En el hermoso libro de la historia de Cuba, Carlos Manuel de Céspedes es autor y protagonista de un capítulo épico, que entre el gran cúmulo de páginas gloriosas, transita desde el orgullo por la victoria bélica hasta la sensación desgarradora de la pérdida de un hijo.
Un día de mayo de 1870, el prócer iniciador de las guerras por la independencia de la Isla, rubricó, quizás la más grande expresión del altruismo humano, y a la vez, la más difícil decisión tomada por un hombre firmemente entregado a la causa noble de un pueblo.
La muerte terrible del segundo de sus preciados vástagos, representó el parto de miles, hoy millones de cubanos que estrecharon, en un abrazo definitivo, el ideal de quien, desde ese día, todos llamaron: Padre.
Alzado en la manigua, el hombre del grito libertario de La Demajagua, tuvo la vida de su querido Oscar en sus manos.
Atrapado el muchacho por tropas de la Metrópoli española, el enemigo pensó negociarle al héroe la continuidad del proceso revolucionario, en una apelación brutal al sentimiento paterno. ¡Renunciad a las armas, o tu hijo morirá bajo la pólvora de las nuestras!, gritó el tirano.
Fue un relámpago de deliberaciones en la mente del líder, un instante de reparo en los patriotas caídos en la marcha, los territorios liberados, los esclavos transformados de pronto en hombres libres… los que peleaban a su lado.
“Oscar no es mi único hijo. Hijos míos son todos los que mueren por la independencia de Cuba”, respondió de inmediato, como para borrar cualquier impresión de duda.
El mensajero sí dudó de lo escuchado, pero a Céspedes la vista se le mantuvo firme, aunque por dentro lloró lágrimas de sangre y se le partió el pecho en una gran herida, por donde le entró Cuba de extremo a extremo, con todos los pobladores fieles convertidos en sus hijos.
Cuántas cosas habrá pensado el hombre de carne y nervios, retirado de la vista de sus compatriotas, en el silencio de sus soledades, víctima de otra guerra de reproches y culpabilidades: ¡Irremediablemente, dicté la sentencia de muerte de mi muchacho!
De la histórica Sierra, 91 años después, bajó de verde olivo y en manos guerrilleras el fruto del sacrificio incalculable y la respuesta unánime al dolor del progenitor mártir: !Pero salvaste una Revolución, padre!
Carlos Manuel de Céspedes engendró la más grande familia, digna de su legado cuando dijo: “Mis herederos, como yo, no deben desear más que morir por la libertad de Cuba y una herencia pobre de dinero pero rica en virtudes cívicas”.
Este domingo, en justa veneración en la convención humana del Día de los Padres, Cuba se levanta erguida ante el altar de la Patria, para rendir tributo al hombre que ahogó el sufrimiento personal por defender la nación de la ignominia extranjera, y acomodó a sus pobladores en el regazo de la libertad.
Como hijos multiplicados, los cubanos de hoy sumarán, al beso tierno en la mejilla del padre de cada uno, el culto profundo al Padre de un pueblo entero.
Autor: Dilbert Reyes Rodriguez
Editado desde la ciudad de Bayamo, Cuba, por el periodista David Rodríguez Rodríguez.
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sábado, 14 de junio de 2008
miércoles, 11 de junio de 2008
PROVIDENCIA, BARTOLOMÉ MASÓ, GRANMA
Providencia es hoy mucho más que ayer, no solo comparando a ese pedazo del municipio de Bartolomé Masó con la etapa de antes de mil 959, sino con el propio proceso revolucionario y por muchísimas razones mas.
La tranquilidad ciudadana allí es pródiga, la gente que reside en ese sitio de la montaña granmense, sabe lo que tiene y lo que ha avanzado, por eso defiende las conquistas alcanzadas y se proyecta hacia el futuro con seguridad y esperanza.
En Providencia hay una especie de contrapunteo entre la belleza de la naturaleza y la belleza de su gente, en el que al final el premio queda en un empate hermoso, pues si es atrayente el entorno con sus características topográficas, más atrayente resulta ese ser humano que suma acciones al medio ambiente.
Vista hermosa la que ofrece ese río que entrega no solo la necesaria agua para la vida, sino la posibilidad de irrigar los fértiles campos de cultivo del que se alimentan los pobladores de Providencia, que se empeñan además en el incremento de los mismos para beneficio de la sociedad en general.
Llegar a ese punto de la montaña y encontrarse con su gente en el circulo social, donde se realizan diversas actividades de recreación sana, es oxigenarse, es alimentarse, es, sencillamente, sumar salud.
En Providencia la alegría salta a la vista originada en los niños que caminan hacia las escuelas, en los ancianos que se sienten seguros, atendidos y estimados, en las mujeres que ocupan su puesto en beneficio de todos, y en los hombres que no escatiman esfuerzos para lograr los propósitos en diversas tareas.
Volver a Providencia es encontrar luces que iluminan el camino, volver a ese sitio reconforta el alma y sanea el espíritu, refuerza las convicciones y aumenta el sentido de pertenencia que nos permite amar mas el terruño, y lo que se ama, se defiende, lo que se ama se apuntala, no solo con las armas, también se defiende elevando la produccion en todos los sentidos.
Allí esta Providencia, en aquel recodo de la carretera que conduce a la Comandancia de La Plata, como un bastión irreductible, donde el sol sale y se pone repartiendo su luz sin pedir nada a cambio.
De jóvenes dispuestos a ocupar el sitio de sus padres y abuelos en una continuidad histórica que sostiene el presente y dibuja el futuro con las manos de todos para el bien de todos.
Autor: David Rodriguez
NOTA:
Providencia es un sitio del antiguo municipio Estrada Palma, hoy ese territorio lleva el nombre del notable patriota cubano Bartolomé Masó Márquez, en plena Sierra Maestra, en la provincia de Granma
La tranquilidad ciudadana allí es pródiga, la gente que reside en ese sitio de la montaña granmense, sabe lo que tiene y lo que ha avanzado, por eso defiende las conquistas alcanzadas y se proyecta hacia el futuro con seguridad y esperanza.
En Providencia hay una especie de contrapunteo entre la belleza de la naturaleza y la belleza de su gente, en el que al final el premio queda en un empate hermoso, pues si es atrayente el entorno con sus características topográficas, más atrayente resulta ese ser humano que suma acciones al medio ambiente.
Vista hermosa la que ofrece ese río que entrega no solo la necesaria agua para la vida, sino la posibilidad de irrigar los fértiles campos de cultivo del que se alimentan los pobladores de Providencia, que se empeñan además en el incremento de los mismos para beneficio de la sociedad en general.
Llegar a ese punto de la montaña y encontrarse con su gente en el circulo social, donde se realizan diversas actividades de recreación sana, es oxigenarse, es alimentarse, es, sencillamente, sumar salud.
En Providencia la alegría salta a la vista originada en los niños que caminan hacia las escuelas, en los ancianos que se sienten seguros, atendidos y estimados, en las mujeres que ocupan su puesto en beneficio de todos, y en los hombres que no escatiman esfuerzos para lograr los propósitos en diversas tareas.
Volver a Providencia es encontrar luces que iluminan el camino, volver a ese sitio reconforta el alma y sanea el espíritu, refuerza las convicciones y aumenta el sentido de pertenencia que nos permite amar mas el terruño, y lo que se ama, se defiende, lo que se ama se apuntala, no solo con las armas, también se defiende elevando la produccion en todos los sentidos.
Allí esta Providencia, en aquel recodo de la carretera que conduce a la Comandancia de La Plata, como un bastión irreductible, donde el sol sale y se pone repartiendo su luz sin pedir nada a cambio.
De jóvenes dispuestos a ocupar el sitio de sus padres y abuelos en una continuidad histórica que sostiene el presente y dibuja el futuro con las manos de todos para el bien de todos.
Autor: David Rodriguez
NOTA:
Providencia es un sitio del antiguo municipio Estrada Palma, hoy ese territorio lleva el nombre del notable patriota cubano Bartolomé Masó Márquez, en plena Sierra Maestra, en la provincia de Granma
BOLA DE NIEVE
Uno de los cantantes cubanos de más renombre internacional, a lo largo de su exitosa carrera artística es Ignacio Villa, Bola de Nieve.
Su peculiar manera de cantar, casi susurrando las palabras, quedó grabada en la memoria de los que pudimos apreciar su arte.
Bola de Nieve recorrió el mundo entero, llevando en su voz la cultura cubana, en sus cantos los lamentos, la alegría, la añoranza y la esperanza de los nacidos en esta Isla, donde la música brota como el agua de los manantiales.
No quedó parte alguna de Cuba que no recibiera la presencia de aquel negro fabuloso, quien hizo del piano su más hermosa herramienta de trabajo, labor que desempeñaba como un elemento recreativo personal, de ahí la autenticidad de su obra.
Su sonrisa no les faltó a los cubanos, sus presentaciones en los más encumbrados teatros del mundo, no le limitaron sus conciertos en los sitios más humildes de Cuba.
Aquí en Bayamo se presentó en más de una ocasión en la Biblioteca Pública MIL 868, colmando las expectativas de los asistentes, interpretando magistralmente piezas como La Flor de la Canela y Vete de Mí, una de las canciones cantadas con un desgarramiento tal, que impactó a los espectadores.
Bola de Nieve es tan cubano como las palmas reales, tan cubano como el ron, tan cubano como la Enseña Nacional, tan cubano como el Pico Turquino.
Su peculiar manera de cantar, casi susurrando las palabras, quedó grabada en la memoria de los que pudimos apreciar su arte.
Bola de Nieve recorrió el mundo entero, llevando en su voz la cultura cubana, en sus cantos los lamentos, la alegría, la añoranza y la esperanza de los nacidos en esta Isla, donde la música brota como el agua de los manantiales.
No quedó parte alguna de Cuba que no recibiera la presencia de aquel negro fabuloso, quien hizo del piano su más hermosa herramienta de trabajo, labor que desempeñaba como un elemento recreativo personal, de ahí la autenticidad de su obra.
Su sonrisa no les faltó a los cubanos, sus presentaciones en los más encumbrados teatros del mundo, no le limitaron sus conciertos en los sitios más humildes de Cuba.
Aquí en Bayamo se presentó en más de una ocasión en la Biblioteca Pública MIL 868, colmando las expectativas de los asistentes, interpretando magistralmente piezas como La Flor de la Canela y Vete de Mí, una de las canciones cantadas con un desgarramiento tal, que impactó a los espectadores.
Bola de Nieve es tan cubano como las palmas reales, tan cubano como el ron, tan cubano como la Enseña Nacional, tan cubano como el Pico Turquino.
sábado, 7 de junio de 2008
OJOS RENOVADOS EN LA SIERRA MAESTRA
Pequeños y sensibles, los ojos dan al hombre la posibilidad de conocer al mundo tal como es; de ofrecer, al menos, la imagen del pequeño mundo a su alrededor.
Quien por estos días se asome a través de los ojos de cientos de montañeses cubanos, tendrá la sensación hermosa de estar en un lugar soñado, libre de egoísmos y preñado de generosidades.
Hoy podemos corroborar tales afirmaciones en las voces de mil 500 vecinos de la Sierra Maestra, residentes en cualquier comunidad del municipio de Guisa, quienes reencontraron el verdor de sus lomas tras ser operados de la vista, dicen ellos, por "hermanos" venidos de su misma tierra.
Otra vez Cuba profundamente humana. Sin embargo, a veces mezclamos el acontecimiento en la avalancha periodística, y olvidamos exaltar el enorme altruismo de la brigada médica que Sierra adentro, devolvió a los enfermos de los ojos las postales, en tiempo real, del amanecer montuno.
Complicada y cara, la cirugía oftalmológica requiere sólo de tecnología avanzada para curar un ojo; pero cuando son miles, exige, además, corazón y largueza. En 28 días, médicos, enfermeros y técnicos de ocho provincias cubanas plantaron un salón en medio de la cordillera y curaron a mil 500 personas.
El mismo tiempo demoraron otros 15 galenos, quienes ascendieron a los más intrincados rincones y revisaron, por si acaso, a cerca de 40 mil montunos.
En la oriental provincia de Granma, la experiencia se repitió en tres municipios, dos de ellos en la Maestra.
Antes de Guisa, otros cirujanos escalaron las montañas de Bartolomé Masó, y entre sus andanzas, llegaron a uno de los lugares más altos del país, en la histórica comunidad de Minas del Frío, ubicada a pocos metros de las nubes, y a 940 sobre el nivel del mar.
Hasta hoy, suman casi cuatro mil serranos los que vuelven a ver. y a agradecer. Otra vez Cuba desprendida y bondadosa. De las lomas de Guisa a otras lomas cercanas marchan ahora las batas blancas. Buey Arriba, municipio de crestas empinadas, será el próximo escenario de amor, y otros miles serán los campesinos confiados en la medicina cubana, hija de esa gran Revolución que nació por esos mismos lares escarpados.
Bajo el nombre de Operación Milagro, la pequeña Isla de "salud para todos" también abre sus servicios al mundo: el capítulo humano que termina en Guisa repite escenas similares en América Latina, y los miles de un rincón cubano se multiplican en las tierras del sur. De manos de la hermana Venezuela, Cuba repartirá luz a por lo menos seis millones de latinos.
Mientras tanto, en la mayor de las Antillas, a pocos sorprende el beneficio al montañés, acostumbrados al gesto desinteresado y presto del cubano; pero al campesino le corre la lágrima, y la vista de la hermosa campiña se le empaña, ya no por enfermedad, sí, por el alma excitada.
Asomémonos entonces a los ojos humildes y limitemos la imaginación; no vaya a ser que de mucho comparar, se nos antoje que la leyenda bíblica sobre un edén y un hombre capaz de devolver la vista a un ciego, es el pasaje real de una cordillera histórica y varios médicos cubanos.
Autor: Dilbert Reyes Rodríguez
Quien por estos días se asome a través de los ojos de cientos de montañeses cubanos, tendrá la sensación hermosa de estar en un lugar soñado, libre de egoísmos y preñado de generosidades.
Hoy podemos corroborar tales afirmaciones en las voces de mil 500 vecinos de la Sierra Maestra, residentes en cualquier comunidad del municipio de Guisa, quienes reencontraron el verdor de sus lomas tras ser operados de la vista, dicen ellos, por "hermanos" venidos de su misma tierra.
Otra vez Cuba profundamente humana. Sin embargo, a veces mezclamos el acontecimiento en la avalancha periodística, y olvidamos exaltar el enorme altruismo de la brigada médica que Sierra adentro, devolvió a los enfermos de los ojos las postales, en tiempo real, del amanecer montuno.
Complicada y cara, la cirugía oftalmológica requiere sólo de tecnología avanzada para curar un ojo; pero cuando son miles, exige, además, corazón y largueza. En 28 días, médicos, enfermeros y técnicos de ocho provincias cubanas plantaron un salón en medio de la cordillera y curaron a mil 500 personas.
El mismo tiempo demoraron otros 15 galenos, quienes ascendieron a los más intrincados rincones y revisaron, por si acaso, a cerca de 40 mil montunos.
En la oriental provincia de Granma, la experiencia se repitió en tres municipios, dos de ellos en la Maestra.
Antes de Guisa, otros cirujanos escalaron las montañas de Bartolomé Masó, y entre sus andanzas, llegaron a uno de los lugares más altos del país, en la histórica comunidad de Minas del Frío, ubicada a pocos metros de las nubes, y a 940 sobre el nivel del mar.
Hasta hoy, suman casi cuatro mil serranos los que vuelven a ver. y a agradecer. Otra vez Cuba desprendida y bondadosa. De las lomas de Guisa a otras lomas cercanas marchan ahora las batas blancas. Buey Arriba, municipio de crestas empinadas, será el próximo escenario de amor, y otros miles serán los campesinos confiados en la medicina cubana, hija de esa gran Revolución que nació por esos mismos lares escarpados.
Bajo el nombre de Operación Milagro, la pequeña Isla de "salud para todos" también abre sus servicios al mundo: el capítulo humano que termina en Guisa repite escenas similares en América Latina, y los miles de un rincón cubano se multiplican en las tierras del sur. De manos de la hermana Venezuela, Cuba repartirá luz a por lo menos seis millones de latinos.
Mientras tanto, en la mayor de las Antillas, a pocos sorprende el beneficio al montañés, acostumbrados al gesto desinteresado y presto del cubano; pero al campesino le corre la lágrima, y la vista de la hermosa campiña se le empaña, ya no por enfermedad, sí, por el alma excitada.
Asomémonos entonces a los ojos humildes y limitemos la imaginación; no vaya a ser que de mucho comparar, se nos antoje que la leyenda bíblica sobre un edén y un hombre capaz de devolver la vista a un ciego, es el pasaje real de una cordillera histórica y varios médicos cubanos.
Autor: Dilbert Reyes Rodríguez
viernes, 6 de junio de 2008
11 DE JUNIO DE 2008: 140 AÑOS DE LA BANDA DE MUSICA DE BAYAMO
Transcurría el mes de junio de 1868. Cuba estaba sumida en el terror impuesto por los colonizadores españoles, quienes sofocaban con sangre cualquier manifestación en contra de su presencia en la Isla.
Mas, los hombres y mujeres de la época ya ansiaban despojarse de la tutela peninsular y asumirían cualquier razón para rebelarse, pues era muy profunda la huella negativa de los representes de la Corona Española.
Así, en aquel ambiente enrarecido por las terribles condiciones de vida entonces, surgieron las ideas, propias de momentos de crisis, para iniciar un camino que condujera a la libertad y a la independencia.
Era el sexto mes de aquel convulso y glorioso año, Perucho Figueredo no descansaba en la búsqueda de la música que sería como La Marsellesa de la época. La concibió y la llevó entonces al orquestador de la misma.
De esa manera Manuel Muñoz entró a la historia de la Isla, pues aprovechando la celebración del Te Deum en la iglesia, puso a prueba la sagacidad y talento de sus músicos, y presentó aquella obra, que al decir de Udaeta nada tenía que ver con la liturgia, y sí mucho con la esencia guerrera.
No sabía entonces aquel militar español, que sería testigo de dos hechos de profunda raíz histórica: la fundación de la Banda de Música de Bayamo, y el estreno de las notas de lo que sería luego nuestro Himno Nacional.
Cuatro meses después, tomada la ciudad por los cubanos al mando de Carlos Manuel de Céspedes, Udaeta, desde su celda, escuchaba la música que él, inequívocamente, había calificado de bélica.
Ya desde entonces, Bayamo tuvo su Banda de Música, que a lo largo de su historia ha protagonizado hechos de relevancia política y cultural.
En la seudo República a los políticos no les interesó la Banda, mostrando así sus dotes anticulturales, manifestación propia de la ignorancia de los que tenían en sus manos los destinos de la nación.
Pero Triunfó la Revolución Cubana, y como hecho cultural de extraordinaria raíz nacional, propició desde su inicio la transformación de esas agrupaciones musicales, dueñas de la memoria de los nacidos en este país.
Qué orgullo tener en esta Ciudad a la Banda de Música mas antigua de Cuba, qué orgullo saber que fue la primera de la Isla que tocó en una plaza pública las notas de nuestro Himno Nacional y la Marcha del 26 de Julio, qué orgullo contar con sus músicos, hijos de aquellos que fundaron esta nación, desde los atriles y desde los fusiles.
Ciento cuarenta años tiene nuestra hermosa Banda de Conciertos, y es verdad que exactamente cien años después de su fundación tenía solo doce integrantes, pero, como Céspedes en Yara, estos dijeron que bastaban para seguir adelante y emprender el camino nuevamente. Y lo hicieron. Y lo lograron!
Cuando la Banda de Bayamo interpreta nuestro Himno Nacional, a los bayameses nos suena diferente, hermoso, vibrante y enaltecedor, pues se trata de una agrupación, que al pasar de los años no ha dejado de insuflar la superación y la creación de otras bandas para el disfrute de todos.
En este momento de alegría y compromiso, mencionar a Manuel Muñoz, a Rafael Cabrera, a Radamés, a Nerio, a Alarcón y a Carlos Puig Premión, significa tocar la historia, significa escuchar esa historia a través de la música que nuestra Banda de Música ha creado desde Bayamo y para toda Cuba.
Autor: David Rodríguez
Mas, los hombres y mujeres de la época ya ansiaban despojarse de la tutela peninsular y asumirían cualquier razón para rebelarse, pues era muy profunda la huella negativa de los representes de la Corona Española.
Así, en aquel ambiente enrarecido por las terribles condiciones de vida entonces, surgieron las ideas, propias de momentos de crisis, para iniciar un camino que condujera a la libertad y a la independencia.
Era el sexto mes de aquel convulso y glorioso año, Perucho Figueredo no descansaba en la búsqueda de la música que sería como La Marsellesa de la época. La concibió y la llevó entonces al orquestador de la misma.
De esa manera Manuel Muñoz entró a la historia de la Isla, pues aprovechando la celebración del Te Deum en la iglesia, puso a prueba la sagacidad y talento de sus músicos, y presentó aquella obra, que al decir de Udaeta nada tenía que ver con la liturgia, y sí mucho con la esencia guerrera.
No sabía entonces aquel militar español, que sería testigo de dos hechos de profunda raíz histórica: la fundación de la Banda de Música de Bayamo, y el estreno de las notas de lo que sería luego nuestro Himno Nacional.
Cuatro meses después, tomada la ciudad por los cubanos al mando de Carlos Manuel de Céspedes, Udaeta, desde su celda, escuchaba la música que él, inequívocamente, había calificado de bélica.
Ya desde entonces, Bayamo tuvo su Banda de Música, que a lo largo de su historia ha protagonizado hechos de relevancia política y cultural.
En la seudo República a los políticos no les interesó la Banda, mostrando así sus dotes anticulturales, manifestación propia de la ignorancia de los que tenían en sus manos los destinos de la nación.
Pero Triunfó la Revolución Cubana, y como hecho cultural de extraordinaria raíz nacional, propició desde su inicio la transformación de esas agrupaciones musicales, dueñas de la memoria de los nacidos en este país.
Qué orgullo tener en esta Ciudad a la Banda de Música mas antigua de Cuba, qué orgullo saber que fue la primera de la Isla que tocó en una plaza pública las notas de nuestro Himno Nacional y la Marcha del 26 de Julio, qué orgullo contar con sus músicos, hijos de aquellos que fundaron esta nación, desde los atriles y desde los fusiles.
Ciento cuarenta años tiene nuestra hermosa Banda de Conciertos, y es verdad que exactamente cien años después de su fundación tenía solo doce integrantes, pero, como Céspedes en Yara, estos dijeron que bastaban para seguir adelante y emprender el camino nuevamente. Y lo hicieron. Y lo lograron!
Cuando la Banda de Bayamo interpreta nuestro Himno Nacional, a los bayameses nos suena diferente, hermoso, vibrante y enaltecedor, pues se trata de una agrupación, que al pasar de los años no ha dejado de insuflar la superación y la creación de otras bandas para el disfrute de todos.
En este momento de alegría y compromiso, mencionar a Manuel Muñoz, a Rafael Cabrera, a Radamés, a Nerio, a Alarcón y a Carlos Puig Premión, significa tocar la historia, significa escuchar esa historia a través de la música que nuestra Banda de Música ha creado desde Bayamo y para toda Cuba.
Autor: David Rodríguez
domingo, 1 de junio de 2008
BAYAMO Y ALGUNOS DE SUS SITIOS EMBLEMÁTICOS
Bayamo tiene muchos sitios que con el transcurso del tiempo se convierten en emblemáticos, debido a la ubicación donde se encuentran y al paso constante de la población por ellos.
Estos lugares, que bien pueden estar asociados a un árbol, una esquina, una plaza, se llevan en el recuerdo de la gente, que los tiene muy presentes, y constituyen referencia constante.
Para un bayamés escuchar hablar de la Algarroba, tiene una connotación especial, pues se encuentra, ese árbol, en la confluencia de las calles Martí y Augusto Márquez, para mas detalles, está en el final de esa arteria que rinde homenaje perpetuo a nuestro Héroe Nacional.
Miles de lugareños pasan por debajo de ese antiguo árbol, que ya ha visto a varias generaciones de bayameses, ya sea caminando, en ómnibus, bicicleta u otros equipos automotores, pero viejo al fin, también ha sido testigo de hechos históricos.
Cerca de allí, realmente a pocos metros, se levanta una construcción que data de mil 798, recuerdo del primer cementerio a cielo abierto en este continente, así, por lo menos lo recoge la historia. Hoy es el Retablo de los Héroes, sitio de veneración patriótica.
En ese lugar se levanta el mausoleo dedicado al prócer Francisco Vicente Aguilera, uno de los iniciadores de la Revolución iniciada por Carlos Manuel de Céspedes en La Demajagua, el 10 de octubre de 1868.
Era el hombre mas rico de la zona oriental y no dudó, ni un instante, en poner toda su fortuna al servicio de la lucha por la independencia nacional. Muríó en Nueva York, pobre y enfermo, pero con el dinero de la patria en sus bolsillos.
Muy cerca, de allí, otro mausoleo guarda los restos de un patriota, José Joaquín Palma que al decir de José Martí, era ´´El Poeta de la Patria¨¨,
Hombre de principios inalterables, José Joaquín Palma, se incorporo, de los primeros, a las huestes mambisas y en tierras guatemaltecas escribió la letra del Himno Nacional de ese país hermano de Cuba.
Periodista y amigo personal de Martí, Palma fundó escuelas en ese nación centroamericana y ese pueblo lo tiene como un héroe.
Bayamo tiene mas sitios de los que debe hablarse, porque la historia aquí escrita, es referencia permanente de esa otra historia, la cubana, que tanto nos enorgullece.
Estos lugares, que bien pueden estar asociados a un árbol, una esquina, una plaza, se llevan en el recuerdo de la gente, que los tiene muy presentes, y constituyen referencia constante.
Para un bayamés escuchar hablar de la Algarroba, tiene una connotación especial, pues se encuentra, ese árbol, en la confluencia de las calles Martí y Augusto Márquez, para mas detalles, está en el final de esa arteria que rinde homenaje perpetuo a nuestro Héroe Nacional.
Miles de lugareños pasan por debajo de ese antiguo árbol, que ya ha visto a varias generaciones de bayameses, ya sea caminando, en ómnibus, bicicleta u otros equipos automotores, pero viejo al fin, también ha sido testigo de hechos históricos.
Cerca de allí, realmente a pocos metros, se levanta una construcción que data de mil 798, recuerdo del primer cementerio a cielo abierto en este continente, así, por lo menos lo recoge la historia. Hoy es el Retablo de los Héroes, sitio de veneración patriótica.
En ese lugar se levanta el mausoleo dedicado al prócer Francisco Vicente Aguilera, uno de los iniciadores de la Revolución iniciada por Carlos Manuel de Céspedes en La Demajagua, el 10 de octubre de 1868.
Era el hombre mas rico de la zona oriental y no dudó, ni un instante, en poner toda su fortuna al servicio de la lucha por la independencia nacional. Muríó en Nueva York, pobre y enfermo, pero con el dinero de la patria en sus bolsillos.
Muy cerca, de allí, otro mausoleo guarda los restos de un patriota, José Joaquín Palma que al decir de José Martí, era ´´El Poeta de la Patria¨¨,
Hombre de principios inalterables, José Joaquín Palma, se incorporo, de los primeros, a las huestes mambisas y en tierras guatemaltecas escribió la letra del Himno Nacional de ese país hermano de Cuba.
Periodista y amigo personal de Martí, Palma fundó escuelas en ese nación centroamericana y ese pueblo lo tiene como un héroe.
Bayamo tiene mas sitios de los que debe hablarse, porque la historia aquí escrita, es referencia permanente de esa otra historia, la cubana, que tanto nos enorgullece.
lunes, 26 de mayo de 2008
QUINTETO REBELDE: MEDIO SIGLO CANTANDO A LA REVOLUCIÓN
Aquel fue un acontecimiento extraordinario. Los soldados de la tiranía no tenían la más mínima noción de lo que sucedía en las montañas serranas.
La sorpresa fue tremenda, en medio de los disparos de uno y otro bando, se escuchaba la música que salía de las entrañas de la tierra, de las entrañas mismas de la naturaleza agreste y hermosa de las elevaciones.
Era algo inusitado, inesperado para aquella tropa entrenada para asesinar, que al compás de aquella música y de las voces que al parecer emergían del agua de los arroyos, se desmoralizaban, se desarmaban, ellos que decían tener los armamentos mas avanzados de la época.
Se desarmaban moralmente al mismo tiempo, carentes de ideas nobles que defender, sumidos en la desesperación por el temor provocado por cuerdas de guitarras, maracas, claves, guayos y viriles voces de guerrilleros cantantes, de guerrilleros músicos.
Jamás hubo tal expresión de cultura en las guerras de este mundo. Nunca se había visto esa experiencia en los conflictos bélicos, pero aquellos hombres valientes que exigían un fusil para pelear, comprendieron después que poseían armas extraordinarias, que hacían mucho daño a los soldados del dictador: sus instrumentos y sus ideas.
Eran solo cinco hombres, analfabetos, pero suficientemente educados en el amor a la patria. Ellos irrigaron por todas las montañas el sabor de la música cubana, ya comprometida con la causa noble de la libertad.
Medio siglo ha transcurrido de aquel hecho histórico y como para demostrar que siguen en combate, no se han despojado del verde uniforme fidelista, lo llevan a cualquier presentación con la dignidad que solo radica en artistas entregados a la edificación del socialismo desde las propias montañas donde hicieron su estreno victorioso.
Hablamos de un Quinteto, que ya es Sexteto, pero perfectamente puede ser todo un pueblo que, vestido con el verde olivo nacido en el verde color de la Sierra Maestra, canta y cantará siempre aquello que dice:
Hay que cuidar a Fidel!
Autor: David Rodríguez Rodríguez
La sorpresa fue tremenda, en medio de los disparos de uno y otro bando, se escuchaba la música que salía de las entrañas de la tierra, de las entrañas mismas de la naturaleza agreste y hermosa de las elevaciones.
Era algo inusitado, inesperado para aquella tropa entrenada para asesinar, que al compás de aquella música y de las voces que al parecer emergían del agua de los arroyos, se desmoralizaban, se desarmaban, ellos que decían tener los armamentos mas avanzados de la época.
Se desarmaban moralmente al mismo tiempo, carentes de ideas nobles que defender, sumidos en la desesperación por el temor provocado por cuerdas de guitarras, maracas, claves, guayos y viriles voces de guerrilleros cantantes, de guerrilleros músicos.
Jamás hubo tal expresión de cultura en las guerras de este mundo. Nunca se había visto esa experiencia en los conflictos bélicos, pero aquellos hombres valientes que exigían un fusil para pelear, comprendieron después que poseían armas extraordinarias, que hacían mucho daño a los soldados del dictador: sus instrumentos y sus ideas.
Eran solo cinco hombres, analfabetos, pero suficientemente educados en el amor a la patria. Ellos irrigaron por todas las montañas el sabor de la música cubana, ya comprometida con la causa noble de la libertad.
Medio siglo ha transcurrido de aquel hecho histórico y como para demostrar que siguen en combate, no se han despojado del verde uniforme fidelista, lo llevan a cualquier presentación con la dignidad que solo radica en artistas entregados a la edificación del socialismo desde las propias montañas donde hicieron su estreno victorioso.
Hablamos de un Quinteto, que ya es Sexteto, pero perfectamente puede ser todo un pueblo que, vestido con el verde olivo nacido en el verde color de la Sierra Maestra, canta y cantará siempre aquello que dice:
Hay que cuidar a Fidel!
Autor: David Rodríguez Rodríguez
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