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martes, 25 de febrero de 2014

Extraordinaria Respuesta de Guillermo Rodriguez Rivera a Ruben Blades




24 de febrero de 2014


Publicado en el blog Segunda Cita de Silvio Rodriguez
LUNES, 24 DE FEBRERO DE 2014

¡Qué fallo!

Las verdaderas revoluciones son siempre difíciles. Che Guevara sabía algo de eso y decía que, en las verdaderas, se vence o se muere, porque una revolución no es una tranquila, pacífica obra de beneficencia, como cuando las encopetadas damas de la alta sociedad salen a hacerle caridad a los que no tienen justicia.

Una revolución es un vuelco, una ruptura, un abrupto cambio de perspectiva. Es cuando los oprimidos dejan de creer en que los que mandan –los que los oprimen– tienen la verdad de su lado, y piensan que el mundo puede ser diferente de como ha sido hasta entonces.

Pero claro que los opresores no se resignan a abandonar sus posiciones de dominio y luchan a vida o muerte por ellas, aunque aparentemente, los “otros” sean sus connacionales: enseguida se enajenan de la mayoría del pueblo, porque las revoluciones –no los golpes de estado– siempre son obra de la mayoría.

En un respetuoso diálogo con el presidente venezolano aunque no tanto con sí mismo, el cantautor Rubén Blades, hace años uno de los abanderados de la canción social en América Latina, expone su concepto de revolución:



           Para mí, la verdadera revolución social

            es la que entrega mejor calidad de vida a

            todos, la que satisface las necesidades

            de la especie humana, incluida la necesidad

            de ser reconocidos y de llegar al estadio

            de auto-realización, la que entrega oportunidad

            sin esperar servidumbre en cambio.

            Eso, desafortunadamente, no ha ocurrido

            todavía con ninguna revolución[1].

Ni va a ocurrir en ninguna revolución verdadera, Rubén. No era sino la voluntad de mejorar la calidad de vida de la gente lo que inspiró la Reforma Agraria cubana, que entregó parcelas a miles de campesinos sin tierra y, esencial para procurar mejor calidad de vida, fue la alfabetización cubana de 1961, –porque no hay autorrealización sin saber leer– pero enseguida llegaron la invasión de Bahía de Cochinos y el bloqueo económico que es repudiado cada año en la ONU, aunque acaba de cumplir 52.

Me fascina esa idea de que una revolución social “satisface las necesidades de la especie humana”, y claro que eso solo lo hace una revolución cuando se la ve históricamente: no habría democracia ni derechos humanos sin la prédica de los iluministas: sin Voltaire, Montesquieu, Rousseau, pero los que llevaron adelante esas ideas en la práctica social, los que las impusieron como “necesidades de la especie humana” –Danton, Marat, Robespierre , porque las monarquías gobernaban por derecho divino– guillotinaron a la aristocracia francesa que se rebeló contra ellas, la aristocracia que ahogaba en sufrimientos, en miseria los derechos de lossans culottes, acaso los que Evita Perón llamó en su momento “los descamisados” y Martí “los pobres de la tierra”.

El tiempo ha pasado, nos recuerda Blades, pero los derechistas venezolanos llaman “los tierrúos” a esos pobres sin zapatos que ellos explotan en el siglo XXI. Es imposible que una revolución haga felices a los dos grupos, porque la revolución va a dar justicia, y hacer justicia no es una fiesta de cumpleaños.

Es decir que nunca ha habido una revolución social como entiende Blades que debe ser. ¿Será que él no sabe lo que es una revolución social? Según se deduce de lo que escribe, no lo la sido ni la inglesa, ni la francesa, ni la rusa, ni la mexicana, ni mucho menos la cubana que lideró Fidel Castro. Presumo que tampoco la venezolana de hace doscientos años, pese a que Blades escribe de esa Venezuela que ama como “el pueblo de Bolívar”. Y ¿qué hizo el Libertador? ¿Una tranquila y plácida obra de bienestar social? No gritó Patria o Muerte, sino que firmó un decreto de guerra a muerte para los enemigos de la patria, que eran los de la revolución.

Blades no sólo lo proclama ahora en esa respuesta a Maduro, sino que lo cantaba en sus canciones latinoamericanistas: “de una raza unida, la que Bolívar soñó”. Entonces, ¿el intento de realizar el sueño de Bolívar no es el proceso integrador que emprendió Chávez, y que enfrenta a un imperio que nos quiere divididos, sino que únicamente servirá para mover el culo bailando salsa? Y cantar a voz en cuello: “A to’a la gente allá en los Cerritos que hay en Caracas protégela”. A “to’a esa gente” la protegen, además de María Lionza, los médicos de Barrio Adentro, porque esos que gritan y agreden en las calles no se ocuparon jamás de la salud de los venezolanos humildes.

Tal vez fue María Lionza la que los mandó a bajar de los Cerritos, cuando el golpe de estado de abril de 2002, para sitiar el ocupado palacio de Miraflores y exigir el regreso del presidente que habían elegido.  No te dejes confundir, Blades, “busca el fondo y su razón”, y trata de entender las revoluciones de la historia, no las que soñamos para tranquilizarnos.

Para Blades, el programa político del chavismo “obviamente no es aceptado por la mayoría de la población”. Lo que quiere decir que la mayoría que eligió a Maduro, no lo es.  Blades ignora las 18 elecciones ganadas por el chavismo y el casi 60% de votantes que el PSUV obtuvo en las elecciones de diciembre –que la derecha dijo que sería un plebiscito– y declara mayoría a los representantes de la vieja derecha derrocada por Pablo Pueblo, porque ese hombre –nos recordó Neruda–  despierta cada doscientos años, con Bolívar.

Me recuerdo a mí mismo, en los años setenta, en el antiguo apartamento de Silvio Rodríguez, con su puerta negra en la que había golpeado el mundo, descubriendo los primeros trabajos de Rubén Blades con la orquesta de Willy Colón. Nos encantábamos de encontrar una salsa patriótica, “La maleta”, aunque sabíamos que no eran ideas unánimes entre los latinoamericanos. Ninguna idea hondamente renovadora consigue apoyo unánime, al menos cuando aparece: el poder establecido –eso que los norteamericanos llaman stablishment–tiene muchos resortes, muchas maneras de “convencer”, de imponer sus intereses, y sabe que son pocos los que no ceden ante ellos.

Una cosa es cantar y otra vivir lo que se canta, y cantarlo en todas partes. Tengo vivo el recuerdo de ese extraordinario salsero que es Oscar D’Leòn, cantándole, en los años ochenta, a un público cubano que lo adoraba, que llenaba un coliseo de 15 mil localidades para escucharlo y cantar con él. Lo recuerdo feliz, arrojándose al suelo del aeropuerto de La Habana para besar la tierra de la isla al partir y, a las semanas, lo vi abjurando de su viaje a Cuba, cuando los magnates del disco en el Miami contrarrevolucionario, lo acusaron de comunista por cantar en La Habana, y amenazaron con cerrarle todas sus puertas, que eran también las más lucrativas de su realización como artista.

 Oscar sabía que esa derecha, esa burguesía –y mucho menos el poder imperial que tenían detrás– no bromeaban: a Benny Moré, que era el mejor cantante de América Latina, la RCA Víctor no le grabó un disco más cuando decidió quedarse a vivir y a cantar en la Cuba revolucionaria.

 Todo me lo explico, pero tengo la tristeza de que ya no podré escuchar a Rubén Blades como ese cantor de nuestra América que quiso ser. 

viernes, 21 de febrero de 2014

FRANCISCO VICENTE AGUILERA: UN GRAN HOMBRE, UN GRAN PATRIOTA. (1821-1877)



Los grandes hombres no deben ser olvidados por sus pueblos a los que hayan dedicado la vida en pos de alcanzar la felicidad humana a través de la independencia nacional.

La ciudad de Bayamo tiene la honra de haber sido cuna de valiosos hombres y mujeres que a lo largo de su historia han aportado esfuerzos extraordinarios en el azaroso camino de la redención patria.




Uno de esos patriotas que con dignidad contribuyo a la lucha contra la presencia colonialista en el archipiélago cubano tiene un nombre imborrable en la historia cubana: Francisco Vicente Aguilera.

El ilustre abogado y acaudalado bayamés, que bien pudo disfrutar de sus riquezas y vivir una vida sin sobresaltos, prefirió entregarse por completo a una idea que cristalizo el 10 de octubre de 1868.

Aguilera tomo conciencia de la situación imperante en la Isla con la presencia del colonialismo español y tomo partida por un cambio radical que comenzó precisamente con la alborada de La Demajagua.

Siendo el Presidente del Comité Revolucionario en el que se conspiraba contra España no reclamo para sí la posición principal de la lucha, todo lo contrario, apoyo a Céspedes de inmediato cuando se alzo aquel día glorioso.

Se sumo como un soldado mas en esa legión de hombres y mujeres bayameses que prefirieron morir luchando que soportando la ignominia de la explotación colonialista española en la tierra que los vio nacer.

Sin duda estamos ante un coloso de la historia cubana, que para gloria de esta ciudad, dio aquí su primer grito el 23 de junio de 1821, siendo sus padres el coronel Antonio María Aguilera y su mamá Juana Tamayo Infante.

De ese matrimonio nacieron él y su hermano Antonio María quien murió en La Habana siendo muy joven, por lo que heredo toda la fortuna que habían alcanzado sus progenitores.

Francisco Vicente Aquilera era muy querido por las personas más humildes cercanas pues las trataba como iguales con respeto y consideración, lo que hacía más fácil sus relaciones con estas.

Tuvo participación activa durante la Toma de la Ciudad de Bayamo el 20 de octubre de 1868 y colaboro activamente durante los tres meses que gobernó el mambisado cespediano.

Cuando la ciudad se convirtió en pavesa, él y su familia partieron a la manigua, sufriendo los rigores de la decisión tomada, hasta que Céspedes lo envió al extranjero como representante especial.

Llego a Nueva York para reunir recursos con el objetivo de enviarlos para la lucha en la Isla, murió solo y enfermo en esa fría ciudad en la que no encontró la ayuda del gobierno de ese país en su empeño.

Murió el 22 de febrero de 1877, aquejado de cáncer de laringe.
 

Hoy sabado recordaremos el aniversario 137 de su muerte por lo que Bayamo le rendirá homenaje por su condición de Mayor General del Ejército Libertador y Vicepresidente de la República en Armas.

miércoles, 19 de febrero de 2014

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: Guantánamo apuesta por la formación integral de sus ciudadanos Por Mabel Pozo Ramírez  Blog Historias de Vida Blogueros guantanamero...

jueves, 13 de febrero de 2014

HOY ES EL DIA DE LOS ENAMORADOS




Hoy es el día de los enamorados.

 El Día de Amor y Amistad

La historia que sigue está basada en hechos reales, solo se han omitido los nombres de las personas involucradas por una cuestión eminentemente ética y de respeto a sus memorias.

Bayamo siempre ha tenido hermosas historias de amor. 

Quizás una de las más conocidas sea aquella que se protagonizo el 27 de marzo de 1851 cuando un enamorado unió a varios amigos para cantar una canción.

De esa manera surgió en Cuba la primera canción romántica, dedicada en este caso a Luz Vázquez y Moreno, una bellísima mujer que en ese instante tenía contradicciones con su novio. Nacía entonces La Bayamesa.

Esa historia es bien conocida en Bayamo y en toda Cuba, por lo que significo por la letra y por la melodía, constituyéndose en un paradigma de la canción de la Isla.

Si aquella historia no basto para confirmar lo enamorados que son los bayameses y las bayamesas, lo que a continuación exponemos también forma parte de esos sentimientos.

Ocurrió en los años 80 y 90 del pasado siglo y aunque ya en la Plaza de la Revolución de Bayamo los enamorados habían dejado la tradición de dar vueltas a lo que llamamos parque, si había vestigios de un amor eterno.

Esa relación debió durar mucho tiempo pues los protagonistas  ya en la curva final de sus días y  de los que no diremos sus nombres, tenían entre 75 u 80 años de edad.

Vivian en sitios diferentes de la Ciudad Monumento, pero era allí, en la Plaza de la Revolución, donde se veían de manera cotidiana, solo una fuerza mayor podía impedir el encuentro amoroso.

El llegaba, vestido elegantemente. Ella no se quedaba atrás, con su vestido de color entero y maquillada para el encuentro con el ser amado, quien se ponía de pie, le daba un beso y la acomodaba en el asiento.

Acto seguido juntaban sus manos y conversaban en susurros como para que ningún intruso interfiriera en sus diálogos, quizás hablando de sus vidas, de sus tropiezos o de ese amor que solo la muerte pudo detener.

Y así pasaban horas mirándose a los ojos que son la expresión del alma y más cuando el amor los rodeaba en medio de aquella plaza, cuyos arboles protegieron esa relación de tantos años.

La despedida era lo más triste. El, se ponía de pie y la ayudaba a ella a hacer lo mismo. Seguidamente se daban un beso corto, pero sincero y emprendían el regreso a casa, cada uno por su lado.

Eran pasos achacosos, lentos, como si no quisieran separarse el uno del otro, pero, pasos al fin, la distancia se hacía más evidente, pero una última mirada, sellaba una noche, otra noche de amor en la plaza bayamesa.


Cambios en Cuba: Gorki Águila, un visidente “digno” y con “principi...

Cambios en Cuba: Gorki Águila, un visidente “digno” y con “principi...: Por M. H. Lagarde Varios sitios y blogs anticubanos del sur de la Florida y España han divulgado en Internet por estos días una campaña de...

SE NOS FUE EL JUGLAR, NOS QUEDAN SUS CANCIONES




Me ha dolido mucho el fallecimiento de Santiaguito Feliu.

En primer término porque se ha ido un ser humano, y cuando un semejante muere, sea quien sea, también muere un poco de nosotros.


Lo conocí hace muchos años a través de su hermano Vicente, pero ya el traía ese bichito de la composición y la interpretación muy adentro de su ser, así que llego adonde llego, influenciado, pero con voz propia.

Algunas veces durante mis visitas a La Habana escuchaba el impacto que tenían sus temas en los jóvenes que acudían a sus conciertos que terminaba extenuado, dado el nivel de entrega para su auditorio.

Siempre pensé que Santiaguito podía llegar a la cima de esa montaña a la que todo músico aspira no solo pisarla, sino a mantenerse como esos horcones que aguantan a las viejas casonas.

El  era eso: un horcón de este último tiempo, como lo fueron en el suyo Sindo Garay, Miguel Matamoros, María Teresa Vera y otros muchos que no han dejado morir la presencia de la guitarra en nuestras vidas.

Lo recuerdo en una de sus visitas Bayamo junto a Donato Poveda, su compañero en una etapa importante en la que compartieron escenarios, giras y un montón de canciones inolvidables.

Su deceso ha estremecido a la sociedad cubana que no esperaba esta infausta noticia teniendo en cuenta la edad de 51 años que Santiaguito tenia y que nos ha dejado estrepitosamente anonadados.

Pero desde su guitarra continuaran saliendo los acordes que tanto disfrutamos, compartimos y llevaremos siempre en la memoria aunque el no se lo hubiese propuesto.

Ahí radica parte de su grandeza pues siempre compuso sin pretender llevarnos por los vericuetos de sus letras, pero al final terminábamos secuestrados por su talento, y por la expresión de su guitarra.

Sobre el escenario era el trovador irreverente, enemigo de las formalidades, acusador eterno del facilismo y de las frivolidades, eso sí, era luz tenue o incandescente, frágil o contundente, pero siempre inclaudicable, brillante.

Hoy ese poema canción llamado Vida, cobra especial vigencia en un momento en que los pueblos la buscan desesperadamente a través de la unidad preconizada por Bolívar y Martí.

¨¨Vida, la montaña está en la sangre, en tantas calles, la montaña está pariendo el porvenir de este planeta¨¨.

Ha partido el juglar. Se ha llevado su guitarra, sus musas, pero las canciones hermosas las ha dejado para que nosotros le construyamos un monumento de manera cotidiana con el fulgor de su sonrisa.



AY, VIDA


Vida, traes entre las manos vivas
la esperanza y un motivo
para que tu sed resulte
para todos un camino.

Vida, la guerra tendrá un sentido
de renacimiento y sueños,
sueños que harán del hombre
un humano, un buen destino.

Vida, te buscamos desde siempre
y, ahora, somos toda una razón armada
desde el alma hasta tu vientre.

Vida, porque es el verdadero trecho
para que tu pecho rompa este cielo gris.

Vida, a la muerte le queda un tiro
y un corazón te defiende
y hace de tus alas grandes
una historia para siempre por el amor.

Vida, vendrás quemando el eco
que quiera tener lo viejo,
quien no tuvo nunca manos
ni palabras por tu triunfo.

Vida, los verdaderos hombres
sólo son gigantes brazos
que le nacen a la tierra
y se van a la montaña.

Vida, la montaña está en la sangre,
en tantas calles,
la montaña está pariendo el porvenir
de este planeta.

Vida, de este planeta indio y negro y blanco,
poderoso y pobres,
todos al final.

Vida, a la muerte le queda un tiro
y un corazón te defiende
y hace de tus alas grandes
una historia para siempre por el amor.

viernes, 7 de febrero de 2014

El caimán sin muela: El Pepe

El caimán sin muela: El Pepe: José Mujica no descarta volver a dedicarse a vender flores cuando concluya lo que él llama “la changuita de ser presidente”. Proyecta, ad...