Por primera vez voy a hablar acerca de una deuda de gratitud que he guardado por más de cuarenta años en el sitio más preciado de mis sentimientos.
La historia tiene que ver con el paso de los seres humanos por la vida, en muchos casos eliminando obstáculos, en otros tendiendo puentes para poder caminar con pasos seguros.
Todo comenzó un día del año 1968. Fue el momento en que pude conocer parte de una emisora por dentro. El pequeño local de las transmisiones me alucinó y más me llamó la atención el hecho de que voces y sonidos llegaran a tantas personas a través de los receptores.
En otra área un hombre se empeñaba en hacer realidad el arte de escribir en una vieja máquina que ya hoy resulta obsoleta, pero inolvidable.
Mientras hacía su trabajo que después supe que era la redacción de informaciones, me quedé como atontado al ver de la manera en que escribía, con dos dedos y con una velocidad tremenda.
Ya desde ese momento me percaté que mi vida, en algún instante, estaría ligada a ese oficio de buscar y redactar informaciones.
Aquel hombre, desde sus grandes espejuelos, clavó sus ojos en los míos y me preguntó: quieres ser periodista?
Ante aquella pregunta vista hoy como provocadora y osada, respondí afirmativamente. Rápidamente se paró de la silla me la brindó y me dijo: pues aquí tienes, escribe cualquier cosa que sea una noticia.
De él podría decir más, del humor que lo caracterizaba, la manera de expresar las ideas, los deseos de vivir cuando una enfermedad quiso arrastrarlo hacia el fin, de las convicciones políticas e ideológicas que lo caracterizaron.
Ese hombre que me enseñó los rudimentos de la información y que es el maravilloso culpable de mi presencia en el periodismo, para mí sigue llamándose, aunque ya no esté, Heberto Carvajal Olazábal.
Editado desde la ciudad de Bayamo, Cuba, por el periodista David Rodríguez Rodríguez.
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jueves, 12 de marzo de 2009
RUBÉN CASTILLO RAMOS
Uno de los más prestigiosos medios de la prensa cubana es la Revista Bohemia.
En esa publicación se paseó la musa convertida en prosa de uno de los periodistas más prestigiosos de Bayamo, quien aportó lo suyo en los difíciles tiempos de la seudo república, en medio de la represión y la censura de aquellos gobiernos que eran títeres de la embajada norteamericana en nuestro país.
Se adueñó de un género periodístico como el reportaje que exige de mucha información del profesional de la prensa, para ofrecer al lector las imágenes más descollantes de un hecho noticioso.
Realmente era un patriarca de la prensa, y su lento andar no muy distante de su manera de hablar, hacían de él una de esas columnas imperecederas de ese arte que es hacer, decir, explicar la noticia.
Vivía orgulloso de su trabajo y en la época anterior al Triunfo de la Revolución tuvo que sortear no pocos obstáculos para que su trabajo llegara a la redacción de la Revista Bohemia.
Era, además de periodista, un hombre ligado a las necesidades de los cubanos de aquella etapa de asesinatos y desapariciones por el solo hecho de ansiar y luchar por una patria libre.
Y ahí están, en las páginas ya amarilleadas por el paso del tiempo, sus grandes reportajes hechos con valentía y con la convicción de que era lo necesario en ese período oscuro de la historia cubana.
El sol de enero de mil 959 alegró su alma como la de millones de cubanos, y siguió desde entonces aportando lo suyo en lo que puede considerarse una cruzada por una información veraz para los cubanos.
Rubén Castillo Ramos, periodista de extraordinarias convicciones ético-morales, tiene un sitio bien ganado por su talento, por su valentía y por su amor por el pueblo cubano.
Él es simiente, tronco y rama, flor y fruto de una profesión que no se marchita, de una profesión, como la del periodista que es siempre amanecer para servir e informar a la ciudadanía.
En esa publicación se paseó la musa convertida en prosa de uno de los periodistas más prestigiosos de Bayamo, quien aportó lo suyo en los difíciles tiempos de la seudo república, en medio de la represión y la censura de aquellos gobiernos que eran títeres de la embajada norteamericana en nuestro país.
Se adueñó de un género periodístico como el reportaje que exige de mucha información del profesional de la prensa, para ofrecer al lector las imágenes más descollantes de un hecho noticioso.
Realmente era un patriarca de la prensa, y su lento andar no muy distante de su manera de hablar, hacían de él una de esas columnas imperecederas de ese arte que es hacer, decir, explicar la noticia.
Vivía orgulloso de su trabajo y en la época anterior al Triunfo de la Revolución tuvo que sortear no pocos obstáculos para que su trabajo llegara a la redacción de la Revista Bohemia.
Era, además de periodista, un hombre ligado a las necesidades de los cubanos de aquella etapa de asesinatos y desapariciones por el solo hecho de ansiar y luchar por una patria libre.
Y ahí están, en las páginas ya amarilleadas por el paso del tiempo, sus grandes reportajes hechos con valentía y con la convicción de que era lo necesario en ese período oscuro de la historia cubana.
El sol de enero de mil 959 alegró su alma como la de millones de cubanos, y siguió desde entonces aportando lo suyo en lo que puede considerarse una cruzada por una información veraz para los cubanos.
Rubén Castillo Ramos, periodista de extraordinarias convicciones ético-morales, tiene un sitio bien ganado por su talento, por su valentía y por su amor por el pueblo cubano.
Él es simiente, tronco y rama, flor y fruto de una profesión que no se marchita, de una profesión, como la del periodista que es siempre amanecer para servir e informar a la ciudadanía.
lunes, 23 de febrero de 2009
CARLOS MANUEL DE CESPEDES (18 de Abril de 1819-27 de Marzo de 1875)

Aquel día la patria toda estremeció su alma.
La mañana enturbió sus nubes y un manto luctuoso de pétalos rojos se adueñó del horizonte.
Aquello no parecía cierto. Solo el eco de los disparos llevó a todos a esa realidad dolorosa e inevitable.
La campiña, rica en variados sonidos, pareció enmudecer ante el trágico hecho: había caído en combate, como caen los grandes, un hombre inmenso, un soñador, libertador de esclavos y fundador de la beligerancia contra el dominio colonial español.
Su nombre, tallado con letras de oro en el altar de la Patria, está presente en la pasión de los cubanos de todos los tiempos que han defendido el derecho de la Isla a la independencia.
Cuando el héroe cayó la patria toda se convirtió en un San Lorenzo. Aquel triste día perdimos al Padre Fundador de nuestra condición de cubanos.
Hombres de su estirpe mueren para vivir en el corazón de sus pueblos. Los héroes como él permanecen vivos en las inapagables llamas de la rebeldía nacional.
El permanece como simiente eterna en la belleza de nuestras palmas reales, en el sinuoso camino del arroyo, en la inmensidad del mar y en los colores de la bandera.
Carlos Manuel de Céspedes continúa siendo el referente mayor de la impetuosidad de los cubanos, los que al defender nuestra soberanía, elevamos su nombre a la cúspide de la gloria.
La mañana enturbió sus nubes y un manto luctuoso de pétalos rojos se adueñó del horizonte.
Aquello no parecía cierto. Solo el eco de los disparos llevó a todos a esa realidad dolorosa e inevitable.
La campiña, rica en variados sonidos, pareció enmudecer ante el trágico hecho: había caído en combate, como caen los grandes, un hombre inmenso, un soñador, libertador de esclavos y fundador de la beligerancia contra el dominio colonial español.
Su nombre, tallado con letras de oro en el altar de la Patria, está presente en la pasión de los cubanos de todos los tiempos que han defendido el derecho de la Isla a la independencia.
Cuando el héroe cayó la patria toda se convirtió en un San Lorenzo. Aquel triste día perdimos al Padre Fundador de nuestra condición de cubanos.
Hombres de su estirpe mueren para vivir en el corazón de sus pueblos. Los héroes como él permanecen vivos en las inapagables llamas de la rebeldía nacional.
El permanece como simiente eterna en la belleza de nuestras palmas reales, en el sinuoso camino del arroyo, en la inmensidad del mar y en los colores de la bandera.
Carlos Manuel de Céspedes continúa siendo el referente mayor de la impetuosidad de los cubanos, los que al defender nuestra soberanía, elevamos su nombre a la cúspide de la gloria.
sábado, 31 de enero de 2009
EL HECHIZO DE RAUL TORRES

Cual hechicero dotado de las armas de la seducción, su voz de juglar cautivó a los presentes.
Un torrente de palabras enfundadas en la inspiración de sus musas atrapó el espacio de la sala que lo recibió como a un gladiador envuelto en la aureola de su triunfo.
Utilizó las metáforas que lo distinguen para animar las almas de quienes lo acompañaban en noche de luna en cuarto creciente.
Su canto nacido entre el olor del guarapo extraído de las cañas y el pitazo de los trenes, inundó con hermosa poesía los recónditos sitios del sentimiento.
Canciones para enaltecer al hombre, canciones que explican la diversidad de amores, canciones que llaman a la esperanza surgieron de su voz, a veces queda a veces más alta, pero siempre auténtica.
Todo fue conexión y embrujo, todo fue canto y música, todo fue como el agua que pasa a torrentes por el cauce, indetenible, arrasando con lo feo que pueda presentarse en el camino a la felicidad.
Así fue esa noche en la que hubo palabras hermosas. Nostálgicas palabras que nos llevaron con la música a sus ancestros, a los que no olvida, a los que no pierde porque la guitarra lo lleva hasta las mismas raíces, impidiendo que la ceguera encuentre puerto en su mente.
Sentado en la humildad de los grandes paseó por el escenario, dueño absoluto del recinto, rodeado de las sonoridades que le han inaugurado una faceta que lo hace transitar a través de las notas musicales por las diferentes culturas que lo han abrigado.
Raúl atrapó los espacios cual torre de vigía con la luz necesaria para iluminar los candiles de la vida. Esos candiles de nieve que se derriten con la brisa fresca del Caribe para parir el sol que baña su destino y lo lleva en las alas de una mariposa, a fundar un nuevo horizonte.
Un torrente de palabras enfundadas en la inspiración de sus musas atrapó el espacio de la sala que lo recibió como a un gladiador envuelto en la aureola de su triunfo.
Utilizó las metáforas que lo distinguen para animar las almas de quienes lo acompañaban en noche de luna en cuarto creciente.
Su canto nacido entre el olor del guarapo extraído de las cañas y el pitazo de los trenes, inundó con hermosa poesía los recónditos sitios del sentimiento.
Canciones para enaltecer al hombre, canciones que explican la diversidad de amores, canciones que llaman a la esperanza surgieron de su voz, a veces queda a veces más alta, pero siempre auténtica.
Todo fue conexión y embrujo, todo fue canto y música, todo fue como el agua que pasa a torrentes por el cauce, indetenible, arrasando con lo feo que pueda presentarse en el camino a la felicidad.
Así fue esa noche en la que hubo palabras hermosas. Nostálgicas palabras que nos llevaron con la música a sus ancestros, a los que no olvida, a los que no pierde porque la guitarra lo lleva hasta las mismas raíces, impidiendo que la ceguera encuentre puerto en su mente.
Sentado en la humildad de los grandes paseó por el escenario, dueño absoluto del recinto, rodeado de las sonoridades que le han inaugurado una faceta que lo hace transitar a través de las notas musicales por las diferentes culturas que lo han abrigado.
Raúl atrapó los espacios cual torre de vigía con la luz necesaria para iluminar los candiles de la vida. Esos candiles de nieve que se derriten con la brisa fresca del Caribe para parir el sol que baña su destino y lo lleva en las alas de una mariposa, a fundar un nuevo horizonte.
domingo, 25 de enero de 2009
JOSE MARTÍ: PADRE FUNDADOR DE LA NACION CUBANA

Desde niño comencé a conocer a José Martí. Me daba la impresión de que era uno de esos hombres que desde la pequeña altura de un infante, se me presentaba como uno de esos horcones que mantienen fijas al suelo las casas. Luego al crecer, fui adentrándome más en su historia y todo lo que hizo en favor de los cubanos por su independencia nacional.
Martí, como le decimos en Cuba es nuestro Héroe Nacional y nació el 28 de enero de 1853 en la calle Paula en La Habana. Sufrió desde que tuvo capacidad de pensar los sufrimientos a los que era sometido el pueblo cubano y se levantó desde sus 16 años contra la presencia española en la Isla. Fue sometido a juicio y condenado a trabajar de manera forzosa en la Isla de Pinos, al sur de la Isla Grande. Los grilletes le provocaron ulceras en sus tobillos, pero los otros grilletes, los que sometían a Cuba a la metrópolis le dolían mas, por ello juró seguir luchando por la libertad de todos nosotros los cubanos.
Martí escribió hermosos poemas, libros dedicados a los niños, fue desterrado y desde el exilio siguió luchando y recaudando fondos para la guerra que se había iniciado en Cuba el 10 de octubre de 1868 en el ingenio La Demajagua, con Carlos Manuel de Céspedes al frente, quien dio la libertad a sus esclavos y comenzó entonces el enfrentamiento militar a la presencia de los colonizadores hispanos en nuestras tierras.
Vivió gran parte de sus 42 años en Estados Unidos y desde allí realizó ingentes esfuerzos no solo para alcanzar la libertad en Cuba, sino en Puerto Rico, esa Isla que aún no ha alcanzado la independencia debido a la presencia norteamericana que impide su realización como pueblo soberano e independiente.
José Martí no dejó de luchar nunca por la tierra que lo vio nacer aquel 28 de enero de 1853 en la calle Paula. Desde el exterior no descansó jamás, hizo peregrinajes por otros países, siempre uniendo a los cubanos que allí residían para sumarlos a la lucha por la independencia de Cuba.
Siempre he pensado que Martí no nos abandonó aquel infausto día en que cayó combatiendo por nuestra libertad en Dos Ríos, el 19 de mayo de 1895. Aquel caballo sobre el que galopaba hacia los fusiles del Imperio Español, no concluyó cuando las balas segaron su vida. Como simiente de la cual surgen los frutos continuó viviendo en las ideas que preconizó. Se convirtió desde entonces en estandarte para las generaciones de cubanos que también ansiaban la plena libertad de la Isla.
El Héroe Nacional Cubano asumió en su momento la gloria de pelear por su patria, en el terreno de las ideas y en el propio campo de batalla. Dio su vida por la libertad de Cuba, pero lamentablemente la Isla no fue independiente después de la indiscutible victoria de los mambises cubanos después de 30 años de combates.
La intervención militar de Estados Unidos cercenó aquel momento que debió de ser de alegría para los cubanos. La presencia norteamericana en la Isla desarmó a aquellos valoraros cubanos que habían combatido casi desnudos y desarmados contra uno de los ejércitos más poderosos de la época. El Gobierno de Estados Unidos le robó la victoria al pueblo cubano.
Comenzó entonces un proceso en el que las llamadas autoridades cubanas de entonces, permitían la intervención militar de esa nación en Cuba, cuando la considerasen necesaria.
Así llega la Isla al 20 de mayo de 1902, aunque no había nada que celebrar, se denominó ese día, el de la independencia, una acción que deslegitimaba tres décadas de presencia mambisa en la manigua y posibilitaba las ansias de anexión de la Isla a Estados Unidos, pretensión latente aún en las mentes voraces del actual imperio.
Para ofensa hacia José Martí, se izaba una bandera, la de las barras y las estrellas, no la cubana. Entonces para honrar a quien honró, los cubanos decidieron entonces seguir la lucha, no ya contra el poderío militar español, sino contra la presencia de Estados Unidos, gobierno que decidía qué hacer en cada momento en Cuba.
Esa realidad propició la continuidad de la lucha por parte de un pueblo, que jamás renunció a su soberano deseo de constituirse en un país libre y soberano, teniendo como ideario el de José Martí, pensamiento que se materializa en la Cuba de hoy todos los días.
Si desde niño comencé a conocer a Martí, reconociéndole su liderazgo en todo el proceso emancipador cubano, hoy, cuando sus ideas presiden las acciones de todos los que en esta Isla vivimos, me siento orgulloso de que sea el Héroe Nacional Cubano el que me haya dado la posibilidad, ya en una patria libre, sin amo alguno, sin extrañas banderas ondeando en mi cielo azul, de ser uno de sus seguidores.
Para mí José Martí es uno de los Padres Fundadores de la Patria. Su sangre, derramada en los campos insurrectos, afianzando las ansias de libertad de los cubanos, es referente ineludible para mantener esa libertad, que con su pensamiento, alcancé a ver desde el primero de enero de 1959.
Martí, como le decimos en Cuba es nuestro Héroe Nacional y nació el 28 de enero de 1853 en la calle Paula en La Habana. Sufrió desde que tuvo capacidad de pensar los sufrimientos a los que era sometido el pueblo cubano y se levantó desde sus 16 años contra la presencia española en la Isla. Fue sometido a juicio y condenado a trabajar de manera forzosa en la Isla de Pinos, al sur de la Isla Grande. Los grilletes le provocaron ulceras en sus tobillos, pero los otros grilletes, los que sometían a Cuba a la metrópolis le dolían mas, por ello juró seguir luchando por la libertad de todos nosotros los cubanos.
Martí escribió hermosos poemas, libros dedicados a los niños, fue desterrado y desde el exilio siguió luchando y recaudando fondos para la guerra que se había iniciado en Cuba el 10 de octubre de 1868 en el ingenio La Demajagua, con Carlos Manuel de Céspedes al frente, quien dio la libertad a sus esclavos y comenzó entonces el enfrentamiento militar a la presencia de los colonizadores hispanos en nuestras tierras.
Vivió gran parte de sus 42 años en Estados Unidos y desde allí realizó ingentes esfuerzos no solo para alcanzar la libertad en Cuba, sino en Puerto Rico, esa Isla que aún no ha alcanzado la independencia debido a la presencia norteamericana que impide su realización como pueblo soberano e independiente.
José Martí no dejó de luchar nunca por la tierra que lo vio nacer aquel 28 de enero de 1853 en la calle Paula. Desde el exterior no descansó jamás, hizo peregrinajes por otros países, siempre uniendo a los cubanos que allí residían para sumarlos a la lucha por la independencia de Cuba.
Siempre he pensado que Martí no nos abandonó aquel infausto día en que cayó combatiendo por nuestra libertad en Dos Ríos, el 19 de mayo de 1895. Aquel caballo sobre el que galopaba hacia los fusiles del Imperio Español, no concluyó cuando las balas segaron su vida. Como simiente de la cual surgen los frutos continuó viviendo en las ideas que preconizó. Se convirtió desde entonces en estandarte para las generaciones de cubanos que también ansiaban la plena libertad de la Isla.
El Héroe Nacional Cubano asumió en su momento la gloria de pelear por su patria, en el terreno de las ideas y en el propio campo de batalla. Dio su vida por la libertad de Cuba, pero lamentablemente la Isla no fue independiente después de la indiscutible victoria de los mambises cubanos después de 30 años de combates.
La intervención militar de Estados Unidos cercenó aquel momento que debió de ser de alegría para los cubanos. La presencia norteamericana en la Isla desarmó a aquellos valoraros cubanos que habían combatido casi desnudos y desarmados contra uno de los ejércitos más poderosos de la época. El Gobierno de Estados Unidos le robó la victoria al pueblo cubano.
Comenzó entonces un proceso en el que las llamadas autoridades cubanas de entonces, permitían la intervención militar de esa nación en Cuba, cuando la considerasen necesaria.
Así llega la Isla al 20 de mayo de 1902, aunque no había nada que celebrar, se denominó ese día, el de la independencia, una acción que deslegitimaba tres décadas de presencia mambisa en la manigua y posibilitaba las ansias de anexión de la Isla a Estados Unidos, pretensión latente aún en las mentes voraces del actual imperio.
Para ofensa hacia José Martí, se izaba una bandera, la de las barras y las estrellas, no la cubana. Entonces para honrar a quien honró, los cubanos decidieron entonces seguir la lucha, no ya contra el poderío militar español, sino contra la presencia de Estados Unidos, gobierno que decidía qué hacer en cada momento en Cuba.
Esa realidad propició la continuidad de la lucha por parte de un pueblo, que jamás renunció a su soberano deseo de constituirse en un país libre y soberano, teniendo como ideario el de José Martí, pensamiento que se materializa en la Cuba de hoy todos los días.
Si desde niño comencé a conocer a Martí, reconociéndole su liderazgo en todo el proceso emancipador cubano, hoy, cuando sus ideas presiden las acciones de todos los que en esta Isla vivimos, me siento orgulloso de que sea el Héroe Nacional Cubano el que me haya dado la posibilidad, ya en una patria libre, sin amo alguno, sin extrañas banderas ondeando en mi cielo azul, de ser uno de sus seguidores.
Para mí José Martí es uno de los Padres Fundadores de la Patria. Su sangre, derramada en los campos insurrectos, afianzando las ansias de libertad de los cubanos, es referente ineludible para mantener esa libertad, que con su pensamiento, alcancé a ver desde el primero de enero de 1959.
jueves, 15 de enero de 2009
ASESINATO EN GAZA

Lídice, la aldea checa arrasada por los nazis, My Lai, otra aldea, pero vietnamita, exterminada por los soldados norteamericanos, Sabra y Chatila, campamentos palestinos atacados donde murieron inocentes por la metralla israelí, pudieron ser ejemplos macabros de un pasado que no hubiésemos querido volver a ver.
Pero la historia nos demuestra que esos hechos, en los que personas inocentes son masacradas de manera inmisericorde tienen tanta realidad como las bombas que están matando en este mismo instante a los palestinos de Gaza.
Los nazis asesinaron a su antojo, los soldados norteamericanos arrasaron a Vietnam, no solo cercenando vidas de niños, mujeres y ancianos indefensos, sino que dejaron para la posteridad las huellas de la aplicación criminal del agente naranja para dañar la flora y la fauna.
En Sabra y Chatila se puso de manifiesto la crueldad de un gobierno racista, poseído por la ambición de tierras y por la supremacía en esa convulsa región del mundo.
En esos campamentos murieron palestinos, sin poder defenderse de la barbarie nazi, perdón, de la barbarie israelí, que es lo mismo y también es la misma la reacción de los que a lo largo de sesenta años han armado a Tel Aviv con el objetivo de eliminar al pueblo de Yasser Arafat.
Ahora, como antes, se ha puesto de manifiesto la hipocresía de la Unión Europea, la huidiza y cómplice actitud de Estados Unidos, y la ineficacia de la Organización de Naciones Unidas, incapaces todos, de parar la maquinaria asesina de Israel en Gaza.
Hasta los cementerios han dejado de ser sitios de paz para los muertos, ahora extraen los restos que allí estaban para colocar a los nuevos asesinados por los raids aéreos, la metralla de la infantería o los cañones de los barcos que atacan hasta escuelas e instituciones internacionales.
Hasta cuándo la Humanidad va a estar permitiendo tales desmanes?
Hasta cuando el mundo va a estar presenciando en silencio cómplice los resultados de un acto de genocidio que ya cobra la vida de más de mil personas, entre ellos alrededor de trescientos infantes?
Será que los niños palestinos no tienen el derecho a la vida, a la alegría, a los juguetes, a la escuela, a disfrutar de los parques y plazas por decreto del gobierno sionista de Israel?
Será que los ancianos palestinos no tienen el derecho de una vejez segura, tranquila, rodeados de sus nietos y morir al final de sus días con la dignidad que merece cualquier ser humano en este mundo por decreto del gobierno sionista de Israel?
Será que las mujeres palestinas no tienen el derecho a la procreación, a la felicidad de criar a sus hijos bajo las costumbres de su cultura, a una vida feliz en familia, por decreto del gobierno sionista de Israel?
Ante la brutal arremetida, ante tales desmanes ese pueblo tiene el derecho para levantar el puño, el derecho de defenderse con las armas de que disponga.
Eso es lo que le corresponde hacer a los palestinos en esta hora de dolor y de rabia, de ira incontenida y de amor por su tierra.
Pero la historia nos demuestra que esos hechos, en los que personas inocentes son masacradas de manera inmisericorde tienen tanta realidad como las bombas que están matando en este mismo instante a los palestinos de Gaza.
Los nazis asesinaron a su antojo, los soldados norteamericanos arrasaron a Vietnam, no solo cercenando vidas de niños, mujeres y ancianos indefensos, sino que dejaron para la posteridad las huellas de la aplicación criminal del agente naranja para dañar la flora y la fauna.
En Sabra y Chatila se puso de manifiesto la crueldad de un gobierno racista, poseído por la ambición de tierras y por la supremacía en esa convulsa región del mundo.
En esos campamentos murieron palestinos, sin poder defenderse de la barbarie nazi, perdón, de la barbarie israelí, que es lo mismo y también es la misma la reacción de los que a lo largo de sesenta años han armado a Tel Aviv con el objetivo de eliminar al pueblo de Yasser Arafat.
Ahora, como antes, se ha puesto de manifiesto la hipocresía de la Unión Europea, la huidiza y cómplice actitud de Estados Unidos, y la ineficacia de la Organización de Naciones Unidas, incapaces todos, de parar la maquinaria asesina de Israel en Gaza.
Hasta los cementerios han dejado de ser sitios de paz para los muertos, ahora extraen los restos que allí estaban para colocar a los nuevos asesinados por los raids aéreos, la metralla de la infantería o los cañones de los barcos que atacan hasta escuelas e instituciones internacionales.
Hasta cuándo la Humanidad va a estar permitiendo tales desmanes?
Hasta cuando el mundo va a estar presenciando en silencio cómplice los resultados de un acto de genocidio que ya cobra la vida de más de mil personas, entre ellos alrededor de trescientos infantes?
Será que los niños palestinos no tienen el derecho a la vida, a la alegría, a los juguetes, a la escuela, a disfrutar de los parques y plazas por decreto del gobierno sionista de Israel?
Será que los ancianos palestinos no tienen el derecho de una vejez segura, tranquila, rodeados de sus nietos y morir al final de sus días con la dignidad que merece cualquier ser humano en este mundo por decreto del gobierno sionista de Israel?
Será que las mujeres palestinas no tienen el derecho a la procreación, a la felicidad de criar a sus hijos bajo las costumbres de su cultura, a una vida feliz en familia, por decreto del gobierno sionista de Israel?
Ante la brutal arremetida, ante tales desmanes ese pueblo tiene el derecho para levantar el puño, el derecho de defenderse con las armas de que disponga.
Eso es lo que le corresponde hacer a los palestinos en esta hora de dolor y de rabia, de ira incontenida y de amor por su tierra.
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