Seguidores

viernes, 21 de febrero de 2014

FRANCISCO VICENTE AGUILERA: UN GRAN HOMBRE, UN GRAN PATRIOTA. (1821-1877)



Los grandes hombres no deben ser olvidados por sus pueblos a los que hayan dedicado la vida en pos de alcanzar la felicidad humana a través de la independencia nacional.

La ciudad de Bayamo tiene la honra de haber sido cuna de valiosos hombres y mujeres que a lo largo de su historia han aportado esfuerzos extraordinarios en el azaroso camino de la redención patria.




Uno de esos patriotas que con dignidad contribuyo a la lucha contra la presencia colonialista en el archipiélago cubano tiene un nombre imborrable en la historia cubana: Francisco Vicente Aguilera.

El ilustre abogado y acaudalado bayamés, que bien pudo disfrutar de sus riquezas y vivir una vida sin sobresaltos, prefirió entregarse por completo a una idea que cristalizo el 10 de octubre de 1868.

Aguilera tomo conciencia de la situación imperante en la Isla con la presencia del colonialismo español y tomo partida por un cambio radical que comenzó precisamente con la alborada de La Demajagua.

Siendo el Presidente del Comité Revolucionario en el que se conspiraba contra España no reclamo para sí la posición principal de la lucha, todo lo contrario, apoyo a Céspedes de inmediato cuando se alzo aquel día glorioso.

Se sumo como un soldado mas en esa legión de hombres y mujeres bayameses que prefirieron morir luchando que soportando la ignominia de la explotación colonialista española en la tierra que los vio nacer.

Sin duda estamos ante un coloso de la historia cubana, que para gloria de esta ciudad, dio aquí su primer grito el 23 de junio de 1821, siendo sus padres el coronel Antonio María Aguilera y su mamá Juana Tamayo Infante.

De ese matrimonio nacieron él y su hermano Antonio María quien murió en La Habana siendo muy joven, por lo que heredo toda la fortuna que habían alcanzado sus progenitores.

Francisco Vicente Aquilera era muy querido por las personas más humildes cercanas pues las trataba como iguales con respeto y consideración, lo que hacía más fácil sus relaciones con estas.

Tuvo participación activa durante la Toma de la Ciudad de Bayamo el 20 de octubre de 1868 y colaboro activamente durante los tres meses que gobernó el mambisado cespediano.

Cuando la ciudad se convirtió en pavesa, él y su familia partieron a la manigua, sufriendo los rigores de la decisión tomada, hasta que Céspedes lo envió al extranjero como representante especial.

Llego a Nueva York para reunir recursos con el objetivo de enviarlos para la lucha en la Isla, murió solo y enfermo en esa fría ciudad en la que no encontró la ayuda del gobierno de ese país en su empeño.

Murió el 22 de febrero de 1877, aquejado de cáncer de laringe.
 

Hoy sabado recordaremos el aniversario 137 de su muerte por lo que Bayamo le rendirá homenaje por su condición de Mayor General del Ejército Libertador y Vicepresidente de la República en Armas.

miércoles, 19 de febrero de 2014

milloLa Guantanamera: Guantánamo convoca al Tuitazo el Valor de los valo...

: Guantánamo apuesta por la formación integral de sus ciudadanos Por Mabel Pozo Ramírez  Blog Historias de Vida Blogueros guantanamero...

jueves, 13 de febrero de 2014

HOY ES EL DIA DE LOS ENAMORADOS




Hoy es el día de los enamorados.

 El Día de Amor y Amistad

La historia que sigue está basada en hechos reales, solo se han omitido los nombres de las personas involucradas por una cuestión eminentemente ética y de respeto a sus memorias.

Bayamo siempre ha tenido hermosas historias de amor. 

Quizás una de las más conocidas sea aquella que se protagonizo el 27 de marzo de 1851 cuando un enamorado unió a varios amigos para cantar una canción.

De esa manera surgió en Cuba la primera canción romántica, dedicada en este caso a Luz Vázquez y Moreno, una bellísima mujer que en ese instante tenía contradicciones con su novio. Nacía entonces La Bayamesa.

Esa historia es bien conocida en Bayamo y en toda Cuba, por lo que significo por la letra y por la melodía, constituyéndose en un paradigma de la canción de la Isla.

Si aquella historia no basto para confirmar lo enamorados que son los bayameses y las bayamesas, lo que a continuación exponemos también forma parte de esos sentimientos.

Ocurrió en los años 80 y 90 del pasado siglo y aunque ya en la Plaza de la Revolución de Bayamo los enamorados habían dejado la tradición de dar vueltas a lo que llamamos parque, si había vestigios de un amor eterno.

Esa relación debió durar mucho tiempo pues los protagonistas  ya en la curva final de sus días y  de los que no diremos sus nombres, tenían entre 75 u 80 años de edad.

Vivian en sitios diferentes de la Ciudad Monumento, pero era allí, en la Plaza de la Revolución, donde se veían de manera cotidiana, solo una fuerza mayor podía impedir el encuentro amoroso.

El llegaba, vestido elegantemente. Ella no se quedaba atrás, con su vestido de color entero y maquillada para el encuentro con el ser amado, quien se ponía de pie, le daba un beso y la acomodaba en el asiento.

Acto seguido juntaban sus manos y conversaban en susurros como para que ningún intruso interfiriera en sus diálogos, quizás hablando de sus vidas, de sus tropiezos o de ese amor que solo la muerte pudo detener.

Y así pasaban horas mirándose a los ojos que son la expresión del alma y más cuando el amor los rodeaba en medio de aquella plaza, cuyos arboles protegieron esa relación de tantos años.

La despedida era lo más triste. El, se ponía de pie y la ayudaba a ella a hacer lo mismo. Seguidamente se daban un beso corto, pero sincero y emprendían el regreso a casa, cada uno por su lado.

Eran pasos achacosos, lentos, como si no quisieran separarse el uno del otro, pero, pasos al fin, la distancia se hacía más evidente, pero una última mirada, sellaba una noche, otra noche de amor en la plaza bayamesa.


Cambios en Cuba: Gorki Águila, un visidente “digno” y con “principi...

Cambios en Cuba: Gorki Águila, un visidente “digno” y con “principi...: Por M. H. Lagarde Varios sitios y blogs anticubanos del sur de la Florida y España han divulgado en Internet por estos días una campaña de...

SE NOS FUE EL JUGLAR, NOS QUEDAN SUS CANCIONES




Me ha dolido mucho el fallecimiento de Santiaguito Feliu.

En primer término porque se ha ido un ser humano, y cuando un semejante muere, sea quien sea, también muere un poco de nosotros.


Lo conocí hace muchos años a través de su hermano Vicente, pero ya el traía ese bichito de la composición y la interpretación muy adentro de su ser, así que llego adonde llego, influenciado, pero con voz propia.

Algunas veces durante mis visitas a La Habana escuchaba el impacto que tenían sus temas en los jóvenes que acudían a sus conciertos que terminaba extenuado, dado el nivel de entrega para su auditorio.

Siempre pensé que Santiaguito podía llegar a la cima de esa montaña a la que todo músico aspira no solo pisarla, sino a mantenerse como esos horcones que aguantan a las viejas casonas.

El  era eso: un horcón de este último tiempo, como lo fueron en el suyo Sindo Garay, Miguel Matamoros, María Teresa Vera y otros muchos que no han dejado morir la presencia de la guitarra en nuestras vidas.

Lo recuerdo en una de sus visitas Bayamo junto a Donato Poveda, su compañero en una etapa importante en la que compartieron escenarios, giras y un montón de canciones inolvidables.

Su deceso ha estremecido a la sociedad cubana que no esperaba esta infausta noticia teniendo en cuenta la edad de 51 años que Santiaguito tenia y que nos ha dejado estrepitosamente anonadados.

Pero desde su guitarra continuaran saliendo los acordes que tanto disfrutamos, compartimos y llevaremos siempre en la memoria aunque el no se lo hubiese propuesto.

Ahí radica parte de su grandeza pues siempre compuso sin pretender llevarnos por los vericuetos de sus letras, pero al final terminábamos secuestrados por su talento, y por la expresión de su guitarra.

Sobre el escenario era el trovador irreverente, enemigo de las formalidades, acusador eterno del facilismo y de las frivolidades, eso sí, era luz tenue o incandescente, frágil o contundente, pero siempre inclaudicable, brillante.

Hoy ese poema canción llamado Vida, cobra especial vigencia en un momento en que los pueblos la buscan desesperadamente a través de la unidad preconizada por Bolívar y Martí.

¨¨Vida, la montaña está en la sangre, en tantas calles, la montaña está pariendo el porvenir de este planeta¨¨.

Ha partido el juglar. Se ha llevado su guitarra, sus musas, pero las canciones hermosas las ha dejado para que nosotros le construyamos un monumento de manera cotidiana con el fulgor de su sonrisa.



AY, VIDA


Vida, traes entre las manos vivas
la esperanza y un motivo
para que tu sed resulte
para todos un camino.

Vida, la guerra tendrá un sentido
de renacimiento y sueños,
sueños que harán del hombre
un humano, un buen destino.

Vida, te buscamos desde siempre
y, ahora, somos toda una razón armada
desde el alma hasta tu vientre.

Vida, porque es el verdadero trecho
para que tu pecho rompa este cielo gris.

Vida, a la muerte le queda un tiro
y un corazón te defiende
y hace de tus alas grandes
una historia para siempre por el amor.

Vida, vendrás quemando el eco
que quiera tener lo viejo,
quien no tuvo nunca manos
ni palabras por tu triunfo.

Vida, los verdaderos hombres
sólo son gigantes brazos
que le nacen a la tierra
y se van a la montaña.

Vida, la montaña está en la sangre,
en tantas calles,
la montaña está pariendo el porvenir
de este planeta.

Vida, de este planeta indio y negro y blanco,
poderoso y pobres,
todos al final.

Vida, a la muerte le queda un tiro
y un corazón te defiende
y hace de tus alas grandes
una historia para siempre por el amor.

viernes, 7 de febrero de 2014

El caimán sin muela: El Pepe

El caimán sin muela: El Pepe: José Mujica no descarta volver a dedicarse a vender flores cuando concluya lo que él llama “la changuita de ser presidente”. Proyecta, ad...

lunes, 3 de febrero de 2014

CARTA AL PRESIDENTE OBAMA



Comité Internacional por la Libertad 
de los 5 Cubanos
 


5 de Febrero por los Cinco   
Autor y Profesor Piero Gleijeses Envía  
Carta a Obama 

 
 
Piero Gleijeses es profesor de Política Exterior de Estados Unidos en la Facultad de Estudios Internacionales Avanzados de la Universidad Johns Hopkins. Su libro más reciente es Visiones de Libertad: La Habana, Washington, Pretoria y la Lucha para el África Meridional, 1976-1991, Chapel Hill, 2013.  Es autor de El Ritmo Cubano: Cosmovisión de Castro, Seagull Books, 2009; Misiones Contradictorias: La Habana, Washington y África, 1959-1976. Chapel Hill, 2002; Esperanza Rota: La Revolución Guatemalteca y los Estados Unidos, 1944-1954, Princeton, 1992; La Crisis Dominicana: La Revuelta Constitucionalista de 1965 y la Intervención Americana. Baltimore, 1978 (edición revisada: La Esperanza Desgarrada: la Rebelión Dominicana de 1965 y la Invasión Norteamericana, República Dominicana, 2012). 
 


 
5 de Febrero, 2014

Señor presidente, 
            
No le hablaré de los errores jurídicos del juicio contra los Cinco Cubanos. Estos errores son muy conocidos y otros han escrito sobre ellos. Los Cinco fueron condenados por un tribunal de opereta a largas penas a causa de los crímenes de Fidel Castro.
            
¿Cuáles son estos crímenes? 
            
Por cierto, no tienen nada que ver con el estado de la democracia política en Cuba. Estados Unidos tiene muy buenas relaciones con el gobierno de Arabia Saudita y, como usted sabe, allá no existen libertades políticas; de hecho, ni siquiera hay libertad de religión y los derechos de las mujeres son severamente cercenados. 
            
El crimen de Fidel Castro - por el cual los Cinco tienen que pagar - es evidente: él ha humillado a los Estados Unidos. Tal como lo dijo un ex-embajador británico en Cuba, Castro es "todavía un hueso metido en la garganta de los americanos. Ha desafiado y ridiculizado a la única superpotencia del mundo, y  eso no se le perdona."[1]
            
¿Donde es que los hermanos Castro desafiaron a los Estados Unidos? Uno de los lugares más importantes es África meridional.  Yo estoy seguro de que usted se dio cuenta de esto en su reciente viaje a Suráfrica cuando fue testigo del cariño con el cual el pueblo surafricano recibió a Raúl Castro. Y escuchó las palabras del presidente del Congreso Nacional Africano: "Ahora vamos a presentar a un líder que viene de una pequeña isla, de un pueblo que nos liberó, que luchó por nosotros... el pueblo de Cuba." 
            
Sin embargo, cuando los cubanos luchaban por la liberación del pueblo de Suráfrica, sucesivos gobiernos americanos hacían todo lo posible para impedírselo.
            
En octubre de 1975, los surafricanos, alentados por el gobierno de Gerald Ford, invadieron Angola para aplastar el Movimiento Popular para la Liberación de Angola (MPLA), de izquierda. Cuba reaccionó, enviando 36,000 soldados a Angola. Para abril de 1976, los cubanos habían empujado a los surafricanos fuera del territorio angolano.
            
La victoria surafricana en Angola hubiera apretado la garra de la dominación blanca sobre los pueblos de África Austral. Fue un momento definitorio. Fidel Castro envió sus tropas a Angola por su compromiso con lo que él ha llamado "la causa más bonita de la humanidad,"[2] la lucha contra el apartheid. Como Kissinger observó más tarde, Castro "era probablemente el más genuino líder revolucionario entonces en el poder."[3]
            
La ola desatada por la victoria cubana en Angola se  esparció sobre Suráfrica.  Mandela recordó más tarde, que se enteró de la victoria cubana en Angola mientras estaba encarcelado en Robben Island. "Yo me encontraba en prisión cuando por primera vez escuché de la ayuda  masiva que las fuerzas internacionalistas cubanas le estaban dando al pueblo de Angola. ... Nosotros en África estamos acostumbrados a ser víctimas de otros países que quieren desgajar nuestro territorio o subvertir nuestra  soberanía. En la historia africana no existe otro caso de un pueblo que se haya alzado en defensa de uno de los nuestros."[4]
            
 Esta victoria cubana sobre el apartheid significó una derrota y humillación para Estados Unidos. Enfurecido, el gobierno de Ford puso fin a las conversaciones que había estado llevando con Cuba para normalizar las relaciones.
            
También el  presidente Carter dijo que no habría normalización de las relaciones hasta que Cuba sacara sus tropas de Angola - a pesar de que hasta la CIA reconocía que las tropas  cubanas eran "necesarias para preservar la independencia de Angola" contra la continua amenaza representada por Suráfrica.[5] En junio de 1980, los surafricanos lanzaron otra gran ofensiva, avanzando más de 100 millas dentro de Angola, parando solo a 30 millas al sur de la línea de defensa cubana que  protegía al país. El Consejo de Seguridad de la ONU respondió con una  resolución condenando duramente la invasión, y el representante de EE.UU. en el Consejo no escatimó palabras en su discurso criticando a Suráfrica. Sin embargo, cuando llegó el momento de votar se abstuvo porque la resolución incluía palabras que sugerían que si Suráfrica lanzaba otro ataque contra Angola el Consejo de Seguridad podría imponer sanciones contra ella.
            
Estoy seguro, señor presidente, que usted puede apreciar  la ironía. Estados Unidos mantenía un gran número de tropas en Italia, Alemania Occidental y Turquía - países que en 1980 no enfrentaban ninguna amenaza militar inmediata de parte de la Unión Soviética, y sin embargo Jimmy Carter le negaba a los angolanos el derecho de tener tropas cubanas para proteger a su país de una muy real amenaza surafricana.
            
Castro se negó a inclinarse a las exigencias de Carter  - es decir, sacrificó la posibilidad de normalizar las relaciones con Estados Unidos (y lograr el levantamiento del embargo) para proteger a Angola del régimen del apartheid.
            
De 1981 a 1987, los surafricanos lanzaron por oleadas, invasiones en el sur de Angola, alentados por el amistoso gobierno de Reagan. La guerra estaba en un punto muerto hasta noviembre de 1987, cuando Fidel Castro decidió expulsar a los surafricanos fuera del país de una vez por todas. Su decisión fue provocada por el hecho de que el ejército surafricano había acorralado a las mejores unidades del ejército de Angola en una ciudad de la Angola meridional, Cuito Cuanavale.  Y esto fue posible porque Washington se estremecía en el escándalo de Irán-Contra. Antes de estallar el escándalo Irán-Contra a fines de 1986, que debilita y distrae al gobierno de Reagan, los cubanos temían que Estados Unidos podría lanzar un ataque contra su patria. Por lo tanto, no estaban dispuestos a agotar sus reservas de armas. Pero el Irán-Contra melló los colmillos de Reagan, y le permitió a Castro enviar a Angola los mejores aviones, pilotos y armas antiaéreas de Cuba. Su estrategia era romper la ofensiva sudafricana contra Cuito Cuanavale en el sureste y luego atacar por el suroeste, "como un boxeador que con la mano izquierda lo mantiene y con la derecha lo golpea."[6]
            
El 23 de marzo de 1988, los surafricanos lanzaron el asalto de mayor envergadura contra Cuito Cuanavale. Fue un fracaso absoluto. El Estado Mayor Conjunto de Estados Unidos señaló, "La guerra en Angola ha tenido un giro dramático y-- por lo que respecta a los surafricanos -- no deseado."[7]
            
La mano izquierda de los cubanos había bloqueado el golpe de Suráfrica, mientras que su mano derecha se estaba preparando para noquearlo: poderosas columnas cubanas avanzaban hacia la frontera de Namibia, empujando a los sudafricanos al repliegue. Los MIG-23 cubanos comenzaron a volar sobre el norte de Namibia.
            
Entre los soldados cubanos que avanzaron hacia la frontera con Namibia, iban dos jóvenes que hoy son conocidos en todo el mundo, Fernando González Llort y Gerardo Hernández Nordelo. Diez años atrás, René González Sehwerert también combatió en Angola. Estos tres hombres, junto a Ramón Labañino Salazar y Antonio Guerrero Rodríguez, son los cinco cubanos en defensa de quienes yo le estoy escribiendo.
            
 Documentos de Estados Unidos y de Suráfrica demuestran que los cubanos ganaron la ventaja en Angola. Los cubanos exigieron que Pretoria retirara incondicionalmente sus tropas de Angola y permitiera elecciones supervisadas por la ONU en Namibia. El Estado Mayor Conjunto de Estados Unidos advirtió que si Sudáfrica se negaba, los cubanos tenían la capacidad "para lanzar una poderosa ofensiva en Namibia." Los surafricanos reconocieron su dilema: si se negaban a las demandas cubanas, corrían "el riesgo real de involucrarse en una guerra convencional a gran escala con los cubanos, cuyos resultados son potencialmente desastrosos." Las perspectivas de los generales surafricanos era sombría: "Debemos hacer todo lo posible para evitar una confrontación."[8]
            
Pretoria capituló. Aceptó las demandas de los cubanos y se retiró incondicionalmente de Angola y aceptó elecciones supervisadas por la ONU en Namibia.
            
La victoria cubana repercutió más allá de Namibia y Angola. En palabras de Nelson Mandela, la victoria cubana "destruyó el mito de la invencibilidad del opresor blanco... [y] sirvió de inspiración al pueblo combatiente de Suráfrica. ... Cuito Cuanavale marca el viraje en la lucha para librar al continente y a nuestro país del azote del apartheid."[9]                  
            
Señor presidente, usted estuvo presente en el servicio fúnebre de Mandela, y  celebró su legado. Usted vio la reacción del pueblo surafricano hacia Raúl Castro y Cuba. Es cierto, que Cuba cambió el curso de la historia en África austral a pesar de los esfuerzos enconados de Washington para impedirlo. Al hacerlo, Cuba ofendió y provocó a los Estados Unidos - no solo a Ford y a Reagan sino también a Carter, autodefinido campeón de los derechos humanos. En la mente de los americanos, Cuba fue el agresor y Estados Unidos estuvo, como siempre, actuando con generosidad. Como lo ha señalado la historiadora estadounidense Nancy Mitchell, "nuestra memoria selectiva no solo sirve a un propósito, sino también tiene repercusiones. Crea un abismo entre nosotros y los cubanos: compartimos un pasado pero no tenemos recuerdos comunes."[10] 
           
Ojalá, Señor presidente, lo que usted vio en Suráfrica pueda inspirarlo a vencer la brecha y entender que en este pleito entre los dos países, Estados Unidos no es la víctima y, que los Cinco Cubanos son, simplemente, presos políticos. 
  
Piero Gleijeses
 

     [1] Leycester Coltman, The Real Fidel Castro, New Haven, 2003, p. 289.
     [2]  "Indicaciones concretas del Comandante en Jefe que guiarán la actuación de la delegación cubana a las conversaciones en Luanda y las negociaciones en Londres (23-4-88)," p. 5, Centro de Información de las Fuerzas Armadas Revolucionarias, La Habana.
     [3] Henry Kissinger, Years of Renewal, New York, 1999, p.785.
     [4] Nelson Mandela, 26 de julio de1991, Granma (La Habana), 27 de julio de 1991, p. 3.
     [5]  CIA, "Angola Cuba: Some Strains but No New Developments," 9 de abril de 1979, Central Intelligence Agency Records Search Tool, National Archives, College Park, MD.
     [6] "Transcripción sobre la reunión del Comandante en Jefe con la delegación de políticos de Africa del Sur (Comp. Slovo) efectuada en el MINFAR el 29.9.88," p. 16, Centro de informacion de las Ferzas Armadas Revolucionarias, La Habana.
     [7] US Joint Chiefs of Staff, 15 de abril de 1988, National Security Archive, Washington DC.
     [8] US Joint Chiefs of Staff, 28 de julio de 1988, ibid.; Mike Malone a A. Jacquet, en Jacquet a Pik Botha, 20 de julio de 1988, SWA/Angola, v. 2, Department of Foreign Affairs, Pretoria; General Jannie Geldenhuys,  "Samevatting van notas mbt SAW-operasies in Suid-Angola," 23 de agosto de 1988, H SAW, gr. 4, box 160, Department of Defence, Documentation Centre, Pretoria.
     [9] Nelson Mandela, 26 de julio de 1991, Granma, 27 de julio de 1991, p. 3.
     [10] Nancy Mitchell, "Remember the Myth," News and Observer (Raleigh), 1 de noviembre de. 1998, G5.