolos.
Estos se encuentran diseminados cerca de los mencionados o más alejados geográficamente, pero son, asimismo, puntos de relevancia para la ciudad.
Uno de ellos es el lugar donde nació el poeta y patriota José Joaquín Palma en la actual calle Cisneros, donde una tarja recuerda el acontecimiento.
En Máximo Gómez, hay una casa donde nació Manuel de Jesús Cedeño, un hombre muy valiente que luchó junto a Bolívar por la redención latinoamericana.
En la actual calle Capotico, nació el Padre del Periodismo en Colombia, Manuel del Socorro Rodríguez, a quien se le atribuye la bella obra de Nuestra Señora de los Dolores de la Catedral.
La calle Céspedes tiene el lugar donde nació el primer presidente de la repùblica mediatizada Tomás Estrada Palma, frente a esta casa vivió también Carlos Manuel de Céspedes.
Liana de Lux, la excelsa poetisa, vivió tambien en la calle Céspedes, al igual que los historiadores Enrique Orlando Lacalle y José Carbonell.
Precisamente en la actual calle Céspedes vio la luz el gran patriota Francisco Vicente Aguilera, uno de los fundadores de la nación cubana que tanto luchó por la independencia nacional.
El autor del libro Bayamo, José Maceo Verdecia, nació en la calle Lora entre Mármol y General García, una tarja recuerda ese hecho para las actuales generaciones.
Por supuesto que se podrían citar mas lugares de la importancia de los mencionados porque Bayamo, a pesar del tiempo transcurrido desde su fundación, atesora aún sitios que enaltecen su gloria.
Así, caminando por las calles bayamesas podemos encontrarnos con estas reliquias de nuestra ciudad que se mantienen vivas con el paso de los transeúntes que en cada paso andan por su historia.
El Centro Histórico Urbano tiene sus encantos con sus plazas de la Revolución y del Himno, con la Catedral y la Casa Natal del Padre de la Patria, pero hay otros sitios que son símbolos.
Estos se encuentran diseminados cerca de los mencionados o más alejados geográficamente, pero son, asimismo, puntos de relevancia para la ciudad.
Uno de ellos es el lugar donde nació el poeta y patriota José Joaquín Palma en la actual calle Cisneros, donde una tarja recuerda el acontecimiento.
En Máximo Gómez, hay una casa donde nació Manuel de Jesús Cedeño, un hombre muy valiente que luchó junto a Bolívar por la redención latinoamericana.
En la actual calle Capotico, nació el Padre del Periodismo en Colombia, Manuel del Socorro Rodríguez, a quien se le atribuye la bella obra de Nuestra Señora de los Dolores de la Catedral.
La calle Céspedes tiene el lugar donde nació el primer presidente de la repùblica mediatizada Tomás Estrada Palma, frente a esta casa vivió también Carlos Manuel de Céspedes.
Liana de Lux, la excelsa poetisa, vivió tambien en la calle Céspedes, al igual que los historiadores Enrique Orlando Lacalle y José Carbonell.
Precisamente en la actual calle Céspedes vio la luz el gran patriota Francisco Vicente Aguilera, uno de los fundadores de la nación cubana que tanto luchó por la independencia nacional.
El autor del libro Bayamo, José Maceo Verdecia, nació en la calle Lora entre Mármol y General García, una tarja recuerda ese hecho para las actuales generaciones.
Por supuesto que se podrían citar mas lugares de la importancia de los mencionados porque Bayamo, a pesar del tiempo transcurrido desde su fundación, atesora aún sitios que enaltecen su gloria.
Así, caminando por las calles bayamesas podemos encontrarnos con estas reliquias de nuestra ciudad que se mantienen vivas con el paso de los transeúntes que en cada paso andan por su historia.
viernes, 29 de enero de 2016
EDUARDO FIGUEREDO RONDON: UN ARTIFICE DEL SONIDO RADIAL
La radio en Bayamo ha tejido una historia digna de todos los elogios por el papel que ha desempeñado en su función de informar, entretener y contribuir al gusto estético de la población.
Para lograr esos objetivos la radio ha contado en su historia local con decenas de trabajadores de diferentes especialidades que les dan vida a la programación concebida con tan nobles fines.
No hay duda de que para lograr un buen producto radial se necesita de un equipo de apoye desde sus posiciones, como el caso del locutor y el realizador de sonidos.
Esta especialidad es de suma importancia, pudiéramos decir, imprescindible en la realización radial por todo lo que aporta en ese propósito de entregar al oyente una obra, un programa.
Bayamo contó entre los realizadores de sonido con trabajadores de una alta calidad como Eduardo Figueredo Rondón, un maestro en aquella época donde los discos de acetato eran los utilizados para la música.
Y era uno de los que con maestría, trabajando en vivo, ponía la aguja en el surco exacto del tema de ese disco que el locutor había anunciado por petición de los oyentes.
Aquello era un espectáculo porque un programa en vivo requiere de atención, suma seriedad y por encima de todo de mucho talento, pues en ese sentido se ponía de manifiesto la calidad de la emisora.
Eduardo dejó una estela de simpatía entre los trabajadores de Radio Bayamo por su prolongada permanencia en esa interesante faena del realizador de sonidos.
Otro destacado en ese oficio fue Zenén Labaut Pérez, quien por cierto sigue acompañándonos y que al igual que Eduardo mostraba mucha calidad en su labor en los programas en vivo.
Franco Fonseca fue otro de los que marcó a la radio bayamesa, trabajando de manera abnegada en la labor que realizó durante su paso por este medio radial.
Cabe destacar además a dos mujeres que desempeñaron tales funciones en la radio bayamesa, una de ellas fallecida, Ramona Martínez Infante y Siria Infante y Rosita Santiesteban, aún entre nosotros.
Ellas dieron no solo su capacidad a la radio, sino belleza a esas cabinas de transmisión, donde predominaba en ese trabajo la fuerza masculina desde la irrupción de la radio en la Ciudad Monumento Nacional.
Hoy una pléyade de jóvenes, mejor preparados académicamente teniendo a su disposición las modernas tecnologías digitales, marca territorio, siguiendo la huella de aquellos que les precedieron.
Para lograr esos objetivos la radio ha contado en su historia local con decenas de trabajadores de diferentes especialidades que les dan vida a la programación concebida con tan nobles fines.
No hay duda de que para lograr un buen producto radial se necesita de un equipo de apoye desde sus posiciones, como el caso del locutor y el realizador de sonidos.
Esta especialidad es de suma importancia, pudiéramos decir, imprescindible en la realización radial por todo lo que aporta en ese propósito de entregar al oyente una obra, un programa.
Bayamo contó entre los realizadores de sonido con trabajadores de una alta calidad como Eduardo Figueredo Rondón, un maestro en aquella época donde los discos de acetato eran los utilizados para la música.
Y era uno de los que con maestría, trabajando en vivo, ponía la aguja en el surco exacto del tema de ese disco que el locutor había anunciado por petición de los oyentes.
Aquello era un espectáculo porque un programa en vivo requiere de atención, suma seriedad y por encima de todo de mucho talento, pues en ese sentido se ponía de manifiesto la calidad de la emisora.
Eduardo dejó una estela de simpatía entre los trabajadores de Radio Bayamo por su prolongada permanencia en esa interesante faena del realizador de sonidos.
Otro destacado en ese oficio fue Zenén Labaut Pérez, quien por cierto sigue acompañándonos y que al igual que Eduardo mostraba mucha calidad en su labor en los programas en vivo.
Franco Fonseca fue otro de los que marcó a la radio bayamesa, trabajando de manera abnegada en la labor que realizó durante su paso por este medio radial.
Cabe destacar además a dos mujeres que desempeñaron tales funciones en la radio bayamesa, una de ellas fallecida, Ramona Martínez Infante y Siria Infante y Rosita Santiesteban, aún entre nosotros.
Ellas dieron no solo su capacidad a la radio, sino belleza a esas cabinas de transmisión, donde predominaba en ese trabajo la fuerza masculina desde la irrupción de la radio en la Ciudad Monumento Nacional.
Hoy una pléyade de jóvenes, mejor preparados académicamente teniendo a su disposición las modernas tecnologías digitales, marca territorio, siguiendo la huella de aquellos que les precedieron.
TOMASITO, SIEMPRE CON LA SONRISA A FLOR DE LABIOS
Una de las esquinas más concurridas de Bayamo está ubicada en las intersecciones de las calles Canducha Figueredo y el Paseo General García en la que un hombre se crece cada día ante los obstáculos de la vida.
En su trayectoria ha realizado los trabajos más disimiles, pero siempre con la sonrisa a flor de labios, como símbolo de vida y de deseos de corresponder a los saludos y al cariño de su pueblo.
Desde niño fue olfateando los olores que emanaban de los dulces elaborados en su casa y poco a poco se fue adueñando de los conocimientos necesarios para continuar la tradición familiar.
¿Cómo entender entonces que este bayamés se haya entregado a esta labor habiendo sido trabajador agrícola y de la construcción?
La respuesta es sencilla: nunca olvido aquellos momentos en los que veía y hasta colaboraba en la confección de esas granjerías bayamesas, que se mantienen en la memoria popular que no las dejara morir.
Tomasito, ese es el hombre al que estamos dedicando esta sección de Andares Bayameses por todo lo aportado, por todo lo vivido en función de sostener esos productos que tanto se anhelan.
Las celebres rosquitas, matahambres, rosca blanda, maní, se mantienen en su puesto de venta, donde recibe el cariño del pueblo que sabe de sus esfuerzos, aun con su salud quebrantada, que no se deja vencer.
Y he ahí uno de los ejemplos que Eliberto Tomas Miniet Zamora, Tomasito, ofrece diariamente a los bayameses, sembrando en ellos su manera de ser, de actuar y de compartir.
En cada ciudad hay un gladiador que defiende el terruño, que es defender a la nación y a su cultura por lo que Tomasito desde la cúspide de su trabajo se empeña en preservar esa joya que son las granjerías bayameses.
Para él es insignificante el humo que le castiga sus ojos, sacándole lagrimas preparando todo lo necesario para elaborar las demandadas rosquitas que también son un símbolo de la Ciudad Monumento Nacional.
En la esquina de Tomasito reina la alegría, ese sitio es como el bálsamo que necesitamos los bayameses para impregnarnos cada mañana y salir a la calle a hacer lo necesario para que no mueran nuestras tradiciones.
En su trayectoria ha realizado los trabajos más disimiles, pero siempre con la sonrisa a flor de labios, como símbolo de vida y de deseos de corresponder a los saludos y al cariño de su pueblo.
Desde niño fue olfateando los olores que emanaban de los dulces elaborados en su casa y poco a poco se fue adueñando de los conocimientos necesarios para continuar la tradición familiar.
¿Cómo entender entonces que este bayamés se haya entregado a esta labor habiendo sido trabajador agrícola y de la construcción?
La respuesta es sencilla: nunca olvido aquellos momentos en los que veía y hasta colaboraba en la confección de esas granjerías bayamesas, que se mantienen en la memoria popular que no las dejara morir.
Tomasito, ese es el hombre al que estamos dedicando esta sección de Andares Bayameses por todo lo aportado, por todo lo vivido en función de sostener esos productos que tanto se anhelan.
Las celebres rosquitas, matahambres, rosca blanda, maní, se mantienen en su puesto de venta, donde recibe el cariño del pueblo que sabe de sus esfuerzos, aun con su salud quebrantada, que no se deja vencer.
Y he ahí uno de los ejemplos que Eliberto Tomas Miniet Zamora, Tomasito, ofrece diariamente a los bayameses, sembrando en ellos su manera de ser, de actuar y de compartir.
En cada ciudad hay un gladiador que defiende el terruño, que es defender a la nación y a su cultura por lo que Tomasito desde la cúspide de su trabajo se empeña en preservar esa joya que son las granjerías bayameses.
Para él es insignificante el humo que le castiga sus ojos, sacándole lagrimas preparando todo lo necesario para elaborar las demandadas rosquitas que también son un símbolo de la Ciudad Monumento Nacional.
En la esquina de Tomasito reina la alegría, ese sitio es como el bálsamo que necesitamos los bayameses para impregnarnos cada mañana y salir a la calle a hacer lo necesario para que no mueran nuestras tradiciones.
CARLOS MARTI: BAYAMES POR DERECHO PROPIO
Bayamo tiene un capital humano extraordinario por ello es común encontrarnos con médicos, ingenieros, arquitectos, informáticos y licenciados en educación, historia del arte y en el deporte.
Ese conglomerado de especialistas le aporta a la ciudad sus conocimientos, experiencias, todo el talento que posee en función de hacer brillar sus respectivas ramas.
Es una suerte poder contar con esas personas que de manera cotidiana se esfuerzan desde sus posiciones de trabajo en alcanzar la excelencia en la calidad de sus labores.
Resulta una fortaleza para la ciudad esa pléyade de ciudadanos tan preparados y que aman profundamente lo que hacen y gozan cuando sus conocimientos son tenidos en cuenta.
En el deporte contamos con jóvenes que se afanan en encontrar esos diamantes en bruto que están entre nosotros para proyectarlos en las diferentes disciplinas de esa rama…
De manera particular hay uno de ellos que ha dejado, como se ha dicho, la piel en el terreno, en este caso de pelota, nuestro deporte nacional, tan urgido hoy de buscar las formulas para seguir brillando.
La persona de la que hablamos hoy ha sido consecuente con su tiempo, es un abanderado de la disciplina, la entrega, el tesón, elementos indispensables para lograr el triunfo.
Se trata de Carlos Marti Santos, quien nació el 16 de febrero de 1949 en Buey Arriba, uno de los directores de pelota de mayor experiencia e historia en nuestras series nacionales.
Su primer deporte, el futbol, lo desarrollo en edades tempranas y luego se entrego por completo al beisbol, deporte nacional que él defiende con la pasión que lo caracteriza.
Goza del respeto de los integrantes de su equipo y cuenta con una legión de seguidores que lo admiran por todo lo que ha logrado con el equipo Granma en los torneos nacionales.
Carlos Marti hoy se encuentra en una etapa de recuperación de su salud, quebrantada en pleno apogeo de la segunda fase de la 55 serie nacional de pelota que él sigue como apasionado de esa disciplina deportiva.
Le deseamos un pronto regreso al timón de los Alazanes, quienes desde el terreno de juego se esfuerzan para llevarle alegrías al director de tantas campañas y de tantas victorias.
Ese conglomerado de especialistas le aporta a la ciudad sus conocimientos, experiencias, todo el talento que posee en función de hacer brillar sus respectivas ramas.
Es una suerte poder contar con esas personas que de manera cotidiana se esfuerzan desde sus posiciones de trabajo en alcanzar la excelencia en la calidad de sus labores.
Resulta una fortaleza para la ciudad esa pléyade de ciudadanos tan preparados y que aman profundamente lo que hacen y gozan cuando sus conocimientos son tenidos en cuenta.
En el deporte contamos con jóvenes que se afanan en encontrar esos diamantes en bruto que están entre nosotros para proyectarlos en las diferentes disciplinas de esa rama…
De manera particular hay uno de ellos que ha dejado, como se ha dicho, la piel en el terreno, en este caso de pelota, nuestro deporte nacional, tan urgido hoy de buscar las formulas para seguir brillando.
La persona de la que hablamos hoy ha sido consecuente con su tiempo, es un abanderado de la disciplina, la entrega, el tesón, elementos indispensables para lograr el triunfo.
Se trata de Carlos Marti Santos, quien nació el 16 de febrero de 1949 en Buey Arriba, uno de los directores de pelota de mayor experiencia e historia en nuestras series nacionales.
Su primer deporte, el futbol, lo desarrollo en edades tempranas y luego se entrego por completo al beisbol, deporte nacional que él defiende con la pasión que lo caracteriza.
Goza del respeto de los integrantes de su equipo y cuenta con una legión de seguidores que lo admiran por todo lo que ha logrado con el equipo Granma en los torneos nacionales.
Carlos Marti hoy se encuentra en una etapa de recuperación de su salud, quebrantada en pleno apogeo de la segunda fase de la 55 serie nacional de pelota que él sigue como apasionado de esa disciplina deportiva.
Le deseamos un pronto regreso al timón de los Alazanes, quienes desde el terreno de juego se esfuerzan para llevarle alegrías al director de tantas campañas y de tantas victorias.
EL RESPETO AL DERECHO AJENO
Andar por las calles bayamesas permite observar buenas acciones de la ciudadanía que hacen de la vida en esta villa un elemento que la distingue porque muestra el lado bueno, el que queremos, para la ciudad.
Los buenos ejemplos deben multiplicarse porque nos hacen mejores personas desde todo punto de vista, arraigándose los conceptos asociados a la vecindad deseada y que logra armonía para nuestras vidas.
Hablar de estos asuntos no es ocioso porque lo que hacemos hoy, bien o mal, repercute en las generaciones más jóvenes, proveyéndolas de buenas o malas costumbres que se convierten en hábito.
La perfección no existe aunque el ser humano siga empeñado en alcanzarla para la felicidad de todos, porque el solo hecho de querer amasarla hace que los individuos de cualquier sociedad, sean mejores.
Lamentablemente también, en ese camino, nos acompañan sombras que tratan de envolvernos para que surjan conflictos entre las personas y eso es totalmente criticable porque empañan nuestro cotidiano andar.
Lograr superar aquello que nos pueda separar, hacer el esfuerzo para que la armonía este por encima de las contradicciones, trabajar para lograr, desde la intimidad de la familia, tocar las sensibilidades humanas es muy bueno.
Las calles bayamesas nos muestran cada día la necesidad de borrar esas sombras que embrutecen a algunos que no se comportan debidamente lastrando las buenas actitudes en los espacios públicos,.
Son las sombras que se ciernen, por ejemplo, sobre aquel conductor de un vehículo que despoja del derecho en la vía a otro chofer que si cumple con lo dispuesto en las reglamentaciones del tránsito.
Son las mismas sombras que acompañan a un conductor de un vehículo que a las cuatro, cinco o seis de la mañana se empeña en llamar la atención de aquella persona a la que busca tocando el claxon inmisericordemente.
Esas mismas tinieblas mentales son las que impulsan a un chofer a circular por las calles bayamesas pobladas de seres humanos a una velocidad que excede lo dispuesto en el Código del Transito.
Cuando el conductor de un vehículo se cree infalible, asumiendo que posee todas las habilidades para conducir quizás llegue, en ese momento lo fatal que es un accidente que puede segarla vida a él y otros ciudadanos.
Lo mejor que se puede hacer es demostrar respeto por los demás, no vulnerar el derecho del prójimo a dormir en paz, a caminar sin el temor de la presencia en la vía de un chofer irresponsable. Eso es armonía.
Los buenos ejemplos deben multiplicarse porque nos hacen mejores personas desde todo punto de vista, arraigándose los conceptos asociados a la vecindad deseada y que logra armonía para nuestras vidas.
Hablar de estos asuntos no es ocioso porque lo que hacemos hoy, bien o mal, repercute en las generaciones más jóvenes, proveyéndolas de buenas o malas costumbres que se convierten en hábito.
La perfección no existe aunque el ser humano siga empeñado en alcanzarla para la felicidad de todos, porque el solo hecho de querer amasarla hace que los individuos de cualquier sociedad, sean mejores.
Lamentablemente también, en ese camino, nos acompañan sombras que tratan de envolvernos para que surjan conflictos entre las personas y eso es totalmente criticable porque empañan nuestro cotidiano andar.
Lograr superar aquello que nos pueda separar, hacer el esfuerzo para que la armonía este por encima de las contradicciones, trabajar para lograr, desde la intimidad de la familia, tocar las sensibilidades humanas es muy bueno.
Las calles bayamesas nos muestran cada día la necesidad de borrar esas sombras que embrutecen a algunos que no se comportan debidamente lastrando las buenas actitudes en los espacios públicos,.
Son las sombras que se ciernen, por ejemplo, sobre aquel conductor de un vehículo que despoja del derecho en la vía a otro chofer que si cumple con lo dispuesto en las reglamentaciones del tránsito.
Son las mismas sombras que acompañan a un conductor de un vehículo que a las cuatro, cinco o seis de la mañana se empeña en llamar la atención de aquella persona a la que busca tocando el claxon inmisericordemente.
Esas mismas tinieblas mentales son las que impulsan a un chofer a circular por las calles bayamesas pobladas de seres humanos a una velocidad que excede lo dispuesto en el Código del Transito.
Cuando el conductor de un vehículo se cree infalible, asumiendo que posee todas las habilidades para conducir quizás llegue, en ese momento lo fatal que es un accidente que puede segarla vida a él y otros ciudadanos.
Lo mejor que se puede hacer es demostrar respeto por los demás, no vulnerar el derecho del prójimo a dormir en paz, a caminar sin el temor de la presencia en la vía de un chofer irresponsable. Eso es armonía.
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