Por Ernesto Pérez Castillo
Cuando en noviembre supe que la organización CEPOS entregó su premio a la “libertad” a la blodeguera Yoani Sánchez, y que ello representaba una tajada de 300 000 coronas danesas (unos 40 mil euros), sentí que algo olía mal en Dinamarca.
Pero ahora sospecho que el tufo va más allá y recorre toda Europa, pues resulta que, en la Universidad Pública de Navarra, la Fundación Jaime Brunet acaba de premiarla con 36 000 euros más.
La cosa se pone verde cuando uno recuerda que apenas tres meses antes, en septiembre, la Het Prins Claus Fonds le entregaba su premio en la categoría de periodismo, con otros 25 000.
Tal y como uno más uno es dos, 40 mil más 36 mil más 25 es igual a… ¡101 mil! ¡Esta mujer ha descubierto a la gallina de los huevos de oro!
¿¿¿Quién en este mundo –además de ella– puede afirmar que en medio de la crisis mundial –con los bancos europeos cayéndose a pedazos y la gente yéndose al paro o a la calle a lanzar piedras y recibir palos de la policía, sucesos que la Yoani tiene a bien no mencionar jamas–, ha logrado que, en menos de lo que dura el otoño, en sus arcas las ganancias le crezcan por encima de los 100 000 euros???
En tanto que Julian Paul Assange, solo por entregar a cinco periódicos de alcance mundial, y para que la censuraran previamente, información que ya todo el mundo conocía desde antes, recibió de inmediato la sentencia de Mike Huckabee, uno de los más reconocidos comentaristas de la cadena Fox: “Por lo que hizo, cualquier pena inferior a la capital es demasiada ligera”. Es como para tomárselo en serio, pues casi seguramente Huckabee se presentará a la carrera por la Casa Blanca de 2012.
Si fuera poco, ahí está la recomendación que también sobre Assange hizo Tom Flanagan, consejero del primer ministro canadiense: “Barack Obama debería contratar a un asesino”.
¿Por qué mientras Assange debe ser asesinado, a Sánchez le regalan premio tras premio?
Evidentemente, porque la Yoani le está haciendo la tarea a los que deciden qué perro debe morir y qué perro debe recibir su hueso.
Editado desde la ciudad de Bayamo, Cuba, por el periodista David Rodríguez Rodríguez.
Posicionamiento
Web
<a href="https://twitter.com/share" class="twitter-share-button" data-url="www.fidel-elcedro.blogspot.com" data-count="vertical" data-via="WILBERDAVID"
Seguidores
lunes, 13 de diciembre de 2010
MENSAJE DE FIDEL CASTRO A LOS PARTICIPANTES EN EL XVII FESTIVAL MUNDIAL DE LA JUVENTUD Y LOS ESTUDIANTES EN SUDÁFRICA
.Compañeras y compañeros:
Es muy grato para mí y un gran honor acceder a la solicitud que me hicieron llegar de transmitirles un mensaje con motivo del XVII Festival Mundial de la Juventud y los Estudiantes que tiene lugar en la Patria de Nelson Mandela, símbolo viviente de la lucha contra el odioso sistema del apartheid.
Cuba fue sede de dos festivales mundiales: el XI, en 1978; y el XIV, en 1997.
Por primera vez el Festival dejaba de realizarse en Europa para hacerlo en un país de este hemisferio.
La decisión fue tomada por la IX Asamblea de la Federación Mundial de Juventudes Democráticas que tuvo lugar en Varna, Bulgaria, a fines del año 1974.
Eran tiempos diferentes: el mundo se enfrentaba a problemas serios, pero menos dramáticos. Los jóvenes más progresistas luchaban por el derecho de todos los seres humanos a una vida digna; el viejo sueño de los mayores pensadores de nuestra especie cuando era evidente que la ciencia, la tecnología, la productividad del trabajo y el desarrollo de la conciencia lo hacían posible.
En un breve lapso de tiempo la globalización se aceleró, las comunicaciones alcanzaron niveles insospechados, los medios para promover la educación, la salud y la cultura se multiplicaron. Nuestros sueños no eran infundados. En ese espíritu se llevó a cabo el XI Festival Mundial de la Juventud y los Estudiantes, en el que participó también nuestro pueblo.
En el Consejo General de la Federación Mundial de Juventudes Democráticas, celebrado precisamente en la heroica Sudáfrica a principios de octubre de 1995, se aprobó la realización en La Habana del XIV Festival, en el que participaron más de 12 mil delegados de 132 países. Nuestro país llevaba entonces casi 37 años librando la batalla política e ideológica contra el imperio y su brutal bloqueo económico.
Hasta la década de 1980 no solo existían la República Popular China, la República Popular Democrática de Corea, Vietnam, Laos y Kampuchea, que habían soportado guerras genocidas y los crímenes de los yankis, sino también el campo socialista de Europa y la Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas, un enorme Estado multinacional de 22 millones 402 mil 200 kilómetros cuadrados, con enormes recursos de tierra agrícola, bosques, petróleo, gas, minerales y otros. Frente a la superpotencia imperialista, con más de 800 bases militares desplegadas por todo el planeta, se erguía la superpotencia socialista.
La disolución de la URSS, fuesen cuales fueran los errores en uno u otro momento de la historia, constituyó un duro golpe al movimiento progresista del mundo.
Los yankis se movieron rápidamente y extendieron las bases militares y el uso de instalaciones construidas por la URSS para cercar más estrechamente con su maquinaria de guerra a la Federación Rusa, que aún continúa siendo una gran potencia.
El aventurerismo militar de Estados Unidos y sus aliados de la OTAN se incrementó en Europa y Asia. Desataron la guerra de Kosovo y desintegraron a Serbia.
En el ámbito de nuestro hemisferio, aún antes de la desintegración de la URSS, invadieron en el año 1965 a la República Dominicana; bombardearon e intervinieron con fuerzas mercenarias a Nicaragua; invadieron con sus tropas regulares a Granada, Panamá y Haití; promovieron sangrientos golpes militares en Chile, Argentina y Uruguay y dieron apoyo a la brutal represión de Stroessner en Paraguay.
Crearon la Escuela de las Américas, donde no solo entrenaban a miles de oficiales latinoamericanos en conspiraciones y golpes de Estado, sino también familiarizaron a muchos con doctrinas de odio y prácticas sofisticadas de torturas, mientras se presentaban ante el mundo como paladines de “los derechos humanos y la democracia”.
En la primera década de este siglo, la superpotencia imperialista parece desbordarse de su propio cauce.
Los sangrientos sucesos del 11 de septiembre de 2001, en que fueron destruidas las Torres Gemelas de Nueva York ―un episodio dramático en el que perdieron la vida alrededor de 3 000 personas―, y el ataque posterior al Pentágono, vino como anillo al dedo al inescrupuloso aventurero George W. Bush para instrumentar la llamada guerra contra el terror, que constituye, simplemente, una peligrosa escalada en la brutal política que Estados Unidos venía aplicando en nuestro planeta.
Está más que demostrada la bochornosa complicidad de los países de la OTAN con tan repudiable guerra.
Esa organización bélica acaba de proclamar su propósito de intervenir en cualquier país del mundo donde considere que sus intereses, es decir, los de Estados Unidos, estén amenazados.
El monopolio de los medios masivos de información, en manos de las grandes transnacionales capitalistas, ha sido utilizado por el imperialismo para sembrar mentiras, crear reflejos condicionados y desarrollar instintos egoístas.
Mientras los jóvenes y los estudiantes viajaban hacia Sudáfrica a luchar por un mundo de paz, dignidad y justicia, en Gran Bretaña los estudiantes universitarios y sus profesores libraban una batalla campal contra los fornidos y bien equipados cuerpos represivos que, sobre briosos caballos, los atacaban. Pocas veces y tal vez ninguna otra en la historia se vió un espectáculo semejante de la “democracia” capitalista. Los partidos neoliberales gobernantes ejerciendo su papel de gendarme de la oligarquía, traicionando sus promesas electorales, aprobaron medidas en el Parlamento que elevaban a 14 mil dólares anuales el costo de los estudios universitarios. Lo peor de todo fue el descaro con que los parlamentarios neoliberales afirmaron que el “mercado resolvía ese problema”. Solo los ricos tenían derecho a los títulos universitarios.
Hace pocos días, el actual Secretario de Defensa de Estados Unidos, Robert Gates, al comentar los secretos divulgados por Wikileaks declaró: “El hecho es que los gobiernos tratan con EE.UU. porque les interesa, no porque les gustemos, no porque confíen en nosotros, y no porque crean que podemos guardar secretos. Algunos gobiernos tratan con nosotros porque nos temen, algunos porque nos respetan, la mayoría porque nos necesita. Todavía somos esencialmente, como se ha dicho antes, la nación indispensable”.
No pocas de las personas inteligentes y bien informadas albergan la convicción de que el imperio yanki, como todos los que lo precedieron, ha entrado en la etapa final y que las señales son irrebatibles.
Un artículo publicado en el sitio Web TomDispatch, traducido del inglés por el sitio Rebelión, expone cuatro hipótesis del probable curso de los acontecimientos en Estados Unidos, y en todas ellas la guerra mundial figura como una de las posibilidades, aunque no excluye que pueda haber otra salida. Añade que definitivamente ese país perderá su papel dominante en las exportaciones globales de mercancías, y en menos de 15 años perdería su papel dominante en la innovación tecnológica y la función privilegiada del dólar como moneda de reserva. Cita que ya este año China alcanzó un 12% frente a Estados Unidos 11% en la exportación mundial de mercancías, y aludió a la presentación por el Ministro de Defensa de China en el mes de octubre de este año del superordenador Tianhe-1A, tan poderoso que, como expresó un experto estadounidense, “liquida la máquina Nº 1” existente en Estados Unidos.
Nuestros queridos compatriotas, al llegar a Sudáfrica, entre las primeras actividades rindieron merecido tributo a los combatientes internacionalistas que dieron su vida luchando por África.
Desde hace 12 años en el vecino Haití nuestra misión médica presta su servicio al pueblo haitiano; hoy con la cooperación de médicos internacionalistas graduados en la ELAM (Escuela Latinoamericana de Medicina).
Allí luchan también por África combatiendo la epidemia del cólera, que es la enfermedad de la pobreza, para impedir que se extienda a ese continente, donde al igual que en América Latina hay mucha pobreza. Con la experiencia adquirida, nuestros médicos han reducido extraordinariamente la tasa de letalidad. Muy cerca de Sudáfrica, en Zimbabwe, en agosto de 2008, de “forma explosiva” estalló esa epidemia según el diario “Herald” de Harare. Robert Mugabe acusó a los gobiernos de Estados Unidos y Gran Bretaña de introducir la enfermedad.
Como prueba de la total falta de escrúpulo yanki, es necesario recordar que el Gobierno de Estados Unidos entregó armas nucleares al régimen del apartheid, que los racistas estuvieron a punto de usar contra las tropas cubanas y angolanas, que después de la victoria de Cuito Cuanavale avanzaban en la dirección Sur, donde el mando cubano, sospechando ese peligro, adoptó las medidas y tácticas pertinentes que le daban el dominio total del aire. Si intentaban usar tales armas, no habrían obtenido la victoria. Pero es legítimo preguntarse: ¿qué habría ocurrido si los racistas sudafricanos hubiesen utilizado las armas nucleares contra fuerzas de Cuba y Angola? ¿Cuál habría sido la reacción internacional? ¿Cómo habría podido justificarse aquel acto de barbarie? ¿Cómo habría reaccionado la URSS? Son preguntas que debemos hacernos.
Cuando los racistas entregaron el gobierno a Nelson Mandela, no le dijeron una sola palabra, ni qué hicieron con aquellas armas. La investigación y denuncia de tales hechos sería en estos instantes un gran servicio al mundo. Los exhorto, queridos compatriotas, a presentar este tema en el Festival Mundial de la Juventud y
los Estudiantes.
¡Patria o Muerte!
¡Venceremos!
Fidel Castro Ruz
Diciembre 13 de 2010
Es muy grato para mí y un gran honor acceder a la solicitud que me hicieron llegar de transmitirles un mensaje con motivo del XVII Festival Mundial de la Juventud y los Estudiantes que tiene lugar en la Patria de Nelson Mandela, símbolo viviente de la lucha contra el odioso sistema del apartheid.
Cuba fue sede de dos festivales mundiales: el XI, en 1978; y el XIV, en 1997.
Por primera vez el Festival dejaba de realizarse en Europa para hacerlo en un país de este hemisferio.
La decisión fue tomada por la IX Asamblea de la Federación Mundial de Juventudes Democráticas que tuvo lugar en Varna, Bulgaria, a fines del año 1974.
Eran tiempos diferentes: el mundo se enfrentaba a problemas serios, pero menos dramáticos. Los jóvenes más progresistas luchaban por el derecho de todos los seres humanos a una vida digna; el viejo sueño de los mayores pensadores de nuestra especie cuando era evidente que la ciencia, la tecnología, la productividad del trabajo y el desarrollo de la conciencia lo hacían posible.
En un breve lapso de tiempo la globalización se aceleró, las comunicaciones alcanzaron niveles insospechados, los medios para promover la educación, la salud y la cultura se multiplicaron. Nuestros sueños no eran infundados. En ese espíritu se llevó a cabo el XI Festival Mundial de la Juventud y los Estudiantes, en el que participó también nuestro pueblo.
En el Consejo General de la Federación Mundial de Juventudes Democráticas, celebrado precisamente en la heroica Sudáfrica a principios de octubre de 1995, se aprobó la realización en La Habana del XIV Festival, en el que participaron más de 12 mil delegados de 132 países. Nuestro país llevaba entonces casi 37 años librando la batalla política e ideológica contra el imperio y su brutal bloqueo económico.
Hasta la década de 1980 no solo existían la República Popular China, la República Popular Democrática de Corea, Vietnam, Laos y Kampuchea, que habían soportado guerras genocidas y los crímenes de los yankis, sino también el campo socialista de Europa y la Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas, un enorme Estado multinacional de 22 millones 402 mil 200 kilómetros cuadrados, con enormes recursos de tierra agrícola, bosques, petróleo, gas, minerales y otros. Frente a la superpotencia imperialista, con más de 800 bases militares desplegadas por todo el planeta, se erguía la superpotencia socialista.
La disolución de la URSS, fuesen cuales fueran los errores en uno u otro momento de la historia, constituyó un duro golpe al movimiento progresista del mundo.
Los yankis se movieron rápidamente y extendieron las bases militares y el uso de instalaciones construidas por la URSS para cercar más estrechamente con su maquinaria de guerra a la Federación Rusa, que aún continúa siendo una gran potencia.
El aventurerismo militar de Estados Unidos y sus aliados de la OTAN se incrementó en Europa y Asia. Desataron la guerra de Kosovo y desintegraron a Serbia.
En el ámbito de nuestro hemisferio, aún antes de la desintegración de la URSS, invadieron en el año 1965 a la República Dominicana; bombardearon e intervinieron con fuerzas mercenarias a Nicaragua; invadieron con sus tropas regulares a Granada, Panamá y Haití; promovieron sangrientos golpes militares en Chile, Argentina y Uruguay y dieron apoyo a la brutal represión de Stroessner en Paraguay.
Crearon la Escuela de las Américas, donde no solo entrenaban a miles de oficiales latinoamericanos en conspiraciones y golpes de Estado, sino también familiarizaron a muchos con doctrinas de odio y prácticas sofisticadas de torturas, mientras se presentaban ante el mundo como paladines de “los derechos humanos y la democracia”.
En la primera década de este siglo, la superpotencia imperialista parece desbordarse de su propio cauce.
Los sangrientos sucesos del 11 de septiembre de 2001, en que fueron destruidas las Torres Gemelas de Nueva York ―un episodio dramático en el que perdieron la vida alrededor de 3 000 personas―, y el ataque posterior al Pentágono, vino como anillo al dedo al inescrupuloso aventurero George W. Bush para instrumentar la llamada guerra contra el terror, que constituye, simplemente, una peligrosa escalada en la brutal política que Estados Unidos venía aplicando en nuestro planeta.
Está más que demostrada la bochornosa complicidad de los países de la OTAN con tan repudiable guerra.
Esa organización bélica acaba de proclamar su propósito de intervenir en cualquier país del mundo donde considere que sus intereses, es decir, los de Estados Unidos, estén amenazados.
El monopolio de los medios masivos de información, en manos de las grandes transnacionales capitalistas, ha sido utilizado por el imperialismo para sembrar mentiras, crear reflejos condicionados y desarrollar instintos egoístas.
Mientras los jóvenes y los estudiantes viajaban hacia Sudáfrica a luchar por un mundo de paz, dignidad y justicia, en Gran Bretaña los estudiantes universitarios y sus profesores libraban una batalla campal contra los fornidos y bien equipados cuerpos represivos que, sobre briosos caballos, los atacaban. Pocas veces y tal vez ninguna otra en la historia se vió un espectáculo semejante de la “democracia” capitalista. Los partidos neoliberales gobernantes ejerciendo su papel de gendarme de la oligarquía, traicionando sus promesas electorales, aprobaron medidas en el Parlamento que elevaban a 14 mil dólares anuales el costo de los estudios universitarios. Lo peor de todo fue el descaro con que los parlamentarios neoliberales afirmaron que el “mercado resolvía ese problema”. Solo los ricos tenían derecho a los títulos universitarios.
Hace pocos días, el actual Secretario de Defensa de Estados Unidos, Robert Gates, al comentar los secretos divulgados por Wikileaks declaró: “El hecho es que los gobiernos tratan con EE.UU. porque les interesa, no porque les gustemos, no porque confíen en nosotros, y no porque crean que podemos guardar secretos. Algunos gobiernos tratan con nosotros porque nos temen, algunos porque nos respetan, la mayoría porque nos necesita. Todavía somos esencialmente, como se ha dicho antes, la nación indispensable”.
No pocas de las personas inteligentes y bien informadas albergan la convicción de que el imperio yanki, como todos los que lo precedieron, ha entrado en la etapa final y que las señales son irrebatibles.
Un artículo publicado en el sitio Web TomDispatch, traducido del inglés por el sitio Rebelión, expone cuatro hipótesis del probable curso de los acontecimientos en Estados Unidos, y en todas ellas la guerra mundial figura como una de las posibilidades, aunque no excluye que pueda haber otra salida. Añade que definitivamente ese país perderá su papel dominante en las exportaciones globales de mercancías, y en menos de 15 años perdería su papel dominante en la innovación tecnológica y la función privilegiada del dólar como moneda de reserva. Cita que ya este año China alcanzó un 12% frente a Estados Unidos 11% en la exportación mundial de mercancías, y aludió a la presentación por el Ministro de Defensa de China en el mes de octubre de este año del superordenador Tianhe-1A, tan poderoso que, como expresó un experto estadounidense, “liquida la máquina Nº 1” existente en Estados Unidos.
Nuestros queridos compatriotas, al llegar a Sudáfrica, entre las primeras actividades rindieron merecido tributo a los combatientes internacionalistas que dieron su vida luchando por África.
Desde hace 12 años en el vecino Haití nuestra misión médica presta su servicio al pueblo haitiano; hoy con la cooperación de médicos internacionalistas graduados en la ELAM (Escuela Latinoamericana de Medicina).
Allí luchan también por África combatiendo la epidemia del cólera, que es la enfermedad de la pobreza, para impedir que se extienda a ese continente, donde al igual que en América Latina hay mucha pobreza. Con la experiencia adquirida, nuestros médicos han reducido extraordinariamente la tasa de letalidad. Muy cerca de Sudáfrica, en Zimbabwe, en agosto de 2008, de “forma explosiva” estalló esa epidemia según el diario “Herald” de Harare. Robert Mugabe acusó a los gobiernos de Estados Unidos y Gran Bretaña de introducir la enfermedad.
Como prueba de la total falta de escrúpulo yanki, es necesario recordar que el Gobierno de Estados Unidos entregó armas nucleares al régimen del apartheid, que los racistas estuvieron a punto de usar contra las tropas cubanas y angolanas, que después de la victoria de Cuito Cuanavale avanzaban en la dirección Sur, donde el mando cubano, sospechando ese peligro, adoptó las medidas y tácticas pertinentes que le daban el dominio total del aire. Si intentaban usar tales armas, no habrían obtenido la victoria. Pero es legítimo preguntarse: ¿qué habría ocurrido si los racistas sudafricanos hubiesen utilizado las armas nucleares contra fuerzas de Cuba y Angola? ¿Cuál habría sido la reacción internacional? ¿Cómo habría podido justificarse aquel acto de barbarie? ¿Cómo habría reaccionado la URSS? Son preguntas que debemos hacernos.
Cuando los racistas entregaron el gobierno a Nelson Mandela, no le dijeron una sola palabra, ni qué hicieron con aquellas armas. La investigación y denuncia de tales hechos sería en estos instantes un gran servicio al mundo. Los exhorto, queridos compatriotas, a presentar este tema en el Festival Mundial de la Juventud y
los Estudiantes.
¡Patria o Muerte!
¡Venceremos!
Fidel Castro Ruz
Diciembre 13 de 2010
domingo, 12 de diciembre de 2010
ENTRE EL ESPANTO Y LA TERNURA: ABRAZO POSADA-BOSCH Y LA COLMENITA CON ABRACADABRA
Con apenas veinticuatro horas de diferencia, mediados por la celebración del Día Mundial por los Derechos Humanos, dos acontecimientos pudieran mostrar al mundo los muchas veces ocultos rostros de la verdad y la justicia.
En la noche del 9 de diciembre de 2010 se presentaban en la ciudad de Miami las memorias de Orlando Bosch, autor confeso de numerosos actos terroristas. La presentación del libro de Bosch convocó a varios de sus admiradores, entre ellos a quien lo acompañara en la autoría del atentado contra un avión civil cubano que costó la vida a 73 personas: Luis Posada Carriles.
Poco después, en La Habana, la Sala Covarrubias del Teatro Nacional acogía el 10 de diciembre el espectáculo Abracadabra, protagonizado mayoritariamente por niños. Su director es Juan Carlos Cremata, hijo de uno de los tripulantes del avión que derribaron Bosch y Posada. Pero “Abracadabra” no habla del terrorismo, ni de la venganza, como no lo pueden hacer niños educados por un hombre como Cremata en el amor a José Martí. Abracadabra es el más hermoso e inquietante alegato que pudiera concebirse por la libertad de los Cinco cubanos presos en Estados Unidos cuya misión era precisamente evitar actos como los que festejaron en Miami este 9 de diciembre.
Abracadabra nos enseña divertidamente qué es ser maestro, y cómo vencer nuestras propias limitaciones para educar en la justicia y la verdad; para hacernos ver a todos que nada es suficiente hasta que Gerardo, Antonio, René, Fernando y Ramón no estén libres. Más allá de su enorme valor para movilizar a favor de la causa de Los Cinco, hay en ella una lección sobre el sentido del arte cuando lo acompaña la ética. El uso de la música en Abracadabra es magistral, sólo la relectura que hace Cremata de una obra tan cercana y trascendente como la del trovador Silvio Rodríguez merecería una profunda reflexión más allá de cualquier coyuntura.
Todo está pensado en Abracabra para movilizarnos, por eso la carta de Gerardo Hernández Nordelo, incluida en el programa de mano de la obra, debe alcanzar vida propia. En ella están las claves para comprender quiénes son los mayores cómplices de la injusticia que se ceba contra nuestros cinco heroicos hermanos. Gerardo, a pesar de ser con el que más se ha ensañado el sistema judicial norteamericano, no habla allí de su caso, sino que al describir cómo -gracias al aparato de dominación mediática- “nuestro andar siempre ha sido y será cuesta arriba”, nos señala cuál es la esencia de esta lucha de la ternura contra el espanto.
ASÍ REPRIME EL GOBIERNO BRITÁNICO A LOS ESTUDIANTES
Ayer, viernes 9 de diciembre, fui con un grupo de doctorados y profesores del Goldsmiths College, University of London, a la manifestación organizada en contra de los recortes en educación y el aumento de un 300% en las tasas universitarias propuestos por el gobierno británico.
Fue un día soleado y frío. Eran las 12 y media de la tarde cuando comenzamos a andar desde la plaza de Trafalgar hacia Parliament Square.
La policia había cortado varias calles, por lo que tuvimos que dar un rodeo para llegar hasta ahí. Una vez allí estuvimos cantando, andando, hablando con desconocidos, compartiendo impresiones, leyendo las pancartas de la gente (’Even Sadam Hussein believes in free education’, ‘No ifs no buts no education cuts’, ‘The Libcons have put the N in the CU*TS’…).
Tras una hora, decidimos irnos a tomar un te, café, cerveza en algún pub cercano. Al intentar salir nos dimos cuenta que la policía había bloqueado todas las salidas de la plaza. Había filas de antidisturbios (’riot police’) que, en un primer momento, dejaban entrar gente pero no salir. De este modo, miles de personas estaban confinadas en la plaza (táctica policial que aquí se llama ‘kettle’). Preguntamos muy educadamente a los policías si habia alguna calle por la que se pudiera salir. Nos enviaban de una a otra diciendo que sí, que era posible; siempre resultaba mentira. Preguntamos que cuánto tiempo iba a durar este encierro forzoso y nos decían que no sabían, que ‘un buen rato’.
Había policias amables y había policias terriblemente agresivos. Una amiga que esta en Inglaterra con una visa de estudiante se puso muy nerviosa, se puso a temblar y llorar preocupada por lo que pudiera pasar.
Resignados, nos quedamos en una esquina de la plaza observando lo que ocurría a nuestro alrededor: había gente que bailaba al son de tambores o de mísica techno, gente que corría, gente confundida por la situación. Corrían por todos los lados informaciones contradictorias.
En una esquina vimos como una masa de gente intentaba romper el cordón policial sin éxito. Escuchamos los cánticos de los estudiantes. Había muchos jovenes estudiantes de unos 18 años de distintas partes de Inglaterra: Manchester, Liverpool, Sussex. El frío empezaba a apretar así que nos pusimos a andar y bailar para no quedarnos entumecidos. Nos llegaban mensajes de apoyo de ‘fuera’ (muchos amigos querían unirse a nosotros pero ya no les dejaban, así que se manifestaban en otras zonas).
Se puso a anochecer. Tras horas de pie en el frío empecé a sentirme como un zombie. Nos pusimos a hacer hogueras con lo que encontrábamos: hojas, pancartas. Arrancamos ramas de los arboles, gente quemó bancos, una garita de seguridad que despedía humo negro. Hacíamos las hogueras con gente que no conocíamos, sin hablarnos, sin preguntarnos los nombres ya o de donde veníamos, era una acción mecánica, silenciosa, común y anónima. Con la noche la confusión y la tensión aumentaron. Te sentías como una rata enjaulada.
Había grupos de jóvenes que se dedicaban a pegar a gente que encontraban sola, a periodistas solos, a otros jóvenes. Estos jóvenes no eran de la manifestacion, se decía (y me lo creo) que habían sido introducidos por la policía para quebrar a los manifestantes. Actuaban con mucha eficacia: muy rápido para que los demás no pudieramos reaccionar. Golpeaban a alguien que veían solo y se iban corriendo, perdiéndose en la multitud. Vimos a un chico muy joven sangrando en la cara tras una de estas breves pero intensas palizas. Otro chico con el ojo morado superhinchado. Muchos empezamos a asustarnos. Nos pusimos cerca de unos policías en una zona que parecía más tranquila. Intentamos repetidamente razonar con los policías, sin éxito (aunque según iban pasando las horas te hablaban más y más, se explicaban más y más).
De repente, un grupo de manifestantes intentó entrar en uno de los edificios que dan a la plaza (el edificio del Tesoro). La música tecno retumbaba por todas partes. Intentaron derribar una puerta y rompieron ventanas.
Todo fue bien filmado por muchas camaras de televisión y bien iluminados por un foco desde un helicoptero. La policía dejó que esto ocurriera durante una media hora, para que se filmara bien, y luego empezaron a cargar. La gente se puso a correr hacia nosotros por lo que estabamos en un sandwich entre los que venían en estampida y las líneas de policía que teníamos detrás. Muchos jóvenes se pusieron a llorar y rogar a los policías que nos dejaran salir, que nos iban a aplastar. Se negaron.
Tras un tiempo de tensión la situación pareció calmarse. Nos pusimos a cantar villancicos. Preguntamos a los policías si creían que deberíamos irnos a otra zona de la plaza. Nos dijeron que no, que mejor que nos quedáramos ahí. Unos chicos de Manchester razonaron con ellos que tenían que coger un autobús común para volver a casa. Pareció que les iban a dejar salir si mostraban el ticket de bus. Como tenían tickets de más, nos los pasaron. Parecía que íbamos a poder salir cuando de repente se pusieron a cargar contra nosotros dándonos bastonazos. Gritaban ‘¡Muévanse, muévanse!’ pero sin especificar donde por lo que si te movías hacia donde no querían, te daban un bastonazo.
Nos fuimos todo lo rápido que pudimos hacia otra zona de la plaza. Allí la masa estaba muy compacta, uno casi no se podía mover. En una línea policial empezaron a dejar salir a la gente uno a uno. La gente empujaba hacia allí por lo que cada vez estabas más y más aplastado. Mucha gente empezó a tener ataques de ansiedad, intentábamos entonces dejarles sitio para respirar. Gente empezó a romper unas ventanas y hubo otra carga policial que nos apretujo aún más. Por suerte a nosotros esto nos empujó más hacia la salida. Estábamos como sardinas en lata.
Los policías en el cordón policial se ponían a hablar con los manifestantes como si se pudiera tener un dialogo. Los manifestantes pasaban de ellos. Algunos de nosotros conseguimos llegar a la salida, nos registraron. El chico delante de mí llevaba una bufanda por el frío alrededor de la cara. La policía se puso muy violenta con él diciendo que no se tapara la cara, agarrándole por los brazos, apuntándole con el dedo.
Y le dijeron que por hacer eso le devolvían a la cola (y lo hicieron). Comunicamos esto a la gente, que no se taparan la cara y que no se preocuparan que no estaban tomando fotos (había una cámara pero no la usaban).
Pasamos por más policías a caballo y esperamos a nuestros amigos a cierta distancia. Una policía se acerco y nos preguntó con educación inglesa: ‘Qué, habéis pasado una buena tarde?’. Se me ocurrieron muchas cosas que contestarle, pero la miramos en silencio y se fue sonriendo. Gente donde estábamos gritaba “¡Dejadlos salir!”. Tras un cuarto de hora, nos dimos cuenta que ya no salía nadie. Preguntamos y nos dijeron que habían cerrado esta salida, que la próxima salida era en el puente de Westminster y que nos fuéramos. Se nos encogió el corazón por tener que irnos sin nuestros amigos.
Conseguimos hablar con ellos por teléfono. Algunos lloraban desesperados y nos pedían que les ayudáramos que era insoportable. Les oíamos gritar desde donde estábamos: “¡Déjennos salir!”. No podíamos hacer nada. En esos momentos sentía un odio intenso, algo que nunca había sentido antes - no podía soportar mirar a policías ni a la gente superburguesa, de compras en la zona de Victoria. Este odio me duro un par de horas.
Mudos, nos fuimos a un pub a esperar. Allí encontramos a otros amigos que habían conseguido salir. Nos abrazamos fuerte con gente a la que apenas conocemos. Nos pusimos muy emocionales. Lloramos. Reímos.
No habíamos comido nada desde las 12. No podíamos comer, sí bebimos cerveza. Llamamos a todo el mundo para contarles, sentíamos una gran necesidad de hablar. Nos llamaban profesores preocupados por los demás con los que no podían contactar. Muchos nos dijeron que estaban escribiendo cartas a la BBC porque cómo estaban dando las noticias era lamentable. Otros, que estaban escribiendo quejas a la policía por lo anti-democrático de su táctica de encierro.
Horas después, nuestros amigos que habíamos dejado nos contaron por teléfono y mensajes que la policía empez a cargar contra ellos cuando les dejamos y a empujarlos hacia el puente de Westminster. Allí estuvieron miles de personas dos horas más totalmente apretujados. Tras nueve horas de encierro, la gente se empezó a hacer pis encima. Una amiga fingió un desmayo para conseguir salir. Por ahora no nos han contado mucho mas, estaban en estado de shock por lo que vivieron en ese puente.
Tras estos eventos, varias reflexiones iniciales:
-La policía crea estas situaciones de encierro y humillación constante para provocar violencia (y no al revés).
- Todo esta perféctamente coreografiado para los medios de comunicación (hoy sólo hablan de la supuesta violencia de los manifestantes - unas ventanas rotas y el ataque al coche del príncipe Carlos).
Me alegro de haber estado en Parliament Square ayer. Hoy muchos nos sentimos todavía entumecidos pero fuertes, con muchas ganas de pensar y de hacer.
(Tomado de Escolar.net)
Fue un día soleado y frío. Eran las 12 y media de la tarde cuando comenzamos a andar desde la plaza de Trafalgar hacia Parliament Square.
La policia había cortado varias calles, por lo que tuvimos que dar un rodeo para llegar hasta ahí. Una vez allí estuvimos cantando, andando, hablando con desconocidos, compartiendo impresiones, leyendo las pancartas de la gente (’Even Sadam Hussein believes in free education’, ‘No ifs no buts no education cuts’, ‘The Libcons have put the N in the CU*TS’…).
Tras una hora, decidimos irnos a tomar un te, café, cerveza en algún pub cercano. Al intentar salir nos dimos cuenta que la policía había bloqueado todas las salidas de la plaza. Había filas de antidisturbios (’riot police’) que, en un primer momento, dejaban entrar gente pero no salir. De este modo, miles de personas estaban confinadas en la plaza (táctica policial que aquí se llama ‘kettle’). Preguntamos muy educadamente a los policías si habia alguna calle por la que se pudiera salir. Nos enviaban de una a otra diciendo que sí, que era posible; siempre resultaba mentira. Preguntamos que cuánto tiempo iba a durar este encierro forzoso y nos decían que no sabían, que ‘un buen rato’.
Había policias amables y había policias terriblemente agresivos. Una amiga que esta en Inglaterra con una visa de estudiante se puso muy nerviosa, se puso a temblar y llorar preocupada por lo que pudiera pasar.
Resignados, nos quedamos en una esquina de la plaza observando lo que ocurría a nuestro alrededor: había gente que bailaba al son de tambores o de mísica techno, gente que corría, gente confundida por la situación. Corrían por todos los lados informaciones contradictorias.
En una esquina vimos como una masa de gente intentaba romper el cordón policial sin éxito. Escuchamos los cánticos de los estudiantes. Había muchos jovenes estudiantes de unos 18 años de distintas partes de Inglaterra: Manchester, Liverpool, Sussex. El frío empezaba a apretar así que nos pusimos a andar y bailar para no quedarnos entumecidos. Nos llegaban mensajes de apoyo de ‘fuera’ (muchos amigos querían unirse a nosotros pero ya no les dejaban, así que se manifestaban en otras zonas).
Se puso a anochecer. Tras horas de pie en el frío empecé a sentirme como un zombie. Nos pusimos a hacer hogueras con lo que encontrábamos: hojas, pancartas. Arrancamos ramas de los arboles, gente quemó bancos, una garita de seguridad que despedía humo negro. Hacíamos las hogueras con gente que no conocíamos, sin hablarnos, sin preguntarnos los nombres ya o de donde veníamos, era una acción mecánica, silenciosa, común y anónima. Con la noche la confusión y la tensión aumentaron. Te sentías como una rata enjaulada.
Había grupos de jóvenes que se dedicaban a pegar a gente que encontraban sola, a periodistas solos, a otros jóvenes. Estos jóvenes no eran de la manifestacion, se decía (y me lo creo) que habían sido introducidos por la policía para quebrar a los manifestantes. Actuaban con mucha eficacia: muy rápido para que los demás no pudieramos reaccionar. Golpeaban a alguien que veían solo y se iban corriendo, perdiéndose en la multitud. Vimos a un chico muy joven sangrando en la cara tras una de estas breves pero intensas palizas. Otro chico con el ojo morado superhinchado. Muchos empezamos a asustarnos. Nos pusimos cerca de unos policías en una zona que parecía más tranquila. Intentamos repetidamente razonar con los policías, sin éxito (aunque según iban pasando las horas te hablaban más y más, se explicaban más y más).
De repente, un grupo de manifestantes intentó entrar en uno de los edificios que dan a la plaza (el edificio del Tesoro). La música tecno retumbaba por todas partes. Intentaron derribar una puerta y rompieron ventanas.
Todo fue bien filmado por muchas camaras de televisión y bien iluminados por un foco desde un helicoptero. La policía dejó que esto ocurriera durante una media hora, para que se filmara bien, y luego empezaron a cargar. La gente se puso a correr hacia nosotros por lo que estabamos en un sandwich entre los que venían en estampida y las líneas de policía que teníamos detrás. Muchos jóvenes se pusieron a llorar y rogar a los policías que nos dejaran salir, que nos iban a aplastar. Se negaron.
Tras un tiempo de tensión la situación pareció calmarse. Nos pusimos a cantar villancicos. Preguntamos a los policías si creían que deberíamos irnos a otra zona de la plaza. Nos dijeron que no, que mejor que nos quedáramos ahí. Unos chicos de Manchester razonaron con ellos que tenían que coger un autobús común para volver a casa. Pareció que les iban a dejar salir si mostraban el ticket de bus. Como tenían tickets de más, nos los pasaron. Parecía que íbamos a poder salir cuando de repente se pusieron a cargar contra nosotros dándonos bastonazos. Gritaban ‘¡Muévanse, muévanse!’ pero sin especificar donde por lo que si te movías hacia donde no querían, te daban un bastonazo.
Nos fuimos todo lo rápido que pudimos hacia otra zona de la plaza. Allí la masa estaba muy compacta, uno casi no se podía mover. En una línea policial empezaron a dejar salir a la gente uno a uno. La gente empujaba hacia allí por lo que cada vez estabas más y más aplastado. Mucha gente empezó a tener ataques de ansiedad, intentábamos entonces dejarles sitio para respirar. Gente empezó a romper unas ventanas y hubo otra carga policial que nos apretujo aún más. Por suerte a nosotros esto nos empujó más hacia la salida. Estábamos como sardinas en lata.
Los policías en el cordón policial se ponían a hablar con los manifestantes como si se pudiera tener un dialogo. Los manifestantes pasaban de ellos. Algunos de nosotros conseguimos llegar a la salida, nos registraron. El chico delante de mí llevaba una bufanda por el frío alrededor de la cara. La policía se puso muy violenta con él diciendo que no se tapara la cara, agarrándole por los brazos, apuntándole con el dedo.
Y le dijeron que por hacer eso le devolvían a la cola (y lo hicieron). Comunicamos esto a la gente, que no se taparan la cara y que no se preocuparan que no estaban tomando fotos (había una cámara pero no la usaban).
Pasamos por más policías a caballo y esperamos a nuestros amigos a cierta distancia. Una policía se acerco y nos preguntó con educación inglesa: ‘Qué, habéis pasado una buena tarde?’. Se me ocurrieron muchas cosas que contestarle, pero la miramos en silencio y se fue sonriendo. Gente donde estábamos gritaba “¡Dejadlos salir!”. Tras un cuarto de hora, nos dimos cuenta que ya no salía nadie. Preguntamos y nos dijeron que habían cerrado esta salida, que la próxima salida era en el puente de Westminster y que nos fuéramos. Se nos encogió el corazón por tener que irnos sin nuestros amigos.
Conseguimos hablar con ellos por teléfono. Algunos lloraban desesperados y nos pedían que les ayudáramos que era insoportable. Les oíamos gritar desde donde estábamos: “¡Déjennos salir!”. No podíamos hacer nada. En esos momentos sentía un odio intenso, algo que nunca había sentido antes - no podía soportar mirar a policías ni a la gente superburguesa, de compras en la zona de Victoria. Este odio me duro un par de horas.
Mudos, nos fuimos a un pub a esperar. Allí encontramos a otros amigos que habían conseguido salir. Nos abrazamos fuerte con gente a la que apenas conocemos. Nos pusimos muy emocionales. Lloramos. Reímos.
No habíamos comido nada desde las 12. No podíamos comer, sí bebimos cerveza. Llamamos a todo el mundo para contarles, sentíamos una gran necesidad de hablar. Nos llamaban profesores preocupados por los demás con los que no podían contactar. Muchos nos dijeron que estaban escribiendo cartas a la BBC porque cómo estaban dando las noticias era lamentable. Otros, que estaban escribiendo quejas a la policía por lo anti-democrático de su táctica de encierro.
Horas después, nuestros amigos que habíamos dejado nos contaron por teléfono y mensajes que la policía empez a cargar contra ellos cuando les dejamos y a empujarlos hacia el puente de Westminster. Allí estuvieron miles de personas dos horas más totalmente apretujados. Tras nueve horas de encierro, la gente se empezó a hacer pis encima. Una amiga fingió un desmayo para conseguir salir. Por ahora no nos han contado mucho mas, estaban en estado de shock por lo que vivieron en ese puente.
Tras estos eventos, varias reflexiones iniciales:
-La policía crea estas situaciones de encierro y humillación constante para provocar violencia (y no al revés).
- Todo esta perféctamente coreografiado para los medios de comunicación (hoy sólo hablan de la supuesta violencia de los manifestantes - unas ventanas rotas y el ataque al coche del príncipe Carlos).
Me alegro de haber estado en Parliament Square ayer. Hoy muchos nos sentimos todavía entumecidos pero fuertes, con muchas ganas de pensar y de hacer.
(Tomado de Escolar.net)
viernes, 10 de diciembre de 2010
CONMEMORAN EN LA HABANA ANIVERSARIO DE LA APROBACIÓN DE LA DECLARACIÓN UNIVERSAL DE LOS DERECHOS HUMANOS
Toda una fiesta juvenil en el parque Villalón de Calzada entre C y D, en saludo a la Declaración Universal de los Derechos Humanos
portan fotos de las victimas de la voladura del avión cubano en Barbados, acto preparado por grupos terroristas amparados y asalariados por los sucesivos gobiernos de los EE.UU.

llevan fotos de victimas del terrorismo de los EE.UU contra Cuba y de los cinco héroes cubanos prisioneros en los Estados Unidos, por denunciar actos terroristas contra Cuba.
Por Roberto Suárez
portan fotos de las victimas de la voladura del avión cubano en Barbados, acto preparado por grupos terroristas amparados y asalariados por los sucesivos gobiernos de los EE.UU.

llevan fotos de victimas del terrorismo de los EE.UU contra Cuba y de los cinco héroes cubanos prisioneros en los Estados Unidos, por denunciar actos terroristas contra Cuba.
Por Roberto Suárez
ORLANDO BOSCH PRESENTÓ SUS “MEMORIAS” TERRORISTAS EN MIAMI Y ABRAZÓ A POSADA CARRILES
MOrlando Bosch dio a conocer anoche sus “Memorias” en Miami entre partidarios que elogiaron sus “esfuerzos” para derrocar el gobierno cubano, que como han probado las propias autoridades norteamericanas incluyen bombardeos contra barcos, voladura de un avión en pleno vuelo y otros atentados, que ha costado la vida a civiles inocentes cubanos y de otros países.
Orlando Bosch, convicto por terrorismo y uno de los autores de la voladura de un avión civil cubano frente a las costas de Barbados que costó la vida a 73 personas, goza de la protección de las autoridades norteamericanas y del homenaje de ciertos sectores de la comunidad de Miami, que lo glorifican como un héroe.
Entre los oradores estuvieron el Ángel de Fana, presidente de un grupo extremista llamado Plantados, y Guillermo Novo, preso en Panamá por organizar un atentado contra Fidel Castro y responsable del asesinato del ex Canciller chileno Orlando Letelier en 1976, entre otros amigos de similar pedigree.
“Bosch habló sólo brevemente, pero arrancó aplausos entusiastas”, según una nota publicada en el blog Along the Malecon..
La presentación del libro tuvo lugar en un teatro del Koubek Center, un centro de la Universidad de Miami en la Pequeña Habana.
“Las memorias de Bosch están escritas, curiosamente, en tercera persona, bajo el título Los años que he vivido”, afirma Tracey Eaton, autor del blog Along the Malecon. Añade que en la introducción del libro Bosch se queja de que el gobierno cubano lo llame el “terrorista número uno de los cielos”, aludiendo a su participación en la voladura de un avión cubano.
Orlando Bosch, convicto por terrorismo y uno de los autores de la voladura de un avión civil cubano frente a las costas de Barbados que costó la vida a 73 personas, goza de la protección de las autoridades norteamericanas y del homenaje de ciertos sectores de la comunidad de Miami, que lo glorifican como un héroe.
Entre los oradores estuvieron el Ángel de Fana, presidente de un grupo extremista llamado Plantados, y Guillermo Novo, preso en Panamá por organizar un atentado contra Fidel Castro y responsable del asesinato del ex Canciller chileno Orlando Letelier en 1976, entre otros amigos de similar pedigree.
“Bosch habló sólo brevemente, pero arrancó aplausos entusiastas”, según una nota publicada en el blog Along the Malecon..
La presentación del libro tuvo lugar en un teatro del Koubek Center, un centro de la Universidad de Miami en la Pequeña Habana.
“Las memorias de Bosch están escritas, curiosamente, en tercera persona, bajo el título Los años que he vivido”, afirma Tracey Eaton, autor del blog Along the Malecon. Añade que en la introducción del libro Bosch se queja de que el gobierno cubano lo llame el “terrorista número uno de los cielos”, aludiendo a su participación en la voladura de un avión cubano.
Luis Posada Carriles, su socio en este atentado, estuvo entre los amigos que asistieron a la presentación-homenaje. “Los dos se abrazaron”, asegura Along the Malecon.
Tanto Posada como Bosch viven libres en Miami y disfrutan de la protección del gobierno de EEUU.
El 12 de octubre del 2010, el Instituto de Estudios Cubanos y Cubano-Americanos (ICCAS) de la Universidad de Miami, le rindió honores a Bosch y lo presentó como un “modelo para la comunidad”, lo cualgeneró una reacción airada de académicos y graduados de ese centro docente.
La carta enviada por los académicos a la Presidenta de la Universidad de Miami, Donna Shalala, recuerda que:
Orlando Bosch ha sido arrestado, enjuiciado y sentenciado por innumerables actos terroristas en Venezuela, Estados Unidos y otros países. En 1968, fue condenado a 10 años de privación de libertad por el atentado a un buque polaco que se encontraba anclado en uno de los muelles de Miami.
Posteriormente, cumplió diez años de cárcel en Venezuela por el derribo de un avión cubano el 6 de octubre de 1976, sabotaje en el que perdieron la vida las 73 personas a bordo. El Fiscal General de Estados Unidos Dick Thornburgh lo calificó como “terrorista sin arrepentimiento” ["unrepentant terrorist"], y el Fiscal General Asociado Joe D. Whitley se refirió a él como una “amenaza a la Seguridad Nacional” ["a threat to National Security"] (Exclusion Proceeding for Orlando Busch Ávila. Ambos Fiscales se desempeñaron en sus funciones durante la administración de George H. W. Bush.
Documentos de la CIA y del FBI recientemente desclasificados reportan que en 1979 Bosch comentó sobre la voladura del avión de Cubana: “Hay momentos en que no se puede evitar hacer daño a gente inocente”. Un cable del FBI con fecha del 14 de octubre de 1976 refleja las palabras de Luis Posada Carriles - “compañero de lucha” de Bosch-, quien dijo que “Orlando sabía todos los detalles” del avión derribado.
Tanto Posada como Bosch viven libres en Miami y disfrutan de la protección del gobierno de EEUU.
El 12 de octubre del 2010, el Instituto de Estudios Cubanos y Cubano-Americanos (ICCAS) de la Universidad de Miami, le rindió honores a Bosch y lo presentó como un “modelo para la comunidad”, lo cualgeneró una reacción airada de académicos y graduados de ese centro docente.
La carta enviada por los académicos a la Presidenta de la Universidad de Miami, Donna Shalala, recuerda que:
Orlando Bosch ha sido arrestado, enjuiciado y sentenciado por innumerables actos terroristas en Venezuela, Estados Unidos y otros países. En 1968, fue condenado a 10 años de privación de libertad por el atentado a un buque polaco que se encontraba anclado en uno de los muelles de Miami.
Posteriormente, cumplió diez años de cárcel en Venezuela por el derribo de un avión cubano el 6 de octubre de 1976, sabotaje en el que perdieron la vida las 73 personas a bordo. El Fiscal General de Estados Unidos Dick Thornburgh lo calificó como “terrorista sin arrepentimiento” ["unrepentant terrorist"], y el Fiscal General Asociado Joe D. Whitley se refirió a él como una “amenaza a la Seguridad Nacional” ["a threat to National Security"] (Exclusion Proceeding for Orlando Busch Ávila. Ambos Fiscales se desempeñaron en sus funciones durante la administración de George H. W. Bush.
Documentos de la CIA y del FBI recientemente desclasificados reportan que en 1979 Bosch comentó sobre la voladura del avión de Cubana: “Hay momentos en que no se puede evitar hacer daño a gente inocente”. Un cable del FBI con fecha del 14 de octubre de 1976 refleja las palabras de Luis Posada Carriles - “compañero de lucha” de Bosch-, quien dijo que “Orlando sabía todos los detalles” del avión derribado.
Publicado por M. H. Lagarde
AL OTRO LADO DE LA PANTALLA DE WIKILEAKS
Por Ernesto Pérez Castillo
Mientras medio mundo sigue encantadamente dopado con la bobería de Wikileaks -que se ha gastado doscientos mil y más documentos para decir aquello que todo el mundo sabe desde siempre-, la noticia verdadera, la pura y dura y escandalosa verdad, sucede en pleno corazón de Miami, y nadie dice ni esta boca es mía.
Que sí, que ahora las amas de casa han dejado las telenovelas, para seguir la trama de pasión y venganza de Julian Asange, acosado por una sueca que haciéndose la sueca se lo llevó a la cama y ahora pretende llevárselo al banquillo de un tribunal, molesta como está de que a la mañana después el australiano no se dignara a hacerle una llamadita telefónica, pues él estaba muy ocupado, en otra cama ya, y con otra sueca debajo.
Y los maridos de las amas de casa siguen el asunto en vivo en cada noticiario de televisión -a ver si la sueca parece sueca o no- y en cada periódico, pero ni una sola página ha salido de las imprentas con el suceso del otro jueves, porque ni Asange ni nadie lo comentó.
Ah, pero al menos El Nuevo Herald, que se la pasa cuesta abajo en la rodada, lo anunció: "Orlando Bosch presentará hoy jueves su libro de memorias Los años que he vivido". Y lo mejor es que la presentación tuvo lugar, y para colmo, en el Koubek Center, una dependencia de la Universidad de Miami.
Para que quien no sepa quién es Bosch no se enteré nunca jamás, el Herald lo presenta como "un médico de 83 años".
Este "médico" es responsable junto a Posada Carriles, entre otros crímenes -según prueban documentos desclasificados del FBI-, de la muerte de 73 personas, al estallar dos bombas en el avión en que regresaban a Cuba, en octubre de 1976.
Pues estos dos asesinos aparecen ahora abrazados en las fotos de ocasión, y no se arma un escándalo, ni nadie los detiene, ni siquiera aparecen en la página social de los periódicos, aunque en la crónica roja irían mejor.
Así las cosas, cosas de Miami, a pocas semanas de que Bush presentara su libro de memorias, donde intenta justificar cada una de sus torpes y criminales decisiones, ahora Bosch le hace la competencia, y se inventa un libro a su vez.
Hasta donde se sabe, en su libro Bosch escribe: "el estado totalitario de Castro es mucho más terrorista que todos los grupos anti-castro juntos", lo cual al menos vale tanto como confesar nuevamente, otra y otra vez, que todos esos grupos no son sino comandos de terroristas.
Que sí, que ahora las amas de casa han dejado las telenovelas, para seguir la trama de pasión y venganza de Julian Asange, acosado por una sueca que haciéndose la sueca se lo llevó a la cama y ahora pretende llevárselo al banquillo de un tribunal, molesta como está de que a la mañana después el australiano no se dignara a hacerle una llamadita telefónica, pues él estaba muy ocupado, en otra cama ya, y con otra sueca debajo.
Y los maridos de las amas de casa siguen el asunto en vivo en cada noticiario de televisión -a ver si la sueca parece sueca o no- y en cada periódico, pero ni una sola página ha salido de las imprentas con el suceso del otro jueves, porque ni Asange ni nadie lo comentó.
Ah, pero al menos El Nuevo Herald, que se la pasa cuesta abajo en la rodada, lo anunció: "Orlando Bosch presentará hoy jueves su libro de memorias Los años que he vivido". Y lo mejor es que la presentación tuvo lugar, y para colmo, en el Koubek Center, una dependencia de la Universidad de Miami.
Para que quien no sepa quién es Bosch no se enteré nunca jamás, el Herald lo presenta como "un médico de 83 años".
Este "médico" es responsable junto a Posada Carriles, entre otros crímenes -según prueban documentos desclasificados del FBI-, de la muerte de 73 personas, al estallar dos bombas en el avión en que regresaban a Cuba, en octubre de 1976.
Pues estos dos asesinos aparecen ahora abrazados en las fotos de ocasión, y no se arma un escándalo, ni nadie los detiene, ni siquiera aparecen en la página social de los periódicos, aunque en la crónica roja irían mejor.
Así las cosas, cosas de Miami, a pocas semanas de que Bush presentara su libro de memorias, donde intenta justificar cada una de sus torpes y criminales decisiones, ahora Bosch le hace la competencia, y se inventa un libro a su vez.
Hasta donde se sabe, en su libro Bosch escribe: "el estado totalitario de Castro es mucho más terrorista que todos los grupos anti-castro juntos", lo cual al menos vale tanto como confesar nuevamente, otra y otra vez, que todos esos grupos no son sino comandos de terroristas.
Suscribirse a:
Entradas (Atom)










