La pureza ideológica exigida para ser ciudadano norteamericano es tal que el diario El Nuevo Herald cita el caso de un médico que fue rechazado “después de haber admitido en la petición que se había adherido a la UJC a los 14 años”. Y es que a los monstruos que concibieron el plan contra la mejoría de la salud humana en comunidades empobrecidas de todo el planeta, que es donde trabajaban estos médicos, la oreja peluda del macartismo les ha jugado una mala pasada. La razón para que a varios de los seguidores de Hipócrates que abandonaron a sus pacientes en el Tercer Mundo se les limite el acceso a la ciudadanía norteamericana -casi automático para los isleños que arriban a EE.UU. en virtud de la Ley de ajuste cubano- es que hayan militado, en las filas del Partido Comunista de Cuba o de su organización juvenil, algo que según se argumenta en el Herald se debe a que estas organizaciones “son enemigos de la democracia”.
Bonita lección de democracia -inspirada sin dudas en Torquemada-, para quienes sirven al imperio como mártires de bolsillo en la propaganda contra el país que los vio nacer. Ya se sabe cómo piensa Roma de los traidores que paga.
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