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viernes, 18 de noviembre de 2011

MUSICA CON ALMA



Miguel Núñez
MICHEL HERNÁNDEZ
michelher@granma.cip.cu


Cuando Miguel Núñez concluyó su impecable presentación en el teatro del Museo Nacional de Bellas Artes un reclamo sobrevolaba la sala: que este talentoso pianista y compositor hiciera un "hueco" en su vasta ruta creativa para mostrar con mayor frecuencia los temas de su propia cosecha en los escenarios nacionales.

Miguel Núñez es conocido por los espectadores en la Isla y fuera de sus fronteras por ser el pianista y director musical de la banda de Pablo Milanés, en la que ha fraguado buena parte de su trayectoria y ha logrado encontrar espacio para desarrollar su propio repertorio como compositor, cargado de piezas llenas de imaginación, magnetismo y belleza.
foto: Jorge Luis González

En el programa exploró obras de su anterior trabajo y de su nuevo álbum que toma como base el empuje del jazz, para bosquejar una interesante revisión de distintos ritmos caribeños y cubanos como el son, el merengue, la rumba.

Abrió con un tema que permitió avizorar lo que vendría y marcó la línea jazzística extendida durante todo el concierto, en el que estuvo acompañado por sus colegas de oficio Osmany Sánchez (batería), Germán Velazco (saxofón), Edgar Martínez (percusión) y Sergio Félix Raveiro (bajo).

Tras unas breves palabras de agradecimiento al auditorio, siguió perfilando los horizontes de su repertorio, que a medida que avanzaba la noche denotaba una libertad artística cada vez mayor. Su performance no escondía las arraigadas influencias provenientes de su banda original y a la vez entregaba una música de la que emergían lo mismo sonidos cálidos, delicados y vertiginosos como una descarga de energía.

Casi a la mitad del concierto vivió uno de sus momentos más sugerentes. "Este es un instante especial para mí", dijo el pianista e inmediatamente después presentó al público a su esposa, Jenny Beatriz, que se decidió a debutar como cantante en estas lides.

La intérprete, arropada por el extraordinario acompañamiento de la banda, dejó caer una cuidada selección de temas con un despliegue interpretativo enmarcado dentro de los códigos de la canción de autor. Su entrega, en la que también compartió con el Coro Diminuto, tuvo carácter, ritmo y una evidente comunión con los espectadores, especialmente cuando echó mano a versiones de temas como Nana para un suspiro, de ese gran cantautor que es Pedro Luis Ferrer, y Mi pobladito feliz, de la icónica agrupación Afrocuba.

Luego de cruzar el ecuador del concierto, el pianista volvió a ingresar en el centro del programa para volver sobre sus pasos más jazzísticos. Lo hizo al interpretar Mi alma sureña, uno de sus títulos de reciente factura en el que se asienta y reafirma con creces su personalidad artística. 

Así, fue llevando a buen puerto un espectáculo que se convirtió en un extraordinario disfrute sonoro y confirmó que Miguel Núñez es uno de esos músicos que también vale la pena no perderse cuando presenta su propia obra en vivo. Y, ciertamente, eso es algo que debe realizar más a menudo en los escenarios nacionales. Si no, pregúntele al público que asistió a su reciente concierto en el habanero teatro de Bellas Artes.

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