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domingo, 10 de octubre de 2010

MAS DE SEIS MIL PACIENTES OPERADOS EN BAYAMO POR MÍNIMO ACCESO

Por María Valerino San Pedro.
Foto Rafael Martínez

Unos seis mil 120 pacientes fueron favorecidos por la cirugía mínimamente invasiva, luego de ocho años de estrenado este tipo de servicio en el hospital general universitario Carlos Manuel de Céspedes, en Bayamo, municipio capital de la provincia cubana de Granma.

Los padecimientos en vesícula, tórax, ovarios, úteros y colon, entre otros, son los de mayor incidencia entre la población Granmense perteneciente a la región del Cauto, atendida en esa sala del enclave médico.
Rafael Norber Milanés, médico cirujano jefe del servicio de cirugía endoscópica, expresó a este diario digital que entre las ventajas de las intervenciones quirúrgicas por este novedoso método resalta la reducción de las incisiones, disminución del dolor postoperatorio, mientras las complicaciones por sangramientos, obstrucción intestinal y hernias son muy escasas.
El especialista añadió que la recuperación de esos pacientes ocurre en un periodo muy fugaz, incluso los certificados emitidos no sobrepasan los 15 días, por lo cual se acorta el tiempo para la inserción al puesto de labor en caso de ser obrero.

Rafael Norber indicó que hoy el 90 por ciento de los enfermos intervenidos en esa sala están acogidos al sistema ambulatorio debido a la rapidez en la recuperación, mientras el resto permanecen allí por más tiempo teniendo en cuenta sus antecedentes clínicos o por la lejanía de sus residencias.
Ejemplo de la efectividad de este servicio es el caso de Martha Matamoros, una mujer de 59 años, quien 20 minutos después de operada de la vesícula, conversaba con la doctora María Julia Ojeda, especialista de primer grado en Cirugía.
Todo el equipo médico de la instalación bayamesa aspira a crecer en espacio, al menos con otro salón quirúrgico (cuentan con otro equipamiento completo), para satisfacer las demandas de la población que obviamente se inclinan hacia este tipo de prestación.
Como tal, la endoscopia inició en Francia en 1987, y a Cuba llegó seis años después para extenderse paulatinamente por los principales centros asistenciales del país.

EN FOTOS, LAS IGNOMINIAS DE UNA GUERRA

Juana Carrasco Martín
juana@juventudrebelde.cu
9 de Octubre del 2010 20:10:26 CDT
Viejo es el dicho: una foto vale más que mil palabras. Y cuando la guerra de Estados Unidos contra Afganistán acaba de entrar en su décimo año y parece convertirse en otro conflicto sin fin, docenas de fotografías han sido prácticamente confiscadas por los mandos militares norteamericanos para impedir que los horrores «dañen la sensibilidad» de la opinión pública.
El coronel Barry Huggins, comandante de la 2da. Brigada Stryker, de la 2da. División de Infantería en la Base Conjunta Lewis-Mcchord, en Seattle, estado de Washington, escribió en un memorando: «He determinado que el riesgo potencial de perjuicio a los sustantivos derechos de los acusados, así como el impacto negativo sobre la reputación de las fuerzas armadas, asociado con la potencial diseminación pública de estas imágenes, pesan más que el daño mínimo que puede causar a la acusación como resultado de esta orden». Así lo reportaba el diario The New York Times.
La hipócrita argumentación para la censura puede que no surta efecto, porque entre 60 y 70 imágenes ocultadas al pueblo estadounidense, quizá serán expuestas como pruebas en el juicio que debe seguirse a cinco soldados de EE.UU. acusados de asesinar a tres civiles afganos en Kandahar, y luego posar junto a los cuerpos que previamente habían mutilado.
No resulta nueva la macabra acción en la historia de profanaciones aberrantes que acompaña habitualmente a las hordas bélicas del imperio. Recordemos a la mesnada de guardias de la prisión de Abu Ghraib, en Iraq, que también transgredieron la dignidad humana de sus prisioneros, a los que obligaron a posar en posiciones o actitudes denigrantes para satisfacer placeres monstruosos. Si entonces dijeron que eran «casos aislados» en sus filas, actitudes semejantes en otros grupos de la soldadesca y últimamente la visión de efectivos israelíes en iguales poses ultrajantes con prisioneros palestinos, más este «escándalo» recién destapado, desenmascaran la ignominia generalizada.
Otra vez los «intereses de seguridad nacional» se sobreponen para evitar la «repugnancia» de unos y la provocación de «sentimientos antinorteamericanos» en otros.
Los implicados ahora están detenidos en la Base Conjunta Lewis-McChord, en Seattle, y sobre el sargento Calvin Gibbs, 25 años de edad y cabecilla del grupo integrado por Andrew Holmes, Michael Wagnon, Jeremy Morlock y Adam Winfield, están surgiendo nuevas evidencias desde que fueron arrestados cuando cumplían servicio en Afganistán el 11 de mayo pasado.
Otros siete militares, de los que no hemos visto publicados sus nombres hasta el momento, también figuran en el proceso ante los tribunales del ejército por encubrir los asesinatos, bloquear la investigación y asaltar brutalmente a un soldado que reportó el consumo de hachís  en la unidad.
Según una información del Washington Post, el sargento Gibbs —a quien sus propios hombres califican de «loco»— tiene tatuado en su pierna izquierda dos pistolas cruzadas y seis calaveras, marcas con las que confiesa contabiliza en rojo sus muertos en Iraq y en cráneos azules los de Afganistán, motivos suficientes para darse el nombre de «el team de matar». Pretendía, dicen, hacerse además un collar de dedos…
Y no constituyen los de este quinteto de la muerte del sargento Gibbs, que ahora justifica sus propios delitos con la intimidación del superior, los únicos sindicados; los otros siete miembros del ejército ocupante están siendo acusados por desmembrar cuerpos de afganos y remover los huesos, ocultar pruebas, obstaculizar la investigación.
Una información de AP sobre el caso decía que Michael T. Coorgan, un veterano de Vietnam que actualmente enseña Relaciones Internacionales en la Universidad de Boston, consideraba que no era una sorpresa que incluso después de Abu Ghraib, algunos soldados tomaran fotos como souvenirs de guerra, porque «ellos están probando a la gente que son tan duros como dicen ser».
Y añade el señor Corgan esta particular filosofía de lo macabro, como si estuviera hablando de inocentes y curiosos turistas de viaje por la geografía centroasiática: «La guerra es la experiencia lírica de sus vidas (…) Ellos se revelan en ella, y coleccionan memorias de ella».

A la caza por sport

Las informaciones que van saliendo de la Caja de Pandora todavía no dan muchos detalles, pero son suficientes para conocer la infamia criminal del kill team de la brigada de infantería Stryker asentada en la Base Operativa de Avanzada Ramrod, en la provincia de Kandahar, adonde Gibbs llegó en noviembre de 2009 y les mostró qué fácil podía ser «lanzar una granada a alguien y matarlo», un método que al parecer fue aceptado de inmediato por el soldado de 22 años Jeremy Morlock.
La primera víctima fue Gul Mudin a quien «se le lanzó una granada fragmentaria y se le disparó con un rifle» por Morlock (22 años) y Andrew Holmes (19 años), que estaban de guardia al borde de un campo de amapolas, cuando su patrulla entró en la aldea La Mohammed Kalay, en enero de este año. Y todo fue por divertirse, como le dijera ese mismo Morlock a Holmes, a quien amenazó si lo contaba. La granada le había sido entregada a Morlock por Gibbs, quien dirigió la acción del 15 de enero.
Luego de la primera, una segunda víctima por puro placer. El 22 de febrero Gibbs y Wagnon mataron a Marach Agha, a quien Gibbs le colocó cerca del cuerpo un Kalashnikov para justificar el asesinato. Y el 2 de mayo, con similar procedimiento de granada y disparo, Mullah Adadhdad fue abatido por Winfield y Gibbs.
Y como reportaba el diario militar Army Times, la colección de dedos, huesos de las piernas y dientes de las víctimas como trofeos de guerra y las fotos junto a los cadáveres…
¿Cuánto hubiera durado esta práctica? ¿Quién sabe? Porque todo se develó en mayo con el brutal asalto y golpeadura al soldado estadounidense de la unidad que reportó que estaban fumando hachís y bebiendo, una práctica normal, incluso estando de servicio, molesto porque sus compañeros de armas lo hacían en un contenedor utilizado habitualmente por él con iguales propósitos. En mayo el ejército comenzó la investigación.
Las justificaciones ya se emplean por la defensa. El abogado civil de Morlock, quien dio detalles sobre su involucramiento y el papel del sargento Gibbs, dice que su cliente actuó bajo la influencia de drogas médicas prescriptas para sus heridas en combate y que también sufría de lesiones traumáticas cerebrales, así que «esa declaración fue incoherente, y tomada bajo un coctel de drogas que no debieron mezclarse», le dijo al diario Seattle Times; diez diferentes medicamentos para el dolor, antidepresivos y pastillas para ayudarlo a dormir.
Pero a medida que pasan los días y las pesquisas profundizan, nuevos datos apuntan a la conducta criminal. Por ejemplo, que Gibbs discutió abiertamente que podía matar al especialista Adam C. Winfield —otro de los implicados— porque este se mostraba preocupado y podía reportar los incidentes. Incluso dijo cómo podía ejecutarse.
Y de acuerdo con otras indagaciones tendría motivos para esa desconfianza, porque la familia de Winfield, oriundo del estado de la Florida, recibió mensajes electrónicos en que les advertía que estaba presenciando cosas muy feas de las que no podía hablar…
En esto hay un punto sustancial que están sacando a flote los amigos de infancia de Gibbs para asegurar que es un buen hombre: «¿Cómo pueden ponerlo en la cárcel por hacer su trabajo allá?».
«Hacer su trabajo allá». Esa es la cuestión. Están cumpliendo la orden de un Estado guerrero que se impone por la fuerza de las armas sobre cualquier otro país y pueblo del mundo para garantizar que sean sus intereses los que prevalezcan. Un sistema imperial que enseña a odiar y obliga a matar en nombre de la seguridad nacional, la libertad y la democracia.
El sargento Calvin Gibbs respondía con su fusil M-4 matando a «nacionales locales cuando era atacado». Esa es su defensa, eso es lo que aprendió a hacer. La guerra y sus ignominias le sirven de sombrilla porque es aún más monstruosa que sus asesinatos en serie.
Un veterano desde San Francisco lo decía en su comentario a las noticias: «Yo lo ví en Vietnam… Simplemente sucede. Si usted vota por la guerra, usted obtiene la guerra. Si usted va a la guerra, usted aprende que la moral cambia»… y otro desde Austin asentía: «Yo serví dos viajes en Iraq, e hice cosas de las que no me siento orgulloso. La guerra endurece el corazón y nubla la mente…»


El sargento Calvin Gibbs camina por un campo de amapolas en Aktaray, Kandahar. Foto: Internet
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Y mientras tanto, las operaciones bélicas en Iraq y Afganistán siguen su curso, y en el edificio del Pentágono planifican nuevas guerras que en algún momento serán bendecidas con una firma-orden en una Casa Blanca en Washington, y otros «buenos chicos» serán infestados y convertidos en abominables máquinas de matar…

DENUNCIA CUBA EN LA UNION INTERNACIONAL DE TELECOMUNICACIONES VIOLATORIAS TRANSMISIONES DE ESTADOS UNIDOS

Guadalajara (México), oct 8 (ITAR-TASS). Cuba se propone lograr que sean reconocidos sus derechos al uso de las radiofrecuencias, en correspondencia con las normas internacionales.
Así lo declaró el jueves el viceministro primero de Informática y Comunicaciones de Cuba, quien participa en la conferencia de la Unión Internacional de Electrocomunicaciones (UIE).
Linares señaló que la UIE durante varios años ya apoya la postura de Cuba con respecto a la injerencia en su éter de EEUU que viola las normas universalmente reconocidas.
Sin embargo, Washington hace caso omiso de los llamados de la mayoría aplastante de la comunidad mundial a cesar el bloqueo" contra la isla caribeña, manifestó Linares. El viceministro manifestó que Cuba se propone desarrollar la actividad activa en la UIE en bien de los países en desarrollo sobre los principios del respeto de sus derechos.
Las autoridades cubanas en el transcurso de varios años protestan contra la injerencia de EEUU en su éter. A fin de aumentar la eficiencia de la transmisión de tales señales los Estados Unidos han comenzado a usar los "transmisores volantes".
Linares expresó que semejantes maniobras por parte de EEUU contradicen las normas universalmente reconocidas.
Indicó que Washington hace caso omiso de la opinión de la mayoría y actúa en sus propios intereses, a pesar de los enormes daños que causa el bloqueo estadounidense a la población de Cuba.

ESTADOS UNIDOS: UNICO PAIS DEL CONTINENTE AMERICANO QUE APLICÓ LA PENA DE MUERTE EN 2009

LONDRES, oct 8 (Reuters) - La organización Amnistía Internacional (AI) pidió el viernes a Estados Unidos que dé el ejemplo frente al resto de las naciones y derogue la pena de muerte.
AI dijo que Estados Unidos es el único país del continente americano que ordenó ejecuciones en el 2009.
"Una clara mayoría de los países ha rechazado la pena de muerte. Cómo puede Estados Unidos reclamar el liderazgo en derechos humanos y a la vez cometer asesinatos por ley?", dijo Widney Brown, directora de Derecho y Política Internacional de la agrupación.
"La pena de muerte es cruel, degradante, ineficaz y totalmente incompatible con el concepto de dignidad humana. Su uso en Estados Unidos está marcado por la arbitrariedad, la discriminación y el error", agregó.
Los activistas designaron el domingo como el "Día Mundial contra la Pena de Muerte". Los asesinatos que involucraron víctimas blancas en Estados Unidos fueron más propensos a terminar en una condena de muerte que los casos con víctimas afroamericanas. Los estados de Texas, Virginia y Oklahoma concentraron más de la mitad de las ejecuciones en el país.
"La etnia, la geografía, la política electoral, las finanzas locales, la composición del jurado y la calidad de la defensa legal son todos factores problemáticos en los casos de pena capital en Estados Unidos", dijo Brown.
"Ser enjuiciado por un crimen capital es como participar en una lotería letal, y eso no debe ocurrir en ningún sistema judicial", concluyó.

LAS MENTIRAS QUE INMORTALIZAN AL CHE

43 años después de su asesinato en La Higuera, el Che Guevara sigue aterrando a sus enemigos por el simple hecho de continuar vivo.
Sucede, como si quienes no soportan la grandeza de su singularidad, lo resucitaran en cada nueva calumnia.
Una de estas últimas, es la afirmación de que los restos del Che no son los que están enterrados en Cuba.
Según asegura un cable de Europapress: "El general retirado boliviano Luis Fernando Sánchez afirma en un libro que salió a circulación hoy en La Paz que los restos del guerrillero argentino Ernesto "Che" Guevara siguen enterrados en este país y no fueron llevados a Cuba en 1997, como dicen las autoridades de la isla.
"Los restos del 'Che' permanecen en Bolivia y los que se encuentran en Cuba resultan ser el producto de un operativo de inteligencia estratégica, planeado y ejecutado a largo plazo, debido a necesidades políticas del régimen imperante".
Curiosamente, otra operación de "inteligencia", previó también, con anterioridad, una falacia de ese calibre.

viernes, 8 de octubre de 2010

COINCIDENCIAS, TERRORISTAS Y CORTINAS DE HUMO

La pupila insomne/Rebelión

Hay coincidencias raras, demasiado raras…Cuando el Papa Juan Pablo II arribaba a La Habana, en enero de 1998, en una visita que se convertiría en un triunfo de opinión pública para la Revolución Cubana, estalló el affaire de Mónica Lewinsky para enlodar al presidente Bill Clinton. “Buenas noches, estamos en La Habana pero la noticia está en Washington”, diría entonces uno de los conductores estelares de la televisión norteamericana, desplazado a la capital cubana para cubrir la visita del sumo pontífice. De allí en adelante, todos sabemos lo que pasó, e incluso el propio Clinton trató de repetir el método -bombardeando una supuesta fábrica de armas químicas en Sudán y “bases terroristas” en Afganistán- para a su vez desviar la atención del escándalo que lo envolvía.

Si se quiere disminuir el impacto de una noticia inconveniente, se debe crear otra que tenga el atractivo que los medios buscan, no importa que luego se demuestre que su origen era dudoso o nimio, ya el daño está hecho. Así operaron las agencias de prensa este 6 de octubre, fecha en que se cumplieron 34 años del atentado terrorista contra un avión civil cubano que costara la vida a 73 personas.
Una carta de los familiares de las víctimas a Barack Obama, solicitándole el juicio o la extradición de uno de los culpables – Luis Posada Carriles, que permanece impune en teritorio norteamericano- y un decreto del Consejo de Estado de Cuba declarando la fecha “Día de las víctimas del terrorismo de estado” amanecieron en la prensa cubana. En la tarde, el tributo realizado por el presidente cubano Raúl Castro a los “3 mil 478 cubanos que han muerto y 2 mil 99 que han quedado incapacitados para siempre por actos terroristas”, en el que emplazó enérgicamente al gobierno norteamericano a que “sea consecuente con su compromiso en la lucha antiterrorista y actúe con firmeza, sin dobles raseros contra quienes desde el territorio norteamericano han perpetrado y persisten en realizar actos terroristas contra Cuba”. Desde hacía poco más de una semana se habían publicado las comprometedoras revelaciones del terrorista salvadoreño Chávez Abarca, que demuestran que las acciones terroristas contra la isla no son cosa del pasado.
Sin embargo, la resonancia en los medios durante la jornada fue para una “denuncia” –echada a rodar desde la víspera- de que Cuba bloqueaba los mensajes a la red social Twitter vía celular. En pocas horas, tanto Twitter como el gobierno cubano desmintieron la noticia y uno de los impulsores de la campaña terminó reconociendo que “fui demasiado rápido en la sospecha de la participación del gobierno cubano en la interrupción del servicio, en lugar de seguir otra alternativa, que en retrospectiva fue la verdadera culpable”, pero ya el objetivo se había cumplido y el crimen verdadero y monstruoso había sido silenciado una vez más. Los censores inventaron un falso acto de censura para ocultar una verdad incómoda. Coincidentemente, quien proporcionó la materia prima para la caricatura -una “ciberdisidente “que vive de vender a los medios una Cuba a la medida de sus deseos- había dicho antes sobre Posada Carriles: “Es un tema político que no interesa a la gente. Es una cortina de humo.”
Y hablando de coincidencias, fue George W. Bush -creador mediante el “Plan para una cuba libre” de los llamados ciberdisidentes- quien afirmó: “cualquier persona, organización o gobierno que apoye, proteja o ampare a terroristas, es cómplice en el asesinato de inocentes e igualmente culpable de delitos de terrorismo”…

""NO PUEDO EVITAR QUE ME INVADA LA RABIA Y EL DOLOR""

AIN


“No puedo evitar que me invada la rabia y el dolor, cada octubre, cada año que pasa, ante la impunidad de los criminales cuyos nombres me cuesta trabajo pronunciar; y cuyo accionar terrorista ha continuado, gracias a la protección que le brinda la millonaria derecha cubanoamericana y las agencias de seguridad de Estados Unidos”.

Con estas palabras, a modo de de presentación, accedió a una entrevista exclusiva con la AIN la periodista venezolana Alicia Herrera, autora del libro “Pusimos la bomba,… ¿Y qué?”, que escribió a principios de los años de 1980 y tiene ya cuatro ediciones (la última en 2006).

"Han transcurrido 34 años del sabotaje al avión cubano, cerca de las costas de Barbados, y aun se mantiene vivo el recuerdo de aquellos inocentes, vilmente asesinados, muchos, la mayoría de ellos, jóvenes llenos de alegría y con un futuro promisorio", subraya.

"Desde entonces sus familiares y me incluyo, hemos luchado por hacer justicia en su nombre. Hemos tocado puertas, conciencias y corazones para denunciar el crimen y que se castigue a los culpables, y hasta hoy, poco o nada hemos logrado".

“Hay que recordarle sobre todo a los más jóvenes, -contínúa Alicia-, que el terrorismo y los terroristas existen, están activos y muchos, como los autores intelectuales del crimen de Barbados, continúan fraguando planes criminales ya no sólo contra Cuba, sino también contra Venezuela y todos los países donde se lucha por construir una sociedad nueva, justa, que nos incluya a todos, y que todos participemos en su construcción y tengamos la gratificación que nos corresponde".

El seis de octubre de 1976 la noticia sobre la caída del vuelo 455 de Cubana de Aviación frente a las costas de la isla caribeña de Barbados conmocionó a Cuba y al mundo.

Al dolor provocado por la catástrofe se sumó horas más tarde la indignación, luego de confirmarse la sospecha inicial de que la nave, en la que viajaban 73 personas, había sido saboteada.

Tras la captura de los venezolanos Freddy Lugo y Hernán Ricardo, ejecutores del atentado, fueron identificados y apresados en Venezuela sus autores intelectuales y financistas directos: los terroristas de origen cubano y activos miembros de la Agencia Central de Inteligencia yanqui (CIA), Orlando Bosch Ávila y Luis Posada Carriles.

Hasta la prisión del Cuartel de San Carlos, en Caracas, llegó hace 34 años la periodista venezolana Alicia Herrera para indagar sobre los hechos y, horrorizada, escuchó de los propios responsables la confesión que luego plasmó en su libro de denuncia “Pusimos la bomba… ¿Y qué?”

Aunque Alicia no puede evitar que le invada la rabia y el dolor cada octubre, afirma que no cejará en su compromiso de denunciar a los culpables de ese hecho atroz, quienes, como otros muchos, continúan fraguando impunemente planes criminales contra Cuba, Venezuela, y los países que luchan por construir una sociedad nueva.

“Los terroristas Luís Posada Carriles y Orlando Bosch, fueron protegidos por el gobierno socialcristiano del presidente Luis Herrera Campins, y especialmente por la policía política venezolana (DISIP), de la cual Posada Carriles fue comisario", recuerda.

“El director de la DISIP, Remberto Uzcátegui, además de colega, era padrino de una hija de Posada Carriles. De manera que los terroristas estaban presos en celdas espaciosas donde podían recibir visitas y hacer “comelatas” con sus cómplices que llegaban de Miami y Puerto Rico.

“Tenían todas las facilidades para comunicarse por teléfono a cualquier hora; permisos para recibir familiares y amigos y se llegó a comentar que, incluso, salían por las noches de la cárcel con la complicidad de los carceleros", subraya.

“Además, Posada y Bosch, así como Hernán Ricardo y Freddy Lugo, recibían un salario mensual de la DISIP. Por supuesto, el monto para los dos primeros era mayor y esto constituía un motivo de riñas permanentes entre ellos.

“El mayor y más desvergonzado privilegio de que gozaban los terroristas era la asistencia de una secretaria, pagada por la propia policía política, que se encargaba de pasar en limpio el nuevo expediente con todas las manipulaciones necesarias para librarlos de responsabilidades. “Cuando Orlando Bosch confesó en mi presencia que había participado, junto a Posada Carriles, en el sabotaje al avión cubano, no me asombró pues conocía muchas de sus acciones terroristas por confesiones indirectas de sus esposas, y del propio Bosch y Freddy Lugo. “Ésos actos incluían asesinatos a diplomáticos cubanos; colocación de bombas en consulados y embajadas de la isla caribeña en diferentes países, las que ocasionaron muertos y heridos, así como la destrucción de oficinas de la Ínsula y otros países en varias naciones de América Latina. “Los terroristas se mostraron en todo momento confiados de que serían liberados, debido a sus contactos con la CIA, y porque el gobierno de Herrera Campins y en particular la DISIP, sustraían evidencias comprometedoras, y elaboraban un “nuevo” expediente.

“Posada –acota- era una prioridad para la CIA, la cual tuvo siempre vasos comunicantes con la DISIP, desde los años de 1960, cuando el terrorista representaba a esa agencia norteamericana en el órgano policial venezolano”.

Conocer la verdad sobre el crimen de Barbados, y tener confesiones detalladas de los propios terroristas le planteó a Alicia la urgencia moral de denunciarlos, y para ello tuvo que enfrentar persecución y amenazas que la obligaron a salir de su país.

“En realidad, afirma, mi mayor temor era que fueran liberados y continuaran, como muchas veces les oí decir, preparando acciones terroristas”.

La cuarta y más reciente edición de “Pusimos la bomba…?Y qué?”, publicada en 2006, incluye una serie de documentos que fueron sustraídos del expediente para absolver de culpa a los autores de la voladura el avión cubano.

Esos papeles, rescatados de manera fortuita después de 25 años de denuncias, junto a otros desclasificados por el gobierno de EE.UU. corroboran la versión mantenida por Alicia Herrera durante tres décadas, y prueban la implicación de la CIA en el atentado contra el avión cubano en Barbados.

En 2005, Venezuela solicitó al gobierno de Estados Unidos la extradición de Luis Posada Carrilles para que éste sea ese juzgado por tribunales venezolanos y, en mayo de 2010, reiteró ese pedido en el Consejo de Seguridad de ONU; sin embargo, no ha obtenido respuestas, afirma Alicia.

“El sistema judicial norteamericano usa tácticas dilatorias en el proceso que le sigue a Posada Carriles, quien espera ser juzgado por mentir a las autoridades de inmigración y no por terrorismo.

“La impresión que uno se lleva es que el gobierno estadounidense protege a este delincuente, oculta sus crímenes quizás para evitar que revele las acciones terroristas que planificó y ejecutó durante años como agente de la CIA.

“Venezuela tiene todo el derecho legal y moral, de exigir la extradición de Luis Posada Carriles, el cerebro principal del atentado al avión de Cubana, y Estados Unidos tiene la obligación de entregarlo a Venezuela”, enfatiza.

“Es indignante saber que terroristas como Bosch y Posada Carriles están libres y continúan con sus planes de destrucción y muerte, mientras cinco cubanos permanecen en prisión desde hace 12 años, precisamente, por proteger a Cuba y a su pueblo de ataques criminales. “Debemos movilizarnos permanentemente para exigir justicia para estos cinco patriotas que son presos políticos en cárceles de Estados Unidos.”