NUEVA YORK (AP) _ Hay una escena en la película del 2006 íVuelve Superman!'' que tiene un momento inolvidable del fabuloso Hombre de Acero: Sobrevolando la Tierra y observando a Estados Unidos, su poderoso oído trata de detectar pedidos de ayuda distantes mientras escucha a la gente hablar en todos los idiomas del mundo.
El mensaje es claro: Kal-El, de Krypton --el extraño visitante de otro planeta que bien puede ser considerado un indocumentado-- es ciudadano y protector de toda la Tierra, no solo de los Estados Unidos.
Durante 73 años, Superman voló por los cielos supuestamente estadounidenses y los colores de su capa --rojo, amarillo y azul-- reflejaban en parte los colores de la patria que adoptó de niño, cuando su nave espacial fue a parar a una granja de Kansas.
Ya no más.
En el último volumen de la serie, que fue publicada por primera vez en 1938 y ya lleva 900 episodios, Superman aparece en el retiro presidencial de Camp David una tarde brumosa y le dice al asesor de seguridad nacional del presidente que piensa renunciar a la ciudadanía estadounidense.
Parece que a Washington no le gustó mucho el que Superman se apareciese en una manifestación pacífica en Teherán.
Y que a Superman no le gustó que Washington le hiciese un llamado de atención por ello.
He tenido un enfoque muy limitado.
Ahora me doy cuenta de ello'', dice el Hombre de Acero en la historia de David S. Goyer.
Estoy cansado de que mis acciones sean presentadas como un instrumento de la política de Estados Unidos.
'Verdad, justicia y el estilo americano'.
Eso ya no me basta''.
La noticia cayó como una bomba.
El político republicano Mike Huckabee declaró que era algo inquietante'', el comentarista de derecha Bill O'Reilly metió su bocadito y ya se está diciendo que esa actitud de Superman fue una cosa aislada e incluso que en realidad nunca sucedió.
Como es sabido, en el mundo de las historietas todo es posible.
Sea como sea que termina la cosa, por fin se habló abiertamente de algo que hasta ahora era implícito: que el personaje de Superman ha sido visto por generaciones como un instrumento de la política de Washington, usado para promover la democracia al estilo estadounidense en el planeta.
Desde las primeras tiras de Jerry Siegel y Joe Shuster, Superman fue un defensor de los Estados Unidos.
Cuando Max y Dave Fleischer hicieron las primeras caricaturas a comienzos de la década de 1940, era más explícito: Combatía a los Japoteurs'' y estuvo claramente del lado de los aliados durante la Segunda Guerra Mundial.
Los soldados estadounidenses me aclamaron, cuando todos los pueblos civilizados del mundo los aclamaban a ellos'', dice Superman en El arma secreta de Estados Unidos'', publicado en 1943.
Es el tributo más grande que he recibido''.
Con el correr de los años, la búsqueda de la verdad y la justicia'' dio lugar a una serie radial y luego a una televisiva.
Abundaron también las películas.
En los años 60, Superman visitaba a John F. Kennedy en la Casa Blanca y le confesaba al presidente su verdadera identidad. También se lo veía en las Naciones Unidas.
En las películas de los 70 y los 80 con Christopher Reeve, el Hombre del Mañana está siempre del lado del gobierno estadounidense.
Luego de los ataques del 11 de septiembre del 2001, Superman hizo una aparición en una recopilación de tiras sobre los ataques terroristas de ese año.
La tensión entre un Superman que se siente medio marginado y los estadounidenses es más visible todavía en la serie de televisión Smallville'', que ya lleva diez años.
Durante esa década, se le dio una nueva dimensión a la juventud de Clark Kent en la pequeña ciudad de Smalville, Kansas.
La historia de Superman está llena de angustias, conspiraciones y jóvenes estadounidenses hermosos.
En los últimos tiempos, los productores de Smallville jugaron con la idea de un ser que llega a Estados Unidos el día en que un meteoro cayó en un campo.
El joven Clark Kent --llamado The Blur'' (que quiere decir algo borroso) en sus misteriosos días antes de pasar a ser el heroico Superman-- es perseguido tenazmente por siniestros agentes del complejo militar-industrial estadounidense.
Es bastante frecuente que los héroes de historietas sean seres marginados o que carguen con algún trauma.
Pero Superman es un caso especial.
Su planeta se hizo pedazos y su gente está toda muerta, con excepción de un individuo poderoso que aparece de vez en cuando.
Tiene una infancia típicamente estadounidense en una granja del centro de Estados Unidos, pero, en el fondo, es un impostor, igual que cantidades de inmigrantes, con y sin papales, que llegan al país desde hace dos siglos en busca de una vida mejor.
¿Es realmente relevante su condición de estadounidense? Hace ocho años, un capítulo de la historia de Superman especuló lo que hubiera pasado si en lugar de caer en la campiña estadounidense, la nave de Kripton hubiese ido a parar a una granja colectiva de Ucrania.
Ese Superman, plantearon los autores del episodio, hubiera libirado una batalla sin fin con Stalin, el socialismo y la expansión internacional del Pacto de Varsovia''.
Sin embargo, a pesar de cambiar el país y el contexto político, al final de cuentas Superman hace lo que corresponde, sea eso un valor estadounidense o no.
Por más que se haya criado en una granja de Kansas, en todas sus encarnaciones --tiras, radio, televisión y cine-- Clark Kent siempre fue un ser marginal, que lucha por ser aceptado por una sociedad cuya identidad se forjó a partir de la admisión de inmigrantes pero que al mismo tiempo no confía demasiado en ellos.
En el volumen 900 de las tiras de Action Comics, Superman se resiste a ser manipulado por la Casa Blanca.
Y surge la pregunta: ¿Este Superman habría ayudado a los soldados estadounidenses que mataron a Osama bin Laden en Pakistán? ¿Un héroe que se replantea cuáles son los valores morales del siglo XXI considerará que los líderes de al-Qaida equivalen a los Japoteurs'' de antaño?
Tomado de Cambios en Cuba
1. Ocultar la verdad, que los intereses económicos son la causa.
2. Poner a la víctima como agresor y culpable y al agresor como el defensor de la justicia.
3. Desprestigiar a las víctimas.
4. Monopolizar la información.
5. Ocultar la historia.
Estas estrategias se han vuelto a aplicar contra Libia, una revuelta espontánea rápidamente transformada en guerra civil, aprendiendo del caso Egipto, en el cual, aún existe el peligro de que se les vaya de las manos. Podemos decir: Nada en política cae del cielo.
1. Ocultar la verdad, que los intereses económicos son la causa. Los imperialistas siempre tienen que persuadir a la opinión de que ellos no actúan para obtener beneficios económicos, sino para eliminar una grave amenaza, será Sadam Husein, Bin Laden, el comunismo, las FARC, las drogas, o cualquier otra excusa. Dicen que sus guerras son para liberar al pueblo del tirano, o para evitar que utilice armas de destrucción masiva, para defender los derechos humanos, para evitar el bombardeo de la población, etc. Luego de invadir y tomar el control se evidencia que mentían en forma descarada. En el recién caso de Libia, que Gadafi estaba bombardeando su pueblo, y TeleSUR les salió al paso con un corresponsal en el sitio desmintiendo tales bombardeos. Aquí han pretendido sembrar la matriz de que hay gente de Al Qaeda en Margarita y de campamentos de las FARC en nuestro territorio, para justificar una agresión o persecución en caliente de Colombia, para usarla como instrumento de la agresión o para en caso que la cosa se complique, luego ellos intervenir en defensa de Colombia. El caso del conflicto Libio se explica porque África es estratégica para las multinacionales porque su prosperidad se basa en el pillaje de sus recursos.
2. Poner a la víctima como agresor y culpable y al agresor como el defensor de la justicia. En cada guerra, sus adversarios han sido siempre presentados como crueles asesinos, inmorales y peligrosos, con las peores descripciones de sus atrocidades. Más tarde, muchos de esos relatos, a veces todos, se van desinflando; pero no importa, ya cumplieron su objetivo, justificarse, y manipular la emoción del público para impedirle analizar los intereses que están realmente en juego.
3. Desprestigiar a las víctimas. En esta línea estratégica se trata de poner al adversario como lo peor de entre los seres humanos, que golpea las mujeres, que él o sus colaboradores están asociados al narcotráfico, con Makled, con Marulanda, bueno con el camarada no porque ya murió, que la familia roba, y así por el estilo.
4. Monopolizar la información. La información se muestra en una forma completamente sesgada, dando sólo a conocer un lado de la historia, claro sin decirlo, por ejemplo, la media imperial muestra un solo lado de Gadafi, el que ellos catalogan de malo, pero en absoluto muestran algún aspecto positivo, ¿Quién nos ha informado de su ayuda a los proyectos de desarrollo africano? ¿Quién nos ha dicho que Libia conoce, según las instituciones internacionales, el más alto ‘índice de desarrollo humano’ de toda África. Otro ejemplo sería cuando en 1992, 45 países africanos tratan de obtener un satélite africano y hacer caer los costos de comunicación en el continente. Telefonear desde o hacia África tenía la tarifa más alta del mundo ya que había un impuesto de 500 millones de dólares que Europa cobraba al año sobre las conversaciones telefónicas, incluso al interior del mismo país, por el tránsito de voz por los satélites europeos.
El satélite africano costaba justamente 400 millones de dólares pagables de una vez y no los 500 millones de alquiler al año. Pero ¿cómo puede el esclavo liberarse de la explotación servil de su amo solicitándole su ayuda para lograrlo? Así estuvieron el Banco Mundial, el FMI, EE UU, la Unión Europea enredando inútilmente a estos países durante catorce años. Entonces Gadafi puso encima de la mesa 300 millones de dólares, el Banco Africano de Desarrollo, 50, el Banco Oeste-Africano de Desarrollo, 27; y así es como África, desde el 27 de diciembre de 2007, tiene su primer satélite de comunicación de su historia. Vemos cómo un simple gesto de unos 300 millones, puede cambiar la vida de todo un continente. La Libia de Gadafi hizo perder a Occidente, no sólo los 500 millones de dólares al año, sino los miles de millones de dólares en deuda e intereses que esta misma deuda permite generar hasta el infinito y a escala exponencial, contribuyendo así a mantener oculto el sistema de expolio de África. Esto seguro es parte de lo que Europa le cobra ahora a Gadafi.
También hay muchos indicios de desinformación, por ejemplo, los “seis mil muertos supuestamente víctimas de los bombardeos de Gadafi sobre la población civil”. ¿Dónde estaban las imágenes? ¿No había ninguna cámara, ningún teléfono móvil allí, como los hubo en Gaza, en la plaza Tahrir, o en Túnez? Es como lo que pasa ahora con el asesinato de Osama, ¿dónde están los videos y las fotos que mostraban como cuando asesinaron al Ché o a Hussein. Ahora ninguna prueba, ningún testimonio fiable, bien rara la cosa. Esto en parte fue desmentido por TeleSUR, por los satélites rusos, pero no hubo retractación.
En una guerra civil una información parcial siempre intentará hacernos creer que las atrocidades se cometen de solo un lado y por tanto hay que apoyar al otro. Pero siempre es una información sesgada por los intereses político- económicos.
5. Ocultar la historia. Esta línea de desinformación es complementaria de las anteriores, todas actuantes en modo sinérgico. Para ejemplificarla basta un ejemplo, el caso de la invasión a Kuwait, donde en todo momento se ocultó el hecho histórico de que el territorio kuwaití fue parte del territorio Iraquí, y que le fue desmembrado por las potencias imperiales por sus grandes yacimientos petroleros. La historia de cruel explotación de los recursos naturales y del esclavismo, de los países colonizados nunca será contada en los medios imperiales.
Tomado de Aporrea
* Miembro Equipo Político PSUV Caracas
Imagen agregada RCBáez




