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domingo, 13 de marzo de 2011

DESPILFARRO Y MALVERSACIÓN

Por Miguel Ángel Ferrer

Durante los últimos días, centenares de medios de comunicación han informado que tres activos participantes de la llamada disidencia cubana eran en realidad agentes del gobierno de la isla. Esos tres personajes habían logrado infiltrarse en esos grupos, por lo que conocieron de primera mano y por varios años los nexos políticos y financieros de éstos con la Oficina de Intereses de Estados Unidos en La Habana, con diversas dependencias del gobierno estadounidense y con algunas organizaciones anticubanas del exilio en la Florida.
 El trabajo de inteligencia de los tres agentes infiltrados ha documentado el papel del llamado Directorio Democrático Cubano (DDC), organización fachada de la CIA estadounidense, en el diseño y ejecución de las campañas mediáticas contra Cuba, así como en la manipulación de los líderes de los grupos contrarrevolucionarios en la isla.
Esta demostración pública de los nexos financieros y políticos entre el gobierno de EU y los llamados disidentes cubanos constituye prueba plena de la continuidad, bajo la administración del presidente Barack Obama, de las políticas de agresión, subversión y desestabilización contra Cuba. Pero también es prueba fehaciente del carácter mercenario de la llamada disidencia isleña. El largo y concienzudo trabajo de inteligencia de los tres agentes de la seguridad cubana demuestran la doble vía de dependencia de los autocalificados disidentes con el gobierno de EU.
Una, la dependencia política: Washington dice qué hacer, cómo hacerlo y cuándo hacerlo, y los supuestos disidentes ejecutan las órdenes. Y dos, la dependencia económica: el gobierno de EU, a través de sus agencias de espionaje y subversión (CIA, USAID y NED), proporciona los recursos materiales y financieros que sustentan las actividades (y la buena vida diaria) de los disidentes a sueldo y por cuenta ajena.
La labor de los agentes Emilio, Vladimir y Raúl ha documentado no sólo la servidumbre política y dineraria de la autoproclamada disidencia, sino el carácter de buen negocio que implica decirse disidente en Cuba. Buen negocio no nada más para quienes se dicen disidentes, sino también para las organizaciones contrarrevolucionarias en Miami que los dirigen y financian e, incluso, para los titulares de la Oficina de Intereses de EU en La Habana.
Es bien conocido el caso del ex jefe de esa oficina, James Cason, que se embolsaba miles de dólares proporcionados por la USAID para la disidencia, mediante facturas apócrifas, sobrefacturaciones, inflación de costos y vulgares fraudes, como ese de la publicación de un cuarto de millón de libros para la disidencia, libros que, por supuesto, no aparecen por ninguna parte.
Los resultados del trabajo de Emilio, Vladimir y Raúl demuestran igualmente lo errada y fracasada de la añosa política subversiva de EU contra Cuba, política que intenta fabricar una disidencia interna que no existe más que en los estados de contabilidad y en los flujos de caja de la USAID, la CIA y la NED.
El abnegado trabajo de Emilio, Vladimir y Raúl documenta igualmente el destino final de los miles y miles de dólares que a lo largo de los años ha gastado el gobierno estadounidense en fabricar una disidencia que, como los libros editados por James Cason, no se ve por ningún lado.
Ese destino final, como se observa, ha sido solamente el despilfarro y la malversación. Gasto inútil y robo descarado del dinero de los contribuyentes estadounidenses. Dinero que se destina a la consecución de objetivos que no son del interés de esos ciudadanos, y que sólo sirve para engordar la cartera de individuos que, en ambos lados del estrecho de la Florida, han encontrado en la fabricación de una disidencia inexistente, un cómodo y lucrativo modo de vida.

Blog del autor: www.miguelangelferrer-mentor.com.mx

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