Es frecuente escuchar voces desde la ciudad de Miami, llamando al pueblo de Cuba a la desobediencia civil, al irrespeto de las instituciones establecidas y a la realización de acciones destinadas a dañar y destruir a la Revolución Cubana.
Esas voces, en su mayoría son las de aquellos que salieron de Cuba espantados ante el Triunfo del Primero de Enero de 1959 y de los que en años posteriores se han sumado al carro de la contrarrevolución, teniendo en cuenta las jugosas ganancias que les acarrearía ponerse al servicio de la mafia que gobierna en la llamada Ciudad del Sol.
Pero quienes son esos, cuyas voces salen al aire todos los días por las emisoras controladas por esa mafia?
Son los mismos que en Cuba amasaron fortunas explotando de manera cruel a los obreros y a los campesinos, expoliando el tesoro público, ese que se llevaron hacia el norte que los recibía, ya en esa época, como héroes de una batalla que nunca habían librado.
Cuando se escuchan esas voces pidiendo la “”democracia”” para Cuba, se sabe a cual democracia se refieren, a la “”democracia”” de poder robar, a la “”democracia”” de defender intereses espurios, a la “”democracia”” de instaurar en Cuba, de nuevo, un gobierno que responda a los intereses de Washington.
Pero qué voces son esas? Las de personas decentes que tienen una trayectoria limpia en sus vidas, de personas que realmente quieren a la tierra que los vio nacer?
Nada de eso. Son las mismas voces que han pedido “”tres días de licencia”” para matar, en ese hipotético momento de la caída de la Revolución Cubana, son las mismas voces de los que han planteado que “”arrasarán el país”” desde Baracoa hasta Pinar del Río una vez consumado el “”hecho”” del “”derrumbe del socialismo”” en la Isla.
Hablan de democracia y conocemos de las triquiñuelas de estos personajes en su afán de enriquecerse aún mas gracias a esa “”industria del anticastrismo””, como la ha denominado un periodista radicado en Miami.
Pero siguen hablando de democracia mientras abultan sus billeteras a costa de los contribuyentes norteamericanos, que ignoran que inmoral ruta toma su dinero generado con el sacrificio de los que allí trabajan.
No son pocos los que en la meca de la mafia, Miami, se han convertido en millonarios gracias a una política desvergonzada propiciada por el Gobierno de Estados Unidos, que no se detiene ante nada en su Empeño por destruir a la Revolución Cubana.
Y en ese propósito emplean a una televisión, que aparte de ofender a los cubanos, pues lleva el nombre de José Martí, no se ve en la Isla, gracias al talento de los técnicos encargados de anular esa señal violatoria de la soberanía nacional y escarnio para la administración del país del norte.
Como dice una canción de un trovador cubano “”el tiempo pasa”” y al pasar va abriendo los caminos para el conocimiento de las tropelías que se cometen en nombre de la “”libertad”” del pueblo de Cuba.
Ahí están los ejemplos de los malos manejos financieros de la radio y la televisión contrarrevolucionarias, del pago a periodistas por escribir panfletos, tendenciosos, manipuladores y falsos sobre la situación de la Isla, apoyados por los empleados del Gobierno de Estados Unidos en Cuba, mas conocidos por mercenarios.
El día que el pueblo norteamericano se entere de los orígenes de ciertas fortunas millonarias de algunos de estos terroristas asentados en Miami va a ser tal el impacto, que desde sus tumbas Lincoln y Jefferson se estremecerán.
Uno de los últimos ejemplos está en Washington, donde uno de los “”ahijados”” de Bush, se adueñó de la “”insignificante”” suma de medio millón de dólares, descubierto ese personaje por otro de los que se ha enriquecido con el negocio anticubano y que responde al nombre de Frank Calzon, en lo que parece un ajuste de cuenta entre ellos.
Hay otra vertiente de estos “”demócratas”” vinculada a los actos terroristas que contra Cuba han organizado desde los primeros años de la década del 60, y que no se han detenido, dado el libre camino abierto con Luis Posada Carriles y Orlando Bosch Ávila moviéndose por las calles de la capital del terrorismo.
Podrían citarse mas detalles acerca de esos llamados a “”democratizar”” a Cuba, provenientes de ladrones con cuello y corbata y de los otros terroristas que desde Los Everglades se “”preparan”” para el ¨¨asalto¨¨ final contra el pueblo cubano en el poder.
Editado desde la ciudad de Bayamo, Cuba, por el periodista David Rodríguez Rodríguez.
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viernes, 25 de julio de 2008
miércoles, 23 de julio de 2008
LA INNECESARIA PRESENCIA DE LA IV FLOTA EN NUESTRA AMERICA
Después de 58 años vuelve a teñir los mares de Nuestra América la IV Flota de los Estados Unidos, cuando ya no existen las circunstancias que la hicieron surgir en 1943.
Entonces para qué volver a integrar ese andamiaje de presión y de muerte?
Para qué volver a blandir el mazo de la fuerza en una América Latina urgida, no de portaaviones nucleares, sino de miles de maestros y médicos para paliar dos de sus males como el analfabetismo y la insalubridad?
Para qué envía Estados Unidos la IV Flota a nuestra región, cuando en algunos países los pueblos han elegido, utilizando las fórmulas de la democracia, Gobiernos con amplio apoyo popular y que responden a sus intereses, a los de los pueblos?
Dicen las autoridades norteamericanas que la presencia de la flota responde a las necesidades del combate contra el narcotráfico, pero lo que se huele detrás de esas afirmaciones está muy distante de ese único objetivo.
Por qué Estados Unidos no procede para ayudar de verdad a los pueblos de Nuestra América, ayuda que no está en el envío de soldados, ni de barcos, ni de aviones, ni de armas, cuando nuestros pueblos necesitan comercio justo para los productos de la región?
Es realmente el Gobierno de los Estados Unidos el paradigma a seguir por los Gobiernos de América Latina?
La historia escrita por Washington en nuestras tierras latinoamericanas está tétricamente vinculada a políticas de agresión, de exterminio, de robo de las riquezas, de golpes de estado apoyados por los norteamericanos y de amenazas cuando algún que otro país quiere levantar la cabeza.
Los argentinos tienen una espina clavada en el pecho desde aquel momento de la Guerra de Las Malvinas, territorio gaucho usurpado por Gran Bretaña, reclamo permanente de Buenos Aires en organismos internacionales.
Qué sucedió en aquel momento? Sencillamente el Gobierno de Estados Unidos violando lo pactado en el Tratado Interamericano de Asistencia Recíproca, apoyó moral y materialmente al Reino Unido que estipula lo siguiente en su artículo tercero:
¨¨Las Altas Partes Contratantes convienen en que un ataque armado por parte de cualquier Estado contra un Estado Americano, será considerado como un ataque contra todos los Estados Americanos, y en consecuencia, cada una de dichas Partes Contratantes se compromete a ayudar a hacer frente al ataque, en ejercicio del derecho inmanente de legítima defensa individual o colectiva que reconoce el Artículo 51 de la Carta de las Naciones Unidas¨¨.
Estados Unidos no hizo honor al Tratado y ayudó logísticamente al Reino Unido en esa guerra que duró del 2 de abril al 14 de junio de 1982 y en la que murieron soldados argentinos que intentaron rescatar para la soberanía de ese país, lo que le arrebataron a esa nación en 1833.
En ese conflicto murieron, exactamente 649 militares argentinos, 255 británicos y 3 civiles isleños.
La breve referencia a ese hecho bélico se justifica para expresar que ni los soldados norteamericanos ni su Gobierno quieren tanto a nuestros pueblos para sacrificarse por ellos.
Lo único que interesa a ese Gobierno y a sus transnacionales son las riquezas de Nuestra América y la presencia de la IV Flota viene a reafirmar ese concepto.
Está claro todo pues lo que en realidad quieren proteger son sus intereses y amenazar a Gobiernos progresistas como los de Venezuela, Bolivia, Ecuador y Nicaragua.
Al parecer a Estados Unidos no le basta el hecho de que esos pueblos hayan elegido a esos Gobiernos por medio de las urnas, Washington desea, además la genuflexión de estos como ocurrió hasta hace poco tiempo en esas mismas naciones.
Lo que les hace perder la paciencia es el avance de la Revolución Bolivariana de Venezuela, los avances obtenidos por los bolivianos, cuando por vez primera un indígena tiene el poder en sus manos, y en el caso de Ecuador y Nicaragua sucede lo mismo.
La IV Flota podrá surcar los mares americanos, podrá exhibir su poderío y quizás puedan escucharse las amenazas de quien la envía a esta región, pero lo que no podrá evitar el Imperio es que lo pueblos de Nuestra América sigan el camino de la redención, que no está en los cielos, sino en nuestras manos y en nuestras tierras.
Entonces para qué volver a integrar ese andamiaje de presión y de muerte?
Para qué volver a blandir el mazo de la fuerza en una América Latina urgida, no de portaaviones nucleares, sino de miles de maestros y médicos para paliar dos de sus males como el analfabetismo y la insalubridad?
Para qué envía Estados Unidos la IV Flota a nuestra región, cuando en algunos países los pueblos han elegido, utilizando las fórmulas de la democracia, Gobiernos con amplio apoyo popular y que responden a sus intereses, a los de los pueblos?
Dicen las autoridades norteamericanas que la presencia de la flota responde a las necesidades del combate contra el narcotráfico, pero lo que se huele detrás de esas afirmaciones está muy distante de ese único objetivo.
Por qué Estados Unidos no procede para ayudar de verdad a los pueblos de Nuestra América, ayuda que no está en el envío de soldados, ni de barcos, ni de aviones, ni de armas, cuando nuestros pueblos necesitan comercio justo para los productos de la región?
Es realmente el Gobierno de los Estados Unidos el paradigma a seguir por los Gobiernos de América Latina?
La historia escrita por Washington en nuestras tierras latinoamericanas está tétricamente vinculada a políticas de agresión, de exterminio, de robo de las riquezas, de golpes de estado apoyados por los norteamericanos y de amenazas cuando algún que otro país quiere levantar la cabeza.
Los argentinos tienen una espina clavada en el pecho desde aquel momento de la Guerra de Las Malvinas, territorio gaucho usurpado por Gran Bretaña, reclamo permanente de Buenos Aires en organismos internacionales.
Qué sucedió en aquel momento? Sencillamente el Gobierno de Estados Unidos violando lo pactado en el Tratado Interamericano de Asistencia Recíproca, apoyó moral y materialmente al Reino Unido que estipula lo siguiente en su artículo tercero:
¨¨Las Altas Partes Contratantes convienen en que un ataque armado por parte de cualquier Estado contra un Estado Americano, será considerado como un ataque contra todos los Estados Americanos, y en consecuencia, cada una de dichas Partes Contratantes se compromete a ayudar a hacer frente al ataque, en ejercicio del derecho inmanente de legítima defensa individual o colectiva que reconoce el Artículo 51 de la Carta de las Naciones Unidas¨¨.
Estados Unidos no hizo honor al Tratado y ayudó logísticamente al Reino Unido en esa guerra que duró del 2 de abril al 14 de junio de 1982 y en la que murieron soldados argentinos que intentaron rescatar para la soberanía de ese país, lo que le arrebataron a esa nación en 1833.
En ese conflicto murieron, exactamente 649 militares argentinos, 255 británicos y 3 civiles isleños.
La breve referencia a ese hecho bélico se justifica para expresar que ni los soldados norteamericanos ni su Gobierno quieren tanto a nuestros pueblos para sacrificarse por ellos.
Lo único que interesa a ese Gobierno y a sus transnacionales son las riquezas de Nuestra América y la presencia de la IV Flota viene a reafirmar ese concepto.
Está claro todo pues lo que en realidad quieren proteger son sus intereses y amenazar a Gobiernos progresistas como los de Venezuela, Bolivia, Ecuador y Nicaragua.
Al parecer a Estados Unidos no le basta el hecho de que esos pueblos hayan elegido a esos Gobiernos por medio de las urnas, Washington desea, además la genuflexión de estos como ocurrió hasta hace poco tiempo en esas mismas naciones.
Lo que les hace perder la paciencia es el avance de la Revolución Bolivariana de Venezuela, los avances obtenidos por los bolivianos, cuando por vez primera un indígena tiene el poder en sus manos, y en el caso de Ecuador y Nicaragua sucede lo mismo.
La IV Flota podrá surcar los mares americanos, podrá exhibir su poderío y quizás puedan escucharse las amenazas de quien la envía a esta región, pero lo que no podrá evitar el Imperio es que lo pueblos de Nuestra América sigan el camino de la redención, que no está en los cielos, sino en nuestras manos y en nuestras tierras.
lunes, 21 de julio de 2008
CINCO JOVENES CUBANOS SECUESTRADOS EN ESTADOS UNIDOS
El doce de septiembre de 1998, la ciudad de Miami fue testigo de cinco arrestos contra igual número de personas que se dedicaban a monitorear las actividades de grupos extremistas asentados en esa ciudad y con largo historial de acciones terroristas contra Cuba.
Desde el inicio del Triunfo de la Revolución, elementos vinculados al régimen dictatorial de Fulgencio Batista, comenzaron a organizarse para realizar actos de sabotaje contra la economía de la Isla, en algunas de esas acciones hombres y mujeres de la Isla, fueron victimas mortales de tan deleznable hechos.
En su afán de entorpecer los programa que la Revolución ya instauraba, el Gobierno de los Estados Unidos, a través de la Agencia Central de Inteligencia, organizó y financió la existencia de esas redes de contrarrevolucionarios que tanto daño hicieron a la sociedad cubana.
Los actos terroristas, organizados desde la ciudad de Miami, no se detuvieron ante escuelas, fincas, centros de trabajo, instituciones del Estado, ante nada, se detuvieron esas acciones, efectuadas por elementos contrarrevolucionarios que provenientes de La Florida, ocasionaron casi tres mil muertos y una cifra considerable de personas dañadas en su cuerpo.
Tal era la envergadura de esos actos, que e Gobierno Cubano, ya agotadas las vías diplomáticas denunciado a esos elementos ante las administraciones norteamericanas, y teniendo en cuenta la falta de acciones para neutralizarlas, decidió infiltrar a los grupos terroristas de Miami.
Esos cinco jóvenes detenidos el 12 de septiembre de 1998, no realizaron actos de espionaje contra el Gobierno de Estados Unidos, no era esa su misión en suelo norteño, sino que efectuaron labores de escrutinio dentro de esas organizaciones, para neutralizar los planes terroristas contra Cuba.
En una posición de transparencia Cuba no solo denunció la organización de actos de sabotaje y de asesinato contra los lideres de la Revolución, sino que ofreció al Buró Federal de Investigaciones, (FBI), las pruebas, nombres, apellidos, direcciones y números telefónicos de esos elementos contrarrevolucionarios asentados en Miami.
Cuál fue la respuesta del Gobierno de Estados Unidos? Apresar a los terroristas? No, los arrestados fueron los jóvenes cubanos que monitoreaban a esas organizaciones terroristas del sur de La Florida, para prevenir los actos violentos de esos individuos.
Luego vino el juicio, amañado sin pruebas ni argumentos, pero pudo mas la histeria anticubana, pudo mas el sentimiento de venganza que el equilibrio de la justicia, y esos jóvenes fueron condenados con sanciones desmesuradas cuando no se les comprobó en momento alguno la labor de espionaje contra el Gobierno de Estados Unidos.
Han sufrido vejámenes, violaciones de sus derechos humanos, los han encerrado en el llamado ¨¨hueco¨¨ por 17 meses, sin haber cometido indisciplina alguna, y luego de sancionados, diseminados en cinco diferentes penitenciarías de máxima seguridad.
Uno de los hechos mas abominables es la no autorización de las esposas de dos de ellos para visitarlos desde hace casi diez años, muestra de la ferocidad y el afán de venganza de sus carceleros.
Hoy cuando nos acercamos al décimo aniversario de su injusto encierro, crece en el mundo la solidaridad con los cinco jóvenes cubanos, como muestra del cariño y la admiración que ha despertado su hidalguía, por no ceder ante las presiones y los chantajes del Gobierno de Estados Unidos.
Los cinco jóvenes cubanos, René, Fernando, Ramón, Gerardo y Antonio, no han asesinado a persona alguna, ellos no hicieron daño a las instituciones norteamericanas, ellos no espiaron al Gobierno de ese país. Solo por ser cubanos dignos, están guardando prisión injusta en Estados Unidos.
Mientras, en Miami, cuna del terrorismo contra Cuba, andan por sus calles, asesinos confesos, asesinos con un historial largo de agresiones contra el pueblo de la Isla, pero contra esos elementos violentos, no actúa la Casa Blanca, mas bien los protege, los ayuda, los alimenta, los cobija.
Aquí se pone de manifiesto la hipocresía de la política norteamericana, pues el presidente de Estados Unidos expresó que aquel que apoyare, financiare, alojare y alimentare a un terrorista, es tan terrorista como este.
Luis Posada Carriles y Orlando Bosch Ávila son los responsables de la voladura en pleno vuelo de un avión cubano en 6 de octubre de 1976, que costó la vida a 73 personas y otros elementos con historial de crímenes contra el pueblo cubano, andan libres por las calles de Miami.
A buen entendedor, con pocas palabras bastan.
Desde el inicio del Triunfo de la Revolución, elementos vinculados al régimen dictatorial de Fulgencio Batista, comenzaron a organizarse para realizar actos de sabotaje contra la economía de la Isla, en algunas de esas acciones hombres y mujeres de la Isla, fueron victimas mortales de tan deleznable hechos.
En su afán de entorpecer los programa que la Revolución ya instauraba, el Gobierno de los Estados Unidos, a través de la Agencia Central de Inteligencia, organizó y financió la existencia de esas redes de contrarrevolucionarios que tanto daño hicieron a la sociedad cubana.
Los actos terroristas, organizados desde la ciudad de Miami, no se detuvieron ante escuelas, fincas, centros de trabajo, instituciones del Estado, ante nada, se detuvieron esas acciones, efectuadas por elementos contrarrevolucionarios que provenientes de La Florida, ocasionaron casi tres mil muertos y una cifra considerable de personas dañadas en su cuerpo.
Tal era la envergadura de esos actos, que e Gobierno Cubano, ya agotadas las vías diplomáticas denunciado a esos elementos ante las administraciones norteamericanas, y teniendo en cuenta la falta de acciones para neutralizarlas, decidió infiltrar a los grupos terroristas de Miami.
Esos cinco jóvenes detenidos el 12 de septiembre de 1998, no realizaron actos de espionaje contra el Gobierno de Estados Unidos, no era esa su misión en suelo norteño, sino que efectuaron labores de escrutinio dentro de esas organizaciones, para neutralizar los planes terroristas contra Cuba.
En una posición de transparencia Cuba no solo denunció la organización de actos de sabotaje y de asesinato contra los lideres de la Revolución, sino que ofreció al Buró Federal de Investigaciones, (FBI), las pruebas, nombres, apellidos, direcciones y números telefónicos de esos elementos contrarrevolucionarios asentados en Miami.
Cuál fue la respuesta del Gobierno de Estados Unidos? Apresar a los terroristas? No, los arrestados fueron los jóvenes cubanos que monitoreaban a esas organizaciones terroristas del sur de La Florida, para prevenir los actos violentos de esos individuos.
Luego vino el juicio, amañado sin pruebas ni argumentos, pero pudo mas la histeria anticubana, pudo mas el sentimiento de venganza que el equilibrio de la justicia, y esos jóvenes fueron condenados con sanciones desmesuradas cuando no se les comprobó en momento alguno la labor de espionaje contra el Gobierno de Estados Unidos.
Han sufrido vejámenes, violaciones de sus derechos humanos, los han encerrado en el llamado ¨¨hueco¨¨ por 17 meses, sin haber cometido indisciplina alguna, y luego de sancionados, diseminados en cinco diferentes penitenciarías de máxima seguridad.
Uno de los hechos mas abominables es la no autorización de las esposas de dos de ellos para visitarlos desde hace casi diez años, muestra de la ferocidad y el afán de venganza de sus carceleros.
Hoy cuando nos acercamos al décimo aniversario de su injusto encierro, crece en el mundo la solidaridad con los cinco jóvenes cubanos, como muestra del cariño y la admiración que ha despertado su hidalguía, por no ceder ante las presiones y los chantajes del Gobierno de Estados Unidos.
Los cinco jóvenes cubanos, René, Fernando, Ramón, Gerardo y Antonio, no han asesinado a persona alguna, ellos no hicieron daño a las instituciones norteamericanas, ellos no espiaron al Gobierno de ese país. Solo por ser cubanos dignos, están guardando prisión injusta en Estados Unidos.
Mientras, en Miami, cuna del terrorismo contra Cuba, andan por sus calles, asesinos confesos, asesinos con un historial largo de agresiones contra el pueblo de la Isla, pero contra esos elementos violentos, no actúa la Casa Blanca, mas bien los protege, los ayuda, los alimenta, los cobija.
Aquí se pone de manifiesto la hipocresía de la política norteamericana, pues el presidente de Estados Unidos expresó que aquel que apoyare, financiare, alojare y alimentare a un terrorista, es tan terrorista como este.
Luis Posada Carriles y Orlando Bosch Ávila son los responsables de la voladura en pleno vuelo de un avión cubano en 6 de octubre de 1976, que costó la vida a 73 personas y otros elementos con historial de crímenes contra el pueblo cubano, andan libres por las calles de Miami.
A buen entendedor, con pocas palabras bastan.
martes, 24 de junio de 2008
BAYAMO: AÑO 495
Todas las ciudades tienen su historia. No hay ciudad grande o pequeña sin historia. Historia que han escrito y escriben sus habitantes de todas las edades, de todos los credos y de todos los colores.
Una ciudad esconde sus secretos de manera que el forastero no los descubra, o en todo caso solo enseña algunos para compartirlos con los que la visitan, por eso son núcleos poblacionales integrados por diferentes visiones, pero al final, iguales en cuanto al cariño, al amor que se profesa hacia el sitio donde hemos nacido y vivimos.
Mi ciudad no es tan grande, ha ido creciendo con el paso de los años, rejuveneciendo en cada esquina, en cada edificio, en cada casa que la conforma, pero sigue siendo una ciudad que se ama, tanto por su historia, como por la gente que la habita.
Siempre he querido estar en Bayamo, aunque haya estado años fuera de ella, estudiando, trabajando, viajando. Al final surge, germinando como semilla, ese apego a lo propio, a lo que se considera la gran casa, que es la ciudad.
Y en Bayamo, hay suficientes motivaciones para sentir orgullo, porque, y no con apasionados ánimos regionalistas, tenemos los suficientes ingredientes para sostener esa mezcla de ideas, que hacen de este núcleo poblacional, un emporio de la historia cubana.
Hay orgullo de ser cubano, hay orgullo por llevar ese nombre que simboliza a un pueblo que se inauguró como tal, en medio de las contradicciones de un siglo de esplendor, que trajo como consecuencia benigna, el inicio de una lucha contra el poderío colonial español que sojuzgaba a la Isla.
Y fueron los bayameses los que organizaron aquel levantamiento en un sitio tan sagrado como La Demajagua, el 10 de Octubre de 1868, con Carlos Manuel de Céspedes a la cabeza, dando la libertad a sus esclavos y llamándolos hermanos.
No solo la historia bélica caracterizó a Bayamo, también es cuna de notables pensadores como José Antonio Saco, poetas y poetisas de la estirpe de Juan Clemente Zenea y Ursula de Céspedes y Escanaverino, de músicos como Perucho Figueredo y Manuel Muñoz.
Y para colmo de bienes, Bayamo es la cuna de la canción romántica trovadoresca desde aquel día en que se escuchó en la ventana de la casa de Luz Vázquez y Moreno la música y la letra de La Bayamesa, canción que estremece y calma, canción que estimula y seda.
Este año Bayamo cumple 495 años de fundada, y en realidad, es un tiempo prolongado para una ciudad que sigue siendo referencia, ya no solo por la historia, escrita en el momento exacto, cuando los acontecimientos exigieron de tales acciones, sino por el constante bregar de sus habitantes que la han convertido en estrella con luz propia.
La ciudad ha estado acompañada desde su inicio como refugio de los aborígenes, por el río, esa arteria fluvial de la que los habitantes de la misma no pueden desprenderse, es como un amuleto, es como un talismán que se ha sembrado no solo en la piel, también en el alma de los bayameses.
Bayamo se siente mucho estando por sus calles, por sus alrededores donde florecen los bosques, y más cuando nos alejamos del terruño, entonces parece que se quebranta el alma y el sol se nos presenta diferente, es que el sol de la ciudad es único, por su brillo e intensidad.
Una ciudad esconde sus secretos de manera que el forastero no los descubra, o en todo caso solo enseña algunos para compartirlos con los que la visitan, por eso son núcleos poblacionales integrados por diferentes visiones, pero al final, iguales en cuanto al cariño, al amor que se profesa hacia el sitio donde hemos nacido y vivimos.
Mi ciudad no es tan grande, ha ido creciendo con el paso de los años, rejuveneciendo en cada esquina, en cada edificio, en cada casa que la conforma, pero sigue siendo una ciudad que se ama, tanto por su historia, como por la gente que la habita.
Siempre he querido estar en Bayamo, aunque haya estado años fuera de ella, estudiando, trabajando, viajando. Al final surge, germinando como semilla, ese apego a lo propio, a lo que se considera la gran casa, que es la ciudad.
Y en Bayamo, hay suficientes motivaciones para sentir orgullo, porque, y no con apasionados ánimos regionalistas, tenemos los suficientes ingredientes para sostener esa mezcla de ideas, que hacen de este núcleo poblacional, un emporio de la historia cubana.
Hay orgullo de ser cubano, hay orgullo por llevar ese nombre que simboliza a un pueblo que se inauguró como tal, en medio de las contradicciones de un siglo de esplendor, que trajo como consecuencia benigna, el inicio de una lucha contra el poderío colonial español que sojuzgaba a la Isla.
Y fueron los bayameses los que organizaron aquel levantamiento en un sitio tan sagrado como La Demajagua, el 10 de Octubre de 1868, con Carlos Manuel de Céspedes a la cabeza, dando la libertad a sus esclavos y llamándolos hermanos.
No solo la historia bélica caracterizó a Bayamo, también es cuna de notables pensadores como José Antonio Saco, poetas y poetisas de la estirpe de Juan Clemente Zenea y Ursula de Céspedes y Escanaverino, de músicos como Perucho Figueredo y Manuel Muñoz.
Y para colmo de bienes, Bayamo es la cuna de la canción romántica trovadoresca desde aquel día en que se escuchó en la ventana de la casa de Luz Vázquez y Moreno la música y la letra de La Bayamesa, canción que estremece y calma, canción que estimula y seda.
Este año Bayamo cumple 495 años de fundada, y en realidad, es un tiempo prolongado para una ciudad que sigue siendo referencia, ya no solo por la historia, escrita en el momento exacto, cuando los acontecimientos exigieron de tales acciones, sino por el constante bregar de sus habitantes que la han convertido en estrella con luz propia.
La ciudad ha estado acompañada desde su inicio como refugio de los aborígenes, por el río, esa arteria fluvial de la que los habitantes de la misma no pueden desprenderse, es como un amuleto, es como un talismán que se ha sembrado no solo en la piel, también en el alma de los bayameses.
Bayamo se siente mucho estando por sus calles, por sus alrededores donde florecen los bosques, y más cuando nos alejamos del terruño, entonces parece que se quebranta el alma y el sol se nos presenta diferente, es que el sol de la ciudad es único, por su brillo e intensidad.
Autor: David Rodríguez Rodríguez
miércoles, 18 de junio de 2008
RAZONES
Cuando inicié mis estudios en lo que se llama hoy en Cuba el preescolar, allá por el año 1952, por supuesto que no tenía una visión del mundo tan acabada como puedo tenerla hoy, pero desde pequeño, la vida y las circunstancias me señalaban que Estados Unidos de Norteamérica era una nación muy grande e importante porque hasta los centavos de su moneda circulaban en la Isla.
La historia me señalaba que Lincoln, Jefferson, eran los paradigmas a seguir para cualquier persona que se preciara de luchar por la independencia y la libertad, por lo menos eso se decía no solo en la escuela, sino en la calle y en los periódicos de la época.
Todavía yo no sabía nada de la Enmienda Platt, y menos acerca de la participación de ese país en la guerra hispano-cubana, no para ayudarnos a alcanzar los sueños de los libertadores cubanos desde la memorable fecha del 10 de octubre de 1868, sino, para con el poder de su presión, convertirnos en una de las estrellas de la enseña norteamericana. Por lo menos esas eran las ansias desde los tempranos años de 1820.
Realmente, no tuve acceso a las verdades de nuestra historia hasta que después de 1959, se me pusieron las evidencias que argumentaban las realidades vividas por mi pueblo en su azaroso camino hacia la independencia plena.
Así pude saber de las vicisitudes de José Martí en las entrañas de lo que él llamó el monstruo, cuando eran abortados los intentos de los independentistas de enviar pertrechos de guerra para apoyar a los mambises que se batían en la manigua cubana, en desventaja en relación con los soldados peninsulares, pero armados de convicciones y afanes de libertad.
Todavía yo no sabía entonces las veces que el Gobierno de ese país frustró los planes de los cubanos en ese empeño de colaborar con la insurrección en la Isla, en el que se destacaron los tabaqueros cubanos de Tampa, a los que siempre agradeceremos ese gesto altruista y emancipador.
No sabía yo, que en aquel lejano enero de 1959, ese mismo gobierno de Estados Unidos ya planeaba sofocar a la Revolución triunfante con Fidel al frente, luego de mas de dos años de combates en las montañas y en acciones llevadas a cabo en las ciudades cubanas, organizadas por jóvenes dirigentes del Movimiento 26 de Julio, muchos de los cuales fueron salvajemente asesinados.
Ya en 1960 la contrarrevolución interna, apoyada y financiada desde Estados Unidos, cometía fechorías contra el pueblo que defendía a la Revolución, y entonces se iniciaron los atentados y los sabotajes a la economía nacional con el supremo interés de derrocarla y entregar las riendas del país a aquellos malversadores que en su huida hacia La Florida, se habían robado el dinero del Estado.
En ese punto de la historia, ya sabía la envergadura de la lucha que el pueblo cubano debía librar, ahora no contra una dictadura armada y sostenida por Washington, sino contra ese mismo Gobierno, que lanzando por la borda las ideas de sus fundadores, reafirmaba las evidencias de que sería el enemigo número uno del pueblo cubano.
La organización de bandas de contrarrevolucionarios en diversas partes del país, a las que suministraban armas de manera descarada y abierta desde aviones que salían de sus aeropuertos, los asesinatos de campesinos, la destrucción de sus hogares y la quema de sus siembras, ya eran razones suficientes para, desde la altura de mis trece años, tomar partido por la Revolución Cubana.
No solo era estar de acuerdo con el proceso revolucionario, también era preciso, como en el presente, participar de manera activa en todas las circunstancias que pudieran emerger.
El asesinato del maestro Conrado Benítez García conmovió a toda la nación en aquel año 1961, cuando nos disponíamos a hacer realidad la promesa de Fidel en las Naciones Unidas de eliminar en un año el analfabetismo en Cuba. Y me enrolé en el ejército más hermoso del mundo.
Éramos cien mil brigadistas, integrantes del Ejército de Alfabetizadores Conrado Benitez García, los que partimos desde nuestros hogares hacia los sitios más intrincados de las montañas y los llanos, a enseñar a leer y a escribir a los que no sabían, protagonizando el combate mas revolucionario y enaltecedor contra la incultura.
A estas alturas de mi vida, ya sé que no tendré honor mayor, que el de defender a la Revolución Cubana, no tendré gloria mayor, si es que la merezco, de seguir desde mi puesto haciendo lo que el momento exija para sostener este proyecto socialista que se empina en medio de dificultades, pero con optimismo, de las agresiones del Gobierno de Estados Unidos, ya derrotado en el empeño de destruirlo.
Autor: David Rodriguez
La historia me señalaba que Lincoln, Jefferson, eran los paradigmas a seguir para cualquier persona que se preciara de luchar por la independencia y la libertad, por lo menos eso se decía no solo en la escuela, sino en la calle y en los periódicos de la época.
Todavía yo no sabía nada de la Enmienda Platt, y menos acerca de la participación de ese país en la guerra hispano-cubana, no para ayudarnos a alcanzar los sueños de los libertadores cubanos desde la memorable fecha del 10 de octubre de 1868, sino, para con el poder de su presión, convertirnos en una de las estrellas de la enseña norteamericana. Por lo menos esas eran las ansias desde los tempranos años de 1820.
Realmente, no tuve acceso a las verdades de nuestra historia hasta que después de 1959, se me pusieron las evidencias que argumentaban las realidades vividas por mi pueblo en su azaroso camino hacia la independencia plena.
Así pude saber de las vicisitudes de José Martí en las entrañas de lo que él llamó el monstruo, cuando eran abortados los intentos de los independentistas de enviar pertrechos de guerra para apoyar a los mambises que se batían en la manigua cubana, en desventaja en relación con los soldados peninsulares, pero armados de convicciones y afanes de libertad.
Todavía yo no sabía entonces las veces que el Gobierno de ese país frustró los planes de los cubanos en ese empeño de colaborar con la insurrección en la Isla, en el que se destacaron los tabaqueros cubanos de Tampa, a los que siempre agradeceremos ese gesto altruista y emancipador.
No sabía yo, que en aquel lejano enero de 1959, ese mismo gobierno de Estados Unidos ya planeaba sofocar a la Revolución triunfante con Fidel al frente, luego de mas de dos años de combates en las montañas y en acciones llevadas a cabo en las ciudades cubanas, organizadas por jóvenes dirigentes del Movimiento 26 de Julio, muchos de los cuales fueron salvajemente asesinados.
Ya en 1960 la contrarrevolución interna, apoyada y financiada desde Estados Unidos, cometía fechorías contra el pueblo que defendía a la Revolución, y entonces se iniciaron los atentados y los sabotajes a la economía nacional con el supremo interés de derrocarla y entregar las riendas del país a aquellos malversadores que en su huida hacia La Florida, se habían robado el dinero del Estado.
En ese punto de la historia, ya sabía la envergadura de la lucha que el pueblo cubano debía librar, ahora no contra una dictadura armada y sostenida por Washington, sino contra ese mismo Gobierno, que lanzando por la borda las ideas de sus fundadores, reafirmaba las evidencias de que sería el enemigo número uno del pueblo cubano.
La organización de bandas de contrarrevolucionarios en diversas partes del país, a las que suministraban armas de manera descarada y abierta desde aviones que salían de sus aeropuertos, los asesinatos de campesinos, la destrucción de sus hogares y la quema de sus siembras, ya eran razones suficientes para, desde la altura de mis trece años, tomar partido por la Revolución Cubana.
No solo era estar de acuerdo con el proceso revolucionario, también era preciso, como en el presente, participar de manera activa en todas las circunstancias que pudieran emerger.
El asesinato del maestro Conrado Benítez García conmovió a toda la nación en aquel año 1961, cuando nos disponíamos a hacer realidad la promesa de Fidel en las Naciones Unidas de eliminar en un año el analfabetismo en Cuba. Y me enrolé en el ejército más hermoso del mundo.
Éramos cien mil brigadistas, integrantes del Ejército de Alfabetizadores Conrado Benitez García, los que partimos desde nuestros hogares hacia los sitios más intrincados de las montañas y los llanos, a enseñar a leer y a escribir a los que no sabían, protagonizando el combate mas revolucionario y enaltecedor contra la incultura.
A estas alturas de mi vida, ya sé que no tendré honor mayor, que el de defender a la Revolución Cubana, no tendré gloria mayor, si es que la merezco, de seguir desde mi puesto haciendo lo que el momento exija para sostener este proyecto socialista que se empina en medio de dificultades, pero con optimismo, de las agresiones del Gobierno de Estados Unidos, ya derrotado en el empeño de destruirlo.
Autor: David Rodriguez
EL CHE
La única vez que vi al Ché debe haber sido entre los años 1963 ó 1964. Iba yo por la Plaza de la Revolución José Martí y en la misma esquina donde está el Ministerio de Comunicaciones y la Avenida de Rancho Boyeros, pasaba él en aquel emblemático auto norteamericano que utilizaba.
Jamás volví a verlo, pero siempre tuve la necesidad de hurgar en su vida revolucionaria, tan preñada de anécdotas y de hechos que hoy recoge la historia.
El Ché, a pesar de la propaganda que invade Internet, con comentarios desfavorables negando su altruismo y humanismo, resurge como un icono de grandeza tal, que los pueblos, alejados de las mentiras y tergiversaciones, lo asumen como lo que sigue siendo: un ejemplo de hombre revolucionario que desde su óptica luchó a favor de los pobres.
Un tiempo después, ya en andanzas periodísticas por la Sierra Maestra, he podido conocer más de su trayectoria, de su respeto a Fidel y a su consagración a la lucha por la liberación de los cubanos de aquella odiosa tiranía batistiana.
Campesinos curtidos por el trabajo, con manos agigantadas por el esfuerzo en el cultivo de la tierra, guardan del Ché las mejores imágenes y lo siguen considerando un guerrillero de altura cósmica, que no se quedó en Cuba luego del glorioso triunfo del Primero de Enero de 1959, sino, que, ya alcanzado el objetivo aquí, se lanzó, en cruzada intercontinental, a la lucha por las reivindicaciones de otros pueblos.
En esta tierra dejó familia, aquí nos enseñó a trabajar de manera voluntaria, él mismo se dedicó a poner en práctica esa modalidad en la Ciudad Escolar Camilo Cienfuegos en la propia Sierra Maestra, la primera gran obra del proceso revolucionario cubano, y en la que miles de niños de las montañas comenzaron a conocer el mundo a través de las letras que aprendieron a leer y a escribir.
Recorrió el país de un lado al otro, como Ministro de Industrias, recabando, en encuentros con obreros de ese sector, una mayor eficiencia en el desempeño de sus funciones, y expresó un pensamiento que sigue siendo una brújula para todos: ¨¨la calidad es el respeto al pueblo¨¨.
Los enemigos de la Revolución Cubana han tratado de demonizar su paso por nuestro país, y en muchas ocasiones le han hecho perversas acusaciones, carentes de fundamentos y de pruebas, alegando que era un hombre duro y que ´´ordenó el fusilamiento de centenares de contrarrevolucionarios´´.
Un planteamiento de ese tipo es inconcebible en una Revolución que jamás ha basado su defensa en actos de esa naturaleza, ni siquiera en la lucha armada de la Sierra Maestra, este proceso se permitió la más mínima tergiversación en cuanto a los derechos humanos, cuando aún en el mundo nadie hablaba de los mismos, y se violaban constantemente en países que hoy los tienen como ´´bandera´´.
Sería interesante preguntarle a esos ´´ ideólogos´´ las razones por las cuales nunca se han preocupado por los miles de asesinatos cometidos por la dictadura de Fulgencio Batista contra el pueblo durante su sangriento período al frente de un gobierno ilegal, basado en un golpe de Estado que cercenó las libertades públicas el 10 de marzo de 1952.
Parece una paradoja, pero en el sitio desde el cual se aguarda el fin de la Revolución Cubana, Miami, por los elementos mas recalcitrantes opuestos al proceso social cubano, viven y conspiran muchos de los asesinos del pueblo cubano, que amparados por el Gobierno de Estados Unidos de Norteamérica, no cesan en sus actos hostiles.
Pero el Ché siempre estuvo, está y estará por encima de esos que robaron el dinero del pueblo cubano y se fueron a La Florida, sitio seguro, garantizado por el imperio que apoyó a la dictadura de Batista hasta el último día de su existencia.
Y así, África le abrió los brazos cuando las grandes potencias colonialistas le robaban sus riquezas, (acción depredadora que continúa hoy), y necesitada de la lucha para liberarse, recibió a ese hombre que, acompañado por otros internacionalistas cubanos, abrió fuego contra la injusticia y la opresión.
La presencia del Ché en el continente negro, marcó un hito en la senda del internacionalismo proletario, una manifestación de amor a la humanidad que los enemigos de la liberación de los pueblos ven como una maldición comunista. Queriendo ocultar las razones, motivaciones y causas objetivas que han permitido, aún en medio del barraje de la llamada gran prensa del mundo occidental, el desarrollo de esos sentimientos.
El Ché está por encima de esos apocalípticos individuos, tanto, que no cejó en el empeño de ayudar a otros pueblos, y se lanzó a aquella cruzada en Bolivia, en un afán libertario que no concluyó con su proyección hacia la eternidad en la conciencia de los pueblos de Nuestra América.
Hoy el Ché sigue vivo, incluso en los ojos de aquel que, atemorizado, le disparó para que sucediera hasta hoy y para siempre, el parto que lo proyecta no ya solamente en las tierras americanas de Bolívar y de Martí, sino por todo el orbe, donde aún su estrella tiene mucho que iluminar.
Autor: David Rodríguez
Jamás volví a verlo, pero siempre tuve la necesidad de hurgar en su vida revolucionaria, tan preñada de anécdotas y de hechos que hoy recoge la historia.
El Ché, a pesar de la propaganda que invade Internet, con comentarios desfavorables negando su altruismo y humanismo, resurge como un icono de grandeza tal, que los pueblos, alejados de las mentiras y tergiversaciones, lo asumen como lo que sigue siendo: un ejemplo de hombre revolucionario que desde su óptica luchó a favor de los pobres.
Un tiempo después, ya en andanzas periodísticas por la Sierra Maestra, he podido conocer más de su trayectoria, de su respeto a Fidel y a su consagración a la lucha por la liberación de los cubanos de aquella odiosa tiranía batistiana.
Campesinos curtidos por el trabajo, con manos agigantadas por el esfuerzo en el cultivo de la tierra, guardan del Ché las mejores imágenes y lo siguen considerando un guerrillero de altura cósmica, que no se quedó en Cuba luego del glorioso triunfo del Primero de Enero de 1959, sino, que, ya alcanzado el objetivo aquí, se lanzó, en cruzada intercontinental, a la lucha por las reivindicaciones de otros pueblos.
En esta tierra dejó familia, aquí nos enseñó a trabajar de manera voluntaria, él mismo se dedicó a poner en práctica esa modalidad en la Ciudad Escolar Camilo Cienfuegos en la propia Sierra Maestra, la primera gran obra del proceso revolucionario cubano, y en la que miles de niños de las montañas comenzaron a conocer el mundo a través de las letras que aprendieron a leer y a escribir.
Recorrió el país de un lado al otro, como Ministro de Industrias, recabando, en encuentros con obreros de ese sector, una mayor eficiencia en el desempeño de sus funciones, y expresó un pensamiento que sigue siendo una brújula para todos: ¨¨la calidad es el respeto al pueblo¨¨.
Los enemigos de la Revolución Cubana han tratado de demonizar su paso por nuestro país, y en muchas ocasiones le han hecho perversas acusaciones, carentes de fundamentos y de pruebas, alegando que era un hombre duro y que ´´ordenó el fusilamiento de centenares de contrarrevolucionarios´´.
Un planteamiento de ese tipo es inconcebible en una Revolución que jamás ha basado su defensa en actos de esa naturaleza, ni siquiera en la lucha armada de la Sierra Maestra, este proceso se permitió la más mínima tergiversación en cuanto a los derechos humanos, cuando aún en el mundo nadie hablaba de los mismos, y se violaban constantemente en países que hoy los tienen como ´´bandera´´.
Sería interesante preguntarle a esos ´´ ideólogos´´ las razones por las cuales nunca se han preocupado por los miles de asesinatos cometidos por la dictadura de Fulgencio Batista contra el pueblo durante su sangriento período al frente de un gobierno ilegal, basado en un golpe de Estado que cercenó las libertades públicas el 10 de marzo de 1952.
Parece una paradoja, pero en el sitio desde el cual se aguarda el fin de la Revolución Cubana, Miami, por los elementos mas recalcitrantes opuestos al proceso social cubano, viven y conspiran muchos de los asesinos del pueblo cubano, que amparados por el Gobierno de Estados Unidos de Norteamérica, no cesan en sus actos hostiles.
Pero el Ché siempre estuvo, está y estará por encima de esos que robaron el dinero del pueblo cubano y se fueron a La Florida, sitio seguro, garantizado por el imperio que apoyó a la dictadura de Batista hasta el último día de su existencia.
Y así, África le abrió los brazos cuando las grandes potencias colonialistas le robaban sus riquezas, (acción depredadora que continúa hoy), y necesitada de la lucha para liberarse, recibió a ese hombre que, acompañado por otros internacionalistas cubanos, abrió fuego contra la injusticia y la opresión.
La presencia del Ché en el continente negro, marcó un hito en la senda del internacionalismo proletario, una manifestación de amor a la humanidad que los enemigos de la liberación de los pueblos ven como una maldición comunista. Queriendo ocultar las razones, motivaciones y causas objetivas que han permitido, aún en medio del barraje de la llamada gran prensa del mundo occidental, el desarrollo de esos sentimientos.
El Ché está por encima de esos apocalípticos individuos, tanto, que no cejó en el empeño de ayudar a otros pueblos, y se lanzó a aquella cruzada en Bolivia, en un afán libertario que no concluyó con su proyección hacia la eternidad en la conciencia de los pueblos de Nuestra América.
Hoy el Ché sigue vivo, incluso en los ojos de aquel que, atemorizado, le disparó para que sucediera hasta hoy y para siempre, el parto que lo proyecta no ya solamente en las tierras americanas de Bolívar y de Martí, sino por todo el orbe, donde aún su estrella tiene mucho que iluminar.
Autor: David Rodríguez
sábado, 14 de junio de 2008
CULTO AL PADRE DE UN PUEBLO ENTERO
En el hermoso libro de la historia de Cuba, Carlos Manuel de Céspedes es autor y protagonista de un capítulo épico, que entre el gran cúmulo de páginas gloriosas, transita desde el orgullo por la victoria bélica hasta la sensación desgarradora de la pérdida de un hijo.
Un día de mayo de 1870, el prócer iniciador de las guerras por la independencia de la Isla, rubricó, quizás la más grande expresión del altruismo humano, y a la vez, la más difícil decisión tomada por un hombre firmemente entregado a la causa noble de un pueblo.
La muerte terrible del segundo de sus preciados vástagos, representó el parto de miles, hoy millones de cubanos que estrecharon, en un abrazo definitivo, el ideal de quien, desde ese día, todos llamaron: Padre.
Alzado en la manigua, el hombre del grito libertario de La Demajagua, tuvo la vida de su querido Oscar en sus manos.
Atrapado el muchacho por tropas de la Metrópoli española, el enemigo pensó negociarle al héroe la continuidad del proceso revolucionario, en una apelación brutal al sentimiento paterno. ¡Renunciad a las armas, o tu hijo morirá bajo la pólvora de las nuestras!, gritó el tirano.
Fue un relámpago de deliberaciones en la mente del líder, un instante de reparo en los patriotas caídos en la marcha, los territorios liberados, los esclavos transformados de pronto en hombres libres… los que peleaban a su lado.
“Oscar no es mi único hijo. Hijos míos son todos los que mueren por la independencia de Cuba”, respondió de inmediato, como para borrar cualquier impresión de duda.
El mensajero sí dudó de lo escuchado, pero a Céspedes la vista se le mantuvo firme, aunque por dentro lloró lágrimas de sangre y se le partió el pecho en una gran herida, por donde le entró Cuba de extremo a extremo, con todos los pobladores fieles convertidos en sus hijos.
Cuántas cosas habrá pensado el hombre de carne y nervios, retirado de la vista de sus compatriotas, en el silencio de sus soledades, víctima de otra guerra de reproches y culpabilidades: ¡Irremediablemente, dicté la sentencia de muerte de mi muchacho!
De la histórica Sierra, 91 años después, bajó de verde olivo y en manos guerrilleras el fruto del sacrificio incalculable y la respuesta unánime al dolor del progenitor mártir: !Pero salvaste una Revolución, padre!
Carlos Manuel de Céspedes engendró la más grande familia, digna de su legado cuando dijo: “Mis herederos, como yo, no deben desear más que morir por la libertad de Cuba y una herencia pobre de dinero pero rica en virtudes cívicas”.
Este domingo, en justa veneración en la convención humana del Día de los Padres, Cuba se levanta erguida ante el altar de la Patria, para rendir tributo al hombre que ahogó el sufrimiento personal por defender la nación de la ignominia extranjera, y acomodó a sus pobladores en el regazo de la libertad.
Como hijos multiplicados, los cubanos de hoy sumarán, al beso tierno en la mejilla del padre de cada uno, el culto profundo al Padre de un pueblo entero.
Autor: Dilbert Reyes Rodriguez
Un día de mayo de 1870, el prócer iniciador de las guerras por la independencia de la Isla, rubricó, quizás la más grande expresión del altruismo humano, y a la vez, la más difícil decisión tomada por un hombre firmemente entregado a la causa noble de un pueblo.
La muerte terrible del segundo de sus preciados vástagos, representó el parto de miles, hoy millones de cubanos que estrecharon, en un abrazo definitivo, el ideal de quien, desde ese día, todos llamaron: Padre.
Alzado en la manigua, el hombre del grito libertario de La Demajagua, tuvo la vida de su querido Oscar en sus manos.
Atrapado el muchacho por tropas de la Metrópoli española, el enemigo pensó negociarle al héroe la continuidad del proceso revolucionario, en una apelación brutal al sentimiento paterno. ¡Renunciad a las armas, o tu hijo morirá bajo la pólvora de las nuestras!, gritó el tirano.
Fue un relámpago de deliberaciones en la mente del líder, un instante de reparo en los patriotas caídos en la marcha, los territorios liberados, los esclavos transformados de pronto en hombres libres… los que peleaban a su lado.
“Oscar no es mi único hijo. Hijos míos son todos los que mueren por la independencia de Cuba”, respondió de inmediato, como para borrar cualquier impresión de duda.
El mensajero sí dudó de lo escuchado, pero a Céspedes la vista se le mantuvo firme, aunque por dentro lloró lágrimas de sangre y se le partió el pecho en una gran herida, por donde le entró Cuba de extremo a extremo, con todos los pobladores fieles convertidos en sus hijos.
Cuántas cosas habrá pensado el hombre de carne y nervios, retirado de la vista de sus compatriotas, en el silencio de sus soledades, víctima de otra guerra de reproches y culpabilidades: ¡Irremediablemente, dicté la sentencia de muerte de mi muchacho!
De la histórica Sierra, 91 años después, bajó de verde olivo y en manos guerrilleras el fruto del sacrificio incalculable y la respuesta unánime al dolor del progenitor mártir: !Pero salvaste una Revolución, padre!
Carlos Manuel de Céspedes engendró la más grande familia, digna de su legado cuando dijo: “Mis herederos, como yo, no deben desear más que morir por la libertad de Cuba y una herencia pobre de dinero pero rica en virtudes cívicas”.
Este domingo, en justa veneración en la convención humana del Día de los Padres, Cuba se levanta erguida ante el altar de la Patria, para rendir tributo al hombre que ahogó el sufrimiento personal por defender la nación de la ignominia extranjera, y acomodó a sus pobladores en el regazo de la libertad.
Como hijos multiplicados, los cubanos de hoy sumarán, al beso tierno en la mejilla del padre de cada uno, el culto profundo al Padre de un pueblo entero.
Autor: Dilbert Reyes Rodriguez
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