Estimados Señores:
Soy socio de la sección española de Aministía Internacional desde al año 1996. He escrito innumerables cartas a decenas de responsables políticos de diferentes países y algunos presos encarcelados en algunas cárceles del mundo (incluido en una ocasión un preso cubano), por sugerencia de A.I. Soy de los que piensan que el balance global de su labor en defensa de los derechos humanos en el mundo es positiva; obviamente por ello sigo siendo socio de esta organización.
Aun así no debo callar que en el caso particular de su postura hacia el gobierno de Cuba creo que ustedes caen en una grave contradicción. La propia Amnistía Internacional en sus informes ha reconocido que una mayoría de presos condenados en Cuba, calificados por A.I. como presos de conciencia, han sido financiados material y/o monetariamente por el gobierno de los EE.UU., gobierno que, como ustedes saben, ha participado en diferentes grados en diversas acciones armadas contra gobiernos cubanos a lo largo de la Historia y que ha declarado unilateralmente a Cuba como “pais enemigo”, no obstante no haber recibido nunca EE.UU. ninguna agresión armada por parte del país caribeño. Esta financiación ha sido reconocida además abiertamente por el propio gobierno estadounidense en diferentes ocasiones con el fin declarado de derrocar al gobierno cubano. Como ustedes no ignorarán la normativa internacional considera ilegal la financiación por parte de una potencia extranjera de la oposición interna de una nación soberana. De igual manera considera ilegal el derrocamiento de un gobierino soberano por parte de otro extranjero. Por otro lado, al igual que cualquier otro país del planeta, el Estado cubano ha desarrollado una normativa dirigida a protegerse de esa injerencia, aunque comparada con la de otros países, incluida la de los EE.UU., es incluso más benévola.
Por todo ello es fácil concluir que es completamente contradictorio por parte de A.I. considerar presos de concienca a aquellas personas financiadas por un gobierno extranjero (que se considera unilateralmente, recordémoslo, enemigo) con el fin de derrocar a su gobierno legítimo, transgrediendo con ello no sólo la normativa nacional cubana sino la internacional. Siguiendo la lógica en este caso aplicada, A.I. debería considerar como presos de concienca a todos aquellos condenados en aplicación de normativas similares en el resto del mundo, incluidos los condenados en el Estado español. Por tanto, les solicito, como socio de Amnistía Internacional, que dejen de presentar en sus informes como presos de conciencia a los presos cubanos que reciben financiación extranjera para derrocar al gobierno cubano, puesto que evidentemente no lo son.
Atentamente,
Joaquín Rodríguez Burgos. Socio de la sección española de A.I."
* Carta enviada a Amnistía Internacional por el autor el 22 de marzo del 2010
Editado desde la ciudad de Bayamo, Cuba, por el periodista David Rodríguez Rodríguez.
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miércoles, 24 de marzo de 2010
martes, 23 de marzo de 2010
ALDEA EN REVOLUCIÓN
Cuba es una Aldea en Revolución desde los tiempos inolvidables del Levantamiento en el ingenio La Demajagua.
No alcanzó esa condición por azahar.
Las circunstancias sociales obligaron a una pléyade de hombres acaudalados a tomar una decisión heroica, pero necesaria para el alumbramiento de una nación independiente y soberana.
Aquel hecho acaecido en el sagrado sitio de la patria que es La Demajagua, donde tenía una fábrica de azúcar Carlos Manuel de Céspedes, el iniciador de las gestas libertarias en Cuba el 10 de octubre de 1868, marcó de manera definitiva el actuar de una generación que lo entregó todo a la causa.
Céspedes, en acto humanista, le dio la libertad a su dotación de esclavos, tenía muchos, los que se dedicaban al agotador trabajo del corte de la caña en horribles condiciones.
Ese solo gesto ya lo enaltecería para siempre, pero pensó siempre en los demás, que sin ser esclavos, eran sometidos a la tiranía española en la Isla.
Y es una Aldea en Revolución, porque a pesar de las contradicciones de aquellos tiempos entre las fuerzas de la independencia, la ruta hacia la obtención de una libertad plena no se detuvo y con el uso de las armas, machetes, fusiles y una voluntad comprobada por el poderío colonial de la península, continuó el afán de expulsarlo de estas tierras.
José Martí, el más universal de los cubanos, señaló la necesidad de la unidad entre las fuerzas mambisas y dio el ejemplo supremo al desembarcar por Playitas de Cajobabo, con el interés de seguir levantando la bandera de la lucha armada.
Su caída en combate aquel nefasto día 19 de mayo de 1895, constituyó una contribución a la lucha, un acicate para que los cubanos no dejaran nunca la tarea de hacer de este suelo una nación libre.
Ya fuera de la escena Carlos Manuel de Céspedes, José Martí y Antonio Maceo, los cubanos, fieles y respetuosos de la historia recogida en páginas heroicas, sustentadas por los combates en la manigua, se propusieron honrarlos y la única manera de hacerlo fue mantener los principios de la Protesta de Baraguá.
Ya Estados Unidos preparaba sus acciones para inmiscuirse en el conflicto hispano-cubano y a la larga intervino, como nuevo imperio, aún naciente, en este archipiélago, no para ayudarnos a ser libres, sino para maniatarnos con el objetivo de sojuzgarnos eternamente.
La historia vivida en la falsa república, corroboró esas preocupaciones pues el gobierno de Washington, tan voraz como ahora, pretendía adueñarse de la Isla y crear un territorio al estilo del Estado Libre Asociado de Puerto Rico.
Aquella republiqueta colapsó de manera irreversible el primer día de Enero de 1959, cuando el tirano de turno voló hasta su madriguera en el norte de Cuba, buscando el amparo de sus amos, bajo el cual murieron veinte mil cubanos.
Hoy las circunstancias son otras, pero el enemigo sigue siendo el mismo. Y ese enemigo, sigue acariciando el sueño de apoderarse de esta Isla y para lograr ese empeño utilizan sin ocultarlo a nacidos en este país que le sirven de herramienta para la propaganda contra la Revolución Cubana.
Para alcanzar sus objetivos compran a todo el que se deja comprar, sean economistas, músicos de poca monta o simplemente delincuentes ascendidos al grado de héroes, cuando participan solo en las batallas contra el pueblo digno que los vio nacer.
Todo cubano honesto, respetuoso de su historia, amante de la independencia y la soberanía, debe rechazar de forma tajante las pretensiones de los que desde el exterior, o desde la propia Isla, quieren la destrucción de una sociedad que es ciertamente imperfecta, aunque es perfectible.
Todo lo que vaya en contra de esta Aldea Revolucionaria huele a anexionismo, a entrega de la patria a una potencia extranjera.
Todo ciudadano de la Isla que contribuya a la destrucción de la obra de la Revolución está ofendiendo a los tres mil cubanos asesinados por actos terroristas cometidos por asesinos provenientes de Estados Unidos.
Todo ciudadano de la Isla que se venda a los intereses del gobierno de Estados Unidos, está ofendiendo a aquellos hermanos asesinados el 6 de octubre de 1976, cuando la contrarrevolución cubana hizo estallar el avión de Barbados.
El principal culpable, Luís Posada Carriles, vive tranquilamente en la ciudad del terrorismo que es Miami.
Ante las calumnias del presente, que son las mismas del pasado, esta Aldea en Revolución, sigue brillando en el Caribe, para bien de los pobres del mundo, que sí saben donde está la verdad, el honor y la dignidad.
No alcanzó esa condición por azahar.
Las circunstancias sociales obligaron a una pléyade de hombres acaudalados a tomar una decisión heroica, pero necesaria para el alumbramiento de una nación independiente y soberana.
Aquel hecho acaecido en el sagrado sitio de la patria que es La Demajagua, donde tenía una fábrica de azúcar Carlos Manuel de Céspedes, el iniciador de las gestas libertarias en Cuba el 10 de octubre de 1868, marcó de manera definitiva el actuar de una generación que lo entregó todo a la causa.
Céspedes, en acto humanista, le dio la libertad a su dotación de esclavos, tenía muchos, los que se dedicaban al agotador trabajo del corte de la caña en horribles condiciones.
Ese solo gesto ya lo enaltecería para siempre, pero pensó siempre en los demás, que sin ser esclavos, eran sometidos a la tiranía española en la Isla.
Y es una Aldea en Revolución, porque a pesar de las contradicciones de aquellos tiempos entre las fuerzas de la independencia, la ruta hacia la obtención de una libertad plena no se detuvo y con el uso de las armas, machetes, fusiles y una voluntad comprobada por el poderío colonial de la península, continuó el afán de expulsarlo de estas tierras.
José Martí, el más universal de los cubanos, señaló la necesidad de la unidad entre las fuerzas mambisas y dio el ejemplo supremo al desembarcar por Playitas de Cajobabo, con el interés de seguir levantando la bandera de la lucha armada.
Su caída en combate aquel nefasto día 19 de mayo de 1895, constituyó una contribución a la lucha, un acicate para que los cubanos no dejaran nunca la tarea de hacer de este suelo una nación libre.
Ya fuera de la escena Carlos Manuel de Céspedes, José Martí y Antonio Maceo, los cubanos, fieles y respetuosos de la historia recogida en páginas heroicas, sustentadas por los combates en la manigua, se propusieron honrarlos y la única manera de hacerlo fue mantener los principios de la Protesta de Baraguá.
Ya Estados Unidos preparaba sus acciones para inmiscuirse en el conflicto hispano-cubano y a la larga intervino, como nuevo imperio, aún naciente, en este archipiélago, no para ayudarnos a ser libres, sino para maniatarnos con el objetivo de sojuzgarnos eternamente.
La historia vivida en la falsa república, corroboró esas preocupaciones pues el gobierno de Washington, tan voraz como ahora, pretendía adueñarse de la Isla y crear un territorio al estilo del Estado Libre Asociado de Puerto Rico.
Aquella republiqueta colapsó de manera irreversible el primer día de Enero de 1959, cuando el tirano de turno voló hasta su madriguera en el norte de Cuba, buscando el amparo de sus amos, bajo el cual murieron veinte mil cubanos.
Hoy las circunstancias son otras, pero el enemigo sigue siendo el mismo. Y ese enemigo, sigue acariciando el sueño de apoderarse de esta Isla y para lograr ese empeño utilizan sin ocultarlo a nacidos en este país que le sirven de herramienta para la propaganda contra la Revolución Cubana.
Para alcanzar sus objetivos compran a todo el que se deja comprar, sean economistas, músicos de poca monta o simplemente delincuentes ascendidos al grado de héroes, cuando participan solo en las batallas contra el pueblo digno que los vio nacer.
Todo cubano honesto, respetuoso de su historia, amante de la independencia y la soberanía, debe rechazar de forma tajante las pretensiones de los que desde el exterior, o desde la propia Isla, quieren la destrucción de una sociedad que es ciertamente imperfecta, aunque es perfectible.
Todo lo que vaya en contra de esta Aldea Revolucionaria huele a anexionismo, a entrega de la patria a una potencia extranjera.
Todo ciudadano de la Isla que contribuya a la destrucción de la obra de la Revolución está ofendiendo a los tres mil cubanos asesinados por actos terroristas cometidos por asesinos provenientes de Estados Unidos.
Todo ciudadano de la Isla que se venda a los intereses del gobierno de Estados Unidos, está ofendiendo a aquellos hermanos asesinados el 6 de octubre de 1976, cuando la contrarrevolución cubana hizo estallar el avión de Barbados.
El principal culpable, Luís Posada Carriles, vive tranquilamente en la ciudad del terrorismo que es Miami.
Ante las calumnias del presente, que son las mismas del pasado, esta Aldea en Revolución, sigue brillando en el Caribe, para bien de los pobres del mundo, que sí saben donde está la verdad, el honor y la dignidad.
UNA NOCHE DE GLORIA
La voz de Pablo Milanés inundaba con toda la fuerza de su lirismo, el jardín de la Unión de Escritores y Artistas en la ciudad de Bayamo.
Iba a producirse un intercambio fructífero entre el Ministro de Cultura, Abel Prieto y una representación de los intelectuales de la provincia de Granma.
Al entrar en el recinto, Abel escuchó, como todos los presentes esa canción hermosa que Pablo tituló Días de Gloria, buen preámbulo para que los responsables de las diversas asociaciones que integran la prestigiosa institución cultural, explicaran la manera en que desarrollan sus actividades.
Había alegría en ese hermoso sitio, presidido por una palma real, mangos y hasta un aguacate, ambos pugnando por parir sus frutos. Así en ese ambiente de luces y de sombras comenzó una velada en la que la cultura volvió a demostrar que es el alma de la nación cubana.
La música inundó nuevamente todos los espacios. En el escenario, una agrupación muy joven de la ciudad de Bayamo: el grupo de música antigua Exsulten con la gracia de sus temas y la de sus integrantes.
Hubo reconocimientos para agrupaciones de diversas manifestaciones que cumplen importantes aniversarios, las que recibieron de manos del Ministro de Cultura los diplomas correspondientes.
Luego Ronald Suárez, un atrevido y talentoso joven de Bayamo, cultor del jazz, entregó una pieza musical que puso de manifiesto todo el caudal que lleva por dentro, para alegría de los presentes.
Abel habló de la importancia de estos tiempos de la cultura como bastión de la sociedad cubana. Dijo que en medio de la perversa campaña que contra Cuba orquestan los grandes medios de comunicación, nuestra nación se apoya en ese factor imprescindible para seguir adelante.
Casi en la medianoche pudimos disfrutar de la granjería bayamesa. Esos productos propios de la ciudad y que llenan una época de la historia de la ciudad.
Mientras, la voz de Pablo Milanés despedía la velada con uno de esos temas que en una de sus partes dice: “”Donde yo nací, donde me crié…
Fue, sencillamente, una noche de gloria.
Iba a producirse un intercambio fructífero entre el Ministro de Cultura, Abel Prieto y una representación de los intelectuales de la provincia de Granma.
Al entrar en el recinto, Abel escuchó, como todos los presentes esa canción hermosa que Pablo tituló Días de Gloria, buen preámbulo para que los responsables de las diversas asociaciones que integran la prestigiosa institución cultural, explicaran la manera en que desarrollan sus actividades.
Había alegría en ese hermoso sitio, presidido por una palma real, mangos y hasta un aguacate, ambos pugnando por parir sus frutos. Así en ese ambiente de luces y de sombras comenzó una velada en la que la cultura volvió a demostrar que es el alma de la nación cubana.
La música inundó nuevamente todos los espacios. En el escenario, una agrupación muy joven de la ciudad de Bayamo: el grupo de música antigua Exsulten con la gracia de sus temas y la de sus integrantes.
Hubo reconocimientos para agrupaciones de diversas manifestaciones que cumplen importantes aniversarios, las que recibieron de manos del Ministro de Cultura los diplomas correspondientes.
Luego Ronald Suárez, un atrevido y talentoso joven de Bayamo, cultor del jazz, entregó una pieza musical que puso de manifiesto todo el caudal que lleva por dentro, para alegría de los presentes.
Abel habló de la importancia de estos tiempos de la cultura como bastión de la sociedad cubana. Dijo que en medio de la perversa campaña que contra Cuba orquestan los grandes medios de comunicación, nuestra nación se apoya en ese factor imprescindible para seguir adelante.
Casi en la medianoche pudimos disfrutar de la granjería bayamesa. Esos productos propios de la ciudad y que llenan una época de la historia de la ciudad.
Mientras, la voz de Pablo Milanés despedía la velada con uno de esos temas que en una de sus partes dice: “”Donde yo nací, donde me crié…
Fue, sencillamente, una noche de gloria.
¨¨Es la hora de los hornos y no se ha de ver más que la luz¨¨
¨Es la hora de los hornos y no se ha de ver más que la luz¨¨
Cualquier acción en contra de este pensamiento martiano indica mala fe, distorsión y maldad.
Cuba está en la hora de los hornos, por eso las diatribas, mentiras y manipulaciones de los enemigos de siempre, los de afuera y los de adentro.
No hay parangón en la historia de estos tiempos para comparar el la insidia que contra Cuba escriben hoy los grandes medios de comunicación con el insano interés de crear una opinión contraria al sistema social, que contra viento y marea los cubanos llevamos adelante.
Mentiras flagrantes, verdades a medias, manipulaciones de todo tipo se emplean para distorsionar la verdad que desde esta Isla de la Rebeldía se escribe todos los días, a pesar del criminal bloqueo del gobierno de Estados Unidos contra el pueblo cubano.
Hoy el pretexto es la muerte de un delincuente común al que voceros del imperio, medios de prensa y asalariados de la Oficina de Intereses de Estados Unidos en La Habana, quieren convertir en héroe.
El Gobierno de Obama condenando a Cuba por la muerte voluntaria del reo, sin embargo la administración norteamericana asesina casi todos los días a civiles en Afganistán y de eso no se lamenta la ¨¨purísima¨¨ Unión Europea.
Los gobiernos de la Vieja Europa condenan a Cuba, responsabilizándola por la muerte de un preso común, mientras sobre las cabezas de los afganos caen las bombas lanzadas por aviones norteamericanos asesinando a inocentes, pero de allí ni una sola voz para recriminar esos abusos.
La Casa Blanca hablando de derechos humanos mientras en la frontera con México se levanta un muro para evitar la entrada de inmigrantes a los que cazan como animales salvajes en la nación que se ufana de paladín en el mundo de todos los derechos.
Mientras el imperio y sus seguidores, los de aquí y los de más allá acusan a esta nación de hombres libres, en las paredes de Abu Ghraib guardan las escenas de los suplicios a los que sometieron a los presos iraquíes.
Dónde estaban los gobiernos europeos que no vieron, no condenaron esos desmanes?
A qué se dedican los gobiernos europeos que no se han enterado de las cárceles secretas que tienen en sus territorios, donde la tortura, las desapariciones y los asesinatos están autorizados porque así lo ha exigido el gendarme internacional que responde al nombre de Estados Unidos de Norteamérica?
Por qué ese ensañamiento contra un pequeño país como Cuba, que jamás ha ocasionado daños ni a población norteamericana ni a la población europea?
Cómo se puede tratar de justificar una guerra mediática como la que nos ocupa generada por la muerte de un delincuente elevado a la categoría, bien remunerada, de “”disidente”” por los medios de comunicación que responde a los intereses de los ricos de este mundo?
Hay respuestas que son tan evidentes como el tiempo que dura un día. Se trata de la “”amenaza”” que Cuba significa en un tema como el de la solidaridad, puesta de manifiesto en todos los momentos, incluso en los más difíciles de nuestra nación.
Cuba ha estado siempre al lado de los pobres. Cuba ha derramado sangre ayudando a los pueblos a alcanzar la libertad. Africa es un ejemplo. De allí los cubanos se llevaron solo los restos de los caídos. Sucede eso en Irak? Qué se llevan los yanquis de esa sufrida nación, aparte de los caídos en esa guerra inmoral?
Eso se sabe. Se llevan los recursos del pueblo iraquí.
Esta guerra no es nueva, tiene sus antecedentes, siempre dirigidos a destruir a la Revolución Cubana.
Contra Cuba todas las armas están justificadas porque la Isla marca la diferencia a favor de los pobres de Nuestra América o en cualquier lugar del mundo que necesite del talento y la solidaridad de la Mayor de las Antillas.
Cuba no pide nada a cambio se la solidaridad. Cuba no traiciona el espíritu de hermandad que ha fomentado salvando vidas, dando luz a las pupilas oscuras, llevando la cartilla de la alfabetización para que los pueblos lean y después crean.
En nombre de los caídos en defensa de la nación cubana, jamás permitiremos que nuestra patria vuelva a ser propiedad norteamericana. Aquí solo podrá ondear, como ahora, una sola bandera, la de la Estrella Solitaria.
´´Es la hora de los hornos y no se ha de ver más que la luz¨¨, José Martí
Cualquier acción en contra de este pensamiento martiano indica mala fe, distorsión y maldad.
Cuba está en la hora de los hornos, por eso las diatribas, mentiras y manipulaciones de los enemigos de siempre, los de afuera y los de adentro.
No hay parangón en la historia de estos tiempos para comparar el la insidia que contra Cuba escriben hoy los grandes medios de comunicación con el insano interés de crear una opinión contraria al sistema social, que contra viento y marea los cubanos llevamos adelante.
Mentiras flagrantes, verdades a medias, manipulaciones de todo tipo se emplean para distorsionar la verdad que desde esta Isla de la Rebeldía se escribe todos los días, a pesar del criminal bloqueo del gobierno de Estados Unidos contra el pueblo cubano.
Hoy el pretexto es la muerte de un delincuente común al que voceros del imperio, medios de prensa y asalariados de la Oficina de Intereses de Estados Unidos en La Habana, quieren convertir en héroe.
El Gobierno de Obama condenando a Cuba por la muerte voluntaria del reo, sin embargo la administración norteamericana asesina casi todos los días a civiles en Afganistán y de eso no se lamenta la ¨¨purísima¨¨ Unión Europea.
Los gobiernos de la Vieja Europa condenan a Cuba, responsabilizándola por la muerte de un preso común, mientras sobre las cabezas de los afganos caen las bombas lanzadas por aviones norteamericanos asesinando a inocentes, pero de allí ni una sola voz para recriminar esos abusos.
La Casa Blanca hablando de derechos humanos mientras en la frontera con México se levanta un muro para evitar la entrada de inmigrantes a los que cazan como animales salvajes en la nación que se ufana de paladín en el mundo de todos los derechos.
Mientras el imperio y sus seguidores, los de aquí y los de más allá acusan a esta nación de hombres libres, en las paredes de Abu Ghraib guardan las escenas de los suplicios a los que sometieron a los presos iraquíes.
Dónde estaban los gobiernos europeos que no vieron, no condenaron esos desmanes?
A qué se dedican los gobiernos europeos que no se han enterado de las cárceles secretas que tienen en sus territorios, donde la tortura, las desapariciones y los asesinatos están autorizados porque así lo ha exigido el gendarme internacional que responde al nombre de Estados Unidos de Norteamérica?
Por qué ese ensañamiento contra un pequeño país como Cuba, que jamás ha ocasionado daños ni a población norteamericana ni a la población europea?
Cómo se puede tratar de justificar una guerra mediática como la que nos ocupa generada por la muerte de un delincuente elevado a la categoría, bien remunerada, de “”disidente”” por los medios de comunicación que responde a los intereses de los ricos de este mundo?
Hay respuestas que son tan evidentes como el tiempo que dura un día. Se trata de la “”amenaza”” que Cuba significa en un tema como el de la solidaridad, puesta de manifiesto en todos los momentos, incluso en los más difíciles de nuestra nación.
Cuba ha estado siempre al lado de los pobres. Cuba ha derramado sangre ayudando a los pueblos a alcanzar la libertad. Africa es un ejemplo. De allí los cubanos se llevaron solo los restos de los caídos. Sucede eso en Irak? Qué se llevan los yanquis de esa sufrida nación, aparte de los caídos en esa guerra inmoral?
Eso se sabe. Se llevan los recursos del pueblo iraquí.
Esta guerra no es nueva, tiene sus antecedentes, siempre dirigidos a destruir a la Revolución Cubana.
Contra Cuba todas las armas están justificadas porque la Isla marca la diferencia a favor de los pobres de Nuestra América o en cualquier lugar del mundo que necesite del talento y la solidaridad de la Mayor de las Antillas.
Cuba no pide nada a cambio se la solidaridad. Cuba no traiciona el espíritu de hermandad que ha fomentado salvando vidas, dando luz a las pupilas oscuras, llevando la cartilla de la alfabetización para que los pueblos lean y después crean.
En nombre de los caídos en defensa de la nación cubana, jamás permitiremos que nuestra patria vuelva a ser propiedad norteamericana. Aquí solo podrá ondear, como ahora, una sola bandera, la de la Estrella Solitaria.
´´Es la hora de los hornos y no se ha de ver más que la luz¨¨, José Martí
domingo, 21 de marzo de 2010
CUBA, ISRAEL Y LA DOBLE MORAL
Breno Altman
Operamundi.com
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Ha sido revelador seguir en los últimos días la cobertura internacional de los medios de comunicación y la actitud de determinados dirigentes políticos e intelectuales. Para aquéllos que quieran conocer el carácter y a qué intereses sirven algunos actores de la vida política y cultural, vale la pena prestar atención a las noticias reciente sobre Cuba e Israel.
La semana pasada, en función de las declaraciones de presidente Lula defendiendo la autodeterminación de la justicia cubana, se organizó una amplia campaña de denuncias contra una supuesta falta de respeto a los derechos humanos en la isla caribeña. Pero no hubo, en los medios más importantes, ni una sola noticia o discurso significativo sobre cómo Israel, nuevo destino del presidente brasileño, trata a sus presos, a sus minorías nacionales y a sus vecinos.
Vayamos a los hechos. En el caso cubano, Orlando Zapata, un supuesto “disidente” en huelga de hambre por mejores condiciones carcelarias, detenido y condenado por delitos comunes, fue atendido en un hospital público por orden del gobierno pero no resistió y falleció. Nadie ha formulado acusaciones de tortura o ejecución extra legal. A lo sumo hubo insinuaciones de opositores sobre un retardo en la atención médica, aunque es posible imaginar el escándalo que se habría armado en el caso de que el prisionero hubiese sido alimentado por la fuerza.
Aún no teniendo la menor evidencia de que la muerte del disidente, lamentada por el propio presidente Raúl Castro, hubiera sido provocada por el Estado, los principales medios y agencias de noticias se lanzaron contra Cuba con el puñal entre los dientes. Y después continuaron el Parlamento Europeo y el gobierno estadounidense amenazando al país con nuevas sanciones económicas.
La industria del martirio
Otro opositor, Guillermo Fariñas, en cuya biografía se combinan muchos actos delictivos y alguna militancia anticomunista, aprovechó el momento de conmoción para declararse también en ayuno, apareciendo demacrado en fotografías que dieron vuelta al mundo, protestando contra la situación en los presidios cubanos y exigiendo la libertad de los presos políticos. Así, rápidamente, se convirtió en el mascarón de proa de una industria del martirio que con mucha frecuencia ponen en marcha los enemigos de la revolución cubana.
El gobierno le ofreció un permiso para emigrar a España para recuperarse allí, pero Fariñas, que no está preso y hace su huelga de hambre en su casa, rechazó la oferta. Sus apoyos políticos, conscientes de que la Constitución cubana determina la absoluta libertad individual para someterse o no a un tratamiento médico, lo incitaron a intensificar su sacrificio, ya que no le atenderán por la fuerza hasta que su colapso convierta en imperativa su hospitalización. Porque, ¿de que le sirve Fariñas vivo a la oposición?
El presidente Lula hizo público, en su estilo, su rechazo al chantaje contra el gobierno cubano. Quizás su actitud habría sido diferente, aunque de manera discreta, si hubiera tenido la evidencia de que la situación de Zapata o de Fariñas habían sido el resultado de actitudes inhumanas o arbitrarias de las autoridades.
Para ir al fondo del asunto, compárese la actitud de los disidentes con una hipotética revuelta de delincuentes comunes brasileños. Después de todo no se puede considerar a nadie inocente o injustamente condenado porque así se autoproclame o porque se exponga como víctima por medio de gestos dramáticos.
El silencio de los medios
Sin pruebas categóricas de que un gobierno constitucional violó normas internacionales, es razonable que el presidente de otro país guíe sus actitudes basado en el principio de la autodeterminación de las naciones en el manejo de sus asuntos internos. El presidente brasileño actuó con la misma prudencia con respecto a Israel, país al que llegó el pasado día 14, a pesar de la abundante evidencia que compromete a los sionistas con la violación de derechos humanos.
Pero las palabras de Lula en relación con Cuba y su silencio sobre el gobierno israelí se trataron de manera notablemente diferente. En el primer caso, los apóstoles de la democracia occidental no han perdonado la negativa del presidente de Brasil a unirse a la ofensiva contra La Habana y a legitimar el uso de los derechos humanos contra un país soberano. En el segundo caso aceptaron respetuosamente el silencio presidencial.
A decir verdad, no sólo los articulistas y políticos de derecha tuvieron ese comportamiento hipócrita. Porque de la misma manera se comportaron algunos parlamentarios y blogueros considerados progresistas pero temerosos de enfrentarse al poderoso monopolio de los medios de comunicación y dispuestos a pagar el peaje de la demagogia para lograr un éxito personal, aun a costa de renunciar a cualquier reflexión crítica sobre los hechos en cuestión.
Un observador imparcial advertiría fácilmente que, al contrario de los sucesos de Cuba, en los que el resultado fatal fue consecuencia de las decisiones individuales de las propias víctimas, los que se refieren a Israel son consecuencias de una política deliberada de sus instituciones gubernamentales.
El sionismo y los derechos humanos
El Estado sionista es uno de los países con mayor número de presos políticos del mundo, con cerca de 11.000 prisioneros incluyendo a niños y, en su mayoría, sin que hayan tenido un juicio. Más de 800.000 palestinos han sido encarcelados desde 1948. Aproximadamente el 25% de los palestinos que permanecen en los territorios ocupados por el ejército israelí han estado en la cárcel en algún momento. Las detenciones han afectado asimismo a los dirigentes palestinos: 39 diputados y 9 ministros han sido secuestrados desde junio de 2006.
En ese país la tortura está legitimada por una sentencia de la Corte Suprema que autorizó el uso de “técnicas dolorosas para el interrogatorio de prisioneros bajo custodia del gobierno”. Nada de esto ni siquiera se ha insinuado contra Cuba, tampoco por parte de organizaciones que no tienen la más mínima simpatía por su régimen político.
Pero las violaciones de los derechos humanos en Israel no se limitan al tema carcelario, que sólo es una parte de la política de agresión contra el pueblo palestino. La resolución 181 de las Naciones Unidas, que creó el Estado de Israel en 1947, disponía que la nueva nación tendría un 56% de los territorios coloniales británicos sobre la ribera occidental del río Jordán, mientras que el restante 44% se destinaría a la construcción de un Estado del pueblo palestino, que antes de esa resolución ocupaba el 98% del área objeto de esa partición. El régimen sionista, violador reiterado de las leyes y acuerdos internacionales, controla hoy más del 78% del antiguo Mandato Británico si se excluye la parte ocupada por Jordania.
Más de 750.000 palestinos fueron expulsados de su país desde entonces. Israel demolió más de 20.000 casas de ciudadanos no judíos entre 1967 y 2009. Además Israel está construyendo, desde 2004, un muro de 700 Km. de longitud que aislará a 160.000 familias palestinas y controla más del 85% de los recursos hídricos de las áreas que corresponden a la actual Autoridad Palestina.
Por lo menos 600 puestos de control fueron instalados por el ejército israelí dentro de las ciudades palestinas. Las leyes aprobadas por el parlamento sionista impiden la reunificación de las familias que viven en diferentes municipios, además de incentivar los asentamientos judíos más allá de las fronteras internacionalmente reconocidas.
Doble moral
Ésas son algunas de las características que definen el sistema sionista de apartheid, en el que los derechos soberanos del pueblo palestino están limitados a verdaderos bantustanes, como en la antigua y racista Sudáfrica. El resultado de este panorama es una escalada represiva cada vez más brutal promovida como política de Estado.
Sin embargo los principales medios de comunicación guardan silencio ante estos hechos. También permanecen mudos los líderes políticos conservadores. Y tampoco se oye nada de algunas personas, presumiblemente progresistas, siempre dispuestas a apuntar con el dedo acusador a la revolución cubana.
Quizás porque los derechos humanos sólo provocan indignación a esta gente hipócrita cuando la supuesta violación de esos derechos humanos se vuelve contra las voces de la civilización judeocristiana, de la democracia liberal, del libre mercado y del anticomunismo. No le faltó razón al presidente Lula cuando reaccionó enérgicamente contra el cinismo de los ataques al gobierno de La Habana.
Breno Altman es periodista y director editorial del Sitio Web Opera Mundi (www.operamundi.com.br)
Fuente: http://www.operamundi.com.br/opiniao_ver.php?idConteudo=1073
Operamundi.com
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Ha sido revelador seguir en los últimos días la cobertura internacional de los medios de comunicación y la actitud de determinados dirigentes políticos e intelectuales. Para aquéllos que quieran conocer el carácter y a qué intereses sirven algunos actores de la vida política y cultural, vale la pena prestar atención a las noticias reciente sobre Cuba e Israel.
La semana pasada, en función de las declaraciones de presidente Lula defendiendo la autodeterminación de la justicia cubana, se organizó una amplia campaña de denuncias contra una supuesta falta de respeto a los derechos humanos en la isla caribeña. Pero no hubo, en los medios más importantes, ni una sola noticia o discurso significativo sobre cómo Israel, nuevo destino del presidente brasileño, trata a sus presos, a sus minorías nacionales y a sus vecinos.
Vayamos a los hechos. En el caso cubano, Orlando Zapata, un supuesto “disidente” en huelga de hambre por mejores condiciones carcelarias, detenido y condenado por delitos comunes, fue atendido en un hospital público por orden del gobierno pero no resistió y falleció. Nadie ha formulado acusaciones de tortura o ejecución extra legal. A lo sumo hubo insinuaciones de opositores sobre un retardo en la atención médica, aunque es posible imaginar el escándalo que se habría armado en el caso de que el prisionero hubiese sido alimentado por la fuerza.
Aún no teniendo la menor evidencia de que la muerte del disidente, lamentada por el propio presidente Raúl Castro, hubiera sido provocada por el Estado, los principales medios y agencias de noticias se lanzaron contra Cuba con el puñal entre los dientes. Y después continuaron el Parlamento Europeo y el gobierno estadounidense amenazando al país con nuevas sanciones económicas.
La industria del martirio
Otro opositor, Guillermo Fariñas, en cuya biografía se combinan muchos actos delictivos y alguna militancia anticomunista, aprovechó el momento de conmoción para declararse también en ayuno, apareciendo demacrado en fotografías que dieron vuelta al mundo, protestando contra la situación en los presidios cubanos y exigiendo la libertad de los presos políticos. Así, rápidamente, se convirtió en el mascarón de proa de una industria del martirio que con mucha frecuencia ponen en marcha los enemigos de la revolución cubana.
El gobierno le ofreció un permiso para emigrar a España para recuperarse allí, pero Fariñas, que no está preso y hace su huelga de hambre en su casa, rechazó la oferta. Sus apoyos políticos, conscientes de que la Constitución cubana determina la absoluta libertad individual para someterse o no a un tratamiento médico, lo incitaron a intensificar su sacrificio, ya que no le atenderán por la fuerza hasta que su colapso convierta en imperativa su hospitalización. Porque, ¿de que le sirve Fariñas vivo a la oposición?
El presidente Lula hizo público, en su estilo, su rechazo al chantaje contra el gobierno cubano. Quizás su actitud habría sido diferente, aunque de manera discreta, si hubiera tenido la evidencia de que la situación de Zapata o de Fariñas habían sido el resultado de actitudes inhumanas o arbitrarias de las autoridades.
Para ir al fondo del asunto, compárese la actitud de los disidentes con una hipotética revuelta de delincuentes comunes brasileños. Después de todo no se puede considerar a nadie inocente o injustamente condenado porque así se autoproclame o porque se exponga como víctima por medio de gestos dramáticos.
El silencio de los medios
Sin pruebas categóricas de que un gobierno constitucional violó normas internacionales, es razonable que el presidente de otro país guíe sus actitudes basado en el principio de la autodeterminación de las naciones en el manejo de sus asuntos internos. El presidente brasileño actuó con la misma prudencia con respecto a Israel, país al que llegó el pasado día 14, a pesar de la abundante evidencia que compromete a los sionistas con la violación de derechos humanos.
Pero las palabras de Lula en relación con Cuba y su silencio sobre el gobierno israelí se trataron de manera notablemente diferente. En el primer caso, los apóstoles de la democracia occidental no han perdonado la negativa del presidente de Brasil a unirse a la ofensiva contra La Habana y a legitimar el uso de los derechos humanos contra un país soberano. En el segundo caso aceptaron respetuosamente el silencio presidencial.
A decir verdad, no sólo los articulistas y políticos de derecha tuvieron ese comportamiento hipócrita. Porque de la misma manera se comportaron algunos parlamentarios y blogueros considerados progresistas pero temerosos de enfrentarse al poderoso monopolio de los medios de comunicación y dispuestos a pagar el peaje de la demagogia para lograr un éxito personal, aun a costa de renunciar a cualquier reflexión crítica sobre los hechos en cuestión.
Un observador imparcial advertiría fácilmente que, al contrario de los sucesos de Cuba, en los que el resultado fatal fue consecuencia de las decisiones individuales de las propias víctimas, los que se refieren a Israel son consecuencias de una política deliberada de sus instituciones gubernamentales.
El sionismo y los derechos humanos
El Estado sionista es uno de los países con mayor número de presos políticos del mundo, con cerca de 11.000 prisioneros incluyendo a niños y, en su mayoría, sin que hayan tenido un juicio. Más de 800.000 palestinos han sido encarcelados desde 1948. Aproximadamente el 25% de los palestinos que permanecen en los territorios ocupados por el ejército israelí han estado en la cárcel en algún momento. Las detenciones han afectado asimismo a los dirigentes palestinos: 39 diputados y 9 ministros han sido secuestrados desde junio de 2006.
En ese país la tortura está legitimada por una sentencia de la Corte Suprema que autorizó el uso de “técnicas dolorosas para el interrogatorio de prisioneros bajo custodia del gobierno”. Nada de esto ni siquiera se ha insinuado contra Cuba, tampoco por parte de organizaciones que no tienen la más mínima simpatía por su régimen político.
Pero las violaciones de los derechos humanos en Israel no se limitan al tema carcelario, que sólo es una parte de la política de agresión contra el pueblo palestino. La resolución 181 de las Naciones Unidas, que creó el Estado de Israel en 1947, disponía que la nueva nación tendría un 56% de los territorios coloniales británicos sobre la ribera occidental del río Jordán, mientras que el restante 44% se destinaría a la construcción de un Estado del pueblo palestino, que antes de esa resolución ocupaba el 98% del área objeto de esa partición. El régimen sionista, violador reiterado de las leyes y acuerdos internacionales, controla hoy más del 78% del antiguo Mandato Británico si se excluye la parte ocupada por Jordania.
Más de 750.000 palestinos fueron expulsados de su país desde entonces. Israel demolió más de 20.000 casas de ciudadanos no judíos entre 1967 y 2009. Además Israel está construyendo, desde 2004, un muro de 700 Km. de longitud que aislará a 160.000 familias palestinas y controla más del 85% de los recursos hídricos de las áreas que corresponden a la actual Autoridad Palestina.
Por lo menos 600 puestos de control fueron instalados por el ejército israelí dentro de las ciudades palestinas. Las leyes aprobadas por el parlamento sionista impiden la reunificación de las familias que viven en diferentes municipios, además de incentivar los asentamientos judíos más allá de las fronteras internacionalmente reconocidas.
Doble moral
Ésas son algunas de las características que definen el sistema sionista de apartheid, en el que los derechos soberanos del pueblo palestino están limitados a verdaderos bantustanes, como en la antigua y racista Sudáfrica. El resultado de este panorama es una escalada represiva cada vez más brutal promovida como política de Estado.
Sin embargo los principales medios de comunicación guardan silencio ante estos hechos. También permanecen mudos los líderes políticos conservadores. Y tampoco se oye nada de algunas personas, presumiblemente progresistas, siempre dispuestas a apuntar con el dedo acusador a la revolución cubana.
Quizás porque los derechos humanos sólo provocan indignación a esta gente hipócrita cuando la supuesta violación de esos derechos humanos se vuelve contra las voces de la civilización judeocristiana, de la democracia liberal, del libre mercado y del anticomunismo. No le faltó razón al presidente Lula cuando reaccionó enérgicamente contra el cinismo de los ataques al gobierno de La Habana.
Breno Altman es periodista y director editorial del Sitio Web Opera Mundi (www.operamundi.com.br)
Fuente: http://www.operamundi.com.br/opiniao_ver.php?idConteudo=1073
ANTE EL CASO DE JON ANZA
Hay una larga tradición en el actual Estado Español de malos tratos, torturas, secuestros y asesinatos, en síntesis de guerra sucia.
Por Iniciativa Internacionalista
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Hay una larga tradición en el actual Estado Español, por no remitirnos al del que procede lo principal de sus instituciones represivas, el Franquismo, de malos tratos, torturas, secuestros y asesinatos, en síntesis de guerra sucia, de actividades criminales y contra los más elementales derechos humanos.
Esas son unas prácticas habituales que adquieren unos perfiles más bestiales cuando son utilizados contra los movimientos sociales y políticos que cuestionan el actual estado de cosas.
En el caso de la represión contra el movimiento popular vasco, la llamada guerra sucia alcanza cotas absolutamente antagónicas con lo que gente normal entiende por un estado democrático y de derecho, dibujando lo que el régimen actual realmente es: un sistema post-franquista que mantiene elementos fundamentales de aquel que procede, sin que haya habido la menor depuración de sus elementos, métodos y entramados institucionales orientados a la represión política y social.
A lo largo de estos mas de treinta años de monarquía post-franquista hemos asistido a miles de casos de malos tratos y arbitrariedades policiales, a centenares de torturados/as y asesinados/as y a un buen numero de desaparecidos/as, especialmente en relación con la lucha del Pueblo Vasco, pero también en el resto de pueblos bajo jurisdicción del estado.
Allí donde hay movimiento popular, allí aparecen antes o después prácticas policiales y judiciales ilegales y en bastantes ocasiones criminales.
Batallón vasco-español, GAL u otras diversas siglas, o de forma anónima, desde determinados sectores de las fuerzas de seguridad del estado, con la complicidad de las principales fuerzas políticas y medios de comunicación, se vienen manteniendo desde el mismo inicio de la transición una estrategia de guerra sucia contra el movimiento popular vasco, que tiene como último capítulo, hasta ahora, el caso de Jon Anza.
El Sr. Rubalcaba, que ya fue ministro de los GAL, tiene ahora la responsabilidad política principal sobre este caso, a estas alturas bastante evidente, de secuestro, tortura, asesinato y ocultación de cadáver de una persona vinculada al movimiento popular vasco.Qué artimañas, qué fuga hacia delante estará tramando para no enfrentarse con la verdad de los hechos.
Queremos expresar nuestro profundo rechazo a este nuevo episodio de guerra sucia, así como nuestro compromiso de solidaridad en la lucha por la consecución de un autentico sistema de libertades y garantías democráticas, que desde luego hoy no tenemos en ninguno de los Pueblos bajo la jurisdicción del Estado español.
Por Iniciativa Internacionalista
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Hay una larga tradición en el actual Estado Español, por no remitirnos al del que procede lo principal de sus instituciones represivas, el Franquismo, de malos tratos, torturas, secuestros y asesinatos, en síntesis de guerra sucia, de actividades criminales y contra los más elementales derechos humanos.
Esas son unas prácticas habituales que adquieren unos perfiles más bestiales cuando son utilizados contra los movimientos sociales y políticos que cuestionan el actual estado de cosas.
En el caso de la represión contra el movimiento popular vasco, la llamada guerra sucia alcanza cotas absolutamente antagónicas con lo que gente normal entiende por un estado democrático y de derecho, dibujando lo que el régimen actual realmente es: un sistema post-franquista que mantiene elementos fundamentales de aquel que procede, sin que haya habido la menor depuración de sus elementos, métodos y entramados institucionales orientados a la represión política y social.
A lo largo de estos mas de treinta años de monarquía post-franquista hemos asistido a miles de casos de malos tratos y arbitrariedades policiales, a centenares de torturados/as y asesinados/as y a un buen numero de desaparecidos/as, especialmente en relación con la lucha del Pueblo Vasco, pero también en el resto de pueblos bajo jurisdicción del estado.
Allí donde hay movimiento popular, allí aparecen antes o después prácticas policiales y judiciales ilegales y en bastantes ocasiones criminales.
Batallón vasco-español, GAL u otras diversas siglas, o de forma anónima, desde determinados sectores de las fuerzas de seguridad del estado, con la complicidad de las principales fuerzas políticas y medios de comunicación, se vienen manteniendo desde el mismo inicio de la transición una estrategia de guerra sucia contra el movimiento popular vasco, que tiene como último capítulo, hasta ahora, el caso de Jon Anza.
El Sr. Rubalcaba, que ya fue ministro de los GAL, tiene ahora la responsabilidad política principal sobre este caso, a estas alturas bastante evidente, de secuestro, tortura, asesinato y ocultación de cadáver de una persona vinculada al movimiento popular vasco.Qué artimañas, qué fuga hacia delante estará tramando para no enfrentarse con la verdad de los hechos.
Queremos expresar nuestro profundo rechazo a este nuevo episodio de guerra sucia, así como nuestro compromiso de solidaridad en la lucha por la consecución de un autentico sistema de libertades y garantías democráticas, que desde luego hoy no tenemos en ninguno de los Pueblos bajo la jurisdicción del Estado español.
EL DILEMA ÉTICO DE LA HUELGA DE HAMBRE
Análisis de la posición de medios "progresistas" españoles ante las huelgas de hambre en Cuba, y también ante otras huelgas de hambre más cercanas
Por Francisco García Cediel
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La reciente muerte tras una huelga de Hambre del preso cubano Orlando Zapata ha generado una virulenta ofensiva mediática y política contra la isla que, como no se escapa a nadie, está directamente relacionado con el sistema socioeconómico vigente en ese país.
En la vorágine de descalificaciones, las escasas aunque heroicas voces que se han apartado de la línea monocorde, como Willy Toledo, han sido sometidas a un feroz linchamiento mediático, poniendo una vez más de manifiesto el concepto de libertad de expresión que tienen estos “campeones” de la democracia.
Pero, descontando por evidentes y previsibles las opiniones de los voceros del franquismo periodístico, amplia mayoría en el pobre panorama de la prensa oral y escrita de este país, hemos de detenernos en las criticas vertidas por los periódicos supuestamente progresistas; “Avergonzado de definirse de izquierdas” (sic) se declaró un columnista del diario Público, tras argumentar, si bien con mayor prudencia en los epítetos, en la misma línea de fondo que sus colegas de ABC y La Razón. El autodefinido zurdo no se ha dignado escribir una sola línea sobre, por ejemplo (y para no disparar las alarmas aludiendo a la huelga de hambre de Iñaki de Juana), el preso catalán Amadeu Casellas, que llegó a coserse los labios para protestar frente a la ilegal prolongación de su encarcelamiento. Claro que no es lo mismo criticar a Cuba en la lejanía no solo geográfica, que cuestionar las cosas de aquí y arriesgarse al ostracismo cuando no a desfilar por la Audiencia Nacional.
Más sutiles son las criticas vertidas por otras voces que han apuntado en suma que no basta para analizar, y en su caso justificar, acontecimientos luctuosos como el que nos ocupa, el recurso a poner de manifiesto comparativamente la situación carcelaria en Estados Unidos, con sus repletas galerías de condenados a muerte, incluyendo el disidente político y periodista Mumia Abu Jamal, el centro de detención de Guantánamo, la gran cantidad de niños e incapaces presos, la estadística de suicidios y muertos por falta de cuidados, etc., o la situación que, sin ir más lejos, se produce en el Estado Español, que ostenta en población carcelaria en relación al número de habitantes el record europeo, y que también tiene unas cifras olímpicas de presos políticos, enfermos incurables entre rejas y suicidios, por no hablar de las torturas…
El argumento esgrimido por estos columnistas es que al socialismo se le supone una superioridad ética, por lo cual no basta que sucesos desgraciados como el fallecimiento de Orlando Zapata se produzcan en Cuba en mucha menor medida que en los estados capitalistas.
Puesto que de ello se trata, hemos de analizar históricamente el fenómeno de la huelga de hambre y los problemas éticos que se han suscitado al respecto.
En el ámbito carcelario hemos de recordar la huelga de hambre emprendida por los presos irlandeses en los años 80 del pasado siglo, reivindicando el status de presos políticos, que tuvo como consecuencia la muerte de 10 de ellos, el más conocido es Bobby Sands, ante la inflexible actitud de la Primer Ministra británica Margaret Thatcher. En el Estado Español, y frente a la política de dispersión, recurrieron a dicha medida los presos vinculados a los GRAPO, lo que suscitó un debate sobre el recurso a la alimentación forzosa, medida con la que amenazó públicamente el a la sazón Ministro de Justicia, Fernández Ordóñez.
La Declaración de Tokio de la Asociación Médica Mundial, celebrada en 1975, estableció expresamente al respecto: El preso no será forzado a tomar alimentación artificial cuando rehuse tomar alimentos y, según el médico, sea capaz de sopesar racional y realistamente las consecuencias de esa decisión voluntaria. Tal opinión del médico sobre la capacidad del preso para sopesar su decisión deberá ser corroborada por, al menos, otro médico independiente. Las consecuencias de negarse a tomar alimentos serán explicadas por el médico al preso. En fin, la decisión no era distinta que en cualquier otro caso en el que un enfermo no quiere seguir los consejos de su médico, estando éste obligado a respetar la decisión de aquel.
Pero el gobierno decidió imponer sus intereses políticos por encima de todo y de todos, no vacilando en el momento de emplear la violencia más brutal, tanto contra los presos en huelga como contra quienes se negaban a la alimentación forzada. Los presos del Hospital Penitenciario fueron atados a la cama y alimentados a la fuerza con suero por vía intravenosa.
Dicha huelga se saldó con la muerte de Crespo Galende y más tarde la de Sevillano, arrastrando aún ahora los supervivientes graves secuelas físicas derivadas de la violencia ejercida al alimentarlos contra su voluntad.
Imaginemos por un momento que el Gobierno cubano hubiera recurrido a la alimentación forzosa en el caso de Orlando Zapata; con toda seguridad, la opinión publicada le hubiera acusado de la práctica de torturas.
El dilema se complica extraordinariamente ante el comienzo de una huelga de hambre por el cubano Guillermo Fariñas. Esta vez se trata de una persona en libertad, que por tanto no está bajo la custodia del Estado ¿Qué intervención según estos analistas deberían efectuar las autoridades cubanas? Para contestar a esta pregunta, la integrante del Consejo Editorial de Público Carmen Magallón titula “Salvemos al cubano Fariñas” el texto publicado el 17 de marzo de 2010, resumiendo la posición del periódico al respecto, y aludiendo a “la grandeza de negociar” en nombre del valor de la vida.
Claro que el medio pasa de puntillas sobre la valoración de las reivindicaciones del huelguista, tal vez para no perder lectores, dando la sensación de que tal deber es absoluto, con independencia de la opinión que cada cual tenga respecto a lo pedido, lo cual nos lleva a una situación absurda. Imaginemos por un momento que el padre de Marta del Castillo (adolescente presuntamente asesinada en Sevilla por su expareja) se pusiera en huelga de hambre exigiendo la pena de muerte o la cadena perpetua para los condenados por determinados delitos.
¿Se pediría igualmente por Público al Gobierno Español que negociara para preservar la vida del atribulado progenitor o se consideraría que no se pueden alterar los valores imperantes en nuestro sistema legal por muy duras que fueran las potenciales consecuencias para la salud del huelguista?
La eventual cesión en ese hipotético caso sin duda daría lugar a nuevas huelgas de hambre, esta vez de los presos condenados, a fin de obtener a su vez una nueva negociación que les permitiera salvar la vida y/o la libertad.
Descartada esta línea por absurda, hemos de concluir que, en el fondo, opiniones como la antes aludida cuestionan la legitimidad del sistema cubano y por ende de su gobierno, de tal modo que tras un barniz “humanitario” (que no se aplica a la realidad colombiana, por ejemplo), se está utilizando el método inductivo: Se quiere demostrar que Cuba es una dictadura y haga lo que haga la conclusión será la misma. Se trata de aplicar el principio de no dejar que la realidad estropee un buen titular.
* Francisco García Cediel es militante de Iniciativa Comunista
La Haine
Por Francisco García Cediel
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La reciente muerte tras una huelga de Hambre del preso cubano Orlando Zapata ha generado una virulenta ofensiva mediática y política contra la isla que, como no se escapa a nadie, está directamente relacionado con el sistema socioeconómico vigente en ese país.
En la vorágine de descalificaciones, las escasas aunque heroicas voces que se han apartado de la línea monocorde, como Willy Toledo, han sido sometidas a un feroz linchamiento mediático, poniendo una vez más de manifiesto el concepto de libertad de expresión que tienen estos “campeones” de la democracia.
Pero, descontando por evidentes y previsibles las opiniones de los voceros del franquismo periodístico, amplia mayoría en el pobre panorama de la prensa oral y escrita de este país, hemos de detenernos en las criticas vertidas por los periódicos supuestamente progresistas; “Avergonzado de definirse de izquierdas” (sic) se declaró un columnista del diario Público, tras argumentar, si bien con mayor prudencia en los epítetos, en la misma línea de fondo que sus colegas de ABC y La Razón. El autodefinido zurdo no se ha dignado escribir una sola línea sobre, por ejemplo (y para no disparar las alarmas aludiendo a la huelga de hambre de Iñaki de Juana), el preso catalán Amadeu Casellas, que llegó a coserse los labios para protestar frente a la ilegal prolongación de su encarcelamiento. Claro que no es lo mismo criticar a Cuba en la lejanía no solo geográfica, que cuestionar las cosas de aquí y arriesgarse al ostracismo cuando no a desfilar por la Audiencia Nacional.
Más sutiles son las criticas vertidas por otras voces que han apuntado en suma que no basta para analizar, y en su caso justificar, acontecimientos luctuosos como el que nos ocupa, el recurso a poner de manifiesto comparativamente la situación carcelaria en Estados Unidos, con sus repletas galerías de condenados a muerte, incluyendo el disidente político y periodista Mumia Abu Jamal, el centro de detención de Guantánamo, la gran cantidad de niños e incapaces presos, la estadística de suicidios y muertos por falta de cuidados, etc., o la situación que, sin ir más lejos, se produce en el Estado Español, que ostenta en población carcelaria en relación al número de habitantes el record europeo, y que también tiene unas cifras olímpicas de presos políticos, enfermos incurables entre rejas y suicidios, por no hablar de las torturas…
El argumento esgrimido por estos columnistas es que al socialismo se le supone una superioridad ética, por lo cual no basta que sucesos desgraciados como el fallecimiento de Orlando Zapata se produzcan en Cuba en mucha menor medida que en los estados capitalistas.
Puesto que de ello se trata, hemos de analizar históricamente el fenómeno de la huelga de hambre y los problemas éticos que se han suscitado al respecto.
En el ámbito carcelario hemos de recordar la huelga de hambre emprendida por los presos irlandeses en los años 80 del pasado siglo, reivindicando el status de presos políticos, que tuvo como consecuencia la muerte de 10 de ellos, el más conocido es Bobby Sands, ante la inflexible actitud de la Primer Ministra británica Margaret Thatcher. En el Estado Español, y frente a la política de dispersión, recurrieron a dicha medida los presos vinculados a los GRAPO, lo que suscitó un debate sobre el recurso a la alimentación forzosa, medida con la que amenazó públicamente el a la sazón Ministro de Justicia, Fernández Ordóñez.
La Declaración de Tokio de la Asociación Médica Mundial, celebrada en 1975, estableció expresamente al respecto: El preso no será forzado a tomar alimentación artificial cuando rehuse tomar alimentos y, según el médico, sea capaz de sopesar racional y realistamente las consecuencias de esa decisión voluntaria. Tal opinión del médico sobre la capacidad del preso para sopesar su decisión deberá ser corroborada por, al menos, otro médico independiente. Las consecuencias de negarse a tomar alimentos serán explicadas por el médico al preso. En fin, la decisión no era distinta que en cualquier otro caso en el que un enfermo no quiere seguir los consejos de su médico, estando éste obligado a respetar la decisión de aquel.
Pero el gobierno decidió imponer sus intereses políticos por encima de todo y de todos, no vacilando en el momento de emplear la violencia más brutal, tanto contra los presos en huelga como contra quienes se negaban a la alimentación forzada. Los presos del Hospital Penitenciario fueron atados a la cama y alimentados a la fuerza con suero por vía intravenosa.
Dicha huelga se saldó con la muerte de Crespo Galende y más tarde la de Sevillano, arrastrando aún ahora los supervivientes graves secuelas físicas derivadas de la violencia ejercida al alimentarlos contra su voluntad.
Imaginemos por un momento que el Gobierno cubano hubiera recurrido a la alimentación forzosa en el caso de Orlando Zapata; con toda seguridad, la opinión publicada le hubiera acusado de la práctica de torturas.
El dilema se complica extraordinariamente ante el comienzo de una huelga de hambre por el cubano Guillermo Fariñas. Esta vez se trata de una persona en libertad, que por tanto no está bajo la custodia del Estado ¿Qué intervención según estos analistas deberían efectuar las autoridades cubanas? Para contestar a esta pregunta, la integrante del Consejo Editorial de Público Carmen Magallón titula “Salvemos al cubano Fariñas” el texto publicado el 17 de marzo de 2010, resumiendo la posición del periódico al respecto, y aludiendo a “la grandeza de negociar” en nombre del valor de la vida.
Claro que el medio pasa de puntillas sobre la valoración de las reivindicaciones del huelguista, tal vez para no perder lectores, dando la sensación de que tal deber es absoluto, con independencia de la opinión que cada cual tenga respecto a lo pedido, lo cual nos lleva a una situación absurda. Imaginemos por un momento que el padre de Marta del Castillo (adolescente presuntamente asesinada en Sevilla por su expareja) se pusiera en huelga de hambre exigiendo la pena de muerte o la cadena perpetua para los condenados por determinados delitos.
¿Se pediría igualmente por Público al Gobierno Español que negociara para preservar la vida del atribulado progenitor o se consideraría que no se pueden alterar los valores imperantes en nuestro sistema legal por muy duras que fueran las potenciales consecuencias para la salud del huelguista?
La eventual cesión en ese hipotético caso sin duda daría lugar a nuevas huelgas de hambre, esta vez de los presos condenados, a fin de obtener a su vez una nueva negociación que les permitiera salvar la vida y/o la libertad.
Descartada esta línea por absurda, hemos de concluir que, en el fondo, opiniones como la antes aludida cuestionan la legitimidad del sistema cubano y por ende de su gobierno, de tal modo que tras un barniz “humanitario” (que no se aplica a la realidad colombiana, por ejemplo), se está utilizando el método inductivo: Se quiere demostrar que Cuba es una dictadura y haga lo que haga la conclusión será la misma. Se trata de aplicar el principio de no dejar que la realidad estropee un buen titular.
* Francisco García Cediel es militante de Iniciativa Comunista
La Haine
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