Editado desde la ciudad de Bayamo, Cuba, por el periodista David Rodríguez Rodríguez.
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sábado, 11 de octubre de 2014
lunes, 6 de octubre de 2014
UNA SENCILLA OPINIÓN
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El
equipo de pelota de Granma, mi preferido, pasa por estos días momentos muy
desagradables y esa situación nada tiene que ver con el pitcheo, bateo, guantes
o pelotas.
Desde
el viernes último varios integrantes de la novena granmense han estado
sufriendo de problemas estomacales, originadas por causas desconocidas hasta el
momento.
Se
supo que había posibilidades de cólera en las causas que llevaron a algunos
miembros del equipo hasta las instalaciones hospitalarias de la capital de
Sancti Spíritus donde recibieron la debida atención.
Pero
la recuperación de cualquier enfermo de enfermedades diarreicas no es
inmediata, ya que la misma conlleva deshidratación de los pacientes que
necesitan de un tiempo prudencial para alcanzar la normalidad.
Resulta
incomprensible que la Comisión Nacional de Baseball, no haya tenido en cuenta
la enfermedad de los peloteros de Granma, para hacer viajar hasta Pinar del Rio
al resto del equipo aparentemente sano.
Algo
irracional también fue la decisión de enviar al occidente del país a los cinco
dados de alta el sábado, cuando ya se sabía que no jugarían en la serie pactada
a tres juegos, en lugar de enviarlos hacia Granma.
En
este sentido la CNB puso el espectáculo por encima de la salud de los
peloteros, pudiendo suspender la serie en Pinar del Río para una ocasión más
propicia.
Y si
la situación originada en Sancti Spiritus no fue tenida en cuenta por la sacrosanta
e intocable CNB, mas contradictoria resulta la presión ejercida para que el
cotejo previsto para el lunes se desarrollara entre Granma y Pinar.
No
se sabe a ciencia cierta que móviles se habrán esgrimido por los decisores de
la pelota cubana para desdeñar un asunto de salud y exponer a los jugadores a
mayores dificultades.
Parece
que la CNB no tiene clara la situación del país ni los esfuerzos que este hace
para enfrentar la compleja realidad higiénico-sanitaria, a la que el Estado
Cubano le asigna cuantiosos recursos.
Si
alguna duda flotaba en el ambiente, luego de los sucesos de Sancti Spiritus, la
misma se despeja porque el problema ha persistido este domingo con el ingreso,
ya en Pinar, de otros integrantes del conjunto.
En el
juego del domingo los peloteros granmenses que salieron a defender los colores
de la provincia, cayeron heroicamente una carrera por cero ante la poderosa
escuadra vueltabajera.
Todo
eso jugando con la ausencia de figuras claves de nuestro equipo por lo que lo
realizado en el terreno, aunque se perdió, merece la felicitación de todos.
Otro
detalle: resulta raro, extraño que en las transmisiones de la radio y la televisión
de este sábado y domingo, ninguno de los narradores se refiriera al problema,
latente y digno de tocarse.
Lo
ocurrido puede repetirse con otros conjuntos de la actual serie 54 de la pelota
cubana, ojala que de producirse, además de lamentarse, la Comisión Nacional de
Béisbol, actúa con rapidez y raciocinio.
viernes, 12 de septiembre de 2014
13 DE SEPTIEMBRE DE 2014: LA TRAGEDIA DEL ¨¨SIERRA ARÁNZAZU¨¨ 50 AÑOS DESPUES
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Tras la derrota de los anticastristas en Bahía Cochinos en 1961, la
política del presidente Kennedy con la revolución castrista fue una
política de agresión cuyo objetivo último era derribar a Castro
propiciando la invasión de Cuba por los exiliados cubanos que habían
participado en la frustrada invasión de 1961. Esa política de agresión
se denominó Operación Mangosta e implicó el apoyo financiero, logístico,
de información y preparación militar de los exiliados a través de la
CIA. Para ello se creó en Miami, la estación JM/WAVE integrada por
varios cientos de miembros, la mayoría de ellos exiliados cubanos y
dirigida por la CIA.
Con la crisis de los misiles en octubre de 1962, los acuerdos entre Kennedy y Kruschev que incluían la promesa de aquél de no tratar de invadir Cuba, la política de los hermanos Kennedy hacia la revolución castrista dio un giro estratégico. Se suspendió la operación Mangosta y se puso en práctica la denominada política de vía múltiple que suponía la simultánea presión diplomática, económica y de operaciones encubiertas para asfixiar la revolución castrista. Entre las medida económicas estaba la de mantener el bloqueo comercial de la isla impidiendo la entrada de mercancías de cualquier naturaleza presionando a los demás países para que suspendieran toda clase de comercio con Cuba. Las operaciones encubiertas consistían en atacar y hacer sabotajes en la propia isla e impedir por la violencia la entrada o salida de los barcos cubanos y los de los países que comerciaban con Cuba. Se trataba con ello de crear el descontento entre la población cubana contra la Revolución que propiciase su reacción contra Castro. Para conseguir tales objetivos se crearon los denominados comandos autónomos con exiliados cubanos anticastristas que tenían sus bases fuera de territorio americano, en Centroamérica y el Caribe, y establecían sus propios objetivos, de tal manera que el Gobierno norteamericano pudiese practicar ante tales actos ilegales la política de la negación plausible. La CIA se encargó de su financiación, de su adiestramiento, de proporcionales barcos, aviones, armamento y aportarles la información necesaria para sus operaciones subversivas encubiertas.
El más importante de esos grupos autónomos era el Movimiento de Recuperación Revolucionaria (MRR) fundado por Manuel Artime Buesa, uno de los líderes políticos de la Brigada 2506, como se denominaban pomposamente los exiliados cubanos que habían sido derrotados en Bahía Cochinos. El MRR tenía desde 1963 bases de operaciones y entrenamiento instaladas en Nicaragua y Costa Rica y República Dominicana. Contaba con 380 hombres, una avioneta, un barco nodriza, el “Santa María” y transportaba dos lanchas, la Gitana y la Monty. Entre los más destacados miembros de la base fe Nicaragua estaban el coronel y miembro de la CIA Félix Rodrígue Mendigutia, que fue después el agente de la Agencia que intervino en la ejecución de Che Guevara en Bolivia; y Santiago Álvarez (hijoI, uno de los más activos activistas anticastristas hasta la actualidad. Todo ello era financiado por la CIA que entre junio 1963 y junio de 1964 había invertido en todos esos gastos materiales y de personal cinco millones de dólares, según consta en un reciente documento desclasificado de la Agencia.
España fue uno de los países que con el permiso expreso de Franco mantuvo el comercio con Cuba. De ese tráfico se encargó la compañía Naviera Marítima del Norte. El “Sierra Aránzazu” navegaba por el Canal de Las Bahamas hacia el puerto de La Habana, cuando el domingo, día 13 de septiembre, sobre la una y media un avión de reconocimiento sobrevoló el barco y a las ocho menos diez una lancha se aproximó por la popa iluminando con sus reflectores el nombre y la matrícula del barco. Diez minutos después dos lanchas, una por babor y otra por estribor sin previo aviso comenzaron a lanzar ráfagas de ametralladora y algún disparo de cañón sobre el puente de mando, los alojamientos de la tripulación con un evidente ánimo de cortar las comunicaciones y masacrar a los tripulantes. El barco se incendió y el capitán, herido gravemente, como el segundo oficial, dio orden de abandonarlo. Al tratar de arriar el bote salvavidas nuevas ráfagas de ametralladora alcanzaron a varios tripulantes e hirieron gravemente al tercer maquinista.
Agolpados los 20 hombres en un solo bote salvavidas (el otros había sido inutilizado por los impactos de balas), los náufragos pasaron doce horas angustiosas hasta que fueron rescatados por el carguero holandés “P. G. Thulin”. Durante la travesía en el bote habían fallecido el capitán Pedro Ibargurengoitia (42 años, de Algorta, Vizcaya ) y el tercer maquinista José Vaquero Iglesias (23 años, de´ Villablino, León), el segundo oficial, Francisco Javier Cabello (30 años, de Vigo, Pontevedra) expiró en el barco holandés. Los supervivientes y los cadáveres fueron conducidos a Matthew Town en Gran Inagua y desde allí a San Juan de Puerto Rico, desde donde fueron repatriados en dos expediciones y recibidos en Barajas por las autoridades, familiares y amigos
La noticia del ataque fue recogida en las primeras páginas de toda la prensa mundial. En España, la conmoción fue enorme y todos los periódicos lo recogieron en sus portadas y siguieron todo lo elativo al atentado expresando su indignación. Se produjeron manifestaciones de protesta en varios puntos de España como las que se desarrollaron ante la Embajada norteamericana en Madrid y ante el Consulado norteamericano en Vigo.
El Gobierno español protestó ante el secretario de Estado Dean Rusk basándose en que el ataque se había en aguas controladas por las fuerzas navales norteamericanas y consiguió que éste prometiese que se investigaría el ataque y que los resultados se comunicarían al Gobierno español. Pero todo quedó en aguas de borrajas. El Gobierno franquista en cuanto pasó la tensión dejó de presionar y todo quedó cubierto por una interesada capa de silencio.
Los grupos anticastristas con el MRR a la cabeza difundieron que los autores habían sido los castristas. Pero cuando ese bulo resultó insostenible el MRR varió sus declaraciones reconociendo que habían sido ellos, por medio del buque nodriza Santa María y las lanchas Gitana y Monty, los autores del ataque, pero como consecuencia de una confusión del “Sierra Aránzazu” con el buque cubano “Sierra Maestra”. Esa es la hipótesis que siguen hoy manteniendo sus miembros y es la dominante en los libros que han tratado del tema.
Pero el análisis de las pruebas circunstanciales y los datos directos extraídos de la documentación desclasificada obligan a poner en duda esa teoría. Entre esas pruebas circunstanciales está el hecho de que es difícil aceptar que la lancha que identificó al buque iluminando su popa pudiera equivocarse con su nombre y matrícula y que cuando las dos lanchas atacantes se colocaron a unos 50/100 metros del Sierra Aránzazu no se hubieran percatado de su “error”. Además, ¿cómo es posible que quieran hacernos creer que con la información que contaban de la CIA pudieran confundir el barco español con el “Sierra Maestra”, cuando éste había cruzado el Canal de Panamá el miércoles anterior con dirección hacia China? ¿Cómo fue posible confundir ambos barcos que tenían una significativa diferencia de tonelaje? El “Sierra Maestra” era cinco veces mayor que el “Sierra Aránzazu”.
Dos fuentes directas hablan también de que el ataque fue planeado con premeditación y alevosía. Una procedente de los archivos desclasificados de la CIA es un cablegrama enviado a la Central por un agente donde informa que va a tener una reunión en París con un miembro del MRR que fue la “persona que “arregló” el ataque al “Sierra Aránzazu” mediante el pago al radio operador que envió la posición a las naves atacante, dijo que el radio operador había contado toda la historia a la policía española” (Fundación Mary Ferrell: documento desclasificado en 1998). De igual modo el carácter premeditado del ataque aparece en un despacho dirigido al Ministro de Asuntos Exteriores por el Embajador de España en Costa Rica en el que un espía enviado por éste a la base anticastrista de Nicaragua, además de describir con todo detalle el barco nodriza Santa María e identificar a sus jefes como miembros de la CIA, dice que “el ataque contra el “Sierra Aránzazu” fue premeditado, antes de la operación ya se hablaba de hundirlo”.
Son muchos interrogantes y datos para que podamos creernos la versión dominante. Pero aún y así no existe hoy ninguna duda de quiénes fueron los autores materiales y los responsables últimos de este criminal atentado así como la tortuosa e injusta actuación del Gobierno franquista en el mismo. Dejarlo claro en este cincuenta aniversario nos parece no sólo una obligación con la verdad histórica, sino, sobre todo, como hermanos de una de las víctimas, un deber moral hacia los tres marinos asesinados y el resto de la tripulación masacrada.
Este 13 de septiembre se cumplieron cincuenta años del brutal ataque terrorista en el Caribe contra el buque español “Sierra Aránzazu”
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Estado del buque después del ataque. / oficema
Este 13 de septiembre se cumplieron cincuenta años del brutal ataque terrorista en el Caribe contra el buque español “Sierra Aránzazu”
cuando se dirigía a La Habana con una carga de alimentos, tejidos,
aperos de labranza, muñecas y otras mercancías inocuas. La autoría y
responsabilidad de este atentado, que costó la muerte a tres marinos
españoles, el capitán y dos oficiales y lesiones a otros seis
tripulantes y provocó una intensa reacción emocional en España y tuvo
importantes repercusiones mundiales, nunca ha sido aclarada del todo.
Cincuenta años después conocemos por recientes fuentes documentales
desclasificadas quiénes fueron los autores materiales y los responsables
últimos del atentado así como la torticera y ambigua actitud que el
Gobierno franquista mantuvo ante el mismo. De ahí que nos parece, como
hermanos del tercer oficial asesinado en el ataque, un acto de justicia
moral con aquellos marinos asesinados y masacrados recordarlos en este
aniversario y difundir su tragedia dando a conocer los hechos con las
respuestas e interrogantes que existen hoy sobre aquel acto de
terrorismo
Con la crisis de los misiles en octubre de 1962, los acuerdos entre Kennedy y Kruschev que incluían la promesa de aquél de no tratar de invadir Cuba, la política de los hermanos Kennedy hacia la revolución castrista dio un giro estratégico. Se suspendió la operación Mangosta y se puso en práctica la denominada política de vía múltiple que suponía la simultánea presión diplomática, económica y de operaciones encubiertas para asfixiar la revolución castrista. Entre las medida económicas estaba la de mantener el bloqueo comercial de la isla impidiendo la entrada de mercancías de cualquier naturaleza presionando a los demás países para que suspendieran toda clase de comercio con Cuba. Las operaciones encubiertas consistían en atacar y hacer sabotajes en la propia isla e impedir por la violencia la entrada o salida de los barcos cubanos y los de los países que comerciaban con Cuba. Se trataba con ello de crear el descontento entre la población cubana contra la Revolución que propiciase su reacción contra Castro. Para conseguir tales objetivos se crearon los denominados comandos autónomos con exiliados cubanos anticastristas que tenían sus bases fuera de territorio americano, en Centroamérica y el Caribe, y establecían sus propios objetivos, de tal manera que el Gobierno norteamericano pudiese practicar ante tales actos ilegales la política de la negación plausible. La CIA se encargó de su financiación, de su adiestramiento, de proporcionales barcos, aviones, armamento y aportarles la información necesaria para sus operaciones subversivas encubiertas.
El más importante de esos grupos autónomos era el Movimiento de Recuperación Revolucionaria (MRR) fundado por Manuel Artime Buesa, uno de los líderes políticos de la Brigada 2506, como se denominaban pomposamente los exiliados cubanos que habían sido derrotados en Bahía Cochinos. El MRR tenía desde 1963 bases de operaciones y entrenamiento instaladas en Nicaragua y Costa Rica y República Dominicana. Contaba con 380 hombres, una avioneta, un barco nodriza, el “Santa María” y transportaba dos lanchas, la Gitana y la Monty. Entre los más destacados miembros de la base fe Nicaragua estaban el coronel y miembro de la CIA Félix Rodrígue Mendigutia, que fue después el agente de la Agencia que intervino en la ejecución de Che Guevara en Bolivia; y Santiago Álvarez (hijoI, uno de los más activos activistas anticastristas hasta la actualidad. Todo ello era financiado por la CIA que entre junio 1963 y junio de 1964 había invertido en todos esos gastos materiales y de personal cinco millones de dólares, según consta en un reciente documento desclasificado de la Agencia.
España fue uno de los países que con el permiso expreso de Franco mantuvo el comercio con Cuba. De ese tráfico se encargó la compañía Naviera Marítima del Norte. El “Sierra Aránzazu” navegaba por el Canal de Las Bahamas hacia el puerto de La Habana, cuando el domingo, día 13 de septiembre, sobre la una y media un avión de reconocimiento sobrevoló el barco y a las ocho menos diez una lancha se aproximó por la popa iluminando con sus reflectores el nombre y la matrícula del barco. Diez minutos después dos lanchas, una por babor y otra por estribor sin previo aviso comenzaron a lanzar ráfagas de ametralladora y algún disparo de cañón sobre el puente de mando, los alojamientos de la tripulación con un evidente ánimo de cortar las comunicaciones y masacrar a los tripulantes. El barco se incendió y el capitán, herido gravemente, como el segundo oficial, dio orden de abandonarlo. Al tratar de arriar el bote salvavidas nuevas ráfagas de ametralladora alcanzaron a varios tripulantes e hirieron gravemente al tercer maquinista.
Agolpados los 20 hombres en un solo bote salvavidas (el otros había sido inutilizado por los impactos de balas), los náufragos pasaron doce horas angustiosas hasta que fueron rescatados por el carguero holandés “P. G. Thulin”. Durante la travesía en el bote habían fallecido el capitán Pedro Ibargurengoitia (42 años, de Algorta, Vizcaya ) y el tercer maquinista José Vaquero Iglesias (23 años, de´ Villablino, León), el segundo oficial, Francisco Javier Cabello (30 años, de Vigo, Pontevedra) expiró en el barco holandés. Los supervivientes y los cadáveres fueron conducidos a Matthew Town en Gran Inagua y desde allí a San Juan de Puerto Rico, desde donde fueron repatriados en dos expediciones y recibidos en Barajas por las autoridades, familiares y amigos
La noticia del ataque fue recogida en las primeras páginas de toda la prensa mundial. En España, la conmoción fue enorme y todos los periódicos lo recogieron en sus portadas y siguieron todo lo elativo al atentado expresando su indignación. Se produjeron manifestaciones de protesta en varios puntos de España como las que se desarrollaron ante la Embajada norteamericana en Madrid y ante el Consulado norteamericano en Vigo.
El Gobierno español protestó ante el secretario de Estado Dean Rusk basándose en que el ataque se había en aguas controladas por las fuerzas navales norteamericanas y consiguió que éste prometiese que se investigaría el ataque y que los resultados se comunicarían al Gobierno español. Pero todo quedó en aguas de borrajas. El Gobierno franquista en cuanto pasó la tensión dejó de presionar y todo quedó cubierto por una interesada capa de silencio.
Los grupos anticastristas con el MRR a la cabeza difundieron que los autores habían sido los castristas. Pero cuando ese bulo resultó insostenible el MRR varió sus declaraciones reconociendo que habían sido ellos, por medio del buque nodriza Santa María y las lanchas Gitana y Monty, los autores del ataque, pero como consecuencia de una confusión del “Sierra Aránzazu” con el buque cubano “Sierra Maestra”. Esa es la hipótesis que siguen hoy manteniendo sus miembros y es la dominante en los libros que han tratado del tema.
Pero el análisis de las pruebas circunstanciales y los datos directos extraídos de la documentación desclasificada obligan a poner en duda esa teoría. Entre esas pruebas circunstanciales está el hecho de que es difícil aceptar que la lancha que identificó al buque iluminando su popa pudiera equivocarse con su nombre y matrícula y que cuando las dos lanchas atacantes se colocaron a unos 50/100 metros del Sierra Aránzazu no se hubieran percatado de su “error”. Además, ¿cómo es posible que quieran hacernos creer que con la información que contaban de la CIA pudieran confundir el barco español con el “Sierra Maestra”, cuando éste había cruzado el Canal de Panamá el miércoles anterior con dirección hacia China? ¿Cómo fue posible confundir ambos barcos que tenían una significativa diferencia de tonelaje? El “Sierra Maestra” era cinco veces mayor que el “Sierra Aránzazu”.
Dos fuentes directas hablan también de que el ataque fue planeado con premeditación y alevosía. Una procedente de los archivos desclasificados de la CIA es un cablegrama enviado a la Central por un agente donde informa que va a tener una reunión en París con un miembro del MRR que fue la “persona que “arregló” el ataque al “Sierra Aránzazu” mediante el pago al radio operador que envió la posición a las naves atacante, dijo que el radio operador había contado toda la historia a la policía española” (Fundación Mary Ferrell: documento desclasificado en 1998). De igual modo el carácter premeditado del ataque aparece en un despacho dirigido al Ministro de Asuntos Exteriores por el Embajador de España en Costa Rica en el que un espía enviado por éste a la base anticastrista de Nicaragua, además de describir con todo detalle el barco nodriza Santa María e identificar a sus jefes como miembros de la CIA, dice que “el ataque contra el “Sierra Aránzazu” fue premeditado, antes de la operación ya se hablaba de hundirlo”.
Son muchos interrogantes y datos para que podamos creernos la versión dominante. Pero aún y así no existe hoy ninguna duda de quiénes fueron los autores materiales y los responsables últimos de este criminal atentado así como la tortuosa e injusta actuación del Gobierno franquista en el mismo. Dejarlo claro en este cincuenta aniversario nos parece no sólo una obligación con la verdad histórica, sino, sobre todo, como hermanos de una de las víctimas, un deber moral hacia los tres marinos asesinados y el resto de la tripulación masacrada.
miércoles, 3 de septiembre de 2014
TERENCIO MONTERO PACHECO: A SEIS AÑOS DE SU PARTIDA
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Hace
hoy seis años dio su último viaje pero sigue en la memoria de quienes le conocimos,
en la de sus oyentes, pues su voz sigue alojada en el lado más tierno de los
sentimientos.
Podríamos
decir que fue un gladiador con la palabra, que batalló en disímiles campos de
batalla, con la sonrisa a flor de labios, supo labrar desde su capacidad para
el verbo el camino hacia el sitio que alcanzó en la radio.
¿Cuántas
historias podrían contarse acerca de su larga trayectoria por este medio al que
le dedicó toda su vida?
¿Cuántos
recuerdos podremos guardar de la singularidad de sus narraciones en los juegos
de pelota?
Era,
sencillamente, Terencio Montero.
En
Jiguaní lo acusaban de favorecer a Yara en aquellas memorables series
provinciales de nuestro deporte nacional.
En
Yara lo acusaban, increíblemente, de apoyar a Jiguaní en las transmisiones.
Aquello
era un espectáculo. Alguna vez hubo que protegerlo por parte de las autoridades
policiales al salir de los estadios de Jiguaní y de Yara.
Tal
era su pasión por la pelota que como buen profesional resaltaba las cualidades
y maestrías de los jugadores de ambos equipos.
Así
era Terencio, capaz de transmitir un mensaje a su familia en medio de la
tensión de un juego, utilizando su palabra para advertir, saludar, realzar las
virtudes de quienes plasmaban en el terreno su amor a la camiseta.
No
podríamos encasillarlo solo en el deporte pues su labor profesional lo llevó a
los escenarios artísticos en las noches de cabaret o en las plazas públicas de
Bayamo y otras provincias.
Han
pasado seis años y aún lo vemos pasar por los estudios de su emisora de
siempre, frase que distingue a esta planta radial gracias a su ingenio y amor
por los estudios.
Se
le agradece a Terencio su paso por Radio Bayamo, pues algo dejó para las nuevas
generaciones de narradores deportivos, porque un profesional como él, dejó para
la posteridad lo mejor de su paso por la vida.
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